Tan sólo queda un 20 % de los bosques intactos en el mundo.
El
papel es uno de los recursos forestales que empleamos y que puede
provenir de fibras recicladas o de bosques bien gestionados como los
certificados por el FSC.
La
elección de productos forestales respetuosos, procedentes de una
gestión responsable del medio, evita la destrucción de los bosques y
promueve la justicia social.
Enero, 2007.
Los científicos afirman que disponemos de 10 años para adoptar medidas
eficientes para detener el calentamiento global. En esta problemática una de las piezas clave
del puzzle son los bosques, tanto por su rol en la estabilidad climática como
porque nuestro consumo sin control de productos del bosque, especialmente, el
papel, significa reducir la necesaria superfície forestal.
Árboles y cambio climático global
Los
árboles se relacionan directamente con la problemática del cambio
climático dado que absorben CO2 al realizar la fotosíntesis. Cabe decir
que el ritmo de absorción de carbono que realizan los árboles o la
vegetación no es comparable con el ritmo al que las sociedades humanas
liberamos el carbono contenido en los combustibles fósiles y que,
además, la reserva de carbono en la biomasa de los vegetales es de
corta vida en comparación con las reservas de escala temporal geológica
del petróleo, el carbón o el gas. Por ello, la existencia de árboles en
sí no compensa, al menos no totalmente, el aumento de la concentración
de CO2 antrópico. Sin embargo, los bosques del mundo secuestran cada
año 6,6 toneladas de CO2 por hectárea, por lo que actúan, hasta cierto
punto, como sumideros de carbono.
Pero la importancia de mantener los bosques radica también, tanto o más
que en la absorción de CO2, en las funciones ecológicas básicas que
realizan, y que podrían mitigar las consecuencias del cambio climático.
Algunas de estas funciones són el control de la erosión, el favorecer la infiltración de agua en el suelo, la regulación
de las condiciones microclimáticas o su vinculación con las
precipitaciones, todas ellas contribuyen al equilibrio necesario para paliar
fenómenos ambientales que se prevee se verán agravados por el cambio
climático: sequías, inundaciones, desertización, etc.
Es más, incluso hay quién va más allá y defiende una teoría alternativa
según la qual la principal causa del cambio climático es la destrucción
de los bosques, precisamente porque su papel en los ciclos naturales
del suelo, del agua, etc, está siendo eliminado a causa de la
destrucción masiva de los bosques del mundo desde hace varias décadas.
Efectivamente, los bosques del mundo se destruyen a un ritmo de casi 10
millones de hectáreas de bosque perdidas cada año. Mientras que la
mitad de la madera extraída se utiliza como combustible (leña), la otra
mitad es dedicada a manufacturar productos madereros y derivados.
Así, existe una correlación directa entre el cambio climático, y la
virulencia de sus efectos debido a la deforestación. Y además, existe una
relación directa entre la deforestación
y el consumo de productos forestales que realizamos. Sin embargo, en
general, aún no somos conscientes de la presión que supone sobre los
bosques nuestro consumo, y aún menos el uso de productos tan cotidianos
y de vida tan corta como sucede en muchos de los productos del papel
(periódicos, folletos publicitarios, etc.), cuyo origen forestal
raramente pasa por nuestra cabeza. Sin embargo, las fibras de un simple
pañuelo de papel pueden proceder de una plantación que ha sustituido el
bosque autóctono o de una selva tropical en Indonesia.
El papel y los bosques
El
impacto de la producción de papel sobre los bosques es enorme, ya que
aproximadamente el 40 % de los 1500 millones de m3 de madera que se
extraen anualmente con motivos comerciales en el mundo se utiliza en la
producción de papel. Cada habitante del estado español utiliza 175 kg
de papel cada año, y en cambio sólo recicla la mitad. Por otra
parte, en la era de las nuevas tecnologías, el uso de papel aumenta a
pesar del auge de la información digital, y no hay perspectivas de que
esta tendencia se vaya a invertir, sino todo lo contrario: se estima
que el consumo de papel pueda aumentar un 50 % hasta el año 2010.
Algunos productores de papel defienden que, dada la estrecha relación
entre los árboles y el cambio climático, la existencia de una industria
papelera pujante y de plantaciones de árboles de crecimiento rápido es
un aliado contra la problemática climática global. Sin embargo, algunos estudios
afirman que el ciclo de producción del papel es un emisor neto de
emisiones. Por otro lado, las prácticas que se han llevado a cabo en la
gestión de plantaciones en las últimas décadas han comportado una
excesiva uniformización del paisaje natural, así como un excesivo uso de agua y
fertilizantes, y no han tenido un efecto positivo en las poblaciones.
Estas problemáticas son la cruz. La cara es la oportunidad de cambiar
lo que esté en nuestra mano, una vez conocemos la importancia de un
recurso tan cotidiano como el papel. Si todo el mundo participara en la
recogida selectiva, se evitaría que la mitad del papel usado se
incinerase o fuera al vertedero, y se reducirían las emisiones asociadas
al ciclo del papel. Si un consumidor elige el papel que proviene de una
plantación con condiciones ambientales y sociales mejoradas, puede
provocar que el resto de productores se empiecen a plantear introducir
criterios ambientales y sociales en la explotación de los bosques.
Menos papel ...
Para
que sea posible una gestión menos destructiva del medio, dentro de las
pautas de regeneración naturales, no deberíamos aumentar el consumo de
papel de manera compulsiva como viene sucediendo desde hace unos años.
Todavía no utilizamos el mínimo papel posible, todavía se despilfarra
papel, y lamentablemente aún es necesario fomentar hábitos que
permitirían reducir drásticamente el consumo de papel. En el diseño de
los materiales de comunicación o publicidad, en primer lugar, muchas
veces se podría prescindir del material impreso y emitir materiales por
vía electrónica. Además, el diseño de folletos, catálogos, etc,
podría concebirse para emplear menos papel, mediante la reducción de
páginas en blanco y de los márgenes o diseños que aprovechen los
tamaños estándar de papel. Al estudiar o trabajar en una oficina, es
posible ahorrar papel si se comparten libros o publicaciones, evitar
el exceso de publicidad enviada o recibida o imprimir a doble cara o
varias páginas por hoja… Incluso en el uso cotidiano del papel, se
podrían utilizar productos alternativos a los de papel de usar y tirar,
o utilizar las bibliotecas. Se calcula que se podría reducir el consumo
de papel desde un 20 % (simplemente practicando buenos hábitos ) hasta
un 50 % (adoptando medidas o sistemas más sofisticados que supusieran
cambios de diseño, producción, etc).
... y papel con garantías
Si
se utiliza papel reciclado se reduce la presión sobre los bosques, se
consigue un ahorro sustancial de energía (un 27%) y reducir las
emisiones (se reducen un 74 %), además de reaprovechar recursos que ya
se han obtenido de la naturaleza. Prácticamente, todo el papel que se
recoge es apto para su reciclaje, y resultan sorprendentes las todavía
hoy bajas tasas de reciclaje.
Sin embargo, las fibras recicladas sólo se pueden utilizar un máximo de
6 veces y, por ello, es necesario un aporte de fibras nuevas. Durante
las décadas de los 80 y 90 las organizaciones ambientalistas
defendieron el uso del papel reciclado, que actualmente es visto como
el papel ecológico por excelencia. Sin embargo, el papel blanco y la
fibra virgen se continuan utilizando de todos modos, y de hecho es
necesario. Por ello, hay que defender también que la fibra virgen
provenga de fuentes que no dañen el medio. Los sistemas de
certificación forestal, sobretodo el del FSC, el único de alcance
mundial y ampliamente apoyado por las organizaciones ambientalistas,
sirven como garantía del origen ambientalmente responsable de esa fibra
virgen. Sólo hace falta que empecemos a valorar el papel certificado
FSC tanto como el reciclado como papel que salva bosques, y lo
empecemos a solicitar o lo utilicemos en nuestras publicaciones.
El papel es una más de nuestras oportunidades para influir en las
consecuencias del cambio climático. Cada decisión que tomemos (moderar
nuestro consumo de papel, no aceptar publicidad que no necesitamos,
reciclar, comprar o pedir papel reciclado o certificado FSC en los
comercios o imprentas, y difundir y dar a conocer nuestras decisiones a
los demás) permite mejorar la conservación de los bosques, lo cual es una buena acción
contra el cambio climático. Tenemos 10 años.