Quizá tenemos demasiado asumido el uso de todo tipo de aparatos eléctricos en el hogar.
Comienzan
a existir en el mercado pequeños electrodomésticos cuyas funciones
difícilmente pueden compensar el gasto de recursos y energía.
Los
minielectrodomésticos son una ayuda pero deberíamos seleccionar
solamente aquellos que realmente necesitemos. Los utensilios
manuales, mucho más sencillos en materiales y sin consumo de energía,
nos hacen la vida más fácil.
Preparar un plato favorito ... a prueba de cortes de luz
Seguramente estamos convencidos de que no dependemos demasiado del
suministro eléctrico. Sin embargo, si nos paramos a pensar en el número
de enchufes que encontramos en nuestra cocina, caeremos en la cuenta de
cuán asumido tenemos el uso de los pequeños electrodomésticos. En las
estanterías de los grandes almacenes podríamos encontrar un aparato
distinto para casi cada una de las tareas de la cocina. Los pequeños
electrodomésticos hacen menos costosas tareas como exprimir, batir,
triturar o abrir latas, pero hay que admitir que en demasiadas
ocasiones se convierten en un trasto más que relegamos al fondo del
armario o en un regalo que en realidad no necesitamos.
Desde hace unos años, el consumo de pequeños electrodomésticos no ha
parado de crecer: aunque se ha moderado el crecimiento inicial, cada
año sin excepción aumenta la fabricación y venta de electrodomésticos y
pequeños electrodomésticos. En el mercado español, durante el año 2001
las ventas de pequeños electrodomésticos aumentaron un 2,9 por ciento.
De entre ellos, el mayor volumen de venta corresponde a los productos
electrodomésticos de pequeño formato relacionados con la cocina. Sin
embargo, fabricarlos requiere una gran cantidad de recursos y genera
contaminación, al utilizarlos aumentamos aún más nuestro consumo de
energía, y generalmente tienen una corta vida. Suficientes razones para
cuestionar estos aparatejos que adquirimos y regalamos de manera tan
despreocupada.
Los pequeños consumos también suman
Utilizar pequeños aparatos eléctricos la mayor parte de las veces no
repercute de manera muy destacada en nuestra factura de electricidad,
puesto que su utilización se limita a cortos períodos de tiempo, y
normalmente el grueso de la factura se debe a otros usos … pero aún
así, cuenta. Sobretodo en el caso de los electrodomésticos que generan
calor mediante resistencias, como las tostadoras, freídoras o
sandwhicheras, tienen potencias medias o elevadas que sólo es posible
disfrutar porque disponemos de una elevada potencia contratada en
nuestro hogar. El aumento espectacular de la potencia contratada a
nivel doméstico en los últimos años refleja el aumento del consumo de
electricidad en los hogares y los usos cada vez más diversos que
hacemos de la electricidad. Esto nos permite tener diferentes aparatos
eléctricos funcionando a la vez. Es decir, aumenta nuestra comodidad
pero también aumenta las posibilidades de que utilicemos la energía de
forma más despreocupada.
Podemos calcular fácilmente el consumo de un aparato eléctrico,
multiplicando la potencia por el tiempo durante el cual funciona.
Consumo (wh) = Potencia (w) x Tiempo durante el que funciona (h)
La potencia del aparato se puede encontrar normalmente en las
especificaciones técnicas, en el manual de instrucciones o en el
embalaje o caja del minielectrodoméstico.
Si hacemos una estimación de las horas que utilizamos el aparato al
cabo del mes, podemos saber qué porcentaje aproximado de nuestra
factura eléctrica anual es debido a los pequeños electrodomésticos de
la cocina.
Por ejemplo, si tuviéramos una tostadora funcionando durante una hora, consumiría 1000 w, o 1 kW de electricidad.
Como en la mayoría de los casos estos aparatos sólamente funcionan
durante algunos minutos, su repercusión en cuanto a consumo energético
es baja, aunque puede ser considerable en algunos casos si calculamos
para un período de tiempo suficientemente largo (por ejemplo, un año),
y sobre todo si la comparamos con el gasto energético nulo de las
alternativas manuales que existen para algunos de estos aparatos.
Plásticos y materiales contaminantes en los minielectrodomésticos
Los pequeños electrodomésticos tienen normalmente un cuerpo o armazón
de plástico, y motores y componentes electrónicos en su interior. Todo
ello se traduce en una fabricación costosa en recursos no renovables y
a menudo contaminante, y en una difícil reciclabilidad.
En el año 2001, en España se emplearon más de 33.000 toneladas de
diferentes plásticos para la producción de minidomésticos. Los
plásticos son derivados del petróleo, por lo que su uso masivo no es
viable en una sociedad que prevée el agotamiento de este combustible
fósil en 50 años.
Por otro lado, muchos de estos plásticos requieren recubrimientos y
plastificantes, como los ftalatos, que desprenden compuestos orgánicos
volátiles nocivos durante un tiempo, sobretodo cuando son nuevos.
También incluyen en su composición compuestos químicos tóxicos como los
retardantes de llama bromados o halogenados.
Además, una vez llegado el final de su vida útil, muchos de los
materiales plásticos empleados en estos aparatos presentan problemas
para ser reciclados o no se pueden reciclar en absoluto. A menudo
aparecen mezclados y su separación resulta dificultosa. Así, la mayoría
de estos plásticos son finalmente depositados en un vertedero o
incinerados para su valorización energética, ya que se calcula que el
80 % de los plásticos no se recicla. En este caso, si acaban siendo
incinerados, la combustión de plásticos clorados o con retardantes de
llama libera sustancias de elevada toxicidad y persistencia, tanto en
el medio como en el cuerpo humano, como son las dioxinas y furanos.
Finalmente, como equipos eléctricos y electrónicos que son, los
minidomésticos contienen sustancias peligrosas que resultan tóxicas
para el medio y el ser humano. Por ejemplo, incluyen metales pesados,
como el plomo, que está presente en soldaduras, circuitos impresos,
pinturas, barnices y esmaltes. En los aparatos antiguos también es
posible encontrar CFCs y PCBs.
Final de vida útil
Si disponemos de algun pequeño aparato electrodoméstico cuya vida útil
ha llegado a su fin, debe recibir una gestión correcta. Si lo mezclamos
con el resto de la basura aumentaremos la probabilidad de que termine
en un vertedero, donde las sustancias peligrosas y tóxicas que
presentan los componentes eléctricos, como los metales pesados, CFCs,
PCBs u otros, podrían lixiviar al medio acuático y ecosistemas
terrestres, alterando el medio natural y la salud humana.
Afortunadamente, su gestión en un punto verde lo puede evitar y a la
vez permite la recuperación de materiales de valor, como los metales,
plásticos, o vidrios que conforman el aparato, de modo que se reducen
los residuos generados y se evita el consumo de nuevos recursos para
producir un otros aparatos.
Alternativas manuales
La mayoría de funciones que realizan los aparatos eléctricos de pequeño
formato se pueden hacer a mano, quizá ayudados por algun artilugio que
no requiere de ningún enchufe y que probablemente está fabricando tan
sólo con uno o dos materiales diferentes. La clásica picadora de carne
no hace ruido. Hay picadoras para frutos secos o vegetales más fáciles
de limpiar que el robot de cocina. Existen varillas para montar nata o
claras de manera manual muy prácticas e incluso decorativas. Un
rallador normal hace su trabajo exactamente igual que el eléctrico sin
consumir energía de la red, e igual sucede con el cuchillo eléctrico.
El yogur se puede hacer en el mismo tiempo sin necesidad de mantener un
aparato enchufado, si en el tiempo de espera se mantienen los botes
aislados con cajas de cartón o una manta para que no pierdan la
temperatura. Hay heladeras de acumulación y podemos utilizar el
congelador que ya tenemos. La máquina panificadora usa menos energía
que el horno eléctrico para una sola barra de pan, pero no si se
utiliza el horno simultánamente para más hogazas u otro plato. Podemos
prescindir de una sandwhichera si preparamos los bocadillos calientes
en la sartén, que seguramente ya tenemos, consumiendo menos energía.
Seguramente la mayor velocidad a la hora de realizar las tareas de la
cocina se ve descompensada por la pérdida de tiempo buscando dónde
enchufar cada aparato y recogiendo cables. A veces los artilugios
eléctricos pueden crear más desorden a la hora de preparar los platos.
También son ruidosos y más costosos de limpiar. A veces, a menos que la
persona tenga un problema serio de movilidad, muchas tareas no
necesitan en absoluto un aparato eléctrico (por ejemplo, en el caso de
un cuchillo eléctrico), y su uso es más engorroso que práctico, hasta
que acaban en el fondo del cajón para no ser usados. También ocupan más
espacio que los sencillos objetos manuales: prescindiendo de aparatos
innecesarios podemos ganar más espacio para preparar la comida o para
almacenar alimentos.
Receta final
La cocina es uno de los espacios más importantes de una casa y la
experiencia de cocinar es muy gratificante para muchas personas. El
planeta necesita que en todos los ámbitos de nuestra vida cada uno haga
lo posible por hacer más pequeño su uso de los limitados recursos
naturales. La cocina es un buen sitio por donde empezar, sea a través
de la elección de los alimentos, la separación de los residuos, o el
uso de energía. Los pequeños electrodomésticos tienen un papel
fundamental en el impacto ambiental de una cocina.
Es recomendable:
· Reflexionar ante la compra de un nuevo aparato. Deberíamos estar
seguros de que lo necesitamos y lo utilizaremos durante mucho tiempo (o
para siempre).
· Pensar en las alternativas manuales, pues son mucho menos intensivas
en materiales y energía, no suelen contener componentes tóxicos, y no
consumen más que nuestra energía.
· A la hora de comprar un aparato, vale la pena recabar toda la
información posible sobre su durabilidad y su consumo eléctrico, para
escoger modelos de potencias que, aunque adecuadas a nuestras
necesidades concretas, tengan un consumo de energía moderado. Por
ejemplo, las tostadoras de pan de tipo cerrado consumen la mitad de
energía que las abiertas. También podemos preguntar a algun
conocido si va a deshacerse de algun aparato o adquirirlo de segunda
mano.
· Si un aparato se estropea, debemos considerar como primera opción su
reparación, antes de comprar un aparato nuevo al completo, aunque
económicamente todos los estímulos parezcan impulsarnos a lo contrario.
· En caso de que ya no nos sea útil, por cualquier motivo, pero todavía
funcione correctamente, podemos regalarlo o venderlo de segunda mano.
· Si como última opción nos deshacemos completamente de un pequeño
electrodoméstico, debería disponerse para su reciclaje en un punto
verde. Los motivos expuestos anteriormente son suficientes para evitar
que los pequeños electrodomésticos acaben en un vertedero.
Se calcula que la generación de 1 kW de energía eléctrica supone la
emisión de 0,495 kg de CO2. Y tan importante o más que el consumo de
energía es la producción de toneladas de plástico y otros componentes y
la corta vida de estos aparatos. Una cocina invadida por un exceso de
aparatos inutilizados no tiene sentido. Podemos escoger sólo los
aparatos que necesitemos y, para muchas tareas, disfrutar del trabajo
manual.