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Con los combustibles fósiles la productividad agraria aumentó de 10 a 20 veces.
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Los combustibles fósiles permitieron a las ciudades y a la industria expandirse.
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Nos enfrentamos a una escasez inminente de una fuente de energía difícil de reemplazar: los combustibles fósiles líquidos. |
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Vivimos en el breve intervalo histórico entre la violencia ecológica y la catástrofe ecológica. |
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Dejadme por un momento recordaros de dónde venimos.
Durante
los primeros tres millones de años de historia de la Humanidad, vivimos
conforme a las circunstancias. Nuestras vidas se regían por las casualidades de la ecología. Vivíamos, como todos los animales, con temor al hambre, a los predadores, al clima y a las enfermedades.
En los siguientes miles de años, cuando ya comprendimos los rudimentos de la agricultura
y el almacenamiento de las cosechas, disfrutamos de una mayor seguridad
alimenticia, y pronto destruimos a muchos de nuestros depredadores
no-humanos. Pero nuestras vidas las regían las espadas, las hachas y
las lanzas. La lucha principal era por la tierra. La necesitábamos no
sólo para sembrar nuestras cosechas sino también para proveernos de
fuentes de energía (pasto para nuestros caballos y bueyes, madera para
nuestro fuego). |
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Entonces descubrimos los combustibles fósiles y todo cambió.
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Ya no estábamos constreñidos por la necesidad de vivir a
merced de la energía ambiental; podíamos mantenernos mediante la luz
del sol almacenada desde hacía 350 millones de años. Las nuevas fuentes
de energía permitían a la economía crecer, lo suficiente como para
recuperar a algunas personas expulsadas por las antiguas disputas por
la tierra. Los combustibles fósiles permitían, tanto a la industria
como a las ciudades expandirse, lo cual facilitaba a los trabajadores
organizarse y forzar a los déspotas a disminuir su abuso de poder.
Los combustibles fósiles nos ayudaron a librar guerras de un horror
nunca conocido, pero también redujeron la necesidad de las guerras. Por
primera vez en la historia de la Humanidad, incluso por primera vez en
la historia de la vida, había un excedente de energía disponible.
Podíamos sobrevivir sin tener que luchar contra nadie por la energía
que necesitábamos. La productividad agraria aumentó de 10 a 20 veces.
La productividad económica se multiplicó por 100. Muchos de nosotros
podemos vivir como nunca nadie había lo había hecho antes.
Y todo lo que veis a vuestro alrededor es el resultado de aquello.
Hemos podido juntarnos aquí de todos los rincones del país gracias a
los combustibles fósiles. No nos cobran comisión ni se nos restringe
nuestro consumo (o en cualquier caso todavía no) gracias a los
combustibles fósiles. Nuestras libertades, nuestro bienestar, nuestra
prosperidad se los debemos a los combustibles fósiles.
La nuestra es la generación más afortunada de las que nunca existió. La
nuestra es la generación más afortunada de las que nunca fue. Vivimos
en el breve intervalo histórico entre la violencia ecológica y la
catástrofe ecológica. |
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No
tengo que recordaros cuáles son las dos fuerzas que convergen en
nuestras vidas. Nos enfrentamos a una escasez inminente de una fuente
de energía difícil de reemplazar: los combustibles fósiles líquidos.
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Y nos enfrentamos con las consecuencias medioambientales
del consumo de combustibles fósiles que ha hecho posible que lleguemos
a donde estamos. La estructura, la complejidad, la diversidad de
nuestras vidas, todo lo que conocemos, todo lo que dimos por sentado,
todo lo que parecía sólido e innegociable, de pronto parece
contingente. Todo esto es como una enorme pila tambaleante que se
balancea sobre una pelota, una pelota a punto de rodar montaña abajo.
Escucho a la gente hablar de la reducción que les gustaría ver en las
emisiones de carbono. A mí no me interesa lo que a la gente le gustaría
ver. A mi me interesa lo que dice la ciencia. Y la ciencia habla claro.
No necesitamos un 20% de reducción para 2020, ni un 60% para 2050, sino
un 90% para 2030. Sólo de esa
forma conseguiríamos mantener la concentración de carbono en la
atmósfera por debajo de 430 partes por millón, lo que significa que
sólo así evitaríamos algunas de las temidas consecuencias. Si dejamos
que supere ese índice no hay nada que hacer. La biosfera se esfuerza
como la fuente primaria de carbono. Pero se nos escapa de las manos.
La idea de que podemos conseguirlo reemplazando los combustibles fósiles por energías renovables
es una fantasía. Es verdad que tenemos fuentes de energía
insuficientemente explotadas en el viento, las olas, las mareas y la
luz del sol, pero ni están lo suficientemente concentradas ni son lo
suficientemente consistentes como para que podamos utilizarlas y seguir
como antes. |
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Cortar por lo sano requiere una gran reducción en nuestro uso de energía.
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Disponemos de algunas tecnologías, pero seguramente no nos lleven muy
lejos. Si queremos reducir las emisiones de carbono en un 10%, el uso
de la energía deberá restringirse por debajo del 50%. El único método
para conseguirlo es un racionamiento nacional acompañado de una
disminución y una convergencia mundiales.
Nosotros nos encontramos en una posición extraordinaria. Estamos ante
el primer movimiento político de masas para pedir menos, no más. Somos
los primeros en tomar las calles pidiendo austeridad. Los primeros en pedir que nuestro lujo, nuestra comodidad, se reduzcan.
Estos son los mayores retos políticos que ningún movimiento ha
afrontado. Pero estamos alcanzándolos. Los estamos alcanzando. Pero no
dejemos que nadie nos diga que será fácil. Si sólo se tratara de poner
a caldo a George Bush, ya lo habríamos conseguido. Pero no sólo tenemos
que luchar contra él, ni contra nuestro propio Gobierno, ni entre
nosotros; también tenemos que luchar contra nosotros mismos.
La lucha contra el cambio climático es la lucha contra mucho de lo que
hemos llegado a ser. Es una lucha contra algunos de nuestros impulsos
más básicos. |
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| No
podemos pedir a los demás que dejen de volar si nosotros seguimos
volando. No podemos pedir al Gobierno que nos fuerce a cambiar si no
estamos preparados para el cambio. La batalla más importante de
nuestras vidas se librará no sólo ahí afuera, sino también en nuestro
interior. |
Texto original (en inglés): http://www.monbiot.com/archives/2005/12/05/the-struggle-against-ourselves/
Referencias: ver (en inglés) http://portal.campaigncc.org/files/THE_CUTTING_EDGE_CLIMATE_SCIENCE_TO_APRIL_05.pdf |
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