Horno solar construido por Auguste Mouchot en 1861
Corte de la primera caja aislante diseñada por Horace de Saussure en 1767
Cocina solar portátil diseñada por por Auguste Mouchot entorno a 1857 para el ejército francés
Los inicios
Los primeros hornos solares datan de finales del siglo
XVII. En concreto, fue E. W. Von Txchirnhausen quien construyó en
Dresde (Alemania) un horno con un espejo cóncavo de 1,6 m de diámetro
para cocer el barro para hacer cerámica. En 1774 el científico inglés
Joseph Priestley, descubridor del oxígeno, construyó un horno solar con
una lente de 1 metro de diámetro que conseguía 1.700 ºC y permitía
fundir el platino.
El primer colector plano para aprovechar el calor solar
fue diseñado por Horace de Saussure, un naturalista suizo que
experimentó en 1767 con el efecto físico del calentamiento de una caja
negra con tapa de vidrio expuesta al Sol. Las experiencias de Saussure
son relevantes porque descubrió que, al exponer estas cajas al Sol, la
temperatura aumentaba en el interior de cada una de ellas hasta el
punto de alcanzar más de 85 ºC, hecho que permitía cocer fruta. Más
adelante, experimentó con nuevas cajas hechas de madera y corcho negro
y, en contacto con el Sol, la temperatura llegó a los 100 ºC. Sin
embargo, aislando el interior de la caja a base de intercalar lana
entre las paredes de la caja caliente la temperatura alcanzó los 110
ºC, incluso cuando la temperatura ambiental no era nada favorable. Eso
le hizo cuestionarse si la radiación solar en una montaña donde el aire
era más transparente podría atrapar menos calor. Para verificar su
hipótesis, Saussure subió a un pico suizo y constató que, a pesar de
que la temperatura exterior era de 1 ºC, dentro de la caja caliente se
superaban los 87 ºC. Además, cuando la temperatura ambiental alcanzaba
los 6 ºC, porque descendía hacia el llano, en el interior de la caja se
mantenía el mismo calor. Saussure predijo: "Algún día este ingenio, que
actualmente es pequeño, barato y fácil de fabricar, puede ser de gran
utilidad". Este científico había tenido una visión, a pesar de que sus
experimentos quedaron en el olvido durante cerca de medio siglo.
Hacia 1830 el astrónomo inglés John Fredrick Herschel, en
una expedición al Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, también
experimentó con una caja solar, cuyas paredes estaban pintadas de negro
y la tapa era de vidrio. De hecho, las motivaciones de Herschel eran
más por motivos lúdicos que no científicos (cocinó un huevo duro
haciendo hervir el agua con el Sol).
La cultura y la energía solar
En la Exposición Mundial de París de 1878, el científico
francés Auguste Mouchot exhibió una estufa solar y un motor solar que
utilizaban un colector en forma de cono truncado de 2,2 m de diámetro.
Este motor se integró a la prensa de una imprenta con la cual más tarde
se editaría la revista Le Journal du Soleil. Por estas mismas fechas,
el inglés William Adams experimentó en la India con una cocina hecha de
espejos planos dispuestos en forma de pirámide invertida, la reflexión
de los cuales se dirigía a una campana cilíndrica en el interior de la
cual había el recipiente con los alimentos.
El punto final lo puso el astrofísico americano Samuel
Pierpont Langley, un estudioso de la radiación solar. En una expedición
científica, en 1882, al Monte Whitney de California, observó que un
recipiente de vidrio conservaba todo el calor de los rayos solares.
Langley, a pesar de encontrarse en medio de la nieve, describió cómo su
caja caliente hacía hervir agua y apuntó la propiedad del vidrio como
productor del efecto invernadero. Con esta última aportación, la cocina
solar dejaba de ser una curiosidad científica.
La cocina solar aplicada como herramienta práctica y solidaria
También existen referencias de un restaurante chino que en
1894 servía comida cocinada con el Sol. Incluso se habla de algún
capitán de barco que se había hecho construir un horno solar para
utilizarlo en sus viajes transoceánicos. Más allá, pues, de estos
referentes, la verdadera pasión y desarrollo de las cocinas solares se
inicia a mediados del siglo XX durante la década de los años cincuenta.
De esta época data la construcción de hornos solares en la India
utilizando la técnica de la pirámide invertida de Adams a cargo de la
ingeniero Mary Telkes. Estos hornos tuvieron una notable aceptación en
las zonas rurales de este país con decenas de miles de entregas. Sin
embargo, la cocina solar no adquirirá una fuerza importante hasta
llegada la crisis energética de 1973. El último impulso cabe atribuirlo
a la convicción de las Naciones Unidas de utilizar la cocina solar como
una herramienta para aligerar el sufrimiento en los campos de
refugiados, producto de los conflictos bélicos en diferentes lugares
del planeta.