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Calefacción de bajo consumo (I)




Calefacción de bajo consumo (I)


Evidentemente, deseamos que nuestra casa sea más confortable que el exterior, pero para ello podemos optar por los sistemas más eficientes de climatización y practicar hábitos de ahorro.


La bomba de calor es el único sistema de calefacción eléctrica que se considera de alta eficiencia. Sin embargo, los que realmente ayudan a controlar el consumo son los aparatos con tecnologia Inverter y con clase A de eficiencia energética.


Las calderas de condensación són calderas de eficiencia mejorada (casi del 100 %) y que generan menos emisiones. Existen calderas de condensación individuales y para instalaciones comunitarias.





¿Confort a cambio de despilfarro energético?
Cada vivienda destina casi la mitad de su consumo de energía a la calefacción (el 41 %), es decir, más de 3.000 kWh cada año, unos 1.500 kg de CO2 anuales por cada domicilio. En las regiones de nuestra geografía con inviernos suaves la calefacción es casi prescindible, y en viviendas con elevados niveles de aislamiento y buen aporte solar, viviendas enterradas o en construcciones bioclimáticas, se alcanzarían las condiciones óptimas de confort sin ningún aporte energético, o con un consumo muy bajo. Sin embargo, la mayoría de las casas construidas actualmente precisan de un apoyo incluso en climas con un invierno suave. Por otra parte no hay que obviar que el progresivo nivel de vida ha hecho accesibles a prácticamente a todo el mundo las instalaciones de calefacción.
Sin embargo, para conseguir el mismo objetivo (una temperatura más agradable en la casa) existen diversidad de sistemas y diferentes fuentes o formas de energía.  Pero también son básicos en esta cuestión los hábitos de uso pues estos determinan en gran medida el consumo final de cualquier instalación.
Por ello, aunque hay un buen número de variables a considerar para escoger la calefacción ideal, este artículo se propone analizar los diferentes sistemas desde el punto de vista ambiental. Aprovechando el momento de una rehabilitación o de otro cambio podemos valorar  ser conscientes de que podemos mantener nuestra casa confortable con menor consumo energético.

Calefacción a medida
No es baladí recordar que un sistema de calefacción es confortable y tiene un menor gasto energético si es adecuado a la vivienda y a sus ocupantes. En muchos casos encontramos las instalaciones ya incorporadas, pero otras veces podemos escogerlas personalmente o incidir sobre el proyecto durante su realización, como cuando se trata de una obra nueva. Encontrar el sistema más adecuado depende de diferentes factores:

· Superfície, aislamiento, orientación y soleamiento de la vivienda a climatizar. Todo ello debería influir en el dimensionamiento de las potencias del sistema. Este cálculo debe ser realizado de manera correcta por el instalador, en función de las dimensiones de la vivienda, las cargas térmicas, etc. Debemos insistir al profesional tanto como haga falta de que deseamos que la instalación o aparato se ajuste a las necesidades reales de la casa, tanto si se trata de instalaciones fijas o de un aparato que adquirimos (caso de las bombas de calor tipo split o los sistemas portátiles).

· Ocupación del piso. Hay sistemas de respuesta más rápida que otros, o sistemas poco eficientes que sólo es lógico utilizar como medida puntual durante períodos muy cortos. Hay que considerar si se permanece en casa todo el día o si sólo se desea utilizar la calefacción en momentos puntuales.

· Hábitos, fisiología, edad de las personas que viven en la casa… Las necesidades de calefacción son diferentes para cada persona. Hay personas con problemas de salud, niños pequeños, personas mayores, frioleros o calurosos, y esto repercutirá en el uso que se hará del sistema. Cuando se prevee mantener la vivienda caldeada de manera permanente, es indispensable contar con los equipos más eficientes posibles. Además, todo el mundo se puede abrigar un poco más, y así necesitar un grado menos de calefacción lo cual supone un ahorro del 8 % de la energía.

· Tipo de actividad que se desarrolla en la casa. La sensación térmica dependerá de si se está trabajando, si se realiza más actividad física o si se permanece quieto... y con ello cambiarán las necesidades de calefacción. 

Por descontado, además de pensar correctamente las necesidades de la vivienda, la mejor manera de reducir el consumo de cualquier  sistema sería mejorar el aislamiento de ventanas, paredes y techos. Aunque el gasto económico podría ser superior inicialmente, el gasto de energía en los años posteriores de vida en la casa sería menor y el confort mayor.


¿Calefacción por aire o calefacción radiante?
Una diferencia importante entre los diferentes sistemas de calefacción es que algunos actuan por radiación y otros lo hacen emitiendo aire caliente, y su efecto en nosotros puede ser muy diferente. Esto se debe a que nuestros cuerpos intercambian energía por radiación con el resto de cuerpos que nos rodean. Si nos encontramos cerca de un cuerpo a más temperatura, el flujo de calor natural se produce desde el cuerpo hacia nosotros (de más a menor temperatura). En el caso contrario, cuando estamos cerca de un objeto frío, éste "nos roba" calor, e inmediatamente percibimos la pérdida de confort.

Por este motivo, un sistema de calefacción puede ser insuficiente para estar confortables en la vivienda si las ventanas son de vidrio simple o si estamos rodeados de paredes mal aisladas expuestas al viento puesto que permanecen a menor temperatura. Por más que subamos los grados de la calefacción, seguiremos notando el frío causado por ese intercambio de calor que estamos realizando con esas superficies frías.

El intercambio de energía en forma de radiación que realiza nuestro cuerpo es asimismo el motivo de que en general se consideren más confortables los sistemas que distribuyen el calor de forma radiante, es decir, mediante componentes que permanecen a altas temperaturas (como los radiadores, zócalos o suelos radiantes). En cambio, los sistemas que distribuyen el calor a través del aire, pueden no resultar suficientes en los citados casos de mal aislamiento en paredes y ventanas, ya que la pérdida de calor de nuestro organismo no se podría ver compensada por una mayor temperatura del aire, con el que no realizamos ningún intercambio de calor.

Por tanto, esta es una decisión importante a la hora de decantarse por un sistema u otro, sobretodo si se trata de una vivienda no idealmente aislada. Otros factores serán la fuente de energía empleada y otros, que comentaremos a continuación, se basan en el análisis de los diferentes sistemas. Vamos a intentar no sólo describir el comportamiento ambiental de las instalaciones, sino también consejos para ahorrar energía en cada uno de ellos. 


Bomba de calor
Las bombas de calor utilizan energía para extraer calor del aire que captan en el exterior y cederlo al interior. En términos de eficiencia, son uno de los sistemas con mejor rendimiento (sin tener en cuenta los pasos de transformación energética previos a la obtención de la electricidad)  ya que por cada kWh que consumen ceden de 2,5 a 3 kW en calor o frío. Son especialmente eficientes las máquinas con tecnología Inverter, que incluyen un control electrónico de la potencia que reduce su consumo en más de un 30 %. También conviene asegurarse de que la máquina tenga la clase de eficiencia energética A. Permiten un buen control de la temperatura mediante temporizadores y termostatos y una de sus mayores ventajas es el hecho de que pueden proveer de refrigeración para el verano en un mismo equipo. La instalación es más o menos complicada si se realiza por conductos o por unidades interiores (o splits). Hay que pensar que funcionará mejor en viviendas bien aisladas. Al utilizar electricidad para su funcionamiento, que actualmente se obtiene en más de un 80 % con combustibles fósiles y energía nuclear, se podría intentar abastecer con electricidad procedente de energías renovables (fotovoltaica para restitución del consumo, electricidad verde). Las bombas de calor, sin embargo no son adecuadas para climas extremadamente fríos puesto que pierden eficiencia.

Calderas de gas
En las calderas se quema un combustible para calentar un fluido (agua) que después distribuye ese calor. Mientras que en las ciudades se utiliza el gas natural (que genera menos emisiones) en edificios aislados o algunas instalaciones comunitarias se quema gasoil u otros combustibles. Todos ellos son combustibles fósiles no renovables, que se obtienen en otros países y deben ser distribuidos hasta nuestras casas con un gran coste ambiental y social. Por ello, es fundamental que aunque se utilice la energía de manera "directa", los sistemas sean eficientes y se usen con moderación.
Así, en primer lugar, normalmente las instalaciones centralizadas, comunitarias, son más eficientes. Además, lo ideal es que cada uno de los vecinos o usuarios pueda regular la calefacción en su vivienda, en función de su presencia en el hogar, y en función de la temperatura que desee. A nivel comunitario, también se están desarrollando calderas comunitarias que funcionan con biomasa residual, como cáscaras de frutos secos.
En general estos sistemas de uso continuado son más adecuados en climas o regiones fríos, en los que hay varios meses de necesidades elevadas de calefacción.
Respecto a la eficiencia, existe un sistema de clasificación de las calderas mediante estrellas (de 1 a 4 estrellas) en el que a mayor número de estrellas, mayor eficiencia.
Dentro del tipo de funcionamiento hay que destacar las calderas de condensación, unas calderas de gas que realizan una combustión mejorada ya que aprovechan el calor de los gases de la propia combustión, con lo que alcanzan una eficiencia del 98 %. Existen calderas de condensación individuales y comunitarias.
Tras las de condensación encontramos las calderas de combustión estanca, que tambien tienen una combustión más eficiente que las de llama con combustión atmosférica convencionales, y a diferencia de éstas no obtienen el aire de la vivienda ni expulsan los gases de la combustión al ambiente interior. Hay que tener en cuenta que la combustión continua de la llama piloto de una caldera puede llegar a consumir 400 m3 de gas al cabo del año. Así, si se tiene una caldera de llama piloto, conviene mantenerla apagada cuando no se utilice siempre que sea posible.
Otra posibilidad de reducir el consumo de combustible es el uso de colectores solares, aunque actualmente para el uso de energía solar térmica para calefacción son necesarias  superfícies de captación bastante grandes o colectores de vacío, con un coste aún no apto para todos los públicos.

Finalmente, un apunte necesario en las instalaciones de gas es la seguridad. Es necesario un mantenimiento correcto de la instalación de gas y la caldera, para mantener su eficiencia y evitar riesgos: las calderas e instalaciones de gas en mal estado tienen el riesgo de sufrir fugas de monóxido de carbono que en elevadas concentraciones resulta tóxico e incluso mortal.

Por otro lado, actualmente hay abiertas líneas de subvención para sustituir los calentadores o calderas por otros de mayor eficiencia. Abril, 2007.



>> El artículo continúa como "Calefacción de bajo consumo (II)"