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La
ropa es una necesidad básica y una expresión cultural y personal.
Podemos reducir la huella ambiental de la ropa que necesitamos vestir
si escogemos prendas de materiales naturales, sin tratamientos quimicos
tóxicos o de comercio justo, así como si reutilizamos, reciclamos, y
reducimos la ropa que utilizamos.
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Las
fibras naturales son renovables y requieren una fabricación menos
compleja y menos intensiva en energía, además de ser más confortables. |
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Existen productos originales realizados en fibras poco habituales como el cáñamo, o con plásticos o cauchos reciclados. Imagen: Hemp Sisters.
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Las
prendas certificadas de comercio justo garantizan que han sido
fabricadas respetando las condiciones de los trabajadores. Es una buena
idea informarse del origen y las condiciones de fabricación de los
productos que compramos. Imagen: AUPA. |
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| Ropa que nos guste por muchos motivos |
La
ropa nos cubre y protege de la intemperie, pero a la vez supera la
faceta simplemente funcional para convertirse en un reflejo del lugar
donde vivimos, de la cultura a la que pertenecemos y, hoy en día cada
vez más, para convertirse en un modo de expresión personal. La ropa es una
necesidad básica, que además está llena de simbología y creatividad pero, a causa del modelo de producción y consumo actual, provoca cada
vez un mayor consumo de recursos (materias primas renovables y no
renovables, combustibles para el transporte de las prendas…) y genera
contaminación (materiales sintéticos, tintes con metales pesados,
tratamientos químicos, emisiones a la atmósfera…). En no pocas
ocasiones, tampoco las condiciones de trabajo de las personas que
realizan las prendas que llegan a las tiendas son las más deseables,
comenzando por las jornadas de trabajo excesivamente largas, la
exposición a tóxicos, o incluso los casos extremadamente graves del
“trabajo” en régimen de esclavitud o del trabajo infantil. El 70 % de la
ropa que vestimos se fabrica en países en vías de desarrollo como
Marruecos, China o la India. Los países industrializados localizan allí
sus plantas de producción para no verse obligados por legislaciones
ambientales o laborales, que aquí nos parecen básicas para el bienestar
de las personas y el mantenimiento del entorno. Además, la ropa hoy en
día, por motivos de durabilidad, de moda y por tratarse de un bien
accesible económicamente, se convierte en un residuo mucho antes que
hace unos años. Si no vemos más allá del aspecto o del precio de la
ropa que escogemos para vestirnos, participamos en el mantenimiento de
un sistema que mantiene unas desigualdades abismales entre Norte y Sur,
consume recursos naturales a un ritmo trepidante y depende del
transporte a larga distancia, con sus emisiones de CO2 asociadas, para
llegar a nuestros armarios. Sin embargo, también es cierto que muchas
cosas están cambiando, y cada vez hay más soluciones y posibilidades
para vestir con menos huella ecológica. Porque cada vez más gente
quiere sentirse bien con la ropa que lleva, en todos los sentidos.
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| Ropa renovable |
La
ropa se realiza con fibras tejidas, que tradicionalmente se obtenían de
la naturaleza y, posteriormente, con la industrialización y los avances
de la química, pasan a ser también fibras sintetizadas por los humanos.
Las fibras sintéticas (poliéster, nylon, rayón, viscosa…) son duraderas
y normalmente más fáciles de mantener que las naturales. Sin embargo,
en realidad se trata de fibras plásticas, derivadas del petróleo, por
lo que se trata de recursos no renovables. Además, respecto al confort,
en general la ropa sintética no nos deja transpirar: se produce el
mismo efecto que observamos cuando guardamos frutas o vegetales en una
bolsa de plástico y vemos en ella las gotitas de agua de la humedad que
han desprendido y no ha podido salir. Evidentemente, hay
aplicaciones para las que las fibras sintéticas son únicas, como el
caso de los forros polares, que permiten tener una alta capacidad
térmica y un bajo peso. En este caso, lo positivo es que estas fibras
plásticas también se pueden obtener de plásticos reciclados procedentes
de la recogida selectiva. Otros tejidos sintéticos son los que no
provienen de fuentes fósiles sino de materiales naturales, pero con un
proceso de fabricación complejo. Es el caso de Modal y similares,
procedentes de residuos de celulosa. Son más confortables y renovables
que las fibras sintéticas, aunque hay que valorar si es necesario todo
el proceso de manufacturación que requiere o podemos encontrar prendas
menos procesadas y de fibras naturales. De hecho, la celulosa también
se puede reaprovechar para otros bienes.
Parte importante del
impacto de los tejidos sintéticos son los tratamientos químicos que
incorporan. Algunos tejidos naturales también pueden ir tratados, pero
se pueden identificar porque son algodones u otros tejidos que se
definen como antiarrugas, antimanchas, fáciles de limpiar o similares.
Los acabados químicos en la ropa los convierten en una carga nociva
para el medio (primero en la fabricación y después cuando se convierten
en un residuo) y para quien debe vestir las prendas. Sobre todo las
personas sensibles, pueden verse afectadas por el contacto con los
tratamientos antiarrugas o las resinas o acabados plásticos que mejoran
el aspecto o facilitan el mantenimiento de los tejidos, como el formaldehído.
La
alternativa con menor huella ecológica son los materiales naturales
(algodón, lino, cáñamo, seda, lana…). Aunque el cultivo de algodón
también se somete a una carga química elevada, a base de la aplicación
de pesticidas, existen respuestas de baja carga ambiental, como el
algodón orgánico. Cultivos como el lino, el cáñamo o incluso el bambú -con las fibras del cual también se fabrican prendas- tienen un crecimiento rápido y requieren menos agua y menos pesticidas (o incluso no los necesitan en absoluto).
Ya hace tiempo que existen fabricantes que realizan ropa en algodón orgánico,
pero incluso grandes cadenas como Zara o Levi’s ofrecen ya algunos
productos en algodón orgánico. La ropa de cáñamo o los productos de
caucho reciclado (botas, carteras y similares, que evitan el uso de
plásticos y vinilos) son opciones más difíciles de conseguir, aunque
actualmente, y cada vez más, es posible adquirir productos ambientalmente
conscientes a través de Internet.
También en muchas tiendas de
ropa, especialmente tiendas pequeñas que trabajan más directamente con
los creadores y en las que todavía se mantiene un apoyo a la artesanía,
es posible encontrar prendas realizadas con fibras naturales y teñidas con tintes vegetales y minerales no nocivos.
Los
colores de los tintes sintéticos se obtienen utilizando metales
pesados. Sin embargo, en la naturaleza existen pigmentos aptos para
teñir: en arcillas, flores y componentes vegetales. También muchos
fabricantes de tejidos en algodón orgánico aprovechan la poco conocida
diversidad natural de colores del algodón obtenido de la planta
(verdosos, marrones, beige, blancos..), de modo que ya no es
necesario utilizar tintes para obtener prendas de color.
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| Ropa sin tóxicos |
Vestir con ropas naturales y libres de química fue la propuesta de la iniciativa de Greenpeace "Moda sin tóxicos"
que puso en manos de los creadores el reto de demostrar que es posible
crear ropa que no dañe el medio. La campaña implicó a conocidos
diseñadores y firmas de moda, como David Delfín, Juanjo Oliva o Sybilla
Sorondo, para que presentaran diseños confeccionados sin utilizar
productos químicos peligrosos. También consiguieron la implicación de
cadenas como Mango y Camper para que se comprometieran a reducir la
carga química y aumentar el uso de materiales naturales en la
manufactura de sus productos.
La creación de moda más ecológica
es incipiente. Como en muchos otros campos (como el de la construcción)
todavía existe la moda “normal” y la moda “ecológica”, para los
concienciados. Un ejemplo es el salon de moda Prêt à Porter Paris,
que incluye un apartado de moda ética en constante crecimiento (en un
año, las marcas expositoras de moda con criterios éticos o ambientales
han pasado de 20 a 70). La moda ética incluye el uso de materiales
naturales o reciclados y su producción está basada en los criterios de
comercio justo.
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| Ropa justa |
El
sistema económico actual se basa en las desigualdades, y la moda no es
ajena a él. Gran parte de la ropa que se comercializa en el mundo es
fabricada en países en los que la mano de obra resulta más barata. Esto,
en general, nos permite comprar ropa más barata, aunque eso no
signifique que gastamos menos (también compramos mucha más ropa ahora
que hace 30 años). Existen creadores y productores que establecen
de manera voluntaria unas relaciones más equitativas a la hora de
fabricar la ropa, mediante las cuales los productores, se encuentren en
el país que se encuentren, reciban la compensación justa por su trabajo
tales como: Intermón Oxfam,
fundación sin ánimo de lucro que lleva más de 50 años trabajando en
programas de desarrollo y sensibilización por la justicia social y
económica; SETEM, que es una federación de ONGs de solidaridad internacional o Alternativa 3, otra organización dedicada al comercio Justo que importa, distribuye y
comercializa productos textiles, de alimentación y artesanía. Todas
ellas ofrecen productos de merchandising de comercio justo
personalizables.
Cada vez hay más importadores y distribuidores
de ropa y otros artículos elaborados por comunidades de artesanos de
países en desarrollo, con las que se mantienen unas relaciones de
comercio justo.
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| Grandes nombres que se apuntan a una nueva manera de vestir |
Las
grandes firmas no se quieren quedar atrás. Además, de tener una visión
de futuro, es evidente que el “comprador sensible” es otro nicho de
mercado que cubrir, por lo que aparecen también grandes marcas que
basan su imagen en la aplicación de una serie de criterios de
“sostenibilidad” en su ropa. No cabe objetar nada, si consideramos que
otras grandes marcas resultan igual de inaccesibles a un consumidor
medio pero ni practican ni comunican ningún tipo de valores ambientales
o sociales.
Un ejemplo es Edun,
un proyecto del cantante de U2, su mujer Ali Hewson y el diseñador
Rogan Grez. Se trata de una firma de moda con conciencia social, que intenta establecer unos criterios de producción éticos en los
talleres con los que trabaja en África, Suramérica o la India.
Pretenden emplear progresivamente más algodón orgánico en sus prendas y
tratan de llevar la sostenibilidad a las comunidades productoras. Megan Park
es una diseñadora que trabaja con artesanos en la India, artesanos que
reciben la compensación merecida por su trabajo de teñido y bordado de
las telas a la manera tradicional, con lo que su ropa está calificada
como de comercio justo. Otro caso es el de Stella Mc Cartney, conocida
diseñadora de moda y defensora de los derechos de los animales, que
también incorpora criterios ambientales en sus creaciones. A nivel
estatal, Sybilla y otros diseñadores tratan de utilizar al máximo los
materiales naturales en la ropa y complementos que crean. Aunque el
mundo creativo de la alta moda quede algo lejos del día a día de la
mayoría de nosotros, no hay que olvidar que es en ese nivel donde se
marcan “tendencias” que al cabo del tiempo llegan a las creaciones de
ropa más populares.
Grandes marcas como Gap, Nike, Puma o
Reebok, también han empezado a darse cuenta del poco futuro que tiene
una empresa que no empieza a incorporar buenas prácticas ambientales y
sociales… En este caso, se hace evidente que los “boicots” ciudadanos a
la compra de productos que se fabrican en condiciones injustas tienen
daños irreparables para las grandes marcas, sobre todo en lo que
respecta a su imagen. Toda acción en este sentido es bienvenida,
siempre y cuando no se trate de un lavado de cara, sino de un trabajo
real en dirección a un mercado de consumo más limpio y más equilibrado.
El
temor a los boicots o la mala imagen ambiental de una empresa es una
prueba clara de que finalmente, ya sea escogiendo productos locales,
artesanos y de calidad, ya sea adquiriendo productos foráneos pero que
han seguido unos criterios de justicia y ecología, el consumidor tiene
en sus manos elegir el impacto ambiental y social de las prendas que va
a vestir.
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Un armario más pequeño (y más pensado)
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¿Cuanta
ropa necesitamos? ¿Prescindimos de esa camisa porque está vieja o
porque no se lleva? ¿Tiramos el pantalón a la primera de cambio o lo
arreglamos? La moda es efímera y la sociedad nos empuja a estrenar
ropa. Además de reutilizar, dar, regalar, o intercambiar
la ropa todavía en buen estado, las campañas de recogida de ropa
permiten recuperar ropa para ponerla de nuevo en el mercado (en algunos
casos la ropa de segunda mano es tan solicitada que resulta más cara
que la nueva) o hacerla llegar a quienes no tienen recursos, aquí o en
otros países. También la recogida de prendas en los puntos verdes permite su reutilización o el reciclaje de las fibras.
Finalmente,
cabe preguntarse si necesitamos cada año ropa nueva y a bajo precio. No
sólo podemos escoger qué productos compramos sino que podemos escoger
comprar menos productos. Si compráramos menos bienes pero pagáramos el
precio real por ellos, los productores no perderían dinero, y tampoco
nosotros gastaríamos más. Se trata de hacer más lenta una rueda de
producción que cada vez gira más rápido, utilizando una mayor cantidad
de materiales y generando más residuos: se calcula que cada año cada
persona consume entre 7 y 19 kg de material textil.
Las
materias primas, el origen de la prenda o las condiciones de
elaboración son aspectos de nuestra relación con la ropa a los que les
estamos comenzando a dar más importancia. Los consumidores conscientes,
que meditan la adquisición de una nueva prenda y valoran más criterios
que la estética y el precio mientras están en el probador, pueden dar
un giro al sinsentido del sistema de consumo actual. Es en gran parte
el consumidor quien pide una u otra cosa a ese mercado, y quien decide
cuánto y qué comprar. Las personas que vestimos la ropa somos los que
promoveremos, o no, que toda la producción y distribución de ropa
reduzca su impacto sobre la Tierra, y que las iniciativas ecológicas no
sean, sólo, una moda.
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