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Como hacerlo peor y no morir en el intento





Cómo hacerlo peor y no morir en el intento
Octubre 2007. Podría ser el título de una película, pero lamentablemente es lo que quizás define mejor la actuación del Ayuntamiento de Barcelona (donjuán de la bicicleta) con la Ordenanza de Circulación de Peatones y Vehículos que entró en vigor en septiembre 2007 y que en su artículo 14 se ceba de facto contra las  bicicletas como sistema de transporte.

Pero quizás debamos recular en el tiempo para comprender porqué se ha llegado hasta aquí cuando Barcelona ha sido pionera en el impulso del uso de la bicicleta como sistema de transporte urbano e inició la señalización de carriles bicicleta hace lustros. Todo se empezó a torcer cuando a algún iluminado en el Ayuntamiento de Barcelona se le ocurrió pintar dos rayas paralelas separadas por 70 cm en medio de una calzada permanentemente concurrida como es la Avenida Diagonal y llamarlo carril bici. A modo de comparación, sería como que algún iluso de AENA (que los hay también y muchos) pensara que los carriles de una autopista sirven para aterrizar aviones cuando el tráfico aéreo está congestionado.  

El primer desaguisado es pues planificar la expansión de la bicicleta robando espacio peatonal para darlo a la bici. En una ciudad altamente contaminada y de tráfico agresivo toda medida a favor de la bicicleta debería ser quitando espacio al sacrosanto coche. Por qué en realidad una bici está más cerca de unos zapatos ágiles que de las ruedas de un vehículo motorizado.

La primera medida y la más adecuada es siempre suprimir espacio a la circulación motorizada a favor de un medio de transporte light como es la bicicleta. Así, por ejemplo, en el caso de la Avenida Diagonal bastaría con que un carril del lateral de esta amplia avenida barcelonesa se dedicara a la circulación segura de bicicletas. La segregación de carriles bicicleta reduciendo carriles para la circulación motorizada es la clave para evitar que se identifiquen las aceras para peatones como espacios seguros para la bicicleta. Hacer frente a la alocada circulación motorizada del asfalto no se logra enviando a las bicis a competir con los peatones. Esto es poco profesional y nada ético.

El peligro es el motor

Los que íbamos en bicicleta mucho antes de estos desaguisados de carriles bicicleta peligrosos sobre la acera o que no tuvieran continuidad alguna, no circulábamos por las aceras sino por la calzada buscando la protección del carril bus (cediéndoles el paso cuando los veías tras de ti) o por el carril de más a la izquierda por aquello que si quieren darte un trompazo al menos sea del lado del conductor del coche de forma que sea consciente de que lo ha dado.

Lo cierto es que aunque de forma fatalmente planificada la bici en pocos años ha salido del armario. No es de extrañar que muchos usuarios rápidamente vieran en las amplias aceras y en las menos anchas un medio para circular con mayor seguridad que los carriles bici dibujados por insolentes expertos en circulación vial. El inseguro ciclista empieza a competir con el espacio peatonal y no siempre con civismo por aquello de la magnificencia que dan las ruedas con o sin motor (si uno no ha meditado sobre la necesaria humildad del más fuerte). La ineptitud municipal ante el fenómeno de circulación buscando la seguridad del espacio peatonal le impidió aplicarse en diseñar carriles segregados y en educación vial para fomentar la convivencia entre bicicletas y peatones de forma que estos últimos tuvieran siempre la prioridad. Así se llegó a una situación de desencuentros entre ambos colectivos que circulan sin CO2, o sea beneficiosos para una ciudad altamente contaminada. Menuda incongruencia.

Algunos medios de comunicación agitaron el tema de la peligrosidad entre peatones y biciclistas de forma magnificada e irreal para sus políticas comerciales. De las noticias uno podría pensar que los peatones mueren como moscas aplastados por las bicicletas cada día. A pesar del incivismo creciente, sólo se confirma la excepción. Como sucede cuando todo fenómeno aumenta y no se invierte en educación este fue degradándose. La característica agresividad de muchos conductores de automóvil se trasladó a usuarios de las dos ruedas. Algunos ciclistas gritan a los peatones que despistadamente atraviesan un carril bici, como harían cuando van manos al volante con un vehículo menos rápido (primera ley de la jungla del asfalto).  Y mientras, la guardia urbana no tenía órdenes para atajar el fenómeno o simplemente no querían líos que no podían compensarse con una suculenta multa.

Los que respetan los semáforos, los que llevan timbre y no lo tocan porque circulan a la velocidad de peatón en zonas peatonales, a los que llevan luces de noche porqué creen que la seguridad es fundamental o a los que la única música que escuchan es el sonido de los vehículos que llevas detrás para saber si aceleran indebidamente o te pasan cerca peligrosamente, los pusieron en el mismo caldo. Mientras, la ciudad de Barcelona seguía incrementando su tasa de contaminación y aunque la bicicleta sea para ello una solución, las jugosas recaudaciones en multas por aparcamiento, impuestos, etc. que el automóvil proporciona se convirtió en intocable.

La bicicleta no proporciona ingresos a las arcas municipales. Eso sí cual pescadores de pacotilla los políticos animaron el cebar el lago y cuando ya creyeron que se alcanzan los más de 50.000 usuarios decidieron que era el momento de iniciar la captura a esta funesta inversión o, mejor dicho, de la insultante desinversión. La ordenanza que afecta a los usuarios que circulan en bicicleta no tiene nada de racional porque parte de un supuesto equivocado: que la bicicleta es un vehículo cuando es un simple sistema de transporte que sustituye los zapatos por dos ruedas movidas por los zapatos. O sea que de peligrosa nada. Bueno no más que un puñetazo certero de un incívico abriéndose espacio entre una multitud.

Está claro que la Ordenanza contra la bicicleta cívica la han dictado técnicos y políticos de una administración que vive para y por el coche. Lo de la educación vial les importa poco y sobre todo han puesto todo su ardid para que los problemas de convivencia entre peatones, biciclistas y el tráfico rodado no tuviera solución. Una vez más las apetencias recaudatorias han sido la tónica que es lo que plasma la nueva ordenanza. Algunos colectivos de usuarios de la bicicleta como el Bicicleta Club de Catalunya mostraron un carácter sumiso en la negociación de esta norma más que lamentable.

Y con el bicing llegó el escándalo

Si la realidad descrita hasta ahora está cambió de ritmo en la primavera del 2007 y todo se pulveriza cuando se instala el sistema de alquiler de bicicletas públicas (bicing). Al impúdico precio promocional de 6 euros se estimuló que hasta 70.000 personas cayeran en tan tentadora posibilidad. Sólo a un equipo político temerario se le podía ocurrir instalar un sistema de bicicletas de alquiler públicas con un precio promocional de 6 euros el primer año. Es como decir que tienes bici por 6 euros cuando una bicicleta saludable puede costar 400 euros. De ahí el éxito del bicing en la ciudad de los prodigios. Personas que jamás tomarían una bicicleta en una ciudad de tráfico agresivo lo hacen ahora. El sistema sería bienvenido en una ciudad hecha a medida para la bicicleta. Esta es la perversidad administrativa sólo posible por la falta de impunidad legal para castigar a los responsables políticos de tanta desfachatez.

Eso sí, a la primer pedaleada de los incautos bicings de forma mayoritaria decidieron a pedalear por las aceras porque la calzada les sentó insegura con un juguete de seis euros. Y los más avispadillos vieron pronto lo que ya intuían los expertos, que los peatones son menos peligrosos que los cochinos. O sea, que el Ayuntamiento de Barcelona empezó el edificio por la azotea. Y ahora todo indica que se va derrumbar. Sería iluso pensar que esta Ordenanza pueda durar en las actuales circunstancias. Claro que los políticos esto de subsanar un error no lo tienen en su código deontólogico.

La bicicleta pública de alquiler que debería ser un complemento a la movilidad urbana para una ciudad más ecológica en realidad es más bien una atracción en una ciudad para la imagen que no para la ciudadanía. La gracia según el propio ayuntamiento es que este mal llamado bicing dicen lo paga la zona verde de aparcamiento de coches. Lo lamentable es que antes de invertir el erario público en el bicing tuvieron años para invertir en parkings bicis, en carriles segregados e inteligentemente diseñados y sobretodo en educación vial así como en dedicar esfuerzos a perseguir el incivismo sobre dos ruedas o en zapatos que para el caso es lo mismo. En fin, el bicing todo fue para mayor gloria de la galería electoral y su futuro ya se verá con tan poca infraestructura para circular con seguridad sin tomar las aceras. Simplemente, se ha estimulado un posible medio de transporte sin poner las bases para que fuera seguro y de calidad ética. O sea que sería como hacer calles sin ton ni son.

Lo sensato que no se hizo

La bicicleta es un vehículo legalmente pero usado como sistema de transporte no es un peligro por no ser motorizado y sobretodo cuando se pedalea con prudencia ética. Nuestra entidad que promueve la bicicleta como sistema de transporte no contaminante realizó una campaña de sensibilización contra el cambio climático y metió en medio del tumulto en la pasada temporada navideño en diversas ocasiones 4 triciclos entre la multitud sin causar molestia alguna e incluso provocando admiración por calles con una marea de peatones. Todo es una cuestión de civismo y de saber quien tiene la prioridad (hoy con la actual normativa no sería posible). Y la prioridad la tiene siempre el más indefenso. En las calles peatonales una bici puede circular con cautela y velocidad baja con el sentido que sea entre peatones sin problema alguno. Pero esta convivencia pacífica al Ayuntamiento de Barcelona nunca le interesó. Durante años se han hecho los locos ante las bicicletas que circulaban a velocidades superiores a los 10 km por aceras o entre peatones. Aunque menos les ha preocupado la velocidad de motos y coches que sí mata peatones cada año incluso sobre la acera. Por ello como pasa con coches y motos muchos incívicos descubrieron en la bici el placer de “esquiar” entre peatones a alta velocidad.

Tampoco se pusieron medidas para evitar los robos de bicicletas o potenciar un sistema de marcaje de bicicletas, ni de incrementar las zonas de parking, ni de fomentar un uso racional de la bicicleta. Simplemente se limitaron a que el río cada vez estuviera más revuelto. No han quitado ningún carril bici por las aceras como el de Diagonal. Es más, lo quieren mantener a toda costa para que los cochinos tengan todos los carriles disponibles. Tampoco van a rediseñar los carriles bici construidos en tiempos de insolvencia técnica. Y mucho menos les interesa la educación vial basada en la sensibilización y la punición de los irresponsables.

Al ciclista urbano “profesional” no le importa pedalear unos centenares de metros de más para optar por un itinerario menos transitado o invertir algo más de tiempo para pasar desapercibido entre peatones aunque lleve luces y timbre. Por eso algunos establecimientos dedicados exclusivamente a la bici urbana no dejan salir ninguna bicicleta de su tienda sin estos elementos de señalización. Pero en lugar de que la autoridad municipal instara a que esta práctica fuera adoptada mayoritariamente entre los establecimientos de bicis con diálogo simplemente han dictado el decretazo. Pero lo cierto es que empezando por las bicis del bicing que cuando se impusieron ya no cumplían con el código de circulación y acabando por la falta de aparcamientos todo se ha organizado para crear el caos.

Lo fácil no va con los ineptos

Amics de la Bici, uno de los colectivos de usuarios de la bicicleta decanos de la ciudad, no ha parado de criticar con tino la actuación municipal en materia de despliegue del uso de la bici, ordenanza incluída y recoge firmas para que se modifique esta Ordenanza. También es sospechoso que programas televisivos de éxito como A ritme de pedal se interrumpieran cuando se inició el acoso y derribo del ciclismo urbano. Debemos insistir en que no se ha invertido en educación vial, que los parkings llegan tarde y mal instalados y que los carriles bicicleta siguen siendo un desaguisado monumental.

Ha llegado la hora de pronunciarse sin tapujos: la ordenanza de circulación de la bici en Barcelona es pura apología de la ineptitud. Son cada vez más los ciclistas urbanos conscientes que denuncian que circular por la calzada que usan los coches de acuerdo con la norma actual se ha convertido en una temeridad. En parte porque mientras se penaliza a la bicicleta mientras al coche se le deje impune, y no hay calle por la que los cochinos circulen a menos de 50 km/h. Seamos claros, un coche con decenas de caballos de potencia y una tonelada de peso no percibe la velocidad como algo peligroso y menos en una ciudad atascada en horas punta que fomenta la agresividad. Por este motivo la bicicleta es un obstáculo al que hay que eliminar. Que la contaminación urbana de Barcelona sea de las más altas de Europa le importa bien poco a nadie y la falta de pacificación del tráfico es algo tan aceptado como las guerras de baja intensidad que afectan a medio planeta dejando miles de víctimas inocentes.

La bicicleta debe ocupar la calzada liberada de coches y bien pertrechada para que no pueda ser invadida por coches aparcados (de la policía municipal incluídos). La bicicleta debe poder circular por aceras anchas mientras se circule con tino y sin peligro para nadie. La bicicleta debe llevar el equipo de señalización nocturna necesaria si circula a partir del ocaso o antes del alba. La bicicleta simplemente debe poder aparcar en espacios propios y ante la falta de estos en sitios donde no moleste ostensiblemente que el mobiliario urbano no es de plastilina (nunca ha caído una farola histórica por el peso de una bici atada a ella). La bicicleta debe poder situarse en los semáforos en situación avanzada respecto a los coches para que cuando los leds se pongan en verde puede salir sin tragarse el humo de todos los vehículos que arrancan. La bicicleta debe ser un medio de transporte a potenciar en las ciudades con una calidad del aire deplorable como Barcelona. La bicicleta debe poder circular por los carriles bus si no entorpece la marcha de este valioso transporte urbano colectivo. La bicicleta debe ser un medio para transportar los niños a la escuela con carritos u otros accesorios comerciales. La bicicleta plegable debe ser considerada (cuando está plegada) como un pequeño paquete y poder acceder a cualquier transporte colectivo debidamente plegada. Las bicicletas públicas de alquiler deberían ser un sistema de movilidad complementario y no una atracción ciudadana de bajo coste. Uno es responsable de lo que posee en propiedad o en usufructo si paga lo que vale y por tanto la administración debe intervenir para que el coste del bicing sea el real y romper de una vez por todas las redes que roban bicicletas.

Sorprende que no exista política de educación viaria más allá de un cursillo gratuito que ofrece el Bicicleta Club de Catalunya a los usuarios del bicing (subvencionado, cómo no) como si de administrar morfina a un paciente todavía recuperable se tratara. Muchos ciclistas se quejan ahora de lo temerario que supone circular en bicicleta con la nueva normativa y no es extraño que algunos hayan decidido que lo mejor es dejar la bici en casa y sacar nuevamente el 4x4. Más contaminación y más inseguridad sin atajar los problemas de base esto es lo que resume la política de promoción de la bicicleta en Barcelona.

Dar marcha atrás y rectificar es de sabios, pero en este país estamos demasiado acostumbrados a que los errores no se pagan. La mayor parte de los que deciden sobre la bicicleta jamás han circulado ni un solo día entero por la calzada de una ciudad con el tráfico agresivo como Barcelona. La educación es siempre mejor que recaudar porque evita los gastos del remedio.