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La fabricación de las botellas de plástico de agua para los estadounidenses cuesta 17 millones de barriles de petróleo/año (fuente: Wikipedia)
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7 de diciembre, 2007. La conferencia de alcaldes de Estados Unidos, que representa unas 1.100 ciudades americanas, discutió en su reunión de junio de 2007 la ironía de comprar el agua embotellada para los empleados de la ciudad y para ciertas funciones municipales mientras que al mismo tiempo trataban de publicitar la calidad del agua de grifo municipal. El grupo aprovó una resolución liderada por los alcaldes Gavin Newsom de San Francisco, Rocky Anderson de Salt Lake City y R. T. Rybak de Minneapolis, que llamaba a examinar las consecuencias para el medio ambiente del agua en botellas. La resolución argumentaba que con US$ 43.000 millones al año destinados a proporcionar agua potable limpia a todas las ciudades del país, "los sistemas municipales de agua de Estados Unidos están entre los de más calidad del mundo."
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Los alcaldes estadounidenses cargan contra las botellas de agua
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Mientras que la Conferencia de los alcaldes se quedó corta en tratar de
frenar que el dinero del contribuyente acabe llenando las cajas
registradoras de los embotelladores de agua, un número creciente de
ciudades se está dirigiendo hacia ese objetivo. Los Ángeles, que ha
restringido la compra de agua embotellada con fondos de la ciudad desde
1987, ahora está más acompañada. A finales de 2007, comprar el agua en
botellas quedará fuera del presupuesto para los departamentos y las
agencias de San Francisco, ahorrando medio millón de US dólares cada
año y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. St.
Louis se postula para prohibir las compras de botellas de agua para los
empleados de la ciudad a principios de 2008.
En el lanzamiento
de la campaña internacional de responsabilidad corporativa “Think
Outside the Bottle” en octubre, el alcalde Anderson de la ciudad de
Salt Lake City describió la "absurdidad total y la irresponsabilidad
económica y ambiental de comprar y de usar el agua en botella cuando
tenemos fuentes municipales perfectamente buenas y seguras de agua del
grifo". El alcalde impulsó a departamentos gubernamentales y
restaurantes de la ciudad para frenar la compra de agua embotellada.
En
noviembre, el consejo de la ciudad de Chicago, lidiando con el
crecimiento de los vertederos y un presupuesto municipal justo, puso un
impuesto de 5¢ de US$ por cada botella de agua vendida en la ciudad
para desalentar el consumo. El mismo mes, a las agencias del estado de
Illinois les fue prohibido comprar agua embotellada con los fondos del
gobierno. Con un 86 % de las botellas de agua usadas en Estados Unidos
que acaban en basura o en el suelo en vez de reciclarlas, cambiar de la
botella al grifo ayuda a aliviar la carga de la basura.
La
ciudad de New York está impulsando a sus residentes a beber agua del
grifo, que se filtra de forma natural en la región protegida del bosque
de Catskill. En Kentucky, el servicio público de agua de Louisville
reparte las botellas gratis para que los residentes las llenen de "Puro
Grifo". Docenas de otros gobiernos locales están impulsando el consumo
del agua del grifo y estudiando la prohibición de las botellas. (véase
la lista de otras ciudades e iniciativas) |
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Gran parte del agua embotellada es agua del grifo procesada
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Las campañas
promocionales de agua del grifo habrían parecido pintorescas hace
algunas décadas, cuando el agua en botellas era una rareza. Tales
esfuerzos son necesarios ahora para contrarrestar el penetrante marketing
que ha hecho que los consumidores pierdan la fe en el grifo. De hecho,
más de un cuarto del agua que se vende en botella es simplemente agua del grifo
procesada, incluyendo Aquafina y Dasani de Coca-Cola. Cuando Pepsi
anunció en julio que etiquetaría claramente su agua de Aquafina como de
una "fuente de agua pública", sin ninguna duda sorprendió a muchos que
creían que las botellas con etiquetas con imágenes de montañas o
prístinos glaciares entregaban un producto de calidad superior.
A
pesar de los cada vez menos frecuentes controles de calidad y el origen
a veces más que corriente del producto, el consumo de agua en botella ha
aumentado. El consumo anual en Estados Unidos en 1976 era de menos de 7
litros y medio para cada hombre, mujer, y niño; unos 30 años más tarde,
en promedio cada uno de los americanos bebe ahora cerca de 113,5 litros
de agua en botella al año. (véase los datos) |
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Los costes del agua embotellada
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Toda esta
hidratación cuesta a los estadounidenses más de US$15 mil millones al
año. El precio de las botellas de agua individuales alcanza hasta los
varios dólares por galón (y más para las marcas de diseño), mientras
que el agua del grifo se entrega directamente a los hogares y a las
oficinas por menos de un penique el galón (1 galón estadounidense =
3,785 litros). La gente que se queja porque el precio de la gasolina ha
alcanzado los US$3 el galón (0,51 €/litro) puede comenzar a preguntarse
por qué está pagando aún más por el galón de agua embotellada.
Con
las ventas creciendo un 10 % cada año, mucho más rápidamente que
cualquier otra bebida, el agua en botella parece ser ahora la bebida
escogida por muchos estadounidenses, - tragan más agua embotellada que
leche, zumos, cerveza, café, o té (véase los datos). Mientras algunos
analistas industriales están contando con el agua embotellada para
superar las bebidas suaves carbónicas en lo alto de las tablas de
ventas en un futuro cercano, el floreciente movimiento “back
to the tap” (volver al grifo) puede invertir esta tendencia.
A
diferencia del agua de grifo, que se entrega a través de una
infraestructura económica en términos de energía, el agua en botella es
un producto increíblemente derrochador. Se empaqueta generalmente en
botellas plásticas individuales fabricadas con combustibles fósiles.
Sólo la fabricación de los 29 mil millones de botellas de plástico
usadas para el agua de Estados Unidos cada año requiere el equivalente
de más de 17 millones de barriles de petróleo crudo.
Después
de ser llenadas, las botellas pueden viajar lejos. Casi un cuarto del
agua embotellada cruza las fronteras nacionales antes de alcanzar a sus
consumidores, y parte del caché de ciertas marcas de agua embotellada
es su origen lejano. A modo agregado, las estimaciones del Pacific
Institute revelan que la energía usada para bombear y procesar, el
transporte y la refrigeración, conlleva una huella anual de combustible
fósil debido al consumo de agua en botella de Estados Unidos por encima
de 50 millones de barriles de petróleo equivalente, suficientes para
mantener en funcionamiento 3 millones de coches durante un año. Si todo
el mundo bebiera tanta agua en botella como hacen los estadounidenses,
el mundo necesitaría el equivalente de más de mil millones de barriles de
petróleo para producir cerca de 650 mil millones de botellas
individuales.
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El agua embotellada en el resto del mundo
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La preocupación por este alto uso de energía y
su contribución al cambio climático, junto con la preocupación por la
basura generada, está conduciendo a muchos grupos a usar el agua del
grifo de nuevo. La United Church de Canadá es uno de los grupos
religiosos que abandonaron el agua embotellada por razones morales. En
el distrito de la escuela de Berkeley ya no se ofrece más agua
embotellada. Y después de ver 3.000 botellas vacías apiladas cada
semana, la firma de abogados de Nashville, Bass, Berry & Sims ha
parado de almacenar agua en botellas de plástico en sus oficinas.
Los
Europeos han liderado el mundo, de largo, en consumo de agua en botella
por persona. Italia encabeza la lista mundial, con los italianos
bebiendo más de 200 litros por persona en 2006. Italia es seguida de
cerca en consumo per capita de agua embotellada por los Emiratos Árabes
Unidos y México, seguidos por Francia, Bélgica, Alemania, y España
(véase los datos).
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El boicot al agua embotellada se extiende por todo el mundo
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Pero incluso en Europa occidental la
botella de agua está comenzando a perder fuerza. Roma, una ciudad con
muchas fuentes históricas, está promoviendo su agua del grifo. El
consejo de la ciudad de Florencia, las escuelas, y otras oficinas
públicas ofrecen solamente el agua de la ciudad. En el Reino Unido,
Hacienda y el Department of Environment, Food and Rural Affairs han
dejado de ofrecer agua en botella en los actos oficiales. Se prevén
reducciones de ventas de agua embotellada en Escandinavia debido al
crecimiento de la preocupación ambiental.
Incluso Francia,
hogar de Evian, está viendo un retroceso de ventas. Durante una campaña
de promoción del agua del grifo en París en 2005, la empresa de
servicios públicos del agua repartió garrafas de cristal rellenables.
Ahora el alcalde de París Bertrand Delanoë sirve solamente agua del
grifo en los acontecimientos oficiales y anima a otros que hagan igual.
Las ventas de agua embotellada en Francia cayeron en 2004 y 2005, pero
reflotaron en 2006.
Un frenazo y descenso de las ventas podría
ser la tendencia futura a medida que el movimiento de boicot a la
botella de agua toma velocidad. Con más de mil millones personas
alrededor del globo que todavía carecen de acceso a una fuente segura y
fiable de agua, los US$100.000 millones que el mundo gasta en agua
embotellada cada año se podrían destinar a un mejor uso, y crear y
mantener una infraestructura pública segura de agua alrededor del
mundo. |
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