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Autoconsumo energético urbano

El Gobierno de España, compinchado con los oligopolios energéticos, mantiene cerrado a cal y canto toda posibilidad de que la ciudadanía se convierta en productor energético con fuentes renovables y por tanto contribuya a reducir la factura de la importación de combustibles fósiles y nucleares (además de las emisiones de efecto invernadero). Se escudan con los salvoconductos que se crearon en su momento como la estafa del “déficit de tarifa” y mientras los oligopolios energéticos no paran de ganar dinero se suben las tarifas energéticas.

Con los impuestos que benefician a los oligopolios se está intentando matar la única industria autoproductora de energía: la cogeneración. La cogeneración suministra energía a 900 plantas industriales (sectores que suponen el 40% del PIB industrial (ex-construcción) y 1,4 millones de puestos de trabajo. Para las empresas químicas, papeleras, alimentarias, farmacéuticas, azulejeras, ladrillos y tejas, automóvil, petroquímicas, textil, minería… que son grandes consumidoras de energía, la cogeneración es una forma de otorgarles competitividad y una barrera a la deslocalización. Las centrales de cogeneración españolas (que funcionan esencialmente con gas natural y biomasa) producen el 12% de la electricidad nacional y suponen el 7% de la energía final consumida en España. La aplicación del impuesto eléctrico del 6% a la cogeneración y del céntimo verde que encarecerá el gas industrial un 7%, aboca a la cogeneración al cierre y hiere profundamente a su Industria asociada.

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Planta de cogeneración moderna instalada en una industria papelera para producir energía y el calor que necesitan para secar el papel. Foto: Fundación Tierra.

En Alemania, por ejemplo, un 20 % de la electricidad ya procede fuentes renovables, y más de un millón de edificios se han transformado en centrales energéticas. Las redes eléctricas de baja tensión aunque sean gestionadas por las empresas suministradoras no son de su propiedad sino de la ciudadanía que las ha pagado con creces con cada nueva acometida. Por eso es imprescindible regular a favor de la colectivización de estas redes eléctricas urbanas para facilitar que los edificios puedan convertirse en autoproductores energéticos y la gestión de esta energía se realice desde instancias públicas.

El futuro es compartir la energía a través de las redes inteligentes (internet, entre otras) y propiciar así una verdadera revolución tecnológica e industrial. Las microrredes domésticas a partir de pequeñas centrales con energías renovables de autoabastecimiento pueden ser claves como el wifi lo es, por ejemplo, para internet. De ahí que haya que cambiar el chip. Los contadores digitales que instalan las compañías eléctricas sólo sirven para cobrar mejor el recibo de la luz. La clave está en una gestión de la energía, empresa a empresa, oficina a oficina,  edificio a edificio y de las posibilidades de cada uno para ser autoproductor con renovables o cogenerando.

 

Las renovables un apoyo, un ahorro
Las energías renovables aplicadas en el ámbito urbano por ahora no pueden servir para el autoabastecimiento sin embargo son una fuente de ahorro y sobre todo un motor para la eficiencia energética de la austeridad. Disponemos de kits de fácil instalación basados en paneles solares fotovoltaicos, de paneles solares térmicos para proporcionar no sólo agua caliente sanitaria sino también ayudar en la climatización del hogar, disponemos de pequeños aerogeneradores (útiles para las zonas geográficas con viento) y de pequeñas centrales de biomasa (capaces de quemar todo tipo de combustibles vegetales). Sin embargo, las renovables como explica muy bien Hermann Scheer en su obra "El imperativo energÉtico", están siendo boicoteadas por los gobiernos y los grandes oligopolios energéticos en toda Europa.

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La energía solar aplicada a los edificios urbanos es una opción imprescindible para salir de la crisis.

El Gobierno español se niega a abrir la posibilidad del llamado autoconsumo sin que este beneficie a los oligopolios energéticos. Por esto quieren implantar desde un impuesto de peaje para las redes de baja tensión y poner todo tipo de trabas burocráticas tales como asimilar cada edificio doméstico con renovables como si fuera una “central nuclear” y cargarla de obligaciones administrativas y fiscales. Mientras nuestro país está sumido en la crisis económica, el Gobierno impide todo tipo de participación para invertir en el ahorro energético a partir de la autoproducción.

La Fundación Tierra viene planteando opciones realistas mientras la industria de las energías renovables fagocitada por los propios oligopolios energéticos se mantiene mansueta. Es hora de promover un apagón total, no sólo un “apagado de luces” durante 60 minutos una vez al año sino darle al interruptor diferencial y cortar todo el suministro energético. Esto sí sería una “huelga energética” de verdad y una forma de demostrar a los oligopolios que aún pasando frío o calor o parando máquinas podemos ejercer nuestro derecho como consumidores. Sólo el boicot energético puede hacer que los oligopolios cambien su actitud y el Gobierno despierte y se ponga del lado de los votantes.

 

Los visualizadores del consumo energético
A la facilidad de darle al interruptor cuesta mucho valorar que unos minutos de luces encendidas suponen un tremendo impacto ambiental en todos los aspectos aunque nos pase desapercibido por insignificante. Sin embargo, la suma de estos despilfarros nos lleva a la debacle actual.

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Un visualizador de energía doméstico Envir R imprescindible para tomar decisiones y poder ahorrar.

La experiencia nos demuestra que para ser conscientes del consumo energético es imprescindible visualizarlo. No es algo fácil, pero si que tenemos tecnología de muy bajo coste accesible. Este es el caso de los visualizadores de consumo energético (que suministran varios fabricantes). La experiencia demuestra que cuando uno instala uno de ellos se abre un mundo de posibilidades para el ahorro. En primer lugar, por ejemplo, podemos reducir el nivel de iluminación que a menudo se ha diseñado en exceso, podemos apagar los consumos ocultos (standby), podemos cambiar aparatos por otros de más eficientes y en general, disponemos de muchos recursos con inversiones pequeñas para reducir nuestra factura eléctrica. Pero para ello es imprescindible verlo con nuestros propios ojos.

Los visualizadores energéticos como el Efergy son de bajo coste y muy efectivos para impulsar el ahorro en casa, en las pequeñas oficinas. Para las medianas empresas y oficinas se pueden adquirir sistemas más evolucionados como los que oferta la empresa Cliensol. En cualquier caso, debemos insistir en que no puede haber ahorro energético sin ver el consumo instantáneo y el acumulado de cada día, semana o mes.

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Artículo elaborado por el equipo de redacción de terra.org.