El “poder ecológico” es la capacidad de internalizar y externalizar ventajas y costes ambientales
Reportajes
El “poder ecológico” es la capacidad de internalizar y externalizar ventajas y costes ambientales
Marzo de 2008 - Entrevista a Dr. Wolfgang Sachs y Dr. Tilman Santarius
Crisis
del petróleo, conflictos por el agua, inseguridad alimentaria: los
mensajes sobre recursos escasos se acumulan. Al mismo tiempo, sigue
aumentando la población mundial y cada vez más naciones, como India o
China, reivindican su innegable derecho al desarrollo. Ya hoy se exige
demasiado a la biosfera que hay; la lucha por una naturaleza
escasa influirá en las crisis del siglo XXI. Wolfgang Sachs y Tilman
Santarius recogen en el libro “Un futuro justo: recursos limitados y
justicia global” (Icaria Editorial, 2007) las reflexiones de expertos
—científicos, economistas, juristas y filósofos— del Wuppertal Institute
para analizar las situaciones en las que se producen conflictos a causa
de los recursos, plantear medidas para su distribución equitativa y
esbozar los elementos sustanciales de una política medioambiental y
económica que se comprometa por igual con la naturaleza y con la
humanidad.
El Dr. Wolfgang Sachs es director de
investigación del Instituto Wuppertal para el Clima, el Medioambiente y
la Energía (Wuppertal y Berlín, Alemania) y es conocido como editor de
"Development Dictionary". Seguidor de Ivan Illich, sus críticos
trabajos sobre la idea del desarrollo han influenciado al movimiento
verde y ecologista. El Dr. Tilman Santarius es investigador en el mismo
instituto y, juntos, han codirigido “Slow trade - sound farming: a
multilateral framework for sustainable markets in agriculture”
publicado en 2007 y, más recientemente publicado en español: “Un futuro justo: recursos limitados y justicia global” (Icaria Editorial, 2007).
Tilman Santarius y Wolfgang Sachs, codirectores de la publicación "Un futuro justo" del Wuppertal Institute
Portada de la edición en español del original en inglés "Fair future", publicado por Icaria (Barcelona, 2007)
"El
cultivo de agrocombustibles entra en competencia por tierras que son
necesarias para cultivos destinados a la cosecha de alimentos"
"La tierra pasa de emplearse en cosechas alimentarias para el consumo humano, a cosechas para alimentar al ganado"
"Los
agrocombustibles no son neutros con el clima, sino que muchos tienen
efectos negativos comparados con los combustibles fósiles"
Redacción Terra.org Barcelona, 28 de febrero 2008
1.
Decía Ivan Illich que “el socialismo sólo puede venir montado en
bicicleta”, pero ¿qué podemos hacer con un sistema de transporte
globalizado donde el café viene de América y el pescado de Sudáfrica?
¿Deberíamos ir todos en bicicleta y reformar completamente nuestro
consumo?
Wolfgang Sachs.- Primero debemos separar ciertos
conceptos: si hablamos de tener un medio de transporte que pueda ser
utilizado por todo el mundo, entonces debe ser la bicicleta, no hay
duda. Pero en el preciso instante en que entramos en una sociedad de
coche y avión, ya no resulta posible que toda la humanidad comparta el
mismo medio de transporte; no va a ser posible que todo el mundo tenga
un coche o viaje avión. En un contexto de socialismo, donde se
comparten las infraestructuras, todos vamos en bicicleta. La cita de
Illich es un principio: no todas las tecnologías pueden ser
democráticas.
Si hablamos sobre cómo organizar el transporte
internacional en un contexto de justicia global, a largo término lo que
querremos tener es menos transporte porque éste genera emisiones y
afecta negativamente el clima. El sistema de transporte global en el
futuro no va a ser como el actual, al menos no hasta estos niveles. El
objetivo es disponer de un sistema de transporte donde la gente no sea
dependiente de las importaciones. Por ejemplo, hoy en día varios países
africanos dependen de las importaciones de trigo de EEUU y Canadá y,
recientemente, los precios del trigo están subiendo muchísimo. Esta
dependencia del transporte es muy peligrosa, hace que las economías
nacionales sean demasiado vulnerables a las fluctuaciones del mercado.
2.
Que la demanda de trigo esté aumentando significa, en parte, que hay
escasez de tierras de cultivo. Pero mientras, nuestros gobiernos siguen
absurdamente promocionando los agrocombustibles. ¿Por qué nos dedicamos
a vender biodiesel y etanol?
Tilman Santarius.- El
debate de los agrocombustibles ha cambiado muy rápidamente y de forma
muy drástica durante los últimos años. Anteriormente, varias ONGs
ambientales y algunos gobiernos intentaban sustituir los combustibles
fósiles por combustibles neutros con el clima. Pero ahora el debate ha
cambiado dramáticamente porque todas las ONGs y varios gobiernos ven
que, primero, los agrocombustibles no son neutros con el clima sino que
muchos tienen efectos negativos comparados con los combustibles
fósiles. Los agrocombustibles no son mucho mejores que los combustibles
que provienen del petróleo, sino que incluso pueden ser peores para el
clima en algunos casos. Pero además, como dices, el cultivo de
agrocombustibles entra en competencia por tierras que son necesarias
para cultivos destinados a la cosecha de alimentos. Y esto es muy
grave: los combustibles están entrando en competencia directa con el
cultivos de alimentos. Pero es importante destacar que la competencia
por la tierra de cultivo existía desde antes, no ha empezado con los
biocombustibles. Ya existía escasez de tierras de cultivo debido a, por
ejemplo, la carne de consumo. Se ha empezado a sumar la demanda de
carne que consumimos en los países del Norte y la carne que cada vez
más se está consumiendo en países asiáticos. La razón principal por la
que los bosques se talan y las selvas se queman es la transformación
de las tierras de cultivo del sur. La tierra pasa de emplearse en
cosechas alimentarias para el consumo humano, a cosechas para alimentar
al ganado. El problema de la escasez de tierras de cultivo no debería
estar exclusivamente relacionada con los biocombustibles, sino que las
razones son varias y se engloban en el tipo de consumo global por el
que hemos optado.
3.
Entonces, con un Norte que cada vez quiere más y un Sur que anhela
conseguir el mismo tipo de consumo, ¿no será el factor 4 o el factor 10
un simple espejismo?
TS.- Las señales que recibimos
actualmente son bastante malas porque, de hecho, la demanda de unos
recursos que ya son escasos aumenta cada día. Cada día la población
humana reclama más petróleo, más tierras de cultivo, más carne, más
pescado… pero precisamente ésta es una de las principales razones por
las que hemos escrito “Un futuro justo”. Es fundamental redirigir el
desarrollo humano hacia una dirección diferente. Creemos que hay muchas
oportunidades para ganar la partida y formas prácticas y realistas de
hacerlo. En el libro hemos expuesto opciones sobre cómo crear un futuro
justo en el área del transporte, de la energía, etc. En diferentes
partes del mundo ya hay ejemplos funcionando y en práctica, hay sitios
donde ya hay mejores sistemas de transporte y son viables.
WS.-
No se trata de un espejismo ni de un sueño, sino de una necesidad. Y la
necesidad puede llevarnos a otro sueño, pero con otra situación
diferente de conflictos y crisis. Aunque no sepamos si puede ser
realizado, debemos tomar el riesgo de activarlo, perseguirlo y discutir
sobre ello. Y ya veremos qué pasará, la Historia dirá si tendremos
éxito o no.
4. ¿El pico del
petróleo dibujará un nuevo orden a favor de la reducción del consumo de
energía per cápita, o simplemente iremos hacia los viejos sueños de la
fusión nuclear?
WS.- El pico del petróleo primero nos
llevará a un nuevo renacimiento del uso del carbón, porque algunos
países han descubierto nuevas reservas de carbón en su territorio
nacional. El carbón es la respuesta más obvia y directa cuando el
petróleo empiece a encarecerse demasiado. Es una forma de ser menos
dependiente de la importación de petróleo. Pero el uso del carbón entra
en conflicto con el clima; es un recurso energético que levanta y
levantará rechazo ahí donde quiera usarse. En cualquier parte del mundo
donde el gobierno ha querido construir nuevas plantas de generación con
carbón se han encontrado conflictos. La segunda salida es la nuclear,
no de fusión, sino de fisión nuclear. La fusión es un viejo sueño, la
fisión es un sueño real. Y en Europa, sólo Francia y Finlandia, que
recientemente ha iniciado la construcción de una planta de generación
nuclear, son los únicos países que apuestan de verdad por esta energía.
En el resto de Europa no se está moviendo nada: Inglaterra ha anunciado
un plan pero quién sabe qué pasará, otros países están anunciando el
anuncio de planes, están sucediendo algunas sustituciones de centrales
nucleares viejas, porque en Europa el pico de la construcción fue en
los años setenta… El argumento más importante contra la implantación de
la energía nuclear también proviene del bando del cambio climático: se
tarda demasiado en construir centrales nucleares. Hacen falta entre 12
y 15 años para construir una central nuclear, y con la velocidad de
acentuación del cambio climático no nos podemos permitir esperar tanto
tiempo. Y aún así, si construyes múltiples plantas nucleares, se trata
sólo de una fracción de la energía que necesitamos. En conclusión, la
combinación del ahorro de energía -el aumento de la eficiencia- y el
empleo de las tecnologías renovables es la solución con mayor
potencial: es la solución más rápida, más factible y es más barata.
5.
¿Tiene algún sentido el concepto de Nación-Estado cuando los problemas
ambientales globales no reconocen fronteras nacionales? El quid de la
globalización se centra en que las personas tiendan a vivir en
sociedades menos cerradas, pero esta apertura de fronteras crea cierto
sentimiento de vulnerabilidad. ¿La justicia global apoya esta situación
de apertura de fronteras?
WS.- No en todos los
contextos, porque creo que la justicia global no dejaría abrir las
fronteras bajo cualquier condición. El trabajo de la justicia será
crear cierta confianza en la política, en la capacidad de gestionar
nuestros propios asuntos de una forma razonable. Y esto requiere y
necesita de una política, necesitamos una comunidad política. Pero ¿qué
es la comunidad política? En este momento de la Historia la unidad
básica es la Nación-Estado; estamos organizados, para bien o para mal,
en Estados y los Estados tienden hoy a adoptar la forma de
Nación-Estado, y en base a esta unidad se organiza la política actual
habitual. Pero necesitamos una organización política diferente para
gestionar y hacer funcionar nuestros asuntos como comunidad.
Necesitamos cierta estructura política para poder creer en nuestra
capacidad de gestionar nuestros asuntos comunes juntos.
6.
La esclavitud fue legalmente abolida hace más de un siglo, sin embargo
¿no seremos nosotros los nuevos esclavistas, cuando tratamos de
consumir cada vez más barato?
TS.- Tengo reticencias a
emplear el término nuevo esclavismo porque la definición de la
esclavitud incluye la propiedad del trabajador, y esto no sucede de
forma habitual hoy en día, al menos por lo que yo conozco. Creo que el
problema es más el aumento de la explotación de los trabajadores, con el
establecimiento de redes de producción transnacionales, maquilas en
India, minas de cobre en Suráfrica… lo que quieras imaginar. Creo que
la explotación aumenta, pero también debemos reconocer que en algunas
partes del Sur esto se ve como una oportunidad. Alguna gente sólo puede
optar entre no-trabajar o un trabajo en la maquila o en la mina. No se
trata de eliminar la producción del Sur para el Norte, es más una
cuestión de establecer estándares, de combinar los derechos humanos con
los derechos laborales de trabajo, ambientales, de salud, además de
promover salarios justos y préstamos justos. Éste es el camino hacia el
que ir.
7. Nos dicen que
deberíamos tomar café de comercio justo; ¿pero la cuestión no sería más
bien dejar de beber café cada día o tomarlo sólo una vez a la semana?
¿No deberíamos pagar el café al precio de un whisky escocés añejo?
WS.-
No veo por qué las dos perspectivas deban excluirse entre ellas ya que,
incluso si reduces el consumo de café, deberías seguir tomando café de
comercio justo, ya que es algo positivo. A un nivel más general, este
problema que indicas aparece de forma diferente actualmente, por
ejemplo, en el empleo del prefijo “bio”. El término está de moda y se
aplica en múltiples formas, incluso muchas empresas añaden el prefijo
“bio” a sus productos, sea o no verdad, porque hay un elemento ahí:
está claro que la gente se siente mejor comprando algo “bio”. Este
elemento de marketing, sea “bio”, “justo” o “eco”, anima la compra,
anima el shopping, anima el consumo. Y aunque esto no debería ser razón
para ir en contra de los productos “bio”, este elemento de
contradicción está ahí, hay una cierta tensión, no hay duda de ello...
8.
Entonces, ¿es posible que el comercio justo esté perpetuando de alguna
manera la injusticia global, aunque mejore las condiciones de vida de
los campesinos que los cultivan?
TS.- No es un problema
consumir mucho café, a lo mejor podría entrar en competencia con otras
tierras, pero en el caso del café no sucede porque los árboles de café
son bastante viejos y emplean cierto tiempo hasta que se puede
recolectar una cosecha. Incluso a medio plazo se podrían imaginar
plantaciones de café con otros cultivos entremedio…
WS.- Es
una ilusión pensar que podemos reducir nuestro consumo a cero en los
términos del decrecimiento. La cuestión sobre la calidad de los
productos de consumo, sea un consumo más grande o más pequeño, es
diferente. En conclusión: reducir el consumo y consumir productos de
consumo justo, las dos cosas.
9. Contracción y convergencia. ¿Quién establece la línea del equilibrio: el Estado, la libertad individual, la ética global?
TS.-
La ciencia. El IPCC (International Planet for Climate Change)
directamente nos dice que un calentamiento de la atmosfera de más de
dos grados centígrados genera unas amenazas dramáticas a la vida de los
ecosistemas. Si nos quedamos en un incremento menor de 2 ºC en el
calentamiento global, la ciencia nos dice que podremos lidiar con las
amenazas que se acontecerán. Creo que este es un buen indicador de la
línea de equilibrio, y los gobiernos han empezado a aceptar que deberán
crear políticas para estar por debajo de este límite. Una vez dispones
de este valor límite puedes calcular cuántas emisiones corresponden a
cada persona del planeta, puedes establecer unas emisiones per cápita
sostenibles.
10. Si
queremos mantener ciertas condiciones de bienestar, necesitamos reducir
la natalidad. Es decir, reducir la huella ecológica a 2,5
ha/persona/año, lo que sería repartir 11.000 millones de hectáreas
entre menos de 6.000 millones de personas. Desde su punto de vista, ¿es
ético limitar el crecimiento de la población humana para seguir los
límites de la huella ecológica?
WS.- No, no es ético
controlar la natalidad. Porque si te sitúas a una escala mayor,
controlar la población mundial significaría que hemos convertido a la
gente en instrumentos. Y esto es éticamente inadmisible. Por esta razón
siempre soy muy cuidadoso en términos de introducir la población como
parte de las ecuaciones. A nivel agregado, decir que podemos
permitirnos ciertos niveles de población según regiones, no creo que
sea ético. Pero esto es diferente cuando bajamos al nivel familiar,
entonces se puede hablar de ajustes para la unidad familiar, pero de
forma íntima, no política.
Aunque sobre el tema de la
población -dejando de lado que no tenemos demasiada gente sino
demasiados americanos, demasiados alemanes, demasiados españoles…
demasiados con un estilo de vida y de consumo no sostenible-, dejando de
lado esto, mi punto de vista es que la cuestión de la población global
está ya terminada, porque se espera que el pico de la población humana
sea entre 2040 y 2050. Esto será en unos 40 años, la mayor parte de
aquéllos que van a tener hijos ya están vivos hoy, y no hay muchas más
posibilidades de que haya un nuevo pico en la población humana hasta
entonces. Y luego, se estarán cuidando ellos mismos. Tenemos un boom de
población menor del que tuvimos en los 70, mucho menor, y tal como
Japón o Alemania hoy, países jóvenes como China mañana tendrán que
enfrentarse al envejecimieto de su población. Y éste es uno de los
destinos de China de los que muy poca gente habla hoy en día: en 40
años China será una sociedad extremadamente vieja, con 1000 millones de
viejitos chinos pensionistas... ¡imagina eso!
11.
Estamos tratando de ir en contra de lo que Nicholas Georgescu Roengen
ya anunció como inevitable: el decrecimiento. ¿No será el movimiento
por el decrecimiento comparable con la sociedad Greco-Romana que hizo
posible el Renacimiento?
WS.- Al final de nuestro libro
planteamos el tema de quiénes somos “nosotros”, los que argumentamos y
tratamos de lidiar con la escasez de recursos y la justicia global:
nosotros somos europeos. En cien años, los europeos seremos muy poquita
gente, a lo mejor el 5 o el 6 % de la población mundial…Entonces, ¡¿de
qué estamos hablando?! Es una civilización que está desapareciendo; a
finales de este siglo, ¿quién hablará de ti? Pero, y este es el punto
importante, el imperio romano y la civilización romana, después del año
500 - 600 estaba prácticamente muerta, acabada. Sin embargo, su cultura
retornó, renació en la época del Renacimiento y muchas de sus ideas,
filosofía, derecho, etc. se convirtieron en prácticas efectivas en la
Historia, a pesar de que el imperio romano ya había desaparecido.
Esperemos que algo así suceda con Europa. Europa desaparecerá de la
historia a finales de este siglo, pero esperemos que algunas de las
ideas europeas sobrevivirán.
Así que sólo si Europa consigue
organizar la transición hacia un estilo de vida más sostenibles, si lo
hacemos posible para nosotros, a lo mejor sobreviviremos; aunque la
civilización europea sea cada vez menos y menos importante.
12.
A veces parece que la Historia humana repite errores en su relación con
el poder, el medio ambiente, con las sociedades vecinas, con las
economías vulnerables… ¿Qué deberíamos haber aprendido ya, en el siglo
XXI, para afrontar con cierto optimismo los retos que el cambio
climático nos plantea?
WS.- El “poder” en términos
ecológicos es la capacidad de internalizar y externalizar ventajas y
costes ambientales respectivamente. De ahí que estemos generando una
forma de autoengaño entre los países acomodados: las etapas más
contaminantes de una cadena de producción internacional se asientan en
las regiones con menor desarrollo económico. Se trata sólo de una
ilusión; no estamos eliminando la contaminación ni desmaterializando
procesos productivos al nivel que nos hacen creer algunas empresas.
Mientras el poder y la influencia se ejerzan en el círculo local o
nacional, no habrá una razón especial para que hombres y mujeres
orienten sus actuaciones hacia el bienestar de naciones remotas… Pero
en la época de la globalización, el mundo se aproxima y habrá que
empezar a optar entre justicia preventiva o guerra preventiva. Y ya lo
dijo Pericles 500 años aC: la cuestión no es predecir el futuro, sino
estar preparado para él. Precisamente de la aplicación de una justicia
global justa y equitativa dependerá que surja una sociedad mundial,
basada en la fuerza de la ley. O que acabemos en un despotismo
internacional, basado en la ley del más fuerte.