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 Salud vital

Agua osmotizada

Típico aparato de osmosis doméstico para situar debajo del fregadero.


La osmosis permite evitar el agua embotellada y su impacto ambiental.


Aparato de osmosi con bidón para recuperación del agua que se pierde


Depósito de 200 litros para un sistema de osmósi en una oficina que alimenta las cisternas del váter.

Osmosis con recuperación
Quizás hay que insistir que por cada litro de agua que pasamos por el osmotizador sólo menos de un vaso pequeño es agua osmotizada y el resto se desperdicia por la red. Cualquier instalación de un sistema de osmosis se conecta al agua de la red a la vez que dispone de una salida que se conecta al bajante del fregadero para evacuarla. Este 60 a 85 % de agua que se vierte no es mala sino simplemente con un alto contenido en sales tipo carbonato cálcico y otras. Esta agua puede ser útil para fregar suelos o para la cisterna del WC. Aunque el consumo de agua osmotizada se reduce al agua de bebida o para cocinar y lavar frutas y verduras al final de un día en una familia media podemos estar tirando alrededor de más de 10 litros diarios.

Resulta irónico que para beber agua de mayor calidad y ahorrar agua mineral a la vez que envases plásticos acabemos desperdiciando ingentes cantidades de agua aprovechable. Es importante huir de la publicidad que nos ofrece a bajo precio sistema de osmotización del agua. La tecnología de osmotización está actualmente muy estandarizada por lo que las variaciones de precios están esencialmente entre dos rangos: el barato y el convencional. En el primero pagaremos por la baja calidad de las membranas y del sistema en general. Con el segundo nos aseguramos la eficiencia del sistema. Buscar instaladores o tiendas que nos puedan ofrecer un sistema de recuperación del agua de rechazo de la osmosis es la mejor inversión ambiental. Ya son numerosas las experiencias de recuperación centrallizada con desvio a cisternas o para la recogida diaria del agua de rechazo en un recipiente preparado para ello y con destino al uso de limpieza del hogar o riego de plantas. En la osmosis la energía nos la proporciona la presión de la red pero podemos verter gran cantidad de agua no útil. Nuestro consejo por puede ser otro: agua osmotizada pero con recuperación total del rechazo, a partir de aquí, podemos brindar con ella.

Calidad, pero...
La calidad del agua de bebida no la valoramos sólo por que no es perjudicial para la salud (está libre de microoganismos patógenos y substancias nocivas) sino también por su sabor. La mayor parte del agua de consumo de la red pública de agua proviene del tratamiento de agua de los ríos, pozos de acuíferos subterráneos o desalación. La calidad del agua ha disminuido drásticamente debido a la gran carga de contaminantes y otras substancias que hay que depurar. El agua del grifo sale microbiológicamente libre de patógenos, pero es más difícil de garantizar que no contenga un exceso de sales minerales y otras substancias (nitratos, etc.). Excepciones a parte, existe una estricta normativa gubernamental sobre la calidad con la que el agua debe suministrase a la red pública. Sin embargo, algunas aguas de forma natural contienen una elevada proporción de cal. El propio cloro gas que se emplea para higienizar el agua pueden reforzar este sabor duro que caracteriza el agua del grifo de muchas zonas de España.

En algunas regiones, especialmente en aquellas con aguas duras, o sea, ricas en cal, el sabor de esta agua puede no ser suficientemente agradecido. Cuando comparamos su sabor con el del agua envasada procedente de un manantial, pues nuestras papilas gustativas lo tienen claro. Las aguas con un menor contenido de carga mineral (suponiendo que no se detecte el sabor del cloro) las preferimos. El hecho que no se suministre el agua con menos carga mineral en aquellas zonas caracterizadas por un alto contenido de cal es una cuestión de costes. Se prioriza la calidad sanitaria frente a la calidad organoléptica. A partir de este punto, uno puede hacerse a la idea del interés de que existen tecnologías de uso casero para reducir el contenido de sales y otros elementos del agua. Entre las más utilizadas está el filtraje con carbón activo, la destilación y la osmotización.


El asalto de la osmosis
Vamos a abordar el de la osmotización por la presión mediática que están empezando a ejercer determinados fabricantes de productos para que haya un osmotizador en cada hogar. La ósmosis inversa, o sea la tecnología para osmotizar el agua, no es más que un sistema que mediante la presión del agua provoca que esta atraviese una membrana que sólo deja pasar las moléculas del agua (hidrógeno y oxigeno) y retiene la mayor parte de las sales disueltas que contenga con un importante volumen de agua. Los materiales para fabricar la membrana de osmosis han evolucionado en este último lustro y finalmente han dado el salto para distribuirse como si de un enser más de cocina se tratara. Los pequeños útiles para obtener agua osmotizada de calidad en el hogar suponen ya un pingüe negocio a juzgar por las páginas enteras de publicidad que copan en los medios de comunicación.

Ojo com la publicidad
La publicidad de algunas de las empresas que venden equipos de osmosis domésticos no puede ser más truculenta. Una de estas, por ejemplo, asegura que “La Tierra es un gran osmóticy que su equipo no hace otra cosa que reproducir lo que la madre Naturaleza hace: recibir el agua, filtrarla y depurarla por los más avanzados medios naturales (físicos). Si la Tierra fuera un gran osmótic como asegura la mencionada empresa los humanos ya habríamos sido rechazados de la biosfera por perniciosos. En fin, que la publicidad no tiene en este caso ética ni decoro. Otras marcas defienden que ofrecen agua pura y para ello envían a sus representantes con un simple conductímetro, aparato que permite medir la cantidad de sales disueltas y un reactivo para hacer precipitar la cal y visualizar "la baja calidad del agua" que uno está tomando, aunque no sea cierto; sin embargo, ver cambiar el agua con un reactivo químico siempre sorprende. Frente a estas percepciones que el usuario identifica como poco saludable facilitan la tarea del vendedor. A partir de ahí ya es sólo una cuestión de precio y diseño el que a uno le coloquen el aparato de osmosis en casa. Pero hay que ser cautos con los vendedores de tres al cuarto.

Este principio era hasta hace poco sólo utilizado en la industria y en medicina dado el elevado coste de las membranas osmóticas. Sin embargo, los avances en nuevos materiales han permitido fabricar membranas osmóticas de calidad razonable con fibras sintéticas como la poliamida aromática. Pero tampoco debemos olvidar que el proceso exige unos mínimos para dar durabilidad a la membrana. Muchos de los nuevos equipos de osmosis inversa que se presentan al público en formato casi de una “fuente” para la cocina en realidad se ofrecen con prestaciones bajas y el bueno precio de entrada lo pagaremos con los consumibles o recambios de los filtros.

Un proceso de osmosis de calidad dispone de cinco pasos. En primer lugar hay un microfiltro para eliminar los sedimentos de hasta 5 micras. En segundo lugar un filtro de carbón activo reduce las sustancias químicas presentes y mejora el olor y el gusto. Un tercer filtro de carbón activo contribuye a evitar que el cloro llegue a la membrana puesto que puede dañarla oxidándola. es el que precede propiamente al paso del agua a través de la membrana de osmosis. Finalmente, se somete a un quinto proceso de filtraje con carbón activo para eliminar posibles problemas de sabor u olor  por el proceso de osmosis inversa.

Para funcionar correctamente, el sistema necesita una presión superior a 3 – 4 bares que si no la disponemos en la red hay que obtenerla de una pequeña bomba. Los filtros deben cambiarse cada año más o menos y la membrana cada 3 años en función de la calidad del agua de entrada. Una menor presión provoca una pérdida de eficiencia del sistema. Sin embargo, lo que no se explica del agua osmotizada es que para obtener agua rica debemos desechar entre el 65 y el 85 %. En otras palabras que estamos despilfarrando agua.


El  principio físico de la osmosis
Sin duda la tecnología de la osmosis inversa se explica por el fenómeno de invertir el proceso natural por el que dos soluciones acuosas separadas por una membrana semiimpermeable tienden a equilibrar sus concentraciones difundiendo líquido a través de las mismas. Para provocar la inversión se aplica presión para que el agua atraviese la membrana contra gradiente, de manera que queda un volumen de agua sin sólidos y un volumen con los sólidos concentrados. Dado que la medida del poro de la membrana osmótica es de 0,001 micras las sustancias del agua quedan retenidas entre un 93 y un 98 %. La realidad es que esta tecnología permite que una agua dura o calcárea común con una concentración de sólidos disueltos totales (TDS) de 1000ppm quede reducida a 100 ppm con lo que el sabor “sin sabor” del agua es casi absoluto. Las aguas minerales, muchas de ellas con concentraciones mayores de TDS superiores a 150 ppm tienen un sabor más fuerte.  

Este principio era hasta hace poco sólo utilizado en la industria y en medicina dado el elevado coste de las membranas osmóticas. Sin embargo, los avances en nuevos materiales han permitido fabricar membranas osmóticas de calidad razonable con fibras sintéticas como la poliamida aromática. Pero tampoco debemos olvidar que el proceso exige unos mínimos para dar durabilidad a la membrana. Muchos de los nuevos equipos de osmosis inversa que se presentan al público en formato casi de una “fuente” para la cocina en realidad se ofrecen con prestaciones bajas y el bueno precio de entrada lo pagaremos con los consumibles o recambios de los filtros.

Un proceso de osmosis de calidad dispone de cinco pasos. En primer lugar hay un microfiltro para eliminar los sedimentos de hasta 5 micras. En segundo lugar un filtro de carbón activo reduce las sustancias químicas presentes y mejora el olor y el gusto. Un tercer filtro de carbón activo contribuye a evitar que el cloro llegue a la membrana puesto que puede dañarla oxidándola. es el que precede propiamente al paso del agua a través de la membrana de osmosis. Finalmente, se somete a un quinto proceso de filtraje con carbón activo para eliminar posibles problemas de sabor u olor  por el proceso de osmosis inversa.

Para funcionar correctamente, el sistema necesita una presión superior a 3 – 4 bares que si no la disponemos en la red hay que obtenerla de una pequeña bomba. Los filtros deben cambiarse cada año más o menos y la membrana cada 3 años en función de la calidad del agua de entrada. Una menor presión provoca una pérdida de eficiencia del sistema. Sin embargo, lo que no se explica del agua osmotizada es que para obtener agua rica debemos desechar entre el 65 y el 85 %. En otras palabras que estamos despilfarrando agua

Beneficios de la osmosis
La osmosis inversa elimina el cloro (y, por tanto, el sabor y olor desagradables que provoca) y las típicas sales disueltas  de  sulfatos y  cloruros. Así mismo retiene o impide el paso de contaminantes como el arsénico, el asbesto, la atrazina (s), pesticidas, herbicidas, fluor, plomo, mercurio, nitratos, benceno, tricloroetileno, trihalometanos e incluso algunos radionucleos. Evidentemente, el agua osmotizada tiene suficiente calidad como para que nos desenganchemos de la garrafa de agua mineral y, por tanto, pasemos a ahorrar las emisiones por el plástico no consumido y el transporte evitado. Pero debemos insistir nuevamente que de no aprovechar el agua de rechazo todos estos beneficios pierden fuelle por el despilfarro de agua que implica.

En zonas donde la contaminación por nitratos (habitualmente debido al uso excesivo de fertilizantes en suelos agrícolas) el agua osmotizada puede ser una de las pocas soluciones para evitar los perjuicios de estos residuos disueltos en el agua de boca. Sin embargo, en cuanto a los nitratos la osmosis no puede asegurar una reducción de más del 50 % puesto que són iones de pequeño tamaño y la eficacia del proceso depende de las otras sales y la presión del proceso. Es evidente que la administración debería tomar cartas en el asunto para que el suministro de agua potable tenga todas las garantías para la salud. Pero, claro está que nadie quiere pagar el agua más cara aun cuando luego compremos 1,5 litros de agua mineral al mismo precio que 1.000 litros de agua del grifo. Un sistema de osmosis inversa puede amortizarse rápidamente si lo comparamos con el precio de las botellas agua envasada. Sin embargo, tampoco podemos olvidar que si implantamos esta tecnología sin el correspondiente interés por la salud ambiental de nuestro entorno quizás sea peor el remedio que la enfermedad.

Sea como sea, una alimentación saludable no puede desvincularse de tomar agua (rica) con baja mineralización. Hoy disponemos de la tecnología para lograrlo pero también es cierto que sin la necesaria conciencia uno no puede aplicarse en el uso sostenible del agua en casa. Lamentablemente, a algunas empresas de estas que llaman a tu puerta para ofrecerte agua osmotizada lo de la conciencia ambiental o respeto por el agua les importa poco.




 Por la Tierra


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