
|
 |
Compensar
totalmente nuestro impacto ambiental es realmente difícil, si no
imposible. Una tonelada de carbono ahorrada hoy es mucho más valiosa
para evitar el calentamiento global que una tonelada ahorrada dentro de
veinte años. La austeridad debería presidir la lucha contra el cambio
climático, y los proyectos de compensación de emisiones sólo tienen
lógica ambiental si van precedidos por acciones reales de reducción y
tienen consecuencias ambientales favorables. |
|
 | Tomar
vacaciones en lugares no alejados y en equipamientos de ecoturismo es
una buena forma de ahorrar emisiones y ganar en calidad de vida.
|
|
|
|
|
Reducir antes de compensar
|
Muchas
veces no hay más remedio que consumir energía y emitir CO2. Pero hay
acciones que pueden evitar y, por tanto. equilibrar, en cierto modo, parte de las emisiones
que podamos generar.
Compensar totalmente nuestro
impacto ambiental es realmente difícil, si no imposible. Cuando
consumimos energías fósiles estamos agotando, rápidamente, un
capital que la naturaleza ha tardado miles de millones de años en
acumular. Los ritmos de absorción de CO2 de, por ejemplo, la vegetación
no pueden igualar en ningún caso la velocidad a la que nosotros
emitimos los gases que provocan el efecto invernadero. Si considerásemos
los ciclos naturales y la escala de tiempo geológica, la acción de las
plantas podría ser asimilable tan sólo a una reserva de carbono de
carácter temporal.
Debemos pues tomar
decisiones para evitar el consumo energético innecessario. Hay que entender que la crisis ambiental generada por las
sociedades humanas en el último siglo va más allá del calentamiento
global, y son necesarios esfuerzos en otros ámbitos además del de la simple
reducción de las emisiones de carbono. En este contexto, muchas de las
medidas propuestas como acciones de “compensación” de las emisiones de
carbono trabajan con tecnologías apropiadas y sostenibles a largo plazo,
como las energías renovables, o reportan beneficios ecológicos diversos
como la recuperación de zonas boscosas. Así, pese a que la
“compensación” no sea posible, si estos proyectos de reducción de
emisiones van precedidos por acciones reales de reducción y tienen
consecuencias ambientales favorables valdría la pena ponerlos en
práctica.
A continuación, se comentan diferentes opciones de
“compensación”, entre las que se cuenta la compensación económica, pero
también otros enfoques destinados a tratar de equilibrar las emisiones
personales que no podemos reducir.
|
|
| Reparto de la ración de carbono personal: la importancia del total |
A
veces hay aspectos de nuestra vida que no podemos cambiar de ninguna de
las maneras, como realizar viajes relativamente frecuentes por motivos
de trabajo o familiares. Sin embargo, en muchos otros aspectos de
nuestra vida cotidiana podemos introducir hábitos que permitan reducir
sustancialmente nuestro impacto de CO2. Por ejemplo, en el día a día
podemos movernos a pie o en bici y ahorrar energia en casa, para
equilibrar de este modo las emisiones asociadas a un transporte que no
podemos cambiar y reducir así nuestra ración “total” de carbono.
|
|
| Restitución con energías renovables |
| Poder
disponer de una pequeña instalación para generar energía renovable en
la vivienda (fotovoltaica, térmica…), utilizar cargadores solares,
aprovechar la biomasa local y de aprovechamiento forestal sostenible,
o participar en instalaciones colectivas de energías renovables, son un
modo de restituir con energía limpia la energía sucia que hemos tenido
que consumir. Por cada kilowatio que contribuimos a generar con
energías renovables se ahorra casi medio quilo de CO2. |
|
| "Compensación" económica |
Hay
iniciativas que cuantifican económicamente las cantidades de CO2
emitidas y luego uno puede invertir con dinero en proyectos que favorecen el ahorro de
energía, las energías renovables o la plantación de árboles y
vegetación.
Existen cada vez más empresas dedicadas a ofrecer
este tipo de “compensación”. Los proyectos de reducción de emisiones
que se incluyen como medidas de compensación dentro del llamado marco
regulado (es decir, las compensaciones que realizan las empresas que
estan obligadas a ello por norma, según el Protocolo de Kyoto) son
verificados por las Naciones Unidas. En cambio, en el marco voluntario,
en el que tienen cabida las iniciativas de empresas o particulares que
quieren compensar sus emisiones pese a no estar obligados a ello, no
hay un control por parte de un órgano certificador. En esta última opción, hay que
apostar por entidades o proyectos con un cierto reconocimiento, para
tener la seguridad de que realmente el dinero que uno invierte se
destina a proyectos reales destinados a la reducción de emisiones reales.
Las
reducciones de emisiones “compradas” no tienen ninguna lógica ambiental
si sólo pretenden hacer un lavado verde de cara sin asumir que hay que
realizar un cambio de fondo. No es lo mismo que una persona “compense”
con un gasto económico todas las emisiones de sus viajes en avión, que
que esta misma persona decida viajar menos en avión y más en tren, y
entonces promueva proyectos de reducción de emisiones con una
aportación económica para reequilibrar las emisiones que no ha podido
dejar de hacer.
Promover proyectos positivos ayuda a avanzar
hacia la sostenibilidad, pero no puede ser la única solución: el
planeta necesita que reduzcamos el consumo y cambiemos de hábitos. La
compensación sólo puede ser aceptable cuando previamente ya se ha hecho
todo lo posible para reducir. Pensemos que una tonelada de carbono ahorrada hoy
es mucho mas valiosa para evitar el calentamiento global que una
tonelada ahorrada dentro de veinte años. La austeridad vital debería ser la actitud global que presidiera
la lucha contra el cambio climático.
|
|
| "Compensación" por acciones |
Otra
visión del concepto de “compensar” emisiones de CO2 sería la valoración
de nuestros desplazamientos o actividades consumidoras de energia como
acciones que podrían tener un efecto de reducción neta real de
emisiones. Un ejemplo sencillo sería el de desplazarnos en coche para
tener una conversación inspiradora con un usuario habitual de coche
privado, que provoca que a partir de entonces abandone el coche y
reduzca su huella de carbono. Pensemos que dar ejemplo es la mejor
opción para impulsar cambios destinados a reducir el uso de recursos.
Otro ejemplo sería la reparación de objetos o el reciclaje: destinamos
unos recursos energéticos y materiales pero en el total se ahorran
muchos más.
|
|
| Bosques, árboles y plantas |
Los
proyectos de plantación de árboles o reforestación de zonas degradadas
son algunos de los proyectos más habituales para “compensar” emisiones.
Se trata de favorecer sistemas vivos que ayuden a absorber CO2 y, por
tanto, a estabilitzar las concentraciones de este gas de efecto
invernadero a la atmósfera. Además, los árboles tienen un valor
estético, sentimental y social que los hace especialmente adecuados
para convertirse en símbolos de la “compensación” de emisiones.
Sin
embargo, por ello también se corre el riesgo de que los discursos se
vuelvan simplistas, ya que la “compensación” total, como se ha visto,
no sería posible. El ritmo de captación del CO2 por parte de la
vegetación es más lento que el de nuestras emisiones, y los árboles són
sólo reservas temporales de carbono. Por eso, no son una solución única
y definitiva, y el papel de los bosques como sumidero para mitigar las
emisiones de CO2 es limitado. Sin embargo, los árboles tienen muchas
otras funciones ecológicas necesarias para la continuidad de la vida y
las sociedades humanas: mantener la biodiversidad, generar oxígeno y
suelo fértil, hacer mover el agua en su ciclo sin fin… Deberían ser
motivos suficientes para promover reforestaciones en las que los
árboles no sean simples reservas de madera.
A nivel
personal, se puede practicar la plantación de vegetación, participar en
las iniciativas de reforestación de organizaciones dedicadas a ello, o
valorar los servicios de empresas dedicadas a la plantación y cuidado
de árboles como estrategia para aprovechar los bienes naturales del
bosque de manera sostenible y con un rendimiento económico.
En
resumen, la verdad ineludible es que en primer lugar es necesario que
reduzcamos las emisiones de efecto invernadero. Entonces, pese a que
los sistemas de “compensación” o reequilibrio de emisiones personales o
de empresas no son una solución a largo plazo para la mitigación del
cambio climático, sí es positivo el hecho de que, como gesto contra el
calentamiento global, ayuden a llevarse a la práctica proyectos
beneficiosos a largo plazo para la sostenibilidad del planeta.
|
|