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Detalle
de las piezas que se extrajeron del G3 que se utilizó para experimentar
la complejidad de separar las piezas de un ordenador viejo.
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Visto
así, no parece que haya muchas piezas y recuperarlas en lugar de
trocearlas sería mucho más interesante para el medio ambiente.
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Detalle de la placa base, que tiene un diseño interesante para ser ampliada con una tarjeta tipo SONNET.
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El
reciclaje de ordenadores en el Tercer mundo se ha convertido en una
fuente de problemas ambientales y de la salud para las personas. Imagen: www.ban.org
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Incluso tareas tan sencillas como escribir sobre un papel en blanco se
convierten hoy en día en querer convertirlo casi en un miniposter. Todo
esto hace que el software cada día se sofistique más, con novedades que
en algunos casos permiten a las empresas lanzar actualizaciones como
mínimo una vez al año, si no dos. En cualquier caso, las máquinas que
deben procesar este software cada vez con más prestaciones van
quedándose obsoletas porque, en realidad, la industria del software añade
nuevos gadgets a sus programas, que precisan de más máquina. Para
determinados usos, el cambio de ordenadores es anual. El resultado con
los continuos avances tecnológicos es que el rendimiento del hardware
no supere los tres años para poder continuar siendo útil. Esta
velocidad progresiva de obsoletización del material informático ha
creado un enorme problema ambiental, porque en la fabricación de
ordenadores (y, en general, en la electrónica de consumo) se emplean
materiales tóxicos para nuestro entorno.
Algunos estudios
afirman que los europeos superamos los 20 kilogramos de RAEE (residuos
eléctricos y electrónicos) por persona y año. Hay que tener en cuenta
que son la mayor fuente de metales pesados y contaminantes orgánicos de
los residuos municipales. Sólo hay que ver el crecimiento que han
tenido determinados artefactos que, como el teléfono móvil, cada vez
están más generalizados (recordemos que durante el año 2008 se
alcanzará una cifra récord: la mitad de la humanidad tendrá un teléfono
móvil). La vida media de los aparatos eléctrónicos varía entre un año
(teléfonos móviles) y 2-3 años (ordenadores), lo que significa millones
de toneladas en chatarra electrónica. Por ejemplo, a lo largo de 2006
quedaron fuera de uso unos 40 millones de teléfonos, millón arriba o
millón abajo, que a 80 gramos por aparato hacen 3.200 toneladas de
chatarra telefónica. Si las pautas de conducta consumista fuesen
globales, entonces los 1.750 millones de usuarios de telefonía móvil
que hay en el mundo generarían 140.000 toneladas. Cada año quedan
obsoletos en España 2,5 millones de equipos informáticos, y la
tendencia general en el mundo desarrollado es a igualar el número de
equipos adquiridos con el número de equipos obsoletos. En estos momentos
circulan por el Estado español 15 millones de reproductores MP3, 18
millones de cámaras digitales, etc. Tan sólo en Estados Unidos, cada
año se desechan 30 millones de computadoras personales o PCs.
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| El marco legal de los RAEE |
Para
frenar estos efectos nefastos para el medio ambiente y la economía, el
Parlamento Europeo y el Consejo Europeo generaron, después de diez años
de discusión pública, la Directiva 2002/96/CE y la Directiva 2002/95/CE,
que se trasponen a la legislación española el 25 de febrero de 2005
mediante el RD 208/2005, que entró en vigor el 13 de agosto de 2005.
Uno de los objetivos clave de esta legislación es: producir limpio -
usar - reciclar, "reencarnar" las materias primas "ecoeficientemente",
es decir, cumpliendo la ley en sus aspectos medioambientales,
minimizando el impacto en la salud y el medio ambiente y logrando el
mínimo coste económico en todas las etapas del proceso. Para ello, el
actual marco legal vigente obliga al ciudadano a colaborar en la
recogida de RAEE y pagar por su reciclado; al productor, a administrar
transparentemente y con criterios industriales, técnicos y económicos
el dinero que le ha sido confiado a dichos efectos y a las
administraciones competentes, a facilitar la recogida, instruir al
ciudadano y controlar la gestión con rigor.
Lo que está claro es que el único medio de facilitar el reciclaje de la
llamada basura electrónica es con una tasa de retorno. En el 2002, el
Parlamento de California aprobó una tasa de reciclaje para los
monitores de los ordenadores y los televisores, que se situaba en
unos 10 dólares por aparato. Con esa cantidad, la administración
espera sufragar el reciclaje, que cuesta en California unos 500 millones
de dólares. Sólo Apple apoyó esta iniciativa. De hecho, esta compañía
tiene un programa especial en Estados Unidos. De este modo, en el año
2006 Apple recicló unos 6 millones de kilogramos de basura
electrónica, el equivalente al 9,5 % del peso de todos los productos
vendidos durante los siete años anteriores. Para el 2008 esperaban
llegar al 20 %.
En España, la aplicación del Decreto 208/2005 sobre aparatos eléctricos
y electrónicos y la gestión de sus residuos (RAEE) implica a
diferentes actores. Así, por ejemplo, la Asociación Multisectorial de
Empresas Españolas de Electrónica y Comunicaciones (Asimelec), que
aglutina a más de 100 empresas del sector, asume la gestión de más de
75.000 toneladas de residuos de equipos informáticos para su reciclaje.
La exigencia legal implica a los ayuntamientos para que participen en
garantizar la recogida de aparatos procedentes de los hogares. Los
ordenadores y otros aparatos eléctricos y electrónicos pueden ser
depositados por el usuario en los llamados puntos verdes, centros de
reciclaje, deixalleries, etc. Según Asimelec, recoger dos kilos más o menos significan millones de euros y un
esfuerzo que tiene que realizar la industria. La cantidad de residuos
por habitante al año es uno de los puntos de discrepancia. De acuerdo
con esta norma española (artículo 4), la entrega debe ser gratuita para
el consumidor y es el productor el que pacta con su canal la mejor
forma de recogida de los mismos. Asimismo, el transporte y tratamiento
de los residuos en plantas habilitadas a tal efecto deberá ser costeado
por los proveedores. Según cálculos del sector, en el mercado
español se ponen anualmente en circulación unas 25.000 toneladas de
productos de ofimática (copiadoras, faxes, impresoras, ordenadores...),
1.500 toneladas de móviles y algo más de 10.000 toneladas de pilas.
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| La informática en la era del ecodiseño |
Hay
una tendencia a considerar la electrónica y, concretamente, la
microelectrónica, como tecnologías limpias, poco contaminantes. Incluso
una escuela de la economía neoliberal habla de la "desmaterialización"
de la producción. Así, el World Business Council for Sustainable
Development (WBCSD), en un documento sobre ecoeficiencia, define este concepto como
"maneras de sustituir flujos de materia por flujos de conocimiento
[...] y comercializar productos adaptados a las necesidades de los
clientes". Esta pretensión de que el conocimiento sustituye a la
materia en el mundo de las TIC sólo se fundamenta sobre intereses e
ideologías, pero la realidad es muy diferente. Esta visión es debida al
hecho de que, tanto para los usuarios comunes como para muchos
especialistas, el ciclo de vida del microchip empieza en las puertas de
las plantas de las empresas INTEL y AMD (los dos principales
fabricantes de microprocesadores) y no tienen en cuenta el resto del
ciclo. Estudios recientes han demostrado que si se tiene en cuenta la
integralidad del análisis del ciclo de vida (ACV), desde la obtención
de las materias primas hasta el tratamiento del residuo, las cosas son
muy diferentes.
Fabricar un gramo de microchip requiere 800 gramos de combustibles
fósiles, 36 gramos de productos químicos y 16.000 gramos de agua; en
total 16.836 gramos de materiales. En cuanto a la generación de
materiales secundarios, nos encontramos con un escenario parecido: para
elaborar un gramo de chip de 32MB se generan 630 de materiales
secundarios. Esta relación de 1 a 630 es muy alta si la comparamos, por
ejemplo, con los coches, donde es de 1 a 2. La "ecoeficiencia " es,
pues, muy baja. Los circuitos microelectrónicos, como son artefactos
altamente organizados (de entropía muy baja), requieren una gran
cantidad de energía y de materia para fabricarse. El estudio se efectuó
cuando la electrónica se movía en una escala por encima de los 90
nanómetros (nm). Este año, los procesadores ya están por bajo de este
índice e INTEL ya ha logrado fabricar chips con más de 500 millones de
transistores y tecnología de 65 nm. Recientemente ya se ha anunciado el
procesador con tecnología de 45 nm y 1.000 millones de transistores.
Parece que este tipo de chip estará generalizado a finales del año 2007
o principios de 2008 y, siguiendo la ley de Moore sobre el proceso de miniaturización y de aumento de la potencia de
cálculo, pasados dieciocho meses -a mediados del año 2009 o el 2010-
los microchips se moverán por debajo de los 25 nm. Vamos, pues, hacia un
escenario con unos utensilios nanoelectrónicos de consumo generalizado
y vida útil muy corta que nos aportarán una nanochatarra o unos
nanoresiduos cuya problemática y efectos ambientales aún no conocemos.
Los diseños de la electrónica de consumo y en especial de los
ordenadores no están pensados para el aprovechamiento de recursos. Las
cajas o carcasas no se adaptan a un estándar concreto y varían según los
componentes que deben contener. Los fabricantes de productos
cerrados tipo Apple, HP, Toshiba, etc. no se caracterizan por criterios
ecológicos en su diseño, sino puramente estéticos. Por ejemplo, añadir tarjetas de memoria puede convertirse en una verdadera odisea,
debido a que se prima la miniaturización del conjunto. El anclaje de
los componentes parece estar pensado para sobrevivir a un viaje
espacial, por lo que se requieren estructuras metálicas a menudo nada
fáciles de separar. Por último, para minimizar los efectos frente al
riesgo de incendio, pueden emplearse sustancias tóxicas como los
retardantes (ver más abajo) si son plásticos o revestimientos metálicos
protectores. Por otro lado, hay muy pocos ejemplos en los que en el diseño de material
informático haya prevalecido la usabilidad para futuras ampliaciones. Un
buen ejemplo lo fueron los ordenadores Apple LC II, III y IV.
La cuestión del software del sistema operativo
Otro de los escollos para dar más tiempo de vida a un ordenador es el
software del sistema operativo. Los dos grandes, Windows de Microsoft i
McOS de Apple se van actualizando con nuevas prestaciones, pero también
precisan de procesadores más rápidos. Ahí, el sistema operativo de
código abierto Linux (a parte de sus otras muchísimas ventajas) ha
sabido crear un software que puede operar con máquinas que tengan
procesadores poco rápidos y poca memoria, tanto de disco duro como de
RAM. Esto permite que muchos ordenadores puedan alargar su vida
simplemente cambiándose a Linux. Actualmente, paquetes ofimáticos en
código abierto como Open Office (para sistema
operativo Linux) o NeoOffice (para ordenadores Apple) han sido
creados para estos sistemas y tienen prestaciones parecidas a las
del Office de Microsoft. Lo mismo podemos decir de navegadores como el
Firefox o el antiguo Mozilla, que tienen versiones para una gran variedad de
sistemas operativos.
La política de sistemas operativos, sin embargo,
está creando la necesidad de ordenadores nuevos sin que muchos usuarios
aprovechen más que un pequeño porcentaje de su potencia. Cabría, pues,
reclamar una política de sistemas operativos básicos.
Lo curioso es que en el caso de Microsoft esto ya existe, solo que no
es accesible a la mayoría. Se trata del Windows Fundamentals para PCs Legacy,
un sistema similar al XP SP2 pero que requiere tan sólo de 611
MB de espacio en el disco duro, un procesador de 300 Mhz y 64 MB de
RAM. Con estas características no es
necesario comprar ordenadores con procesadores de 3Ghz, 2Gb de RAM y 80
Gb de para poder soportar los nuevos sistemas como Windows Vista, que
necesita pedir muchos recursos al ordenador y lo hace más lento. Sin
embargo, esta opción del Legacy está sólo autorizada a entornos
corporativos. Uno se plantea que una política de sistema operativos
básicos baratos y asequibles reduciría el pirateo entre los que han
optado por Microsoft. Recordemos que Apple en este sentido tiene una
política de sistemas operativos más asequible. El Mac OSX Leopard cuesta unos 129 euros. Optar por Linux -
lo más aconsejable - se puede obtener sin coste en varias distribuciones como la popular Ubuntu o la Puppy, para requerimientos bajos en el sistema. O sea que, a la hora de
escoger un ordenador, quizás deberíamos también plantearnos que sistema
operativo vamos a escoger. La opción de los pequeños ordenadores como
el Mac mini es también interesante, porque minimiza por su pequeño tamaño el
consumo de recursos y nos permite aprovechar otros elementos ya
disponibles (pantallas, teclados, etc.).
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| La toxicidad de los equipos informáticos |
Según un informe elaborado por la organización Basel Action Network (BAN),
los países de Norteamérica han convertido esta región asiática en su
particular ‘cibervertedero’, un lugar donde deshacerse de los residuos
electrónicos de su mundo civilizado, pese a los riesgos para la salud y
el medioambiente que ello causa en las poblaciones indígenas.
El problema latente de los residuos informáticos es que vienen cargados
de estaño, cobre, plomo y arsénico en los tubos de rayos catódicos; cadmio, selenio, cobalto y cromo en las placas base; mercurio en las
pilas y trióxido de antimonio utilizado como retardante de la
combustión en cables, carcasas, etc., junto con retardantes polibromados
en las cubiertas, cables y tableros de circuitos electrónicos… En fin, eso es lo que se conoce con seguridad, aunque hay quien no descarta
que haya otros metales como oro, plata, etc.
Los principales componentes peligrosos de los ordenadores son:
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Tarjetas de circuitos impresos. Las tarjetas de circuitos impresos que
incorporan componentes tales como relés de mercurio, pilas o baterías
peligrosas, componentes con óxido de berilio (OBe) o cualquier otro
componente clasificado como peligroso de acuerdo con la Orden 304/2002,
son considerados lógicamente residuos peligrosos.
-
Lámparas fluorescentes y de descarga. Es relativamente frecuente
encontrar este tipo de lámparas actuando como lámparas de iluminación
en la parte trasera de las pantallas de cristal líquido (LCD) de
ordenadores portátiles también tipo (TFT, TFTT, etc.). Estas lámparas
contienen mercurio y son, por lo general, muy finas, muy delgadas y muy
frágiles. El mercurio se evapora a temperatura ambiente con facilidad
y, por tanto, es imprescindible realizar un desmontaje cuidadoso de las
pantallas LCD para no romper los tubos fluorescentes y poder así
desmontar sin daños el encapsulado de vidrio, que es lo mismo que
decir "sin perder el mercurio" por transferencia al ambiente.
-
Plásticos que contienen substancias bromadas. En los aparatos
eléctricos y electrónicos que deben superar pruebas de resistencia
contra incendios (la gran mayoría), los plásticos que los constituyen
(carcasas, tarjetas componentes, etc.) suelen incorporar aditivos para
lograr superar la norma de seguridad correspondiente al país donde se
venden. Los aditivos orgánicos bromados han sido y son utilizados
ampliamente para estos fines. Entre la amplia familia de aditivos
bromados que han sido empleados y se suelen encontrar en RAEE
relativamente antiguos, hay tres que están considerados como
peligrosos: el decabromo bifenilo, el pentabromo difenil éter y el
octabromo difenil éter.
-
Componentes con óxido de berilio (OBe). Estos componentes no están
descritos en la lista del Anexo III (RD 208/2005). Son poco frecuentes,
pero debido a su peligrosidad potencial es importante tenerlos
en cuenta. El aspecto del OBe es el de una porcelana cruda, dura, de
color blanco o rosado. A veces se ha mezclado polvo de OBe con
siliconas para relleno de ciertos componentes electrónicos. Es buen
conductor del calor y malo de la electricidad. En forma compacta es
poco nocivo, aunque es importante manejarlo con guantes, pero en forma
de polvo resulta muy peligroso. Se encuentran preferentemente en la
electrónica relacionada con la emisión de ondas electromagnéticas con
alta potencia.
Otros componentes presentes y regulados por el Anexo III del RD
208/2005 como, por ejemplo, pantallas de cristal líquido (exentas de
tubos fluorescentes), tarjetas de circuitos impresos (exentas de
componentes peligrosos), cables eléctricos externos y condensadores
electrolíticos.
Por su parte Greenpeace dispone de un informe
en el que se evalua la política ambiental de las diferentes empresas del
sector de la informática que puede ser útil para escoger máquinas que
intentan al menos cumplir con un cierto compromiso ambiental.
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¿Obsolescencia de las máquinas o locura consumista?
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Un
ordenador con un procesador 386 a 33 Mhz, con 4MB de RAM y 100MB de
disco duro, del año 1990, operaba bajo Windows 3.1 y permitía un buen
número de funciones. Un ordenador Apple Macintosh del mismo año, un SE30 , con un monitor de 9 pulgadas en blanco y negro con un procesador
motorota de 68030 y coprocesador 68882 a 15'6 Mhz y 4 MB de RAM y disco
duro de 40 Mb, permitía utilizar programas de maquetación como Adobe Page Maker
5.0 y Adobe Photoshop 2.5. Si le añadiéramos memoria, un disco grande y
una tarjeta de red, tendríamos un servidor rápido y potente que cabe en
cualquier sitio. Actualmente, le sobra potencia para procesar textos,
telecomunicaciones (correo electrónico, navegación), etc. Curiosamente,
ninguno de los sucesores de este Apple Macintosh, el Classic II, el
efímero Performa 200 y el Color Classic (el primer compacto en color),
lo igualaban en velocidad, a pesar de usar el mismo procesador a la
misma frecuencia, pues los buses del sistema eran de 16 bits, en vez de
32. Originalmente venía con la versión 6.0.3 de MacOS, admitiendo
hasta la versión 7.5.5. Estamos, pues, frente a un problema de diseño para facilitar la actualización del hardware.
Está claro que la ley de Moore, que predice que los microchips duplican su
potencia cada dieciocho meses, es una realidad porque la industria la
impulsa. Los recursos en investigación metidos en la electrónica e
informática no tienen parangón en ninguna otra rama tecnológica. Así
que los ordenadores acaban siendo basura aún siendo valiosos para lo
que fueron creados. Por este motivo, algunas asociaciones recogen el
material informático (ordenadores, impresoras, componentes...) para ser
posteriormente acondicionado por voluntarios y entregado a ONG y
organizaciones no lucrativas o a personas que los necesitan, que se
encargan de colocarlos en proyectos sociales, educativos o de ayuda al
Tercer Mundo. La Fundación Bip Bip,
por ejemplo, recoge ordenadores de empresas y particulares, los pone a
punto y los cede a ONGs que los destinan a personas en riesgo de
exclusión social. La asociación de usuarios de Linux de Presencia Activa, que opera en Madrid, también recoge ordenadores de manera
gratuita para donarlos a organizaciones sin ánimo de lucro, como hacen
también los Gulic en Canarias o Reciclanet
Elkarte Hezgarria (Asociación Educativa Reciclanet) ubicada en Bilbao,
que tiene como fin el promover el uso de las Tecnologías de la
Información (TI) y también tiene un programa de recogida o reciclaje.
Algunos ayuntamientos, caso de Zaragoza, tienen un programa para reconvertir viejos ordenadores utilizando software libre.
Aunque si realmente el material es totalmente obsoleto, lo suyo es
llevarlo al punto verde, ecoparques, garbigune o deixalleries, como se
conocen según la región de España los centros de recogida de material
para reciclar. El material de los puntos
verdes es recogido por empresas autorizadas.
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Una experiencia real de reciclaje de un ordenador y algunas reflexiones
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Este
redactor tuvo la suerte de tener una “tostadora” Apple, nombre al
que se daban a los Apple Macintosh como el SE30 adquirida en el 1990 y
que se fundió definitivamente a principios del año 2001. Durante todo
este tiempo trabajó sin problemas hasta el último momento, puesto que
podía trabajar con el equivalente al Office 1998 y bases de datos como
Filemaker 4.0. El ordenador dejó de tener recambios en el 1996. En
realidad, tan sólo dejó de funcionar por desgaste de la placa de video,
de la que ya no había estoc. Este pequeño ordenador cambió sin duda la
vida de muchos usuarios de la informática pues a los 30 minutos de
adquirirlo, uno ya se manejaba con él.
Para conocer más de cerca la realidad de lo que hay dentro de un
ordenador, aprovechamos la excusa de este reportaje para una práctica real, por lo que procedimos a abrir las tripas y
desmenuzar un viejo hoy (en el año 2008) pero flamante entonces, Apple G3 a 300 Mhz de
1999. Las imágenes muestran el piecerío: la placa madre (con una
batería de NiCd), la unidad CD rom, la fuente de alimentación, el
altavoz, alguna placa complementaria, cables plásticos y estructuras
metálicas. El tiempo de separación de todos los componentes fue
de 40 minutos y se precisó tan sólo de un destornillador y una llave
allen. Con esta separación, se pueden poner en uso como piezas de
recambio la unidad CD rom, la fuente de alimentación, el disco duro (8
Gb) y el altavoz o el ventilador. La placa base y los cables, así como
las estructuras metálicas, se han llevado a reciclar al punto verde
y la carcasa se podría separar completamente para facilitar el
reciclaje, pero hemos preferido conservarla para convertirla en una
original caja para guardar cosas.
Pero, si bien esta máquina pasada a Linux podría tener todavía una larga
vida, es evidente que la informática doméstica o de oficina no está
todavía preparada para estas segundas vidas. Otro tema es, como hemos
comentado, el tema del diseño industrial. Por ejemplo, esta máquina
venía preparada para ser ampliada con SIMS de memoria, pero con
limitación. También llevaba una ranura para mejorar la velocidad del
procesador con una tarjeta SONNET
y de este modo con una pequeña inversión (250 euros) mejorar la máquina,
que lo convertiría en el equivalente de un Power Macintosh G4 a 1 Ghz.
Lamentablemente, esta solución de upgrade o de mejora de un ordenador
no es muy conocida pero es muy interesante, ya que como mínimo le
permite alargar la vida un mínimo de dos años y trabajar con lo último
del software ofimático.
Sin embargo, un iBook, uno de los pequeños portátiles de Apple
Macintosh del 2001, venía con una placa de 128 Mb de memoria RAM y un slot de
expansión pero que no soporta más que 512 Mb. El fabricante, en su
momento, habría podido preveer poner en placa el máximo para el momento
y dejar el slot libre con capacidad para 1 Mb, de este modo una máquina
con el procesador G3 de 600 Mhz a 1,5 Mb de RAM podría ser actualizada
con el sistema operativo como el Panther y se podría disfrutar del nuevo
software nativo como las últimas versiones de Adobe. En fin, en un
mundo en el que los ordenadores son parte inevitable de nuestra vida, deberíamos interesarnos un poco más por las posibilidades de
ampliación de cara el futuro y someter a un pressing
a los fabricantes para que dieran la posibilidad de alargar la vida a
sus máquinas. Un pequeño ordenador como el SE30 o un iBook pueden
perfectamente ser útiles más de 10 años para aplicaciones poco
exigentes, con pequeñas inversiones periódicas, siempre y cuando el
diseño hubiera sido concebido para durar. Lamentablemente, vivimos en
un mundo en el que nos importa poco la durabilidad si lo conseguimos a
precio de ganga, como puede ser un portátil PC por 500 euros. |
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