La
eficacia del transporte colectivo está en facilitar las conexiones
entre todos los sistemas. Los intercambiadores son espacios donde
convergen diferentes sistemas como pueden ser el metro, el tranvía, los
trenes de cercanías, autobuses, etc. En la imagen el intercambiador de
Nuevos Ministerios en Madrid.
La
ciudad sostenible es aquella que es capaz de integrar en su
funcionamiento como sistema elementos que provoquen el mínimo impacto
sobre su entorno. Sin duda una de las claves y a la vez el fenómeno que
caracteriza una ciudad son las comunicaciones o disponibilidades para
la movilidad de la ciudadanía. En realidad, una ciudad sin personas en
movimiento es una ciudad muerta, pero una ciudad con miles de coches
con sus tubos de escapes abiertos a la atmósfera puede ser un lugar
inhabitable o altamente peligroso para la salud. En esta segunda
recopilación nos centraremos en el ámbito de la necesaria nueva cultura
que debe presidir el transporte urbano.
Desplazarse o moverse
Una
de las ideas tópicas es que la movilidad es una necesidad colectiva.
Sin duda, desde ir al trabajo, al mercado, a la escuela, al parque, al
cine, etc. obliga a desplazarnos respecto a nuestro hogar. Sin embargo,
nuestras ciudades pueden estar organizadas de forma que las distancias
entre nuestros principales destinos estén lo más cercanos posibles. Las
ciudades mediterráneas compactas y diversa en usos lo facilita, pero
también es en esta área una de las más importantes por la cantidad de
urbanizaciones construidas alejadas de los núcleos urbanos y sin a
penas servicios. La especie humana ha sido biológicamente dotada de un
equipo facilitar sus desplazamientos: las piernas. Pero, nuestro
sistema locomotor a pesar de estar preparado para recorrer largas
distancias de forma continuada está limitado por la velocidad (unos 4
kmh). A lo largo de la historia desplazarse más deprisa y de forma más
cómoda ha llevado a ensayar otros sistemas de locomoción. Hoy, nuestra
sociedad dispone de un elenco de modos de transporte. El problema es
que todos ellos requieren algún tipo de energía y las propias
tendencias sociales han convertido en la mayoría de ellos en una de las
principales fuentes de contaminación y como no de consumo de
combustibles fósiles. Pero también es cierto, que si la energía
consumida andando es de 0,16 MJ/viajero/km esta puede rebajarse con una
bicicleta y situarla en 0,06 MJ/viajero/km a la vez que se triplica
fácilmente la velocidad de a pié. La ciudad se ha convertido en el
espacio por excelencia para la movilidad y es el automóvil (a pesar del
consumo medio de 2,6 MJ/viajero/km y que puede emitir una media de más
de 150 mg de dióxido de carbono por cada km recorrido) el que ostenta
la mayor ocupación espacial a pesar de su alto poder contaminante,
ruido, etc. Exploremos las diferentes actuaciones que en el ámbito de
la movilidad podemos encontrar en la ciudad sostenible
La bicicleta y el mundo que la rodea
Como
hemos apuntado la bicicleta es el vehículo más eficiente, aunque dado
que el motor de su energía es la propia energía muscular tiene su mejor
ratio por debajo de los desplazamientos de menos de 20 km. A parte de
los beneficios económicos (es mucho más accesible a economías bajas),
debemos destacar los relacionados con la salud y el medio ambiente.
Pedalear es una actividad saludable y que mejora la calidad de vida
(previene enfermedades cardiovasculares, no emite emisiones tóxicas, no
hace ruido, etc.) a la vez contribuye a la democratización y
accesibilidad en el ámbito de la movilidad. En algunas ciudades se
observa como la bicicleta es el principal sistema de transporte (caso
de Holanda y Dinamarca). Pero para que la bicicleta se use
mayoritariamente precisa de determinadas facilidades y a la vez que se
visualicen estrategias de promoción. Una de las medidas claves es la
creación de los llamados “carriles bicicleta” o similares en los que la
bicicleta puede viajar desagregada del tráfico de los vehículos
motorizados. Actualmente, algunas ciudades disponen de centenares de
carriles bicicleta, En Barcelona son más de 140 km, en Bogotá, más de
270 km y en Sevilla de los 10 km actuales quiere llegarse a los 120 km.
El carril bicicleta ideal es el que va desagregado de la acera para
peatones y de la calzada asfaltada. La señalización puede ser una
simple raya pintada, pero lo más interesante es que disponga de piezas
constructivos que impidan el acceso fácil de vehículos motorizados que
lo invadan. Para evitar este tipo de situaciones ha surgido la idea de rutas elevadas para bicicletas (skyway)
surge como respuesta a que los tradicionales carriles bicicleta
incorporados en la calzada con los coches no ofrecen toda la seguridad
necesaria.
Otro aspecto importante para la promoción de la bicicleta
como sistema de transporte urbano son los parkings bicicleta,
o espacios donde atarlas en la calle. Existen numerosos diseños de
parkings bici y en España tenemos una verdadera celebridad en este
campo liderada por el estudio de diseño.
Pero el uso de la bici en la ciudad no sólo tiene que ver con los
aspectos de la seguridad. Evidentemente, es un vehículo en inferioridad
de condiciones respecto a motos y coches. Sin embargo, también
hay otros aspectos más sociales. Uno de ellos es la plaga de robos de
bicicleta, una actividad que en los últimos años se ha extendido como
la pólvora. Precisamente, para contribuir a reducir esta sensación de
vulnerabilidad frente al robo existen medios y campañas disuasorias
como son los registros de bicicleta.
Finalmente, la administración municipal puede poner el broche que
facilite el uso de la bicicleta con una normativa más laxa en cuanto a
permitir su circulación responsable por aceras anchas. Lamentablemente,
no todos los usuarios de bicicleta se comportan con respeto con los
peatones cuando comparten el mismo espacio. El biciclista, frente a los
peatones, debe ser consciente que va montado en un vehículo que puede
pesar entre 9 y 15 kg hecho de metal y que un pequeño golpe a un
velocidad de 10 kmh puede causar una lesión nada despreciable. En zonas
peatonales donde está autorizada la bicicleta se exige la máxima
prudencia y, en general, en todos aquellos carriles bicicleta que
puedan ser atravesados por peatones.
Zonas peatonales
Las
zonas peatonales son áreas especiales a las que no se permite la
circulación motorizada excepto vehículos de servicio y en algunos casos
bicicletas. Son islas para pasear, para convertir el espacio urbano en
un espacio de comunicación para la ciudadanía. Habitualmente van
asociadas a áreas de la ciudad donde hay una importante presencia
comercial. La presencia de mobiliario urbano para facilitar el descanso
(bancos) y enverdecer el espacio (jardineras) constituyen los
principales elementos que identifican una calle peatonal de otra que no
lo es amén de los sistemas para el acceso controlado de determinados
vehículos motorizados. Las zonas peatonales pueden convertirse también
en un espacio de convivencia excelente.
Rutas colegiales y caminos al trabajo
En muchas ciudades las entradas y salidas de escolares frente a los
centros educativos constituye un elemento crucial en el ya típico caos
circulatorio. La presencia de muchos familiares trayendo o recogiendo a
los niños y niñas con vehículo privado parece inevitable. La idea de
seguridad que aporta el transporte en coche de casa a la escuela parece
insuperable. Sin embargo, en algunas localidades han establecido rutas
señalizadas e incluso custodiadas durante los intervalos de entrada y
salida y en recorridos en los que desde diferentes puntos de un barrio
o ciudad serían más adecuados. Por ejemplo, para los institutos de
secundaria estas rutas pueden ser para bicicletas y se combinan con
parkings para las mismas en el recinto educativo. Esta estrategia de
rutas para bicicletas de acceso a determinados polígonos industriales
se ha comprobado que disminuye el número de vehículos privados.
Transporte colectivo de bajo impacto Uno de los transportes colectivos que primero marcaron el ritmo de las
ciudades fueron el metro o ferrocarril subterráneo y los tranvías. El tranvía es uno de los medios más interesantes para el transporte colectivo de superficie. Tras
ellos, en las grandes ciudades se desarrolló una variante más
económica que eran los troleybuses, autobuses eléctricos que captaban
la corriente de una catenaria a la que iban enganchados. El desarrollo
del mundo del automóvil y la propia presión de la industria petrolera
llevaron a la extinción en muchas ciudades del tranvía y troleybuses
que se percibían como una molestia para la circulación creciente de
automóviles privados. La substitución fueron los autobuses con motores
térmicos diesel que no estaban sujetos ni a raíles como los tranvías ni
a catenarias aéreas como los troleybuses. Como alternativa al cada vez
más denso tráfico urbano el metro subterráneo y las redes de
ferrocarriles de cercanías ganaron su lugar. En ciudades donde la
perforación del subsuelo podía ser problemática el tranvía o también
llamado metro ligero de superficie ha vuelto a ganar su espacio. Su
implantación no acostumbra a estar exenta de polémicas y quejas
diversas pues se percibe que roba espacio al asfalto para la
circulación de coches. Sin embargo, una vez establecido el tranvía del
siglo XXI se aprecia como un ejemplo de modernidad en las ciudades
donde se ha instalado. Mientras el tranvía se aprecia como un elemento
ecológico por no contaminar su entorno, el autobús convencional con
motor diesel o de gas es todo lo contrario. En este sentido se han
buscado nuevas alternativas para reducir la contaminación de los
motores térmicos como pueden ser el bioalcohol, los biocombustibles o
incluso el hidrógeno. Muchas personas, a pesar que el transporte rápido
y energéticamente eficiente y ecológico del metro, no soportan la idea
del viaje subterráneo. Por ello, en proporción a sus posibillidades el
autobús de superficie constituye el medio de transporte colectivo más
apreciado por la mayoría. La reconquista de la ciudad por parte del
tranvía y la aparición de autobuses con combustibles menos
contaminantes y menos ruidosos se perfila como el futuro.
Carsharing y bicicletas de alquiler
En algunas ciudades también se consideran dentro de la red del
transporte colectivo el llamado carsharing y el alquiler de bicicletas.
El carsharing
o compartir coche es una modalidad que permite disponer de una flota de
vehículos privados sin necesidad de ser el titular del mismo, ahorrarse
una buena parte de los costes fijos que ocasiona y sobretodo reducir el
espacio urbano ocupado por los automóviles. Algunas ciudades además han
incorporado a la oferta del carsharing vehículos híbridos menos
contaminantes. El alquiler de bicicletas por parte del titular de
alguna red de transporte colectivo (tren, metro, etc.) constituye una
alternativa que facilita la intermodalidad y que, por tanto, la
ciudadanía sienta que no necesita para nada un vehículo privado propio.
En algunos casos, estas bicicletas pueden con asistencia eléctrica al
pedaleo para que las puedan usar incluso personas con movilidad
reducida.
Intercambiadores modales
La eficacia del transporte colectivo para que facilite los
desplazamientos de la ciudadanía está íntimamente ligada a las
interconexiones de las diferentes redes que lo forman. Los
intercambiadores no son más que estaciones o puntos en los que
convergen más de uno de los sistemas de transporte colectivo (metro,
autobuses, tren, tranvía, etc.). La facilidad de intercambio entre
diferentes medios con itinerarios diversos es un elemento clave en el
desarrollo del transporte colectivo urbano, especialmente, con las
redes de cercanías o interurbanas.
Vehículos privados eléctricos
La
imagen de una ciudad sostenible es aquella en la que el ruido y la
contaminación local por parte del tránsito ha sido minimizada. En este
sentido los vehículos eléctricos es una alternativa en la medida que
circulen sólo los imprescindibles. De todas las modalidades de
vehículos eléctricos urbanos el que más puede implantarse es la
bicicleta eléctrica con asistencia al pedaleo o pedelec. Un pedelec no
es más que una bicicleta convencional que incorpora en el buje de la
rueda (normalmente, la trasera) un motor eléctrico que se activa para
facilitar el pedaleo y que este requiera menos esfuerzo por parte del
usuario. Este tipo de bicicletas pesan algo más que las convencionales
pero tienen a su favor que pueden reducir el esfuerzo muscular entre un
30 y un 50 % para un mismo trayecto con una bicicleta convencional. Sin
embargo, estos vehículos, dotados de baterías recargables, precisan ser
conectados a la red eléctrica para recuperar la energía. En al ciudad
sostenible, deberían ubicarse pérgolas o estaciones de recarga solar
con paneles fotovoltaicos para que este tipo de vehículos puedan
aprovechar que mientras están aparcados recuperen la energía consumida.
Aunque una bicicleta eléctrica puede tener una autonomía de entre 20 y
40 km disponer de una red de recarga solar incentivaría otros vehículos
eléctricos tales como furgonetas de reparto o motocicletas y scooters.
Todos ellos tienen la gran ventaja que se amortizan muy rápidamente,
que no hacen ruido ni emiten contaminantes. Algunos municipios rebajan
el impuesto de circulación a esta tipología de vehículos.
La presencia de los nuevos vehículos híbridos capaces de circular por
las vías urbanas con motor eléctrico y al salir a las vías interurbanas
con otro térmico convencional que a su vez recarga las baterías del
eléctrico aporta nuevas posibilidades para la movilidad urbana
sostenible. Los vehículos híbridos empiezan abrirse paso aunque tampoco
podemos olvidar que se trata de vehículos convencionales y que por
tanto es una “gran masa de recursos y tecnología” para desplazar no más
de 4 humanos.
Taxis bicicleta
El
pedicab es conocido en países como la India o China como una bicicleta
que lleva una cesta en la cual pueden sentarse 2 personas y así
realizar el servicio de taxi. En Nueva York esta modalidad de taxi
sostenible es algo más que una singularidad, aunque se debe a una
iniciativa surgida en Berlín que el taxi-bicicleta evolucionara hacia
un vehículo singular y a la vez funcional: el trixi. El trixi, se ha
instalado en diversas ciudades europeas, esencialmente, como recurso
turístico y en Barcelona dispone de una flota de media docena de
unidades que circulan por el casco viejo los meses más benignos. El trixi
es una bicicleta tipo reclinada (recumbent), dotada de un motor de
asistencia al pedaleo y un estilizado carenado para albergar y proteger
a los dos pasajeros. Sin duda, una curiosidad, pero también una
oportunidad para reducir las emisiones a la atmósfera en el ámbito
urbano.