El Jetcar 2,5 es un coche híbrido que consume tan sólo 2,5 l cada 100 km gracias a su motor eléctrico de 45 kW,
El Mega, camioncito que se fabrica en versión eléctrica para usos urbanos
Diciembre, 2007.
Los vehículos eléctricos obtienen su capacidad de movimiento por la
energía eléctrica liberada por unas baterías o bien por una célula de
combustible de hidrógeno. El sistema de generación y acumulación de la
energía eléctrica constituye el sistema básico para mover un vehículo
eléctrico. Generalmente, para ello se utilizan los acumuladores
electroquímicos, formados por dos substancias conductoras bañadas en un
líquido también conductor. El intercambio de cargas positivas y
negativas entre ambos componentes mantiene una corriente eléctrica que
puede ser utilizada para el funcionamiento del motor del vehículo
eléctrico.
En el motor de combustión, sólo el 18% de la energía del combustible es
utilizada para mover el vehículo, el resto sirve para accionar el
motor. En el vehículo eléctrico el 46% de la energía liberada por las
baterías sirve para mover el vehículo, lo que indica una eficiencia
entre 10-30% superior de este respecto al vehículo convencional con
motor de explosión.
En un vehículo eléctrico puede haber un solo motor de tracción o
varios, adosados a las ruedas. Su función es transformar la energía
eléctrica que llega de las baterías en movimiento. Esta energía puede
ser aprovechada tal cual llega, o sea, en forma de corriente continua o
bien, y gracias a un transformador, en forma de corriente alterna.
La
energía eléctrica se produce en centrales que en nuestro país
esencialmente en más de un 55 % queman combustibles fósiles y
energía nuclear. Por este motivo la electricidad sólo puede sumarse
como forma ecológica si se produce con fuentes renovables tales como
energía solar, eólica, hidráulica o biomasa (un 34 %). Todavía pues nos
falta para alcanzar un sistema eléctrico 100 % renovable como ha demostrado Greenpeace que es posible.
Pero sin embargo, la presencia de vehículos eléctricos en entornos
urbanos puede animar el desarrollo de las energías limpias. Las
entidades que promueven los vehículos eléctricos apuestan por
estaciones de recarga públicas alimentadas con energía solar.
Los motores eléctricos también pueden funcionar con la electricidad
generada en una célula combustible donde al forzar el paso de hidrógeno
por la misma este en contacto con el oxígeno genera electrones y como
residuo agua caliente pura. Las células de combustible todavía están en
fase de experimentación en diferentes automóviles dotados de hidrógeno
como combustible.
Actualmente, también existen vehículos híbridos que llevan sincronizados un motor de explosión con otro de eléctrico.
Aun
siendo conscientes que los vehículos eléctricos e híbridos no son en el
actual sistema energético lo más ecológico dada la escasa información
que existe sobre los mismos así como su uso minoritario nos impulsa a
divulgarlos. En cualquier caso los vehículos eléctricos tienen una
mayor eficiencia energética y circulan con poco ruido respecto a los
motores de explosión y estas son cualidades que no podemos despreciar
cuando el aire de las ciudades tiene límites de contaminación altísimos.
¿Por qué necesitamos vehículos sostenibles?
Actualmente
el transporte depende en su mayor parte de energías fósiles, sobretodo
del petróleo, cuyos derivados cubren el 98% de las necesidades
energéticas del sector. Según una campaña realizada por el Instituto para la Diversificación y Ahorro Energético (IDAE)
en 1999 con varios coches eléctricos franceses se comprobó que habían
consumido una media de 0,220 kWh/km de enegía final, lo que convertido
en energía primaria y teniendo en cuenta las pérdidas en producción,
transporte y distribución se obteien un consumo de 2.937 kJ/Km. Los
consumos de coches equivalentes en sus versiones de gasolina y diesel y
en tráfico urbano, son respectivamente 3.430 kJ/km y 3.019 kJ/km. Ello
significa que los coches eléctricos consumieron en las ciudades un 17,3
% menos que los coches de gasolina y un 6,4 % menos que los coches
diesel. Los coches eléctricos en prueba emitieron un 32 % menos de CO2
comparado con lo que emitirían los coches de gasolina y un 27 % menos
frente a los coches de gasóleo.
Por
otro lado, buena parte de este consumo energético de los automóviles
tiene lugar en las zonas urbanas, donde una cuarta parte de los
desplazamientos no supera los 2 Km y el consumo de combustible se ve
incrementado por el elevado número de movimientos de arranque y
frenada. Las emisiones de dióxido de carbono de la movilidad privada
supone un 25 % del total de las causadas por el transporte.
Además, en España el 23% de la población vive expuesta a un nivel de
ruido originado por el tráfico, superior a los 65 dB que es el límite
de tolerancia normalmente aceptado. Esta cifra puede afectar al 60% de
la población en las grandes concentraciones urbanas como Madrid y
Barcelona. Además, los atascos constituyen una fuente de nerviosismo
que amenaza la salud de las personas al volante.
Así pues, el tráfico en las ciudades origina problemas de contaminación
ambiental, exceso de ruido y secuelas en la salud de las personas. Es
en este contexto que los vehículos con motores de emisión cero pueden
colaborar en la mejora de nuestro entorno y la salud de las personas.
Sin embargo, no debemos olvidar que la movilidad más sostenible es
aquella que no se produce o la que realizamos con una bicicleta o a pié.