|
 |
Los
colores y las formas orgánicas que componen la singular obra que recoje
el documental Ríos y mareas sobre el artista Andy Goldsworthy.
|
|
|
|
|
 |
Andy Goldsworthy evoca y crea su obra en la naturaleza.
|
|
|
|
| Ficha técnica |
Ríos y mareas
|
|
Título original: Fluß der Zeit
Director: Thomas Riedelsheimer
Música: Fred Frith
Año: 2001
Duración: 90 minutos
País: Alemania
Género: Documental
Producción: Mediopolis Film- und Fernsehproduktion, Karma Films
Estreno: Verano 2008.
|
|
|
|
|
Ríos y mareas
|
 |
|
El arte efímero más natural
|
|
Ríos y mareas
es un sensual y poético viaje por el mundo y la mente del reconocido
escultor Andy Goldsworthy, artista británico que desde hace veinte años
crea obras de arte en bosques y cauces de ríos de todo el mundo, sin
otras herramientas que sus manos. Utilizando materiales de la
naturaleza, Goldsworthy obtiene magníficas e ingeniosas creaciones a
base de pétalos, madera, hojas, piedras o hielo moldeados por la luz
del sol, las mareas o la humedad. Esta película a modo de documental
del proceso de creación de este genial artista ecológico, representante del movimiento Land Art, nos muestra no
sólo el proceso de creación sino las sensaciones que acompañan al
artista. Rodada en diferentes lugares de Francia, Escocia, Canadá y
Estados Unidos donde Goldsworthy crea
sus obras. El director Thomas Riedelsheimer lo acompañó durante un año
para documentar sus improvisados procesos creativos y capturar el
resultado espectacular de sus trabajos en unas imágenes sobrecogedoras y de una belleza fuera de lo común.
La semilla de piedra a modo de huevo, ya sea sobre el hielo o frente a una
playa donde la marea la engulle, nos recuerda que el arte efímero del
artista se integra en la naturaleza, incluida en la belleza del entorno,
donde con sus manos se compone a modo de una pincelada tan mágica como
profunda. En otra ocasión son restos de ramas de árbol los que le
permiten crear un particular iglú circular de ramitas que, al estar
construido cerca de la costa de Nueva Escocia, se funde con el oleaje
marino y sale flotando por la entrada de la marea. Este fenómeno sirve a
Goldsworthy de excusa para advertirnos sobre lo intangible de la
naturaleza y la necesidad de acercarnos a ella sin pretensiones, pero
saboreando todo su esplendor en cada momento del año. Y es que su único
objetivo creador es el de entender la naturaleza participando de ella.
En un momento del film somos testigos de varios intentos fallidos, por
ejemplo, cuando una sola piedra agregada hace que todo el trabajo se
derrumbe y cómo a cada intento la marea va acercándose hasta que exige
que se haya de volver otro día para iniciar nuevamente la creación. El artista también
habla con la cámara, de modo que es como si conversara con el espectador,
al cual informa sobre sus ideas: su deseo de sentir las energías
presentes en la naturaleza y de trabajar con ellas sin más
pretensión que saber que su trabajo sucumbirá en última instancia al
tiempo o a la marea, a las estaciones cambiantes o al viento que sopla.
Andy Goldsworthy añade: “Disfruto de la libertad de simplemente
utilizar mis manos y las herramientas que encuentro en la propia
naturaleza como, por ejemplo, una piedra afilada, una pluma o espinas.
Aprovecho las oportunidades que cada día encuentro: si está nevando,
trabajo con la nieve, en otoño aprovecho la caída de las hojas; un
árbol sin hojas se convierte en una gran fuente de ramas pequeñas y
grandes. Me paro en un determinado punto o me pongo a recoger
materiales, porque siento que en ese lugar hay algo por descubrir. Ahí
es donde creo que puedo aprender.”
Sus obras no hacen sino realzar o más bien focalizar un punto concreto
que complementa el espectáculo natural. La creación le exige adaptarse
a la propia esencia de la naturaleza, como las esculturas realizadas con
hielo, que requieren empezar a trabajar antes de la salida del sol a
temperaturas muy bajas. De este modo, el proceso natural interactivo que
crea con las esculturas que se funden con el paisaje se convierte en
en última instancia en parte de este. Así lo podemos observar con el cono
de piedra situado en una landa de helechos que va mutando a medida que
estas plantas empiezan a crecer, hasta hacerlo desaparecer para finalmente volver a dejar la obra
de arte desnuda en un paisaje hivernal.
Sin embargo, para Goldsworthy, es el río el mejor elemento para seguir el
paso del tiempo en la naturaleza. Deja claro que en un río podemos
observar el transcurrir lento y pausado del tiempo a la vez que el agua
nos transporta con su energía. Las luminosas y verdes hojas de avellano,
enlazadas entre ellas con ramitas, le sirven para crear una
impresionante "serpiente verde" que se desenrosca y viaja a merced de
la corriente fluvial en un baile orgánico de una plasticidad que
emociona.
Para ganarse la vida con su proceso creativo, Goldsworthy documenta su
creación en fotografías que son el testimonio de su intervención. Porque
cada tabajo crece, permanece y desaparece al fundirse con el entorno.
Pero antes de desaparecer, las intervenciones del artista se integran en
el ciclo vital, como las pozas fluviales llenas de flores amarillas o
teñidas de rojo por el efecto de la piedra de hierro molida. La
cinematografía, en este caso, nos proporciona una visión gloriosa,
poética y mucho más sentida que una simple ojeada a un álbum
fotográfico. Aquí, el documental de Riedelsheimer sirve además de
estímulo visual para comtemplar estas ideas, a la vez que nos comunica
los temas filosóficos del acercamiento de Goldsworthy al arte. La
película desafía al espectador a mirar el mundo con una visión
artística para infundir vida, con un entusiasmo, creatividad y vigor
sin parangón. La naturaleza, y el arte se convierten en la excusa para
entender la naturaleza participando directamente en ella de la manera
más íntima posible, por ello sus creaciones tienen el mismo carácter
efímero que los propios cambios de la naturaleza.
Goldsworthy, nacido en 1956 en Cheshire, se formó en el Bradford College
of Art, donde ya mostró un claro interés por trabajar en la naturaleza.
Así que para documentar su obra debió recurrir a la fotografía, que atestigua sobre el resultado de cada creación. Actualmente, su
obra se puede ver en galerías y museos, además de en publicaciones
monográficas. La película no deja indiferente y tiene un ritmo que
cautiva al espectador, porque el arte de Goldsworthy se crea sobre la
pantalla en tiempo real a la vez que nos invita a meditar. El director
sabe sacar, pues, todo el partido al material filmado a lo largo del año
que acompañó al artista. A pesar de que las esculturas de Goldsworthy
son más conocidas por sus fotografías, Ríos y mareas,
junto a la cautivadora banda sonora original de Fred Frith, forma en si
mismo una manera diferente de experimentar las obras de arte más
efímeras del artista y una ocasión excepcional para conocer la vida y
obra de este gran artista. Los amantes del Land Art van a reconocer que Ríos y mareas es un documento único que valía la pena no perderse.
|
Curiosidades... |
A pesar que la película fue galardonada en el Festival on Art de
Montreal en el 2002, así como en otros certámenes internacionales, no ha llegado hasta España hasta ahora, o sea siete
años más tarde de su producción.
En cualquier caso, la película es una
aproximación de gran valor para conocer de una forma dinámica la obra
del artista Andy Goldsworthy, la cual es sin duda una singularidad en el
panorama artístico mundial. Ríos y mareas es el único documental autorizado por el artista hasta la fecha.
-Mejor Documental (German Camera Awards 2001)
-Mejor Documental (San Francisco Film Critics Circle 2002)
-Mejor Documental (San Francisco Internacional Film Festival 2002)
-Mejor Documental (Festival Internacional de Montreal 2002)
-Mejor Documental (German Film Awards 2003)
-Mejor Documental (German Film Critics Association Awards 2003)
-Mejor Documental (San Diego Film Critics Society Awards 2003)
|
|