Son diversas las ciudades en todo el mundo que han adoptado la metodología del Greenmap para señalar instalaciones y servicios ambientales urbanos
Mercado de granjeros biológicos en medio de la ciudad de Nueva York (Union Square)
Muchos
de los problemas ambientales que aquejan a nuestra sociedad como la
pérdida de biodiversidad, la contaminación, el agotamiento de los
recursos naturales y energéticos tienen que ver con el estilo de vida
de las personas. Las ciudades son ya el hábitat de más del 60 % de la
población mundial. Del diseño y el uso que hagamos de los elementos
básicos como el agua, los alimentos o los residuos que se generen
dependerá que estas sean habitables y saludables. Hoy por hoy la
mayoría de las ciudades son ajenas al aprovechamiento de las aguas
pluviales, a utilizar las propias construcciones para captar la energía
solar, a planificar espacios para el cultivo de plantas comestibles
tanto dentro de los cascos urbanos como en las zonas periurbanas, etc.
Una agricultura sin venenos ni fertilizantes químicos es esencial para
la seguridad de las ciudades. Actualmente, el suministro de agua
potable de muchas ciudades está contaminado por el exceso de nitratos
procedente de los abonos químicos vertidos en los cultivos. Pero,
también la gestión de los residuos sólidos urbanos ha ocasionado un
grave problema a muchas poblaciones porque no se practican políticas de
reciclaje, recuperación, minimización, etc. Dada la actual dinámica de
crecimiento poblacional se precisa planificar el urbanismo para que
este permita reducir la demanda de transporte privado y acerque los
espacios de vida laboral, ocio, familiar, etc. La ciudad compacta
mediterránea en este sentido es un buen ejemplo de partida. Pero,
todavía estamos lejos de conseguir la ciudad sostenible. A continuación
se aportan algunas ideas y experiencias relacionadas con la gestión del
agua, los residuos y las posibilidades para un estilo de vida más
ecológico en las ciudades.
La gestión del agua
El
agua es un elemento clave en la gestión de la ciudad, especialmente por
el acento que toma la llamada crisis hídrica en todo el planeta y que
las futuras previsiones no son muy halagüeñas sobre la disponibilidad
de este recurso básico para la vida. Esto exige un cambio en la
percepción del concepto en si mismo del agua dado que se trata de un
recurso con múltiples usos y a la vez frágil y limitado en muchas
áreas. La optimización en su uso y para evitar su degradación
constituye un elemento esencial en su gestión.
La mejora en la eficiencia del agua en la ciudad pasa por la captación
del agua de lluvia y separarla de las aguas grises o negras de
evacuación de las viviendas. La organización del alcantarillado para
que el agua pluvial pueda ser almacenada y posteriormente usada para el
riego del verde urbano e incluso para otros usos empieza a valorarse
como esencial. Esta misma captación se puede realizar en las propias
viviendas. En algún edificio de nueva construcción se han establecido
dos sistemas de distribución del agua, uno para el agua potable y otra
para el agua pluvial que se utiliza con una pequeña depuración para
lavar la ropa, atender las necesidades de agua higiénica o regar las
plantas. Actualmente, existen edificios que además de recuperar el agua
pluvial reciclan las aguas grises de lavabos y duchas para su uso en el
váter o lavar la ropa previa depuración.
En la ciudad es imprescindible una gestión del agua que reduzca la
demanda, que mejora la eficiencia en su uso y que evite el deterioro de
los recursos hídricos. Incentivar el uso de sistemas de ahorro de agua
en las instalaciones domésticas tales como perlizadores, reductores de
caudal, limitadores en la cisterna del WC, etc. permiten reducir hasta
un 40 % el consumo de agua de una vivienda. El reciclaje de aguas
grises puede ahorrar en una vivienda hasta el 24 % del consumo total.
Por su parte las aguas residuales domésticas sin tratar pueden contener
una media de unos 35 mg/l de nitrógeno aportado por las heces y la
orina. Un tratamiento secundario convencional elimina entre del 10 al
30 % de este nitrógeno y aplicado al riego convierte esta agua en un
nutriente que puede permitir reducir en un 70 % los fertilizantes
convencionales en los terrenos agrícolas. Otra posibilidad son los
váteres compostadores que aunque no tienen mucha buena predisposición
cultural constituyen un recurso que permite ahorrar un 30 % del consumo
de agua doméstico y aprovechar la materia orgánica como fertilizante.
Depuradoras biológicas verdes
Imitar
a la naturaleza es lo que hacen este tipo instalaciones que se
utilizan en diversos campos como son la purificación de aguas
residuales domésticas, comerciales o industriales y también para la
humificación de fangos de las depuradoras convencionales. Una
depuradora biológica vegetal no es más que una balsa impermeabilizada
en la cual se plantan carrizales y se deja fluir el agua residual por
el subsuelo de la plantación de forma que la materia orgánica que
contiene sirva de alimento para las plantas. El carrizo tiene la
particularidad de generar un amasijo de raíces las cuales son como una
red impenetrable que actúa de filtro natural. La carga orgánica de las
aguas residuales se convierte en alimento para el carrizal que lo hace
crecer. Así pues la depuradora biológica verde no precisa más que dejar
que el ciclo vital del carrizo se desarrolle. En invierno, a pesar que
esta planta no tenga crecimiento vegetativo, las raíces continúan
absorbiendo nutrientes y depurando el agua residual. La
depuración biológica vegetal también se ha hecho hueco con la
humificación de fangos en bancales plantados de carrizos que permite
deshidratar los lodos de las depuradoras convencionales para
convertirlos en un substrato de alta calidad. Esta tecnología está bien
implantada en algunos países, especialmente, en Alemania, aunque
también hay algún ejemplo en España.
Reciclaje y otras erres para la gestión sostenible de los residuos
El
Worldwatch Institute establece que la circulación de materiales
residuales aprovechables en una ciudad puede ser proporcionalmente
mayor que las materias primas que se necesitan extraídas de una mina.
Lo cierto es que en las últimas décadas el crecimiento imparable de
generación de residuos domésticos ha obligado a tomar medidas (la tasa
actual media en nuestro país sobre pasa los 1,6 kg/habitante/día). Una
de las soluciones ha sido instalar contenedores para la recogida
selectiva de diferentes fracciones valorizables tales como papel,
vidrio y envases. Estas islas de contenedores ya sean de superficie o
enterrados en la vía pública no constituye, sin embargo, la mejor
opción en la medida que en ellos determinados materiales,
especialmente, los envases acumulan mucho volumen y poco peso.
Para otros materiales residuales (aceite usado, ropa,
electrodomésticos, etc.) que se encuentran en menor proporción se ha
organizado su recogida selectiva a partir de los llamados puntos verdes
o centros de reciclaje ya sean móviles o fijos. Estas áreas de
aportación, sin embargo, no se instalan cerca de las zonas de viviendas
porque se visualizan como una molestia aún cuando son materiales
inertes que no causan ninguna molestia.
En la ciudad sostenible los residuos deberían tratarse a partir de
implicar el ciudadano como persona individual de la misma forma que se
hace con la sanidad o la educación, aún cuando después este habite en
un grupo familiar o de amistad. La recogida selectiva con la actual
metodología en los países más avanzados no llega al 60 % en el mejor de
los casos lo que demuestra que el ciudadano no lo percibe como un
hábito suficientemente importante. Los países con un mayor índice de
recogida selectiva son los que han incrementado la tasa sobre los
residuos sólidos urbanos. La recogida domiciliaria también se perfila
como un buen método, aunque no es más complejo en las ciudades de alta
densidad poblacional.
Una de las claves en la gestión de los residuos está en la materia
orgánica o desechos de nuestra comida. Existen algunas tecnologías que
permiten el compostaje de esta en el propio hogar que constituye la
mejor solución para convertir más de un 45 % de nuestros residuos en
fertilizante útil para la propia jardinería urbana o agricultura
periurbana. También se puede disponer de un vermicompostador
que aunque no es tan efectivo como un compostador convencional permite
una importante función educativa en el hogar respecto al reciclaje.
Mientras estas tecnologías de compostaje en el propio hogar no se
instala, algunas ciudades han optado para ofrecer puntos de compostaje
comunitario ubicado en algunos parques y jardines.
La reparación de enseres y la recuperación de bienes para su venta de
segunda mano en tiendas de productos usados es otra posibilidad que
además de ofrecer puestos de trabajo permite reducir residuos en la
medida que alarga la vida útil de los objetos antes de convertirse
inevitablemente en materiales no valorizables.
Alimentos biológicos y proximidad de las mercancías
Consumir
alimentos biológicos es una garantía no sólo para nuestra salud sino
para las generaciones futuras. La contaminación por plaguicidas y
fertilizantes supone un grave riesgo de contaminación para los
ecosistemas terrestres y acuáticos, así como para las fuentes de agua
dulce para el suministro de boca. Por este motivo, apoyar la producción
de la agricultura y la ganadería ecológica aporta grandes beneficios
para el entorno. Las ciudades como grandes centros consumidores pueden
impulsar en buena medida el desarrollo de la agricultura sin venenos.
Cada vez más los alimentos biológicos se alejan de ser un producto
minoritario que sólo podía adquirirse en pequeñas tiendas muy
localizadas. En algunos países como Alemania ya existen verdaderos
supermercados no sólo con alimentos biológicos sino, además con
productos manufacturados elaborados con criterios de respeto ambiental.
En nuestro país todavía estamos frente a un fenómeno incipiente a pesar
de que cada vez son más los establecimientos en la ciudad que permiten cambiar a un estilo de vida con menor impacto ambiental.
Otra realidad para impulsar la agricultura biológica son los mercados
de granjeros biológicos. Una vez a la semana o incluso más días la
ciudad sostenible debe organizar espacios para que los granjeros con
productos locales elaborados con criterios de sostenibilidad y frescos
los puedan vender de forma directa en los centros urbanos. En algunas
ciudades, caso por ejemplo de Nueva York existen 15 mercados de
granjeros con productos frescos y biológicos cultivados a menos de 150
km de la ciudad. Esta realidad se complementa con granjas urbanas para
el autoabastecimiento de verduras y frutas de barrios enteros. Nuestra
administración todavía valora que los huertos urbanos no puedan vender
sus frutos y los limita al autoconsumo. Sin embargo, en el futuro,
tanto en terrazas y balcones como en espacios verdes dentro de la
ciudad el cultivo de plantas comestibles va a constituir uno de los
cambios más sorprendentes de la fisionomía de las ciudades.
Centros de educación ambiental
La
ciudad sostenible es también la ciudad educadora, la ciudad que
facilita que su ciudadano pueda resolver las dudas ambientales que
puedan asaltarle. En este sentido, tanto el hecho que los colegios
dispongan de programas específicos de formación en los que el eje
curricular sea el medio ambiente, como que existan equipamientos
específicos para atender a los ciudadanos son estrategias válidas y
complementarias. Los centros de recursos para la sostenibilidad son
espacios donde la ciudadanía encuentra recopilaciones de tecnología y
posibilidades a favor del medio ambiente. De la misma forma que una
ciudad moderna no puede concebirse sin la presencia de centros de
atención sanitaria, los centros de atención medioambientales
son igualmente de gran importancia. Acompañar, aconsejar, facilitar
que la población asuma cambios de hábitos que sean más favorables para
la conservación de nuestro entorno, son iniciativas imprescindibles en
la ciudad sostenible. La organización de las comunidades en
asociaciones, en consejos de sostenibilidad, etc. también puede generar
actividades ambientales que mejoren la calidad del entorno
urbano. Un buen ejemplo de centro de divulgación de ecología
urbana proporciona recursos y facilita actividades para que la
ciudadanía pueda ser activa. Algunos centros de este tipo han
participado en la promoción de los llamados mapas verdes que existen en
diversas ciudades y donde se detallan todas las tiendas, servicios y
equipamientos que pueden contribuir a un estilo de vida más ecológico.