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| El Ebro, contaminado y radioactivo |
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20 septiembre 2004.
El Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Cataluña hizo
públicos a mediados de septiembre unos informes del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas donde se analizaba una escombrera de la
empresa Erkimia, actualmente Ercros Industrial S.A. Este depósito de
escombros sumergidos, situado en Flix (Tarragona), es el producto de
casi un siglo de vertidos y lo forman entre 200.000 y 360.000 toneladas
de sedimentos, con restos mineros radiactivos y decenas de toneladas de
metales pesados y sustancias organocloradas. En concreto los autores
hallaron entre 70 y 100 toneladas de residuos mineros radiactivos
semisumergidos que incluyen de 10 a 70 toneladas de metales pesados y
de 1 a 10 toneladas de compuestos organoclorados según una primera
estimación a la baja.
Los científicos responsables de este estudio remarcan que estos
residuos en ningún caso representan un peligro por exposición directa.
Sin embargo, reconocen que pueden convertirse en un problema, dado que
se encuentran depositados en un medio fluvial y son, por tanto,
susceptibles de ser removilizados y transferidos a ecosistemas
sensibles o a la cadena alimentaria a través del sistema de suministro
de agua o de los productos agrícolas regados con este agua en caso de
que una riada desmoronase la escombrera.
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Entre 1992-96 Josep Piqué fue presidente de Ercros.
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Desde 1988, los residuos de Ercros se confinan en un depósito propiedad
del Ayuntamiento de Flix pero gestionado por la propia empresa. Los
residuos que se vierten son fangos de depuradora que contienen fosfato
bicálcico que se obtiene de la fosforita, la cual contiene
radioactividad. Estos fangos también contienen cloruro férrico y otros
residuos asimilables a banales. Sin embargo, la polémica subyace por la
acumulación de radioactividad natural. El Grup de Científics i Técnics
per un Futur No Nuclear han analizado diversas muestras con
equipos de medida de radiación gamma global que arrojan unos valores de
3.600 bequerelios por litro, lo que significa una radiactividad de
3.100 bequerelios por kilo. Según esta entidad estos niveles de
radiactividad encontrados indican que los desechos que se están
virtiendo deberían ser considerados como escombros de la minería de
uranio y han de tener un tratamiento especial.
El Gobierno de la Generalitat señala que no se producen lixiviados, que
controla periódicamente este vertedero y que las competencias sobre la
radioactividad las tiene el Consejo de Seguridad Nuclear. Como medida
preventiva, el Departament de Medi Ambient ha negociado un acuerdo para
que cuando el Ebro lleve mucho caudal y pueda erosionar el vertedero
subacuático (a partir de 800 m3/s) se ponga en marcha un plan de
seguimiento.
Un historial de contaminación
La primera denuncia pública la hicieron en 1977 en el Diario de
Barcelona los periodistas Gonell y Roglan, quienes describían la “nube
amarilla” de gases con olor de cloro que defoliaban los bosques y
plantas de la zona. El municipio de Flix ha sido objeto de varios estudios porque a sus
habitantes se les ha hallado hexaclorobenceno (HCB) en concentraciones
jamás descritas en seres humanos. El HCB es una sustancia organoclorada
altamente tóxica que durante décadas fue producida industrialmente como
fungicida, entre otras aplicaciones.
Una vez el HCB entra en el cuerpo humano se acumula en la grasa, y su
eliminación es muy lenta. La concentración de HCB ya se deja sentir en
la población infantil, dado que a los recién nacidos ya se les detectan
estas sustancias.
El primer estudio que desveló lo que ocurría en Flix se publicó en 1994
en la revista International Journal of Cancer. Con análisis realizados
en 1989 y en 1992 advertía que la atmósfera de la localidad presentaba
unos niveles de HCB unas 1.000 veces superiores a los normales, así
como DDT, prohibido desde principios de los 80.
En 1999 se publicó en la revista Archives of Environmental Health, un
artículo firmado por 11 expertos entre los que destacaban miembros del
Instituto Municipal de Investigaciones Médicas, de Barcelona (IMIM), y
Joan Grimalt, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC). Los niveles de HCB eran especialmente altos en los hombres que
trabajaban en la factoría química. Los empleados de la planta química
de Ercros presentaban un mayor número de enfermedades asociadas con la
exposición al hexaclorobenceno, básicamente bocio, hipotiroidismo,
enfermedad de Parkinson y varios tipos de cáncer. Sobre un el colectivo
de 445 hombres que trabajaban o habían trabajado en la empresa
aparecían, por ejemplo, 4 casos de Parkinson y 28 de cáncer, mientras
que no se detectó ningún caso de Parkinson y sólo 8 de cáncer entre los
341 hombres que nunca habían trabajado en la fábrica.
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Las condenas a ERCROS
La ausencia de una legislación medioambiental ha propiciado estos
vertidos. Por este motivo, no se podrá exigir a Ercros que sufrague, ni
siquiera en parte, los costes de las tareas para descontaminar el
embalse de Flix, tal y como ha declarado la ministra de medio ambiente
Cristina Narbona. El Ejecutivo socialista se ha fijado como prioridad la
elaboración y aprobación de la ley de responsabilidad y disciplina
ambiental para “obligar a las empresas a que contribuyan económicamente
a la reparación de los daños”. A pesar de que no hay una solución
técnica todavía el Ministerio ha destinado inicialmente 104 millones de
euros para la descontaminación de la zona. La Generalitat, a través de
su portavoz Joaquim Nadal, argumenta que no se plantea pedir
responsabilidades "con carácter retroactivo" a la empresa Ercros por la
contaminación del río Ebro, sino que optará por "soluciones" como
incentivar una reactivación de la diversificación económica de las
Terres de l'Ebre.
Ercros, que cumple 107 años, ha sido llevada a los tribunales en
diversas ocasiones aunque siempre con sentencias no condenatorias. La
empresa reconoce la autoría de los vertidos de mercurio durante décadas
y de fangos radiactivos entre 1973 y 1989. Sin embargo, no acepta
ninguna responsabilidad por la contaminación acumulada en el lecho del
Ebro en el embalse de Flix pues según el presidente de la corporación,
Antoni Zabalza “no tiene responsabilidades sobre el asunto porque
cuando se produjo no había legislación” que regulase los mismos.
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