En
nuestro país predominan las ciudades compactas con viviendas de tamaño
medio, aunque en la periferia de las zonas urbanas se propagan a un
ritmo vertiginoso las urbanizaciones con parcelas individuales de gran
tamaño.
Se
trata de dotar a la vivienda de una mejor distribución, mejor
aprovechamiento del sol, más eficiencia energética y materiales más
saludables.
Fuente: weehouses.com
En
países como Estados Unidos, los crecientes niveles de consumo asociados
a la vivienda (suelo, bienes materiales que se acumulan, electricidad y
combustibles, agua para riego del jardín...) suponen un precio demasiado
alto para el planeta y para muchas personas. Diversos
autores empiezan a proclamar con éxito las virtudes de los espacios
pequeños y medianos.
Las necesidades de espacio y los estereotipos
En
nuestro país, el porcentaje de viviendas de entre 120 y 150 m2 se ha
duplicado en los últimos treinta años. A la vez, disminuye el numero de
personas por vivienda. En los países en desarrollo, deseamos cada vez una casa mayor, un garaje más
grande en el que quepa otro coche, más muebles. Cada vez ocupamos un
mayor espacio vital, lo que supone una mayor huella ecológica. Habitar
y consumir el espacio de manera más racional tiene que ver con dejar
más para los demás, y para el resto del planeta.
El
principal problema que se asocia a la vivienda hoy es su
encarecimiento. Aunque es quizá la realidad que nos afecta de manera
más inmediata, desde el punto de vista ambiental observamos que
nuestras tendencias consumistas estan abrazando también a la vivienda.
Aunque un cobijo es una necesidad básica, también se convierte en un
signo de status, como lo es el hecho de poseer un piso más grande o una casa de fin de
semana en medio del campo.
Sin embargo, en nuestras ciudades, faltas de mayores espacios públicos y
de más calidad y donde el espacio es precioso, construir grandes
apartamentos de más 120 m2 se convierte en un sinsentido cuando el
tamaño familiar medio no excede las 4 personas. Por otro lado, en las
urbanizaciones, no sujetas a las limitaciones de la ciudad compacta,
nos apropiamos día a día de más espacio natural, sin ningún tipo de
remordimiento, destruyendo suelo y hábitat natural para asentar casas
aisladas de centenares de metros para una única familia.
Hoy es primordial volver a pensar qué es el confort y la calidad de vida, y
un buen punto de partida es nuestro propio hogar. Repensemos qué es
para nosotros una casa confortable y bonita. Démonos cuenta de que los
estereotipos con que nos comienza a invadir la publicidad y que desde
hace tiempo nos llegan a través del cine y las teleseries no pertenecen
a la realidad de la mayoría de nosotros. El adosado en una urbanización
con calles vacías, sin escuelas ni tiendas y, en definitiva, faltas de personas,
es el pan de cada día en determinados países, en los que este modo de
urbanidad desemboca en problemas como la dependencia del coche privado
y la falta de un tejido social fuerte. La crisis ecológica nos alerta
de que este no se puede convertir en el modelo a seguir en el resto de
mundo.
La vivienda compacta versus el gran apartamento
No
se trata de reducir sin más el espacio en que vivimos, sinó de que
dentro de la compacidad, sea verdaderamente habitable. Lo que puede ser
deseable no es tanto que una vivienda se valore tan solo por su
superficie como por otros elementos. En cambio si parece justo que todo el mundo
pudiera tener acceso a una casa o un piso de un tamaño razonable, bien
aprovechado, con aporte solar y luz natural, donde el confort fuera
adecuado y con bajo consumo de energía y, lógicamente, construidos con elementos no
tóxicos. Sin duda se haría preferible entonces disponer de menos
espacio, pero de más calidad y confort.
Una
vivienda más grande requiere más cantidad de materiales para su
construcción, y más materiales desde la pintura de la decoración hasta el mobiliario imprescindible. En el
caso que deba ser rehabilitada, una casa de menos superfície se puede
reformar con muchos menos recursos, tanto materiales como económicos.
Lo mismo se aplica a lo que podemos llamar su mantenimiento, pues será una casa mucho
más fácil y rápida de limpiar y necesitará menos reparaciones
puntuales.
Si nos vemos en la tarea de organizar un espacio reducido, seguramente
no acumularemos más trastos de los que realmente necesitamos. Nos
adaptamos a lo que tenemos. En nuestras vacaciones, conseguimos llevar
todo lo necesario en un bolso de viaje. ¿Porqué no podemos entonces
simplificar las pertenencias de una vivienda hasta tener claro qué cosas necesitamos tener en casa?. En
un espacio reducido mantendremos nuestra cantidad de posesiones a un
nivel moderado.
Desde el punto de vista del gasto de energía, una vivienda más pequeña
necesita mucha menos energía para ser calentada o climatizada. Si además
de pequeña es compacta y posee un aislamiento suficiente, resulta
espectacular el ahorro de recursos ambientales y económicos derivados
del uso moderado de la climatización.
Todo esto convierte a una casa pequeña, o de superfície mediana, en una casa de baja huella
ecológica, tanto porque supone la ocupación de menos espacio físico,
como porque emplea menos materiales en su estructura y decoración y
requiere un menor consumo energético.
Debería ser posible disponer de un hogar con el tamaño adecuado a sus
ocupantes y a las actividades que van a desarrollar en él. Un espacio
demasiado grande puede quedar finalmente desaprovechado, y quizá sólo
nos sintamos a gusto en él si está lleno de gente. Muchas veces nuestra
estancia favorita de la casa puede ser aquella en la que nos sentimos
más relajados, o en la que pasamos más ratos con nuestros seres
queridos. A menudo, las cosas que más nos importan de una habitación o
una casa no tienen demasiado que ver con su superficie. Deberíamos
construir y decorar para vivir los espacios y encontrarnos bien en
ellos, no por el puro hecho de acumular más cosas … y conseguir que
quepan.
Consejos para espacios reducidos
Cada
vez más personas afirman que las claves para vivir mejor están en
mejorar la calidad del espacio, en no aumentar la cantidad, y aportan
consejos para expandir las posibilidades de los espacios pequeños. Aqui van algunos:
• Introducir detalles personales que den riqueza y originalidad a las estancias.
•
Para hacer un uso eficiente del espacio, a menudo se debe hacer un
esfuerzo de imaginación para encontrar soluciones que satisfagan a todos
los ocupantes de la vivienda. Por ejemplo, en una casa pequeña y con
niños hay que ser creativos para poder crear un rincón de trabajo en el
cual los adultos puedan concentrarse o trabajar en casa.
• Se pueden crear espacios que sirvan para varios objetivos. Quizá todo
depende de los quehaceres personales y no de las distribuciones
convencionales que nos vienen dadas, que a menudo segregan
demasiado las tareas, y las personas (comedor, cocina, vestidor,
habitación de la plancha …).
• Variar las alturas de los techos da vida a los espacios. Sin embargo,
conviene mantener proporciones adecuadas entre el techo y las otras
dimensiones de la habitación: los techos altos pueden ser
impresionantes pero no confortables. También se consigue separar
espacios y actividades con diferentes niveles de suelo.
• El tratamiento del color es de gran importancia. Los colores intensos
u oscuros los percibimos como más cercanos, de modo que unas paredes o
techos pintados con colores demasiado oscuros hacen parecer más
reducidas las estancias.
• Se pueden favorecer los espacios diáfanos y crear vistas diagonales.
Arreglar los espacios de modo que se pueda mirar desde una esquina a la
opuesta libremente permite crear una sensación de profundidad y
amplitud que hacen parecer el espacio mayor de lo que es.
Menos metros cuadrados se pueden compensar, y a veces mejorar, con
personalidad e imaginación. El calificativo de acogedor en raras
ocasiones se puede aplicar a espacios de grandes dimensiones, pero con
poca vida.
La vivienda razonable y respetuosa
Si
podemos escoger nuestra vivienda, hagámoslo con sentido común y en
proporción a nuestras necesidades reales. Algunos expertos han
determinado que una vivienda de más de 90 m2 tiene una huella ecológica
un 70 % mayor que la de una casa de menor superfície.
En algunos países, como Alemania o los países nórdicos, es cada vez más
habitual el hecho de compartir vivienda o bien algunos equipamientos,
con otras familias. Tener menos metros privados y más compartidos
permite aprovechar más algunos elementos de una vivienda que damos por
hecho, como los electrodomésticos, y cuya posesión constituye una carga
para el planeta. De 60 a 90 metros cuadrados son espacios muy razonables, incluso para familias de varios miembros.
Algunos grupos de personas alrededor del mundo comienzan a proclamar
las virtudes de la vivienda pequeña. El movimiento de defensa de las Tiny Houses (Casas Diminutas) defiende viviendas de tamaño muy
reducido, algunas de pocos metros cuadrados. Proponen un nuevo tipo de
hogar más adecuado a muchos colectivos sociales, como jóvenes
emancipados, personas mayores, o personas divorciadas. Sin llegar a
estos extremos, sí es cierto que nuestra sociedad es una amalgama de
realidades sociales muy alejadas de la estereotipada familia del
adosado. Si queremos ciudades más habitables y que los espacios
naturales que aún las rodean se preserven hay que rediseñar el mundo de la vivienda. Mejorar la vivienda y
fomentar nuevos modelos, ecológicamente más viables, más alejados de
esas tendencias que parece que se nos imponen de manera casi
imperceptible, depende de aquellos que imaginan las futuras futuras
viviendas, de aquellos que tienen poder de decisión sobre el
territorio, y también de nosotros, cuando escogemos vivienda, cuando
decidimos dónde queremos vivir y qué espacio vamos a ocupar cada día.
Reducir
el impacto de la vivienda y aumentar su disponibilidad seguramente
implica algo más que sólo reducir el espacio ocupado a la mínima
expresión.
Las Casas Diminutas son un estilo de vida para sus defensores.