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Las reservas mundiales de grano están disminuyendo.
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El aumento de la demanda de carne está incrementando también la demanda de grano.
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La demanda del trigo está aumentando por todo el mundo.
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16 de abril, 2008 .-
El mundo no ha experimentado nada parecido a esto antes. A la vista del
aumento de los precios de los alimentos y de la propagación del hambre,
el orden social se está empezando a romper en algunos países. En varias
provincias de Tailandia, por
ejemplo, roban la cosecha de arroz de los campos durante la noche. En
respuesta, los aldeanos tailandeses con campos alejados del pueblo
vigilan los campos de arroz por la noche con escopetas cargadas.
En Sudán,
el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), que se
encarga de suministrar grano a dos millones de personas en los
campamentos de refugiados de Darfur, se enfrenta a una difícil misión.
Durante los tres primeros meses de este año, 56 camiones cargados de
grano fueron secuestrados. Hasta el momento, sólo 20 de los camiones
han sido recuperados y unos 24 conductores se encuentran todavía en
paradero desconocido. Esta amenaza al suministro de alimentos de la ONU
a los campamentos de Darfur ha reducido a la mitad el flujo de
alimentos en la región, lo que plantea el fantasma de la hambruna si
las líneas de suministro no pueden estar garantizadas.
En Pakistán,
donde los precios de la harina se han duplicado, la inseguridad
alimentaria es una preocupación nacional. Miles de soldados
paquistaníes armados han sido asignados a la vigilancia de los
montacargas de grano y a acompañar a los camiones que lo transportan.
Los disturbios por alimentos son cada vez más frecuentes. En Egipto,
las líneas de pan en las panaderías que distribuyen el pan
subvencionado por el estado son a menudo escenario de luchas. En
Marruecos, 34 manifestantes por comida fueron encarcelados. En Yemen,
los disturbios por comida resultaron mortales, llevándose por lo menos
una docena de vidas. En Camerún, docenas de personas han muerto en los
disturbios por alimentos y cientos han sido detenidos. Otros países que
sufren disturbios por alimentos incluyen Etiopía, Haití, Indonesia,
Mexico, Filipinas y Senegal. (Ver más ejemplos de los precios de los
alimentos afectados)
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Escasez de alimentos
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La duplicación del precio mundial de trigo,
arroz y maíz ha reducido significativamente la disponibilidad de ayuda
alimentaria, poniendo a los 37 países que dependen de la ayuda
alimentaria de emergencia de los PMA en situación de riesgo. En marzo,
el PMA emitió un llamamiento urgente por US$ 500 millones adicionales
de fondos.
En todo el mundo está surgiendo una política de
gestión de la escasez alimentaria. Fundamentalmente, esto implica la
restricción de las exportaciones de granos de países que quieren
controlar el aumento de los precios de sus alimentos nacionales. Rusia,
Ucrania y Argentina se encuentran entre los gobiernos que actualmente
están restringiendo las exportaciones de trigo. Los países que
restringen las exportaciones de arroz también incluyen Vietnam, Camboya y
Egipto. Estas restricciones a la exportación generan simplemente un
incremento de los precios en el mercado mundial.
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Aumento de la demanda y reducción de la oferta
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El ya crónico
escaso suministro de alimentos al que el mundo se enfrenta ahora está
impulsado por el efecto acumulativo de varias tendencias bien
establecidas que están afectando tanto la demanda mundial como la
oferta. Por el lado de la demanda, las tendencias incluyen la continua
adición de 70 millones de personas por año a la población del planeta,
el deseo de unos 4 millones de personas para desplazarse hacia arriba
en la cadena alimentaria y que consumen más productos de ganadería
intensiva en grano, y la reciente fuerte aceleración en los EE.UU. en
el uso de cereales para producir etanol de automóviles. Desde 2005, esta
última fuente de demanda ha elevado el crecimiento en el consumo anual
mundial de cereales de cerca 20 millones de toneladas a 50 millones de
toneladas.
Mientras tanto, del lado de la oferta, hay pocas
nuevas tierras que puedan ararse a menos que se talen los bosques
tropicales en las cuencas del Amazonas y del Congo, o en Indonesia, o
se limpien tierras en el cerrado brasileño, una región parecida a la
sabana en el sur de la selva amazónica. Por desgracia, esto tiene
profundos costes ambientales: la liberación del carbono secuestrado, la
pérdida de especies vegetales y animales, las precipitaciones y el
aumento de la escorrentía y la erosión del suelo. Y además de eso, las
principales tierras de cultivo de los países se están perdiendo debido
a la construcción de industria y viviendas, y a la pavimentación de
tierra para caminos, carreteras y aparcamientos para satisfacer el
rápido crecimiento de las flotas de automóviles.
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Las área de riego y la tecnología agrícola
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Las nuevas
fuentes de agua de riego son aún más escasas que las nuevas tierras
para arar. Durante la última mitad del siglo XX, el área de regadío del
mundo casi se triplicó, expandiéndose de 94 millones de hectáreas en
1950 a 276 millones de hectáreas en 2000. En los años transcurridos
desde entonces, ha habido poco crecimiento. Como resultado de ello, el
área irrigada por persona se está reduciendo un 1 por ciento al año.
Mientras tanto,
el trabajo pendiente de tecnología agrícola que pueda utilizarse para
aumentar la productividad de las tierras de cultivo está acumulándose.
Entre 1950 y 1990 los agricultores del mundo aumentaron la
productividad de los campos de grano en un 2,1 por ciento al año, pero
desde 1990 hasta 2007 esta tasa de crecimiento se redujo al 1,2 por
ciento al año. Y el aumento del precio del petróleo está impulsando los
costes tanto de la producción de alimentos como del transporte, a la
vez que hace más rentable convertir el grano en combustible para los
automóviles. |
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El descenso de las existencias mundiales
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Más allá de esto, el cambio climático presenta
nuevos riesgos. El marchitamiento de las cosechas por olas de calor,
tormentas más destructivas, y el derretimiento de los glaciares
montañosos de Asia que sostienen el flujo de los principales ríos de
esa región durante la estación seca, se han combinado para hacer de la
expansión de la cosecha algo aún más difícil. En el pasado, el efecto
negativo de inusuales fenómenos meteorológicos ha sido siempre
temporal, en el plazo de un año o dos las cosas volvían a la
normalidad. Pero con el clima en continuo flujo, no hay ninguna norma
para regresar a la normalidad.
El efecto colectivo de estas
tendencias hace que sea cada vez más difícil para los agricultores
mantener el ritmo del crecimiento de la demanda. Durante siete de los
últimos ocho años, el consumo de grano superó la producción. Después de
siete años de reducción en las existencias mundiales de cereales, las
existencias remanentes en 2008 se han reducido a 55 días de consumo
mundial, el nivel más bajo en los registros. El resultado es una nueva
era de escasedad en los suministros de alimentos, el aumento de los
precios de la comida, y la inestabilidad política. Con las existencias
de cereales a un nivel mínimo histórico, el mundo esta sólo a una mala
cosecha del caos total en los mercados mundiales de cereales.
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| La seguridad alimentaria mundial pendiente de un hilo |
Seguir
como siempre ya no es una opción viable. La seguridad alimentaria va a
seguir deteriorándose a menos que los países puedan movilizarse
colectivamente para estabilizar la población, restringir el uso del
grano para producir combustible de automoción, estabilizar el clima,
estabilizar las capas freáticas y los acuíferos, proteger las tierras
de cultivo y conservar los suelos. La estabilización de la población no
es simplemente una cuestión de proporcionar los servicios de salud
reproductiva y de planificación familiar. Se requiere un esfuerzo
mundial para erradicar la pobreza. La eliminación de la escasez de agua
depende del intento por elevar la productividad del agua, similar al
esfuerzo iniciado hace medio siglo para aumentar la productividad de la
tierra, una iniciativa que casi ha triplicado el rendimiento de grano
por hectárea en el mundo. Ninguno de estos objetivos puede lograrse
rápidamente, pero el avance hacia todos ellos es indispensable para
restablecer cierta seguridad alimentaria.
Esta preocupante
situación no se parece a ninguna a la que el mundo se haya enfrentado
antes. El reto no es simplemente hacer frente a una subida temporal en
los precios de los cereales, como en el pasado, sino más bien alterar
rápidamente esas tendencias cuyos efectos acumulativos suponen una
amenaza para la seguridad alimentaria colectiva, una característica
distintiva de civilización. Si la seguridad alimentaria no se puede
restaurar rápidamente, el malestar social y la inestabilidad política
se extenderán y es probable que el número de estados inseguros aumente
de manera espectacular, poniendo en peligro la estabilidad de la propia
civilización. |
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