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Una
bicicleta como excusa para unir a los personajes y su realidad urbana.
Un elogio a este medio transporte ecológico y una llamada para crear
ciudades más habitables
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Personajes entrañables siempre en una bicicleta eterna...
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| ficha técnica |
La bicicleta
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Director: Sigfrid Monleón
Actores: Sancho Gracia, Pilar Bardem, Javier Pereira, Barbara Lennie, José Miguel Sánchez, Rosana Pastor y Cristina Plazas
Guión: Martín Román y Sigfrid Monleón
Fotografía: Alfonso Parra
Año: 2005. Estrenada el 30 de junio 2006
Genero: Drama DISPONIBLE EN DVD
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La bicicleta
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Ciudades a escala humana
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Una
misma bicicleta que pasa por diferentes manos sirve para contar tres
historias que corresponden a tres etapas en la vida de las personas: la
preadolescencia, la juventud y la ancianidad. La bicicleta cumple así
una función similar a la figurita de el valiente soldadito de plomo, el
cuento de H. C. Andersen, pero en la película, a diferencia del cuento
clásico, sus episodios no se narran de forma lineal, sino sincrónica,
creando una particular ucronía. Toda la película puede verse como la
historia de un solo personaje, como si uno fuera el “flash-back” o el
“flash-forward” de los otros.
Los personajes se mueven en bicicleta, a contracorriente. Sus
sentimientos, búsquedas y desplazamientos por una ciudad caótica
muestran el lado más frágil de este vehículo a pesar de sus ventajas
para una ciudad más habitable. La bicicleta
es una película comprometida que une a la juventud que reclama más
facilidades para la bicicleta con la vejez que lucha para que el barrio
siga siendo un espacio para las personas y no para la especulación.
Entre medio, los preadolescentes sumergidos en la droga con la
bicicleta como transporte para los viajes más terrestres.
La bicicleta
presenta la ciudad como un organismo vivo, en continua transformación.
Ya lo adelantó Baudelaire: “La forma de una ciudad cambia más deprisa
que el corazón de un mortal”. Los personajes viven las contradicciones
y tensiones de la regeneración urbana. Precisamente, entre un
arquitectura de lujo a Ramon le robarán la bicicleta. Pero en este
momento, ya no la necesita, acaba de recobrar la libertad del
pensamiento.
La bicicleta,
tiene como protagonista una bici reconstruida con viejas piezas de
otras bicicletas con un cuadro de la típica bicicleta holandesa. Sin
duda es un cántico al aprovechamiento y a la reutilización frente
al consumismo y el derroche energético de la sociedad actual. La idea
de una bicicleta que cambia de manos en la película en realidad es más
bien una cesión entre los personajes. La bicicleta de la película no
participa del altísimo precio que nos cuestan los coches: el precio
medioambiental, los miles de muertos en las carreteras...
En un mundo atenazado por el efecto invernadero y las guerras por
petróleo, la reivindicación política a favor del uso de la bicicleta en
la vía pública es una urgencia total. Para los colectivos de usuarios
de la bicicleta este vehículo ecológico es un símbolo de igualdad, un
elemento de paz, de tranquilidad y de sostenibilidad. No genera
conflictos de petróleo y satisface necesidades actuales de movilidad
sin comprometer los recursos de las generaciones futuras. En el pasado
la bicicleta creó un nuevo concepto de movilidad social. Los
trabajadores de las fábricas y del campo encontraron una nueva libertad
de movimiento y las mujeres conquistaron unas costumbres que hasta
entonces habían sido patrimonio exclusivo de los hombres.
No cabe duda que la bicicleta puede ser protagonista de grandes cambios en la ciudad sostenible del siglo XXI... La bicicleta, es una mirada fresca al estado de esta utopía, su capacidad de invertir el rumbo y
clarificar los horizontes del futuro. Sin embargo, depende de nosotros
que construyamos una ciudad para vivirla, y no para sufrirla.
El argumento
RAMÓN, un niño de doce años, visita un viejo taller de bicicletas para
arreglar un pinchazo. Allí encuentra a un anciano llamado MARIO,
antiguo ciclista amateur, y se queda fascinado por una bicicleta que
éste acaba de construir con piezas de diferentes modelos. El anciano
decide cambiársela por la que ha traído pinchada.
Ramón, huérfano de madre, vive con su padre, empleado en un desguace.
Es un mal estudiante a su pesar, lo que provoca continuas discusiones
con su padre, que se preocupa por el futuro del niño. El padre ha
cambiado a su hijo a un colegio de pago y trata de que se aplique en
los estudios, pero no puede hacer nada por él. El niño no lo tiene como
modelo.
Para tener algo de dinero en el bolsillo, Ramón y ÓSCAR, su amigo del
barrio, hacen de correo para un traficante de anabolizantes,
atravesando una ciudad en plena transformación. Ramón está enamorado de
SILVIA, hija de un policía, una compañera del nuevo colegio que le
inicia en la lectura. El día que hace la entrega del último paquete de
anabolizantes, un chico le roba la bicicleta.
La bicicleta va a parar a manos de JULIA, una chica de 20 años que ha
dejado el pueblo para vivir en la gran ciudad, donde estudia chino.
Comparte piso con una pareja de estudiantes que la ignoran y le
reclaman constantemente su parte del alquiler. Por fin Julia encuentra
un trabajo como bicimensajera que la enfrenta a la agresividad del
tráfico diario y la somete a las duras condiciones de un trabajo
precario. Gracias a su nuevo trabajo entabla amistad con Aurora, una
anciana del antiguo barrio marinero, la zona que le ha sido asignada en
el trabajo, que vive en una casa que pronto será derribada para
construir una avenida de pisos nuevos.
Julia frecuenta un centro social libertario donde conoce a SANTI, un
estudiante de Artes y Oficios que está involucrado en la preparación de
una bicifestación en favor de una ciudad más saludable y menos ruidosa.
También conoce a LUIS, un compañero de Santi, amante de las viejas
maquinarias del cine. En amores, Julia duda entre los dos. Con ambos
participará en la bicifestación, en la que también interviene Mario, el
viejo anciano del taller, que sufre un pequeño accidente por culpa de
un automovilista impaciente.
Julia se marcha unos días de vacaciones a Londres, invitada por Santi,
que ha obtenido una beca, pero antes decide prestarle la bicicleta a
AURORA, la anciana del barrio marinero.
Aurora vuelve a montar en bicicleta, como cuando era joven, en contra
del criterio de su marido EUGENIO, un antiguo activista sindical,
jubilado y desencantado, que teme que pueda sufrir un accidente.
Un día, rascando la pintura del cuadro, Aurora lee la chapa donde está
escrito el nombre y la dirección del taller de la bicicleta e inicia la
búsqueda de su propietario. Encuentra a Mario, con una pierna enyesada
y montado en una silla de ruedas, en una residencia de ancianos. Juntos
reviven un viejo amor de juventud, yéndose de excursión por una ciudad
que ya no guarda semejanza con la que compartieron en el pasado.
Mientras, Eugenio, en vista de que su mujer pasa cada vez más horas
fuera de casa, despierta de su letargo e intenta recuperarla,
colmándola de atenciones.
Valencia en el candelero
La
transformación urbana de la Valencia actual es el telón de fondo que ha
elegido el director Sigfrid Monleón para situar las tres historias de
La bicicleta, que es su segundo largometraje. El título, deja claro
quien es el protagonista de esta historia: una bicicleta, que hace de
nexo de unión entre tres realidades humanas pero donde el verdadero
enemigo es el urbanismo salvaje: el malo de la película. Un malo, que
además no tiene nada de ficticio puesto que toda la película fue rodada
en Valencia, una capital que ha sido especialmente castigada por la
especulación urbanística.
Toda la acción del filme, transcurre en exteriores de Valencia con lo
cual es evidente que están cargados de simbolismo. Entre ellos está una
playa en Pinedo, al sur de la ciudad, que desaparecerá en breve por el
crecimiento metropolitano; Campanar, un pueblecito absorbido por la
ciudad; el Cabanyal, distrito pesquero amenazada por un proyecto
urbanístico municipal que ha levantado una fuerte oposición vecinal, o
un cañizal que sirve de lugar de reunión del protagonista infantil y
sus amigos y donde Santiago Calatrava pretende culminar su mastodóntica
y futurista Ciudad de las Artes y las Ciencias con cuatro rascacielos.
"Las ciudades crecen a una escala que no es humana",
argumenta el director valenciano. La película de Monleón reivindica las
relaciones humanas y la bicicleta como símbolo de vida alternativa,
pausada, sostenible y de barrio: "La libertad de movimiento limpio en estas ciudades en transformación".
Este mensaje se reparte en las tres historias, "cada una con su tono",
para que los espectadores reflexionen sobre "las ciudades que estamos
construyendo". La bicicleta pretende reflejar, con voluntad documental,
las contradicciones y tensiones derivadas de los actuales procesos de
desarrollo de las ciudades.
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Curiosidades...NO OIL, en la bici-manifestación |
Inicialmente,
esta película tuvo el título de Rodando. Este fue el que se utilizó
para convocar a los figurantes que llenan la bicifestación el verano del 2005. Hay que
reconocer que de toda la película las escenas más entrañables corresponden a
la manifestación en bicicleta por el centro de Valencia.
La variedad de bicicletas que atendieron a la llamada de convertirse en figurantes es impresionante. No faltan bicicletas
históricas como la de bambú de Juan Samaniego y otras bicicletas
técnicas que aunque apenas duran unos segundos conforman sin duda el
universo bicicletero en toda su extensión.
Algunas bicicletas van ataviadas con minipancartas reclamando carriles bici. Sin embargo, de todas ellas
destaca por su presencia una con el lema NO OIL. Este lema lanzado desde la Fundación
Tierra se convierte en una reivindicación de película al convertirse en parte del mensaje de este film. Sin
embargo, el NO OIL original sobre soporte de un CD reciclado también
aparece brevemente de uno de los figurantes que llevaron su bicicleta con esta "bicimatrícula". En fin, que
el NO OIL ya está inmortalizado en el mundo del celuloide...
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