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Ciudad sostenible (II). La movilidad




Síntesis de elementos de la ciudad sostenible (II). La movilidad


Carril bici protegido de la calzada de los vehículos motorizados


Zona peatonal en el centro de una ciudad. Un espacio para dialogar y fomentar la comunicación.

Vehículo biplaza del servicio de carsharing en Bolonia (Italia).


La eficacia del transporte colectivo está en facilitar las conexiones entre todos los sistemas. Los intercambiadores son espacios donde convergen diferentes sistemas como pueden ser el metro, el tranvía, los trenes de cercanías, autobuses, etc. En la imagen el intercambiador de Nuevos Ministerios en Madrid.


La ciudad sostenible es aquella que es capaz de integrar en su funcionamiento como sistema elementos que provoquen el mínimo impacto sobre su entorno. Sin duda una de las claves y a la vez el fenómeno que caracteriza una ciudad son las comunicaciones o disponibilidades para la movilidad de la ciudadanía. En realidad, una ciudad sin personas en movimiento es una ciudad muerta, pero una ciudad con miles de coches con sus tubos de escapes abiertos a la atmósfera puede ser un lugar inhabitable o altamente peligroso para la salud. En esta segunda recopilación nos centraremos en el ámbito de la necesaria nueva cultura que debe presidir el transporte urbano.

Desplazarse o moverse
Una de las ideas tópicas es que la movilidad es una necesidad colectiva. Sin duda, desde ir al trabajo, al mercado, a la escuela, al parque, al cine, etc. obliga a desplazarnos respecto a nuestro hogar. Sin embargo, nuestras ciudades pueden estar organizadas de forma que las distancias entre nuestros principales destinos estén lo más cercanos posibles. Las ciudades mediterráneas compactas y diversa en usos lo facilita, pero también es en esta área una de las más importantes por la cantidad de urbanizaciones construidas alejadas de los núcleos urbanos y sin a penas servicios. La especie humana ha sido biológicamente dotada de un equipo facilitar sus desplazamientos: las piernas. Pero, nuestro sistema locomotor a pesar de estar preparado para recorrer largas distancias de forma continuada está limitado por la velocidad (unos 4 kmh). A lo largo de la historia desplazarse más deprisa y de forma más cómoda ha llevado a ensayar otros sistemas de locomoción. Hoy, nuestra sociedad dispone de un elenco de modos de transporte. El problema es que todos ellos requieren algún tipo de energía y las propias tendencias sociales han convertido en la mayoría de ellos en una de las principales fuentes de contaminación y como no de consumo de combustibles fósiles. Pero también es cierto, que si la energía consumida andando es de 0,16 MJ/viajero/km esta puede rebajarse con una bicicleta y situarla en 0,06 MJ/viajero/km a la vez que se triplica fácilmente la velocidad de a pié. La ciudad se ha convertido en el espacio por excelencia para la movilidad y es el automóvil (a pesar del consumo medio de 2,6 MJ/viajero/km y que puede emitir una media de más de 150 mg de dióxido de carbono por cada km recorrido) el que ostenta la mayor ocupación espacial a pesar de su alto poder contaminante, ruido, etc. Exploremos las diferentes actuaciones que en el ámbito de la movilidad podemos encontrar en la ciudad sostenible


La bicicleta y el mundo que la rodea
Como hemos apuntado la bicicleta es el vehículo más eficiente, aunque dado que el motor de su energía es la propia energía muscular tiene su mejor ratio por debajo de los desplazamientos de menos de 20 km. A parte de los beneficios económicos (es mucho más accesible a economías bajas), debemos destacar los relacionados con la salud y el medio ambiente. Pedalear es una actividad saludable y que mejora la calidad de vida (previene enfermedades cardiovasculares, no emite emisiones tóxicas, no hace ruido, etc.)  a la vez contribuye a la democratización y accesibilidad en el ámbito de la movilidad. En algunas ciudades se observa como la bicicleta es el principal sistema de transporte (caso de Holanda y Dinamarca). Pero para que la bicicleta se use mayoritariamente precisa de determinadas facilidades y a la vez que se visualicen estrategias de promoción. Una de las medidas claves es la creación de los llamados “carriles bicicleta” o similares en los que la bicicleta puede viajar desagregada del tráfico de los vehículos motorizados. Actualmente, algunas ciudades disponen de centenares de carriles bicicleta, En Barcelona son más de 140 km, en Bogotá, más de 270 km y en Sevilla de los 10 km actuales quiere llegarse a los 120 km. El carril bicicleta ideal es el que va desagregado de la acera para peatones y de la calzada asfaltada. La señalización puede ser una simple raya pintada, pero lo más interesante es que disponga de piezas constructivos que impidan el acceso fácil de vehículos motorizados que lo invadan. Para evitar este tipo de situaciones ha surgido la idea de rutas elevadas para bicicletas (skyway) surge como respuesta a que los tradicionales carriles bicicleta incorporados en la calzada con los coches no ofrecen toda la seguridad necesaria.

Otro aspecto importante para la promoción de la bicicleta como sistema de transporte urbano son los parkings bicicleta, o espacios donde atarlas en la calle. Existen numerosos diseños de parkings bici y en España tenemos una verdadera celebridad en este campo liderada por el estudio de diseño.
Pero el uso de la bici en la ciudad no sólo tiene que ver con los aspectos de la seguridad. Evidentemente, es un vehículo en inferioridad de condiciones  respecto a motos y coches. Sin embargo, también hay otros aspectos más sociales. Uno de ellos es la plaga de robos de bicicleta, una actividad que en los últimos años se ha extendido como la pólvora. Precisamente, para contribuir a reducir esta sensación de vulnerabilidad frente al robo existen medios y campañas disuasorias como son los registros de bicicleta.
Finalmente, la administración municipal puede poner el broche que facilite el uso de la bicicleta con una normativa más laxa en cuanto a permitir su circulación responsable por aceras anchas. Lamentablemente, no todos los usuarios de bicicleta se comportan con respeto con los peatones cuando comparten el mismo espacio. El biciclista, frente a los peatones, debe ser consciente que va montado en un vehículo que puede pesar entre 9 y 15 kg hecho de metal y que un pequeño golpe a un velocidad de 10 kmh puede causar una lesión nada despreciable. En zonas peatonales donde está autorizada la bicicleta se exige la máxima prudencia y, en general, en todos aquellos carriles bicicleta que puedan ser atravesados por peatones.


Zonas peatonales
Las zonas peatonales son áreas especiales a las que no se permite la circulación motorizada excepto vehículos de servicio y en algunos casos bicicletas. Son islas para pasear, para convertir el espacio urbano en un espacio de comunicación para la ciudadanía. Habitualmente van asociadas a áreas de la ciudad donde hay una importante presencia comercial. La presencia de mobiliario urbano para facilitar el descanso (bancos) y enverdecer el espacio (jardineras) constituyen los principales elementos que identifican una calle peatonal de otra que no lo es amén de los sistemas para el acceso controlado de determinados vehículos motorizados. Las zonas peatonales pueden convertirse también en un espacio de convivencia excelente.

Rutas colegiales y caminos al trabajo
En muchas ciudades las entradas y salidas de escolares frente a los centros educativos constituye un elemento crucial en el ya típico caos circulatorio. La presencia de muchos familiares trayendo o recogiendo a los niños y niñas con vehículo privado parece inevitable. La idea de seguridad que aporta el transporte en coche de casa a la escuela parece insuperable. Sin embargo, en algunas localidades han establecido rutas señalizadas e incluso custodiadas durante los intervalos de entrada y salida y en recorridos en los que desde diferentes puntos de un barrio o ciudad serían más adecuados. Por ejemplo, para los institutos de secundaria estas rutas pueden ser para bicicletas y se combinan con parkings para las mismas en el recinto educativo. Esta estrategia de rutas para bicicletas de acceso a determinados polígonos industriales se ha comprobado que disminuye el número de vehículos privados.

Transporte colectivo de bajo impacto
Uno de los transportes colectivos que primero marcaron el ritmo de las ciudades fueron el metro o ferrocarril subterráneo y los tranvías. El tranvía es uno de los medios más interesantes para el transporte colectivo de superficie. Tras ellos, en las grandes ciudades se desarrolló una variante más  económica que eran los troleybuses, autobuses eléctricos que captaban la corriente de una catenaria a la que iban enganchados. El desarrollo del mundo del automóvil y la propia presión de la industria petrolera llevaron a la extinción en muchas ciudades del tranvía y troleybuses que se percibían como una molestia para la circulación creciente de automóviles privados. La substitución fueron los autobuses con motores térmicos diesel que no estaban sujetos ni a raíles como los tranvías ni a catenarias aéreas como los troleybuses. Como alternativa al cada vez más denso tráfico urbano el metro subterráneo y las redes de ferrocarriles de cercanías ganaron su lugar. En ciudades donde la perforación del subsuelo podía ser problemática el tranvía o también llamado metro ligero de superficie ha vuelto a ganar su espacio. Su implantación no acostumbra a estar exenta de polémicas y quejas diversas pues se percibe que roba espacio al asfalto para la circulación de coches. Sin embargo, una vez establecido el tranvía del siglo XXI se aprecia como un ejemplo de modernidad en las ciudades donde se ha instalado. Mientras el tranvía se aprecia como un elemento ecológico por no contaminar su entorno, el autobús convencional con motor diesel o de gas es todo lo contrario. En este sentido se han buscado nuevas alternativas para reducir la contaminación de los motores térmicos como pueden ser el bioalcohol, los biocombustibles o incluso el hidrógeno. Muchas personas, a pesar que el transporte rápido y energéticamente eficiente y ecológico del metro, no soportan la idea del viaje subterráneo. Por ello, en proporción a sus posibillidades el autobús de superficie constituye el medio de transporte colectivo más apreciado por la mayoría. La reconquista de la ciudad por parte del tranvía y la aparición de autobuses con combustibles menos contaminantes y menos ruidosos se perfila como el futuro.


Carsharing y bicicletas de alquiler
En algunas ciudades también se consideran dentro de la red del transporte colectivo el llamado carsharing y el alquiler de bicicletas. El carsharing o compartir coche es una modalidad que permite disponer de una flota de vehículos privados sin necesidad de ser el titular del mismo, ahorrarse una buena parte de los costes fijos que ocasiona y sobretodo reducir el espacio urbano ocupado por los automóviles. Algunas ciudades además han incorporado a la oferta del carsharing vehículos híbridos menos contaminantes. El alquiler de bicicletas por parte del titular de alguna red de transporte colectivo (tren, metro, etc.) constituye una alternativa que facilita la intermodalidad y que, por tanto, la ciudadanía sienta que no necesita para nada un vehículo privado propio. En algunos casos, estas bicicletas pueden con asistencia eléctrica al pedaleo para que las puedan usar incluso personas con movilidad reducida.


Intercambiadores modales
La eficacia del transporte colectivo para que facilite los desplazamientos de la ciudadanía está íntimamente ligada a las interconexiones de las diferentes redes que lo forman. Los intercambiadores no son más que estaciones o puntos en los que convergen más de uno de los sistemas de transporte colectivo (metro, autobuses, tren, tranvía, etc.). La facilidad de intercambio entre diferentes medios con itinerarios diversos es un elemento clave en el desarrollo del transporte colectivo urbano, especialmente, con las redes de cercanías o interurbanas.  


Vehículos privados eléctricos
La imagen de una ciudad sostenible es aquella en la que el ruido y la contaminación local por parte del tránsito ha sido minimizada. En este sentido los vehículos eléctricos es una alternativa en la medida que circulen sólo los imprescindibles. De todas las modalidades de vehículos eléctricos urbanos el que más puede implantarse es la bicicleta eléctrica con asistencia al pedaleo o pedelec. Un pedelec no es más que una bicicleta convencional que incorpora en el buje de la rueda (normalmente, la trasera) un motor eléctrico que se activa para facilitar el pedaleo y que este requiera menos esfuerzo por parte del usuario. Este tipo de bicicletas pesan algo más que las convencionales pero tienen a su favor que pueden reducir el esfuerzo muscular entre un 30 y un 50 % para un mismo trayecto con una bicicleta convencional. Sin embargo, estos vehículos, dotados de baterías recargables, precisan ser conectados a la red eléctrica para recuperar la energía. En al ciudad sostenible, deberían ubicarse pérgolas o estaciones de recarga solar con paneles fotovoltaicos para que este tipo de vehículos puedan aprovechar que mientras están aparcados recuperen la energía consumida. Aunque una bicicleta eléctrica puede tener una autonomía de entre 20 y 40 km disponer de una red de recarga solar incentivaría otros vehículos eléctricos tales como furgonetas de reparto o motocicletas y scooters. Todos ellos tienen la gran ventaja que se amortizan muy rápidamente, que no hacen ruido ni emiten contaminantes. Algunos municipios rebajan el impuesto de circulación a esta tipología de vehículos.

La presencia de los nuevos vehículos híbridos capaces de circular por las vías urbanas con motor eléctrico y al salir a las vías interurbanas con otro térmico convencional que a su vez recarga las baterías del eléctrico aporta nuevas posibilidades para la movilidad urbana sostenible. Los vehículos híbridos empiezan abrirse paso aunque tampoco podemos olvidar que se trata de vehículos convencionales y que por tanto es una “gran masa de recursos y tecnología” para desplazar no más de 4 humanos.


Taxis bicicleta
El pedicab es conocido en países como la India o China como una bicicleta que lleva una cesta en la cual pueden sentarse 2 personas y así realizar el servicio de taxi. En Nueva York esta modalidad de taxi sostenible es algo más que una singularidad, aunque se debe a una iniciativa surgida en Berlín que el taxi-bicicleta evolucionara hacia un vehículo singular y a la vez funcional: el trixi. El trixi, se ha instalado en diversas ciudades europeas, esencialmente, como recurso turístico y en Barcelona dispone de una flota de media docena de unidades que circulan por el casco viejo los meses más benignos. El trixi es una bicicleta tipo reclinada (recumbent), dotada de un motor de asistencia al pedaleo y un estilizado carenado para albergar y proteger a los dos pasajeros. Sin duda, una curiosidad, pero también una oportunidad para reducir las emisiones a la atmósfera en el ámbito urbano.

Sobre la ciudad sostenible I (energía y ciudad verde)
Sobre la ciudad sostenible III (agua, residuos y vida saludable)