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Título original: Heat
Autor: George Monbiot
Editorial: RBA Libros
Año de publicación: Barcelona, 2008
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Calor. Cómo parar el calentamiento global
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Propuestas para reducir el 90 % de las emisiones con efecto invernadero
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Los libros sobre el cambio climático crecen como las setas otoñales. Desde que Al Gore iniciara la cruzada contra este problema global, las propuestas para documentar el tema se multiplican. Calor, cómo parar el calentamiento global de George Montbiot podría ser uno más. Sin embargo, George Monbiot, columnista del periódico británico The Guardian,
es una autor que se caracteriza por su contundencia políticamente
incorrecta sobre este problema global. Algo a lo que ni el mismísimo Premio
Nobel de la Paz 2008 se atreve. “Si
se destruye la biosfera, serán personas bienintencionadas las
responsables que aceptan el hecho de que deben reducir las emisiones,
pero no están dispuestas a cambiar ni un ápice su modo vida. A los
gobiernos no les interesa cuestionar nuestras ilusiones. Si sus
aspiraciones y las nuestras difieren demasiado, pierden las elecciones.
No van a actuar con contundencia hasta que nosotros les demostremos que
hemos cambiado”. Así que George Monbiot, con su característico
desparpajo, nos aporta un libro en el que nos intenta demostrar que
tenemos la posibilidad de reducir hasta el 90 % de las emisiones si nos
lo proponemos.
A partir de esta hipótesis el autor explora cómo deberíamos afrontar
los cambios en cada uno de los ámbitos. "Dudar de que hoy el cambio
climático causado por el hombre se está produciendo, es prescindir de la
ciencia y recurrir a otros modos de interpretar el mundo, a la alquimia
o la magia quizás", afirma. Y por eso, el autor no se amedrenta en
denunciar las causas por las cuales hemos tardado tanto en actuar: “una
de ellas es que las cosas que consideramos buenas –incluso moralmente
necesarias- ahora tenemos que verlas como malas"; y lo ilustra con los
llamados “kilómetros de cariño”, o sea la distancia que hay que recorrer
para ver a amigos, compañeros y parientes al otro extremo del planeta,
por lo que el “cariño puede destruir el mundo”. Y, por ello, aboga por el
racionamiento del carbono para estimular la demanda de tecnologías de
misión baja en carbono, como el transporte público y las energías
renovables.
En cada capítulo se adentra en algunas de las propuestas que, según su
parecer, pueden contribuir a la reducción de este necesario 90 % de las emisiones. Pero no ceja en advertir que incluso postulados
aparentemente beneficiosos pueden ser perniciosos. Así, documenta el Postulado Khazzoom-Brookes
según el cual, al mejorar la eficiencia energética, resulta que la gente
puede usar la misma cantidad de energía para producir más servicios, por
lo que en un mercado libre la eficiencia energética puede incrementar
el empleo de energía. Y por eso reclama un sistema de racionamiento de
las emisiones, el cual procuraría un incentivo constante para buscar
mejores aparatos y los fabricantes, aunque no estuvieran sujetos a
restricciones normativas, intentarían ofrecerlos al público, aunque éste
sólo puede elegir correctamente si sabe exactamente lo que compra, una
realidad todavía lejana. No se muerde la lengua y, aunque sin darles apoyo, advierte sobre la necesidad de una reflexión respecto a las energías
renovables, ya que en los primeros quince años de su funcionamiento en
el Reino Unido la energía nuclear recibió cuarenta y cinco veces más en subvenciones que la energía eólica en el mismo período. Y por tanto, es
imprescindible asumir que estamos en una crisis, por lo que los
gobiernos deberían facilitar la transformación económica, como se
produjo frente a la crisis de la invasión nazi.
El libro de Monbiot va reflexionando sobre todos los ámbitos donde podemos
reducir emisiones, en especial en el sector aéreo y hasta en la
producción de artículos en nuestras fábricas. Y no falta su
contundencia con afirmaciones tales como que “si
no se hace algo para atajar el crecimiento de la aviación, ésta puede
echar por tierra todos los recortes que podamos hacer en otros sectores”. También es prolífico en ideas tales como la de promover la
compra por internet en lugar de ir a coger los artículos de las
estanterías de los supermercados, para que éstos se ditribuyeran
directamente desde el un almacén que no tuviera que tener las
“condiciones de iluminación y refrigeración ineficiente” para hacerlos
atractivos. En cualquier caso, como dicen algunos críticos, si bien es
una lectura obligatoria, en algunos capítulos puede resultar brillante y
terrorífico a la vez, por lo que “es con diferencia el mejor libro sobre
el cambio climático”. Algo que remata el último capítulo del libro
titulado “Un apocalipsis postergado”.
De este último capítulo, y a modo de aperitivo para animar a su lectura,
que consideramos imprescindible, reproducimos algunas de sus
afirmaciones más relevantes por su mordacidad y clarividencia a la vez.
“Ayudar a los pobres a comprar mejores bombillas no es una alternativa
a los viajes en avión (como sistema de compensación). Hay que
abstenerse de volar y ayudar a los más pobres a comprar mejores
bombillas. Comprar y vender proyectos contra el carbono es como mover
la comida por el plato para dar la sensación de que se ha comido…Para
luchar contra el cambio climático debemos no sólo luchar contra las
petroleras, las compañías de aviación y el Gobierno de los países
ricos: hay que luchar contra nosotros mismos… Los políticos harán
sesudos discursos sobre la amenaza al planeta y la necesidad de actuar.
Anunciarán que es un asunto de tal importancia que trasciende las
habituales diferencias políticas y requiere consenso de todos los
partidos. Instarán a unirse y hacer frente a la gran amenaza, que es
muy difícil avanzar, y que la decisión sobre lo que debe hacerse tiene
que volver a postergarse… Los gobiernos seguirán con esta política de
inacción –independiente de los impactos para los seres humanos-
mientras resulte políticamente menos costoso que la alternativa. La
tarea de los activistas contra el cambio climático es hacerlo lo más
caro posible. Es decir, abandonar el hábito mental en el que casi todos
hemos caído en los últimos diez años, aproximadamente, de pensar que
alguien va a hacerlo por nosotros… Porque la campaña contra el cambio
climático es muy extraña. A diferencia de todas las protestas públicas
que la han precedido, es una campaña no para pedir abundancia, sino
austeridad. Es una campaña no para obtener más libertad, sino menos. Y
lo más extraño de todo es que es una campaña no contra otros, sino
contra nosotros mismos”.
Creemos que estos fragmentos son más que suficientes para avalar la
importancia de este libro y su lectura como un referente imprescindible
en la lucha contra el cambio climático. O sea que como colofón, no
podíamos encontrar mejor frase que “una tonelada de carbono ahorrada
hoy es mucho más valiosa, para impedir el cambio climático, que una
tonelada ahorrada dentro de veinte años…”. La austeridad deberá
presidir cualquier lucha contra el cambio climático.
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