Evidentemente,
deseamos que nuestra casa sea más confortable que el exterior, pero
para ello podemos optar por los sistemas más eficientes de climatización
y practicar hábitos de ahorro.
La
bomba de calor es el único sistema de calefacción eléctrica que se
considera de alta eficiencia. Sin embargo, los que realmente ayudan a
controlar el consumo son los aparatos con tecnologia Inverter y con
clase A de eficiencia energética.
Las
calderas de condensación són calderas de eficiencia mejorada (casi del
100 %) y que generan menos emisiones. Existen calderas de condensación
individuales y para instalaciones comunitarias.
Abril, 2007.
¿Confort a cambio de despilfarro energético?
Cada
vivienda destina casi la mitad de su consumo de energía a la
calefacción (el 41 %), es decir, más de 3.000 kWh cada año, unos 1.500
kg de CO2 anuales por cada domicilio. En las regiones de nuestra
geografía con inviernos suaves la calefacción es casi prescindible, y
en viviendas con elevados niveles de aislamiento y buen aporte solar,
viviendas enterradas o en construcciones bioclimáticas, se alcanzarían
las condiciones óptimas de confort sin ningún aporte energético, o con
un consumo muy bajo. Sin embargo, la mayoría de las casas construidas
actualmente precisan de un apoyo incluso en climas con un invierno
suave. Por otra parte no hay que obviar que el progresivo nivel de vida
ha hecho accesibles a prácticamente a todo el mundo las instalaciones
de calefacción. Sin embargo, para conseguir el mismo objetivo (una
temperatura más agradable en la casa) existen diversidad de sistemas y
diferentes fuentes o formas de energía. Pero también son básicos
en esta cuestión los hábitos de uso pues estos determinan en gran
medida el consumo final de cualquier instalación. Por ello, aunque
hay un buen número de variables a considerar para escoger la
calefacción ideal, este artículo se propone analizar los diferentes
sistemas desde el punto de vista ambiental. Aprovechando el momento de
una rehabilitación o de otro cambio podemos valorar ser conscientes
de que podemos mantener nuestra casa confortable con menor consumo energético.
Calefacción a medida
No
es baladí recordar que un sistema de calefacción es confortable y tiene
un menor gasto energético si es adecuado a la vivienda y a sus ocupantes.
En muchos casos encontramos las instalaciones ya incorporadas, pero
otras veces podemos escogerlas personalmente o incidir sobre el
proyecto durante su realización, como cuando se trata de una obra nueva.
Encontrar el sistema más adecuado depende de diferentes factores:
·
Superfície, aislamiento, orientación y soleamiento de la vivienda a
climatizar. Todo ello debería influir en el dimensionamiento de las
potencias del sistema. Este cálculo debe ser realizado de manera
correcta por el instalador, en función de las dimensiones de la
vivienda, las cargas térmicas, etc. Debemos insistir al profesional
tanto como haga falta de que deseamos que la instalación o aparato se
ajuste a las necesidades reales de la casa, tanto si se trata de
instalaciones fijas o de un aparato que adquirimos (caso de las bombas
de calor tipo split o los sistemas portátiles).
· Ocupación del
piso. Hay sistemas de respuesta más rápida que otros, o sistemas poco
eficientes que sólo es lógico utilizar como medida puntual durante
períodos muy cortos. Hay que considerar si se permanece en casa todo el
día o si sólo se desea utilizar la calefacción en momentos puntuales.
·
Hábitos, fisiología, edad de las personas que viven en la casa… Las
necesidades de calefacción son diferentes para cada persona. Hay
personas con problemas de salud, niños pequeños, personas mayores,
frioleros o calurosos, y esto repercutirá en el uso que se hará del
sistema. Cuando se prevee mantener la vivienda caldeada de manera
permanente, es indispensable contar con los equipos más eficientes
posibles. Además, todo el mundo se puede abrigar un poco más, y así
necesitar un grado menos de calefacción lo cual supone un ahorro del 8 %
de la energía.
· Tipo de actividad que se desarrolla en la casa.
La sensación térmica dependerá de si se está trabajando, si se realiza
más actividad física o si se permanece quieto... y con ello cambiarán las
necesidades de calefacción.
Por descontado, además de
pensar correctamente las necesidades de la vivienda, la mejor manera de
reducir el consumo de cualquier sistema sería mejorar el
aislamiento de ventanas, paredes y techos. Aunque el gasto económico
podría ser superior inicialmente, el gasto de energía en los años
posteriores de vida en la casa sería menor y el confort mayor.
¿Calefacción por aire o calefacción radiante?
Una
diferencia importante entre los diferentes sistemas de calefacción es
que algunos actuan por radiación y otros lo hacen emitiendo aire caliente, y su
efecto en nosotros puede ser muy diferente. Esto se debe a que nuestros
cuerpos intercambian energía por radiación con el resto de cuerpos que
nos rodean. Si nos encontramos cerca de un cuerpo a más temperatura, el
flujo de calor natural se produce desde el cuerpo hacia nosotros (de
más a menor temperatura). En el caso contrario, cuando estamos cerca de
un objeto frío, éste "nos roba" calor, e inmediatamente percibimos la
pérdida de confort.
Por este motivo, un sistema de calefacción
puede ser insuficiente para estar confortables en la vivienda si las
ventanas son de vidrio simple o si estamos rodeados de paredes mal aisladas expuestas al
viento puesto que permanecen a menor temperatura. Por más que subamos los grados de
la calefacción, seguiremos notando el frío causado por ese intercambio
de calor que estamos realizando con esas superficies frías.
El
intercambio de energía en forma de radiación que realiza nuestro cuerpo
es asimismo el motivo de que en general se consideren más confortables
los sistemas que distribuyen el calor de forma radiante, es decir,
mediante componentes que permanecen a altas temperaturas (como los
radiadores, zócalos o suelos radiantes). En cambio, los sistemas que
distribuyen el calor a través del aire, pueden no resultar suficientes
en los citados casos de mal aislamiento en paredes y ventanas, ya que
la pérdida de calor de nuestro organismo no se podría ver compensada
por una mayor temperatura del aire, con el que no realizamos ningún
intercambio de calor.
Por tanto, esta es una decisión importante
a la hora de decantarse por un sistema u otro, sobretodo si se trata de
una vivienda no idealmente aislada. Otros factores serán la fuente de
energía empleada y otros, que comentaremos a continuación, se basan en el
análisis de los diferentes sistemas. Vamos a intentar no sólo
describir el comportamiento ambiental de las instalaciones, sino
también consejos para ahorrar energía en cada uno de ellos.
Bomba de calor
Las
bombas de calor utilizan energía para extraer calor del aire que captan
en el exterior y cederlo al interior. En términos de eficiencia, son
uno de los sistemas con mejor rendimiento (sin tener en cuenta los
pasos de transformación energética previos a la obtención de la
electricidad) ya que por cada kWh que consumen ceden de 2,5 a 3
kW en calor o frío. Son especialmente eficientes las máquinas con
tecnología Inverter,
que incluyen un control electrónico de la potencia que reduce su
consumo en más de un 30 %. También conviene asegurarse de que la
máquina tenga la clase de eficiencia energética A. Permiten un buen
control de la temperatura mediante temporizadores y termostatos y una
de sus mayores ventajas es el hecho de que pueden proveer de
refrigeración para el verano en un mismo equipo. La instalación es más o
menos complicada si se realiza por conductos o por unidades interiores
(o splits). Hay que pensar que funcionará mejor en viviendas bien
aisladas. Al utilizar electricidad para su funcionamiento, que
actualmente se obtiene en más de un 80 % con combustibles fósiles y
energía nuclear, se podría intentar abastecer con electricidad
procedente de energías renovables (fotovoltaica para restitución del
consumo, electricidad verde). Las bombas de calor, sin embargo no son
adecuadas para climas extremadamente fríos puesto que pierden
eficiencia.
Calderas de gas
En
las calderas se quema un combustible para calentar un fluido (agua) que
después distribuye ese calor. Mientras que en las ciudades se utiliza
el gas natural (que genera menos emisiones) en edificios aislados o
algunas instalaciones comunitarias se quema gasoil u otros
combustibles. Todos ellos son combustibles fósiles no renovables, que
se obtienen en otros países y deben ser distribuidos hasta nuestras
casas con un gran coste ambiental y social. Por ello, es fundamental
que aunque se utilice la energía de manera "directa", los sistemas sean
eficientes y se usen con moderación. Así, en primer lugar,
normalmente las instalaciones centralizadas, comunitarias, son más
eficientes. Además, lo ideal es que cada uno de los vecinos o usuarios
pueda regular la calefacción en su vivienda, en función de su presencia
en el hogar, y en función de la temperatura que desee. A nivel
comunitario, también se están desarrollando calderas comunitarias que
funcionan con biomasa residual, como cáscaras de frutos secos. En
general estos sistemas de uso continuado son más adecuados en climas o
regiones fríos, en los que hay varios meses de necesidades elevadas de
calefacción. Respecto a la eficiencia, existe un sistema de
clasificación de las calderas mediante estrellas (de 1 a 4 estrellas)
en el que a mayor número de estrellas, mayor eficiencia. Dentro
del tipo de funcionamiento hay que destacar las calderas de
condensación, unas calderas de gas que realizan una combustión mejorada
ya que aprovechan el calor de los gases de la propia combustión, con lo
que alcanzan una eficiencia del 98 %. Existen calderas de condensación
individuales y comunitarias. Tras las de condensación encontramos
las calderas de combustión estanca, que tambien tienen una combustión
más eficiente que las de llama con combustión atmosférica
convencionales, y a diferencia de éstas no obtienen el aire de la
vivienda ni expulsan los gases de la combustión al ambiente interior.
Hay que tener en cuenta que la combustión continua de la llama piloto
de una caldera puede llegar a consumir 400 m3 de gas al cabo del año.
Así, si se tiene una caldera de llama piloto, conviene mantenerla
apagada cuando no se utilice siempre que sea posible. Otra
posibilidad de reducir el consumo de combustible es el uso de
colectores solares, aunque actualmente para el uso de energía solar
térmica para calefacción son necesarias superfícies de captación
bastante grandes o colectores de vacío, con un coste aún no apto para
todos los públicos.
Finalmente, un apunte necesario en las
instalaciones de gas es la seguridad. Es necesario un mantenimiento
correcto de la instalación de gas y la caldera, para mantener su
eficiencia y evitar riesgos: las
calderas e instalaciones de gas en mal estado tienen el riesgo de
sufrir fugas de monóxido de carbono que en elevadas concentraciones
resulta tóxico e incluso mortal.
Por otro lado,
actualmente hay abiertas líneas de subvención para sustituir los
calentadores o calderas por otros de mayor eficiencia.