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20 mayo 2004. Las
características torres de refrigeración de las centrales nucleares y
térmicas evaporan decenas de hectómetros cúbicos de agua dulce de
nuestros ríos y embalses. Este es uno de los impactos que raras veces
se evalúa y que el Grupo de Científicos para un Futuro No Nuclear
(GCTPFNN) ha denunciado. El agua dulce accesible para el uso humano es
tan sólo de un 0,007 % de toda el agua existente en la Tierra.
Actualmente, que unos 1.000 millones de personas no tienen agua para
beber y que las muertes por enfermedades relacionadas por la
insalubridad del agua supera los 4 millones anuales. Parece evidente,
pues que el excesivo consumo de agua para refrigeración de las
centrales eléctricas debería considerarse seriamente.
Una central nuclear consume hasta 3,2 litros por kWh(e) mientras que
una central de gas natural o fuel con refrigeración directa es de 1,1
litros. Así el GCTPFNN estima que las centrales nucleares de Cataluña
(con una potencia de unos 1.000 MW) generaron una producción el año
2002 de 8.796 i 8.152 millones de kWh de electricidad evaporaron
54.233.600 m3 (54,2 Hm3) del río Ebro. El año 2003 la producción fue
algo menor, de 7.918 i 8.550 millones de kWh respectivament, y por
tanto la evaporación de agua del río Ebro por parte de las dos
centrales nucleares de Ascó fue ligeramente inferior (52,7 Hm3).
También en Cataluña, la central térmica de Cercs (una de las primeras
que fue denunciada y condenada por causar lluvia ácida sobre los
bosques pirenaicos) con una potencia instalada de 160 MW (e) generó 961
millones de KWh de electricidad en el 2002 que evaporaron 2,5 Hm3. En
cambio en el 2003, con una producción de casi la mitad con sólo 579
millones de kWh la evaporación de agua fue de 1,5 Hm3.
Para
tener una escala de magnitudes y de comparación del agua que
evaporan las nucleares antes mencionadas, recordemos que el agua que
consume en todo un año la población de Barcelona es la que puede
almacenar los 113 Hm3 del embalse de la Baells.
Estos datos corroboran la ineficiencia del actual sistema energético
basado en los combustibles fósiles y nucleares. Todo ello sin contar
las emisiones de partículas a la atmósfera y que la Organización
Mundial de la Salud estima que causa unas 800.000 muertes anuales (un
1,4 % de la mortalidad mundial). Sobran pues razones para que nuestra
sociedad abrace las energías renovables y la eficiencia energética.
Claro que esto sólo puede lograrse con un estilo de vida más frugal. |