Es
necesario reducir en un 50 % el consumo de carne. Podríamos afirmar,
según datos de la indústria alimentaria, que literalmente comemos
petróleo: para producir 1 kilo de carne de vaca se consumen unos 7
litros de crudo.
Emisiones de dióxido de carbono en millones de toneladas anuales por sectores de la cabaña mundial. La
quinta parte de los gases con efecto invernadero procede del sector
ganadero debido a la digestión de los rumiantes y la deforestación para
pastos, etc.
El
sector ganadero aporta un 18% de las emisiones de gases de efecto
invernadero. El mayor porcentaje de esta aportación lo causa la
desforestación para crear pastos con un 35 % y el estiercol con un 31 %,
seguido de la fermetación por la digestión de los rumiantes con un 25
%.
La amenaza de la dieta proteica
Comer
carne no es bueno ni para la salud de las personas ni para la del
planeta. El consumo de carne debería recortarse en un 50 % para frenar
la desforestación para cultivar forrajes y detener las crecientes
emisiones de gases de efecto invernadero generadas en el sector
ganadero. Estudios recientes demuestran que un 18% de las emisiones de
gases relacionados con el calentamiento global proceden del sector
ganadero.
El ganado ocupa una tercera parte de la superficie total del planeta,
utiliza más de dos terceras partes de sus terrenos agrícolas y vive en
casi todos los países. El número de reses de cuatro patas que habita la
Tierra ha aumentado un 38 % desde el 1961; en este momento se
contabilizan más de 4.300 millones de individuos.
A medida que la población china aumenta su poder adquisitivo, este país
evoluciona hacia una dieta con más productos proteicos. La producción
de carne se ha multiplicado por 2 desde 1977, y a lo largo de los
últimos 50 años por 5. La producción de reses, pollos, cerdos y otros
tipos de carne ha subido hasta cerca de 40 kg/año por persona, más del
doble que en 1950.
Lógicamente, los principales consumidores son los países
industrializados, que comen más de 80 kg de carne por persona al año,
sobre todo de cerdo y aves, mientras que en los países en vías de
desarrollo es de tan sólo 28 kg/año. Aun así, dos terceras partes del
aumento en consumo de carne se producen en los países en vía de
desarrollo que no detienen el incremento de su dieta proteica. Este
incremento en la producción de carne sólo es posible con los sistemas
industriales que actualmente generan un 74 % de los productos avícolas
del mundo, un 50 % del porcino, un 43 % del vacuno y un 68 % de los
huevos. Así las cosas, un 70 % de la producción de medicamentos
antimicrobianos fabricados a los EE.UU. va destinado al ganado vacuno,
al porcino y al avícola. No en vano este abuso en fármacos en la
industria cárnica ha generado algunos sustos de salud pública.
Curiosamente, un nivel adquisitivo más alto se traduce en una
diversificación de la dieta a favor de incorporar más carne, alimentos
procesados, bebidas refrescantes, lácteos y grasas
Sin duda, la fermentación gástrica e intestinal de los rumiantes y los
excrementos abundantes provocan un exceso de metano, un gas con un
poder invernadero de hasta veinte veces el del dióxido de carbono ponen
la guinda a la triste realidad que acompaña a la ganadería intensiva
para abastacer el abuso de carne. Tampoco se pueden olvidar las
emisiones de óxidos nitrosos producidos por los fertilizantes
nitrogenados usados para obtener pienso, así como resultado de los
combustibles de la maquinaria de las granjas. Todo ello ha
llevado a que la producción ganadera experimentara un ritmo creciente
aportando emisiones a la atmósfera. Sumadas a las del resto del sector
agrario, suponen ya el 22% de los gases invernadero, por lo que su
cuota es similar a la de la industria e incluso superior a las del
transporte. La ganadería aporta el 9% de las emisiones globales de
dióxido de carbono (CO2 ) y entre 2 el 35% y el 40% del metano, así
como el 2 65% de los óxidos nitrosos.
Ahorrar agua consumiendo menos carne
Uno
de los principales problemas ambientales de la ganadería es
precisamente la gran cantidad de agua que consume y que indirectamente
tomamos nosotros al comer un bistec. Mientras que hacen falta 550
litros de agua para producir la suficiente harina necesaria en un
ración de pan en los países industrializados, se precisan 7.000 litros
de agua para tan sólo producir 100 gramos de carne de ternera. Para
producir los 225 g de carne que consumimos en los países desarrollados
hacen falta, por ejemplo, 25.000 litros de agua.
Así pues, en la dieta habitual de los países ricos, el consumo de agua
indirecta debida a una dieta rica en carne es 15 veces mayor que el de
una dieta vegetariana. Todo ello sin mencionar los purines que
contaminan los ríos y las aguas subterráneas.
Si, por ejemplo, asumimos un consumo de agua para ducharnos en 5
minutos al día a razón de 8 litros por minuto, resulta que en un año
consumimos la misma agua que un bistec de 200 g. En otras palabras: si
queremos ahorrar agua de verdad sería mejor reducir el consumo de
carne. Algo parecido sucede con el consumo de combustibles fósiles; se
sabe que por término medio se requieren 28 calorías de energía para
producir 1 caloría de proteína de carne para el consumo humano. En
cambio, para producir la misma caloría de proteína vegetal se necesitan
tan sólo 3,3 calorías de combustibles fósiles. Por conseguir una
caloría de carne de res hace falta un 33 % más de combustibles fósiles
que para producir una caloría de energía de patatas. Alimentar las
personas con carne pide un 40 % más de cultivo del grano mundial que se
cultiva y para el que hace falta una cuarta parte de las tierras de
cultivo del mundo. Son los animales y no las personas quienes consumen
un 95 % de la producción mundial de soja.
La necesidad de reducir el consumo de carne
Es
evidente que la variedad en nuestra dieta es un factor clave para la
salud, pero también es evidente que una dieta rica en grasas y que no
incluye grano porque se emplea por engordar los animales que después
tragaremos en forma de carne, huevos, leche, etc., también es un riesgo
para la salud (obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc.) y para el
medio ambiente. Curiosamente el abuso en el consumo de carne en los
países desarrollados ha llevado a los males derivados de la
sobrealimentación (sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares,
anorexias, etc.) a la vez que provoca una fuerte presión sobre el
medio. El consumo medio mundial de carne es de unos 100 gramos por
persona y día, sin embargo, en nuestras latitudes alcanza los 225
gramos por persona y día. En España se cifra en 52 kg/año (142 g/dia).
Para un adulto sano, se aconseja un máximo de un gramo de proteínas por
kilo por persona y día, aunque la media ideal sería 0,7 gramos si la
mayoría de las proteínas procede de alimentos de origen animal. En
comparación, un bistec de cien gramos contiene unos 20 gramos de
proteínas, o sea una cifra similar a la que precisaría una persona de
una media de 60 kg. De todos modos, debemos insistir que esta visión de
los bromatólogos contrasta con la de los expertos en nutrición
vegetariana que defienden la salud a través de la misma.
De todos modos, reducir el consumo de carne roja ayudaría no sólo al
objetivo mundial de estabilizar el clima, sino que comportaría grandes
beneficios para la salud. El creciente consumo de carne comporta un
claro desequilibrio para la dieta diaria, por lo que cada vez es más
visible la obesidad incluso en niños. Nuestra dieta está basada en
alimentos altamente energéticos de proteína animal. En cambio, las
legumbres y los cereales, así como otras verduras, aportan también
proteínas con un complemento de fibra muy importante para la salud. La
proporción de calorías de las proteínas no ha cambiado (ronda el 12%), pero se ha producido un incremento en la disponibilidad de proteínas
animales, especialmente pollo, mientras que el consumo de carnes rojas
se dispara especialmente en China o Brasil. El resultado de este
aumento de carne y grasa es que en algunos países las enfermedades
crónicas (como diabetes de tipo 2, enfermedades coronarias, el cáncer
de colon, cáncer de mama, etc.) se multiplican. Una realidad bien
distinta entre los practicantes de la dieta vegetariana.
Una dieta más equilibrada reduce el gasto sanitario. Está demostrado
que comer demasiada carne roja y productos derivados de estas carnes
incrementa el riesgo de enfermedades coronarias. Un ejemplo claro lo
pone de manifiesto el documental-realista Super Size Me.
Es saludable comer carne una o dos veces a la semana. El nivel de
consumo de carne ideal depende de si se complementa la aportación de
proteínas con otros alimentos que también las llevan (leche, huevos o
legumbres).
Los riesgos del engorde rápido y los mataderos express
En
Estados Unidos el 70 % del maíz que se cosecha se emplea para alimentar
el ganado, y en el mundo en general cerca del 80 % de la soja se emplea
para alimentar los animales. Estas ingentes cantidades de comida son
para el engorde rápido. Hace años, el sacrificio de los bueyes solía ser a los 4 a 5. Hoy, las terneras pasan de 36 a 544 kg en tan sólo en
catorce meses.
La producción de carne tiende a crecer año tras año. De seguir esta
tendencia, podría duplicarse hacia el 2050, alcanzando los 465 millones
de toneladas y lo mismo sucedería con la leche a 1.043 millones de
toneladas para la misma fecha. Todo ello conlleva la utilización de más y
más tierras en todo el mundo para obtener proteínas con las que
alimentar el ganado y los animales de granja. El engorde animal se ha
convertido en una lucrativa industria en la que participan los grupos
farmacéuticos con todo tipo de hormonas artificiales y otros preparados
que ya nos han dado alguna alerta, como es el caso del síndrome de las
“vacas locas”.
Por ser competitivos en el gran mercado de las proteínas, los animales
también se comen entre ellos. Los criadores de ganado hace años que
añaden sangre de buey, pollo, estiércoles de pollo, harina de plumas,
cerdo y harina de huesos de otros animales muertos al pienso del
ganado. Los industriales ingleses no respetaron las normas europeas que
exigían tratar las harinas animales a temperaturas altas, por encima de
130 ºC, durante más de 20 minutos y a 3 bares de presión. De este modo,
alimentaron durante años a sus vacas lecheras con 3 o 4 kg de harinas
animales, aparte de los 10-15 kg de pienso para que produjeran entre
siete mil y diez mil kilos de lechales.
En definitiva, sin saberlo las vacas comían carne, cuando en realidad
son vegetarianas. Y es así como en 1995-1996 estalló el escándalo de
las vacas locas o plaga de la encefalopatía espongiforme vacuna
(EEB), que sacudió de forma inquietante la salud humana. La EEB, salida
de dar de comer “carne” a las vacas, tiene una gran similitud con la
enfermedad humana degenerativa de Creutzfeldt-Jakob. Esta enfermedad se
detectó en unos 30 países y mató a unas 150 personas. El resultado es que
esta epizootia debida a un prión -una partícula acelular de tipo
proteico, pero sin ácido nucleico (debido a que que se trata de una
forma modificada de una proteína natural)- se puede insertar en el
metabolismo de un ser vivo y destruir la operatividad de todas las
proteínas sensibles al prión. Los priones sólo son conocidos en los
casos de canibalismo. Algo parecido sucede con el virus H5N1 (gripe
aviar) detectado en 1997 en Hong Kong y que ha matado más de 60
personas y obligó a sacrificar 150 millones de aves. En este caso, el
uso abusivo de antibióticos está relacionado con esta epidemia.
Los mataderos también se han convertido en una fuente de transmisión de
enfermedades, especialmente debido a la falta de salubridad de muchos
de ellos, no tanto en lo que respecta a sus instalaciones como a la
velocidad en la que deben realizarse las operaciones. La película Fast Food Nation denuncia este aspecto.
Resumiendo...
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Cuida tu alimentación; se han demostrado insistentemente las relaciones
que existen entre la dieta y la salud. Nuestros hábitos alimentarios
condicionan el estado de nuestro organismo.
• El exceso en el consumo de carne conlleva un bajo consumo de fibra
vegetal, vitaminas lo que ha provocado las enfermedades degenerativas.
Incrementemos los alimentos vegetales ricos en fibras y vitaminas.
• Somos los que comemos, por lo que la ingesta de alimentos animales nos
convierte en una pieza más de los tóxicos que se administran a los
animales domésticos en las granjas industriales.
• Cuando consumas carne, que sea en poca cantidad y procedente de la ganadería ecológica certificada.
• Recuerda que las carnes de vacuno y pollo son los principales
ingredientes de la comida basura. La dieta vegetariana o con bajo
contenido de carne es una opción personal, pero recomendable y muy
saludable.
• Actualmente la carne se ha convertido en el objetivo principal de los
cultivos transgénicos. Además, todo lo que está ligado a la ganadería
intensiva comporta también una alta dosis de sufrimiento para los
animales.