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Vacunaciones sistemáticas en cuestión
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¿Son realmente necesarias?
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Juan Manuel Marín Olmos Colección Milenrama Editorial ICARIA Barcelona, 2004
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Vacunaciones sistemáticas en cuestión
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¿Son realmente necesarias?
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La polio, enfermedad contagiosa
causada por un poliovirus, empezó a ser epidémica en los países
escandinavos a finales del siglo XIX y en las postrimerías de la Segunda
Guerra Mundial causó estragos entre la población infantil del
área mediterránea. En España, a finales de los años cincuenta, alcanzó
tasas de 7 casos por cada 100.000 habitantes, lo que supuso más de 2.000
casos declarados.
El virus de la polio se presenta como un cuadro gripal,
con faringitis y molestias abdominales que duran tres o cuatro días.
Después de tres o cuatro días sin fiebre, ésta reaparece acompañada de
síntomas meníngeos inespecíficos que causan las parálisis de tipo
asimétricas localizadas en las extremidades inferiores a los pocos
días. Las formas paralíticas de la polio han sido erradicadas
prácticamente con la vacunación preventiva.
Y es que la historia de la vacunación o, primero, de la variolización es, sin duda,
apasionante. La variolización es una técnica que era ya conocida en Asia casi seis
siglos antes de Cristo, y que consistía en la transferencia de
material infeccioso de una lesión variolosa a personas sanas, para
que se volvieran resistentes. Sin embargo, los efectos de la viruela fueron
especialmente demoledores durante los siglos XVII y XVIII en Europa y
las prácticas de la variolización fueron más una actividad mágica que
efectiva frente a la epidemia. En este período, se relata que un tercio
de la población de Londres presentaba las profundas cicatrices o la
ceguera causada por el virus de la viruela. A finales del siglo XVIII,
el médico Edward Jenner tomó material de la pústula de viruela vacuna.
Lógicamente, a los pocos días habían aparecido las vesículas similares a la
viruela vacuna y algo de fiebre. Aun así, ésta remitió pronto y las
vesículas desaparecieron. Unas semanas después infectó al sujeto del
experimento y lo hizo con viruela humana. Ésta no se manifestó. Este
experimento, descrito entre la primavera y verano de 1796, constituye el
nacimiento de la llamada "vacunación". Sin embargo, el propio Jenner se percató de que sólo podía funcionar si se
transmitía la viruela vacuna de un ser humano a otro, ya que la vacuna
pura de viruela vacuna no era fácil de obtener y conservar. Doscientos
años más tarde, las campañas de vacunación fueron y son todavía una
fuente importante de polémica. Sólo el nacimiento de la microbiología
como ciencia a finales del siglo XIX, cuyos avances fueron
espectaculares a lo largo de todo el siglo XX, ha arrojado algo de luz a la
verdadera realidad de las vacunas. La inmunización está en el ojo de
esta práctica. Hoy sabemos que cada humano dispone de un patrón
inmunitario propio llamado HLA (Humanos Leucocitos Antígenos) que se
localiza en el cromosoma 6 y que es el resultado de la herencia materna
y paterna que recibimos. En la humanidad existen diferentes tipos de
sistemas HLA y cuya diversidad es la garantía de supervivencia del
colectivo.
Las vacunaciones masivas suponen un agresión al sistema inmunitario que,
todo sea dicho, es todavía poco comprendido en algunos aspectos.
Además, las vacunas deben llevar adyuvantes o sustancias que incrementan
la respuesta inmunitaria a un antígeno, como el hidróxido de aluminio.
Esta sustancia, presente en diversas vacunas comerciales, aporta aluminio
en cantidades entre 20 y 40 veces superiores a las permitidas para el
agua potable. El aluminio causa afecciones neurológicas, como demencias
y alteraciones cognitivas. Otras sustancias de las vacunas son
los conservantes, entre los que destaca el tiosalicilato sódico de
etilmercurio para preservar las vacunas de bacterias y hongos, y que se
utiliza desde 1930. El mercurio es conocido por sus efectos tóxicos
sobre el sistema nervioso central.
El libro Vacunaciones sistemáticas en cuestión es una obra de
divulgación sobre la historia, la biología y las enfermedades que han
impulsado la vacunación. Todos ellos son aspectos desconocidos por la
mayoría y que, sin embargo, tienen una importancia vital, pues pueden
condicionar la vida humana en la medida que vacunamos a los niños desde
la más tierna infancia. Los diferentes capítulos se adentran también en
las enfermedades básicas sobre las cuales se vacuna, como la difteria,
el tétanos, la tos ferina, la poliomielitis, el sarampión, la rubéola,
las paperas, la meningitis, la hepatitis, la tuberculosis y la gripe.
También aporta datos de gran interés sobre la realidad y los riesgos de
los programas de vacunación y las vacunas de ADN que nos deparará el
futuro. Ahora bien, el autor es muy crítico y defiende que, ante los programas masivos de vacunación, hay que revisar los
postulados biológicos actuales.
Cierra el libro un anexo sobre la legalidad de la vacunación. Es
importante saber que en nuestro país las vacunas no son obligatorias,
aunque hay una gran confusión sobre el tema, producto de un embrollo
social, político y científico de órdago. Precisamente, por todo ello,
éste es un libro imprescindible para todas las familias que tienen
hijos a su cargo. Existe un organismo europeo, el European Forum for
Vaccine Vigilance, que advierte sobre los riesgos de los actuales
programas de vacunación masivos y aporta interesantes
recomendaciones. Por último, no se puede olvidar que todas las
enfermedades, incluidas las epidémicas, tienen mucho que ver con el
estilo de vida. Ésta es, seguramente, la gran asignatura pendiente:
vivir con más conciencia. |
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