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Una crítica feroz a la alimentación rápida
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Fast Food Nation tiene una trama que no deja indiferente
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| ficha técnica |
Fast Food Nation
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Título original: Fast Food Nation Dirección: Richard Linklater
Actores: Greg Kinnear, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Avril Lavigne, Kris Kristofferson, Catalina Sandino
Producción Malcom McLaren y Jeremy Thomas
Guión: Richard Linklater y Eric Schlosser
Fotografía: Lee Daniel
Música Friends of Dean Martinez
Genero: Drama
Duración: 115 minutos
País: USA
Año: 2006
Distribución: Manga Films
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Fast Food Nation
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El lado oscuro de la comida basura
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Estreno en España el próximo 13 de julio...
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Advertencia. No se levanten del cine cuando empiecen a salir los títulos porqué hay más. Fast Food Nation
no les dejará indeferentes ante la problemática de la comida rápida.
Puede parecer una película llena de tópicos pero todos ellos,
lamentablemente son bien reales. Los estudiantes universitarios que
pretenden advertir sobre el problema se topan con que su acción directa
por alertar a la opinión pública intentando que las terneras abandonen
sus rediles no tiene éxito. Pero nada que ver con el penoso trabajo de
los inmigrantes mexicanos (lean personas de color y magrebies en
nuestros mataderos) que han cruzado la frontera con un coyote
experimentado para acabar víctimas de la cadena que tras de si lleva a
las hamburguesas gigantes.
Las lágrimas al final del filme de una de sus protagonistas entre el
hedor de las vísceras que no podrán oler en el cine deja bien claro que
en un sistema para abastecer de carne barata. Por ello resulta
inevitable que se cuelen las vísceras pistelentes entre la carne picada
debido a la velocidad de todo el sistema. Pero no hay mayor problema,
puesto que basta con cocer bien la carne como se reitera a lo largo del
filme.
Fast Food Nation
tiene la habilidad de entremezclar el trabajo nauseabundo de una
matadero aparentemente impoluto con el de un ejecutivo de la cadena de
hamburgueserías "Big One" que a pesar de recabar toda la información
para frenar el desaguisado cede finalmente. Son muchos los detalles en
los que la película va dejando su impronta contra el fast food. La
prostitución para conseguir un mísero trabajo contrasta con la
posibilidad de cambiar el sistema si cada uno de nosotros toma su
propia decisión.
Todos los personajes que intervienen en la cadena aportan parte de sus
contradicciones que aparentemente no son sino conseguir un futuro
mejor. Sin embargo, las historias de los protagonistas se estrellan en
realidad contra el implacable sistema que sólo busca la máxima
rentabilidad cueste lo que cueste. Incluso el viejo ranchero que sabe en
lo que se convierten sus amadas reses debe asumir que su hacienda ha
sido rodeada por una urbanización de lujo y que está amenazada por un
proyecto de que su propiedad sea atravesada por una autopista a la que
califica de puro robo. En este sentido ninguno de los personajes sale
bien parado. Toda la película no pretende otro fin que el que valoremos
que tras un hamburguesa puede haber más “mierda” de la que uno se
imagina.
Uno debe reconocer que tras algo tan simple como una hamburguesa se
encuentra un largo camino que no podemos obviar. Por todo ello para
conseguir un producto barato este debe estar repleto de sufrimiento
humano y ambiental. La carne de res convertida en fast food no puede
estar libre de incongruencias. Desde los cercados con animales
alimentados con cereales transgénicos hasta el matadero, desde el duro
trabajo de despiece hasta el picado para obtener la materia prima de
las “apetitosas” hamburguesas se produce en una factoría tan luminosa
como inquietante. Esta cadena entre el cercado para las reses y
la hamburguesría sólo puede ser sostenible si hay mano de obra barata o
si uno cede al poder que acumulan las empresas implicadas. No en vano
la empresa empaquetadora de hamburguesas congeladas pone tras cada peón
del eslabón el sufrimiento de la carne.
No se puede negar que Fas Food Nation
ha hecho un esfuerzo para que la sensibilidad del espectador no sea
herida de muerte. Quizás en este sentido la película se adapta a los
cánones de un producto de entretenimiento de Hollywood aunque está
claro que la persona sensible puede verse afectada. Y a pesar de que
puedan sonar a tópico las diferentes escenas está claro que los
guionistas han pretendido advertir que la dieta en base a la proteína
animal está llena de destrucción. La carne de res destruye ilusiones,
destruye un sistema racional de alimentación, mutila a trabajadores en
régimen de esclavitud, destruye ecosistemas. La carne picada de las
hamburguesas del fast food constituyen un lucrativo negocio que a la
postre ha cambiado algo más que un estilo de vida de toda una
generación.
El personaje de Pete en manos de Ethan Hawke, como tío de la angelical
Amber, protagonizado por Ashley Johnson es en este sentido un
contrapunto para recordarnos que el poder de detener tanto sufrimiento
está en la actitud de cada uno de nosotros. Como afirma el personaje
"donde quiera que tengamos un cambio de perspectiva o veamos las cosas
desde un ángulo nuevo, hay alguien que es quien lo provoca”, de ahí que
anime a la joven Amber a reaccionar y dejar de trabajar en la
hamburguesería. Y es que la solución a los problemas que plantea Fast Food Nation
está en cada uno de nosotros. Pero para ello debemos empezar a tomar
nuestras deicisiones. Hay un punto de asquerosidad en toda la película
ya que en la narración de la misma no deja casi títere con
cabeza. El trabajador mexicano que toma drogas para soportar la dureza
del trabajo y que queda malherido. El que afila un cuchillo en un
rincón pero sin la mano que ya perdió. El pinche de la hamburguesería
que añade su escupitajo a los aderezos de mahonesa y ketchup del
producto cárnico en el establecimiento de Big One. O que sea Don
Henderson (Greg Kinnear), el ejecutivo de marketing de la cadena de
restaurantes de comida rápida Mickey’s Fast Food Restaurant, el hogar
de la célebre “Big One,” quien se zampa su super hamburguesa con
escupitajo incluido con todo el placer mientras se toma un respiro en
su investigación sobre “calidad” del producto que ofrece su empresa.
Fast Food Nation
es también un alegato contra las duras condiciones laborales de los
trabajadores mexicanos, muchos de ellos sin papeles y sin cobertura
médica. Una de las protagonistas es precisamente una trabajadora
mexicana del matadero interpretada por Catalina Sandino que acaba
aceptando con lágrimas su condición de prostituta de la carne. Al otro
lado se encuentran los llamados buerger flippers, estadounidenses sin
cualificación que trabajan por 7 dólares la hora que debaten si las
cámaras que los controlan están realmente controladas por alguien o que
sueñan con atracar su propia recaudación.
Mientras, el intermediario entre la empaquetadora y Mickey’s
interpretado por un Bruce Willis inquietante lo deja claro “el problema
no es la mierda en la hamburguesa pues basta con freirla bien”.
Recomendamos poner atención a la cínica intervención de Bruce Willis
defendiendo el máximo beneficio. Así que quizás al salir del cine uno
seguro va a tener sus dudas si pretende tomarse una hamburguesa
en el típico sandwitch que caracteriza a estos establecimientos de
comida rápida.
Claro que esto no es nada frente a las escenas de muerte y
descuartizamiento dentro del terrorífico matadero de la UMP (Uniglobe Meat Packing) en
Colorado. Para estas escenas hay que tener estómago aunque por suerte
las mismas ponen la guinda por si todavía al espectador le queda algún
resquicio de que la carne para los fast food va acompañada de
sufrimiento.
En este sentido el film lleva pues una fuerte carga ofensiva contra la
comida rápida. Sin embargo, no podemos olvidar algo que la película
no muestra cómo es el impacto ambiental causado por la desforestación de
selva para convertirla en pastos para el ganado bovino en plena
Amazonia. Y aunque uno pueda pensar que es todo ficción, el guión de la
película se basa en hechos reales y fue rodada en escenarios
reales como el caso del matadero. El trabajo de Sylvia en el
matadero, encarnada por la actriz Catalina Sandino admitía que
“Estar en un matadero cuando matan una res, con la sangre y ese hedor
horrible... No estaba preparada para eso” pero estoy satisfecha de que
se rodara en un auténtico matadero y no en un estudio. Eran intestinos
auténticos los que estábamos tocando, por lo que ello contribuyó a una
mayor autenticidad.”
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Curiosidades... |
La
película está inspirada en el célebre libro de Eric Schlosser, "Fast Food. El lado oscuro de la comida basura"
del cual vendió 1,4 millones de ejemplares en todo el mundo. El film es
una adaptación realizada por el independiente Richard Linklater. La
película ha sido producida por un reivindicativo Jeff Skoll fundador de
Ebay y que ya produjo Syriana y Una verdad incómoda. A su vez, la
película coincide con el centenario de la novela de Upton Sinclair, La
Selva, en la cual se denunciaba la explotación de los carniceros de
Chicago.
Algunos datos estremecedores:
-La cabaña mundial crece a una velocidad mayor que la del parque
automovilístico. Según un recuento reciente de la FAO, el planeta
alberga unos 17 mil millones de pollos, 1,8 mil millones de cabras y
ovejas, unos 1,4 mil millones de bovinos, mil millones de cerdos y
patos.
-Cada día uno de cada cuatro americanos entra en un establecimiento de
Fast Food y los ingresos de estos locales ha pasado de los 3 mil
millones de dólares en 1972 a los 110 mil millones actuales.
Uno de cada 8 ocho trabajadores lo ha hecho una vez en un McDonald’s.
-A finales de los 90 el Ministerio de Agricultura americano ha
comprobado que un 7,5 % de las muestras de carne de res de las
industrias de transformación han estado contaminado por Salmonella, un
11,7 % por Listeria y un 30 % por el Staphylococus aureus. .
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