Conducción eficiente y ecológica




Conducción eficiente y ecológica

Algunos vehículos modernos llevan indicadores sobre el consumo medio de combustible. Foto: Fundación Tierra.


La conducción eficiente mejora la circulación en los cascos de las grandes urbes. Foto: Wikimedia.


El ahorro en combustible con la conducción eficiente puede llegar hasta el 35 % en circuito urbano. Foto: Wikimedia.


Con la sexta marcha (imagen de abajo, en un coche diésel) consumimos menos (menos revoluciones en el motor) y podemos obtener más velocidad que con la quinta marcha (imagen de arriba). La disminución en las rpm del motor es también considerable entre usar la quinta marcha o la cuarta a la misma velocidad. Foto: Fundación Tierra.


Estilo ecológico conduciendo
Conducir de forma eficiente un vehículo puede suponer un importante ahorro en combustible y, por tanto, una buena contribución ambiental. Por otra parte, la llamada conducción eficiente es también una conducta que contribuye a la reducción de accidentes de tráfico. El ahorro en combustible cuando se conduce de forma ecológica ronda entre el 15 y el 20 %. Aplicarse en la conducción eficiente de nuestro vehículo tan sólo supone cambiar pequeños hábitos y, en cambio, los beneficios obtenidos son bien patentes. Existen algunas entidades privadas y públicas que han  organizado cursillos sobre el tema, aunque la verdad, el concepto en si mismo es bien simple y con las indicaciones que damos en esta página debería ser suficiente.

Sin pisar el acelerador
Recordemos que del 100 % de la gasolina que consume un coche, un 62 % se vaporiza por pérdidas del motor, un 17 % lo hace en el ralentí (de 0,4 a 0,7 litros/hora) y sólo un 15,5 % se transforma en energía para mover las ruedas del vehículo. Es decir, que ya que nos movemos con máquinas tan ineficientes, como mínimo que por nuestra actitud y por falta de técnica no la desaprovechemos todavía más. En los coches modernos sin carburador, al ponerlos en marcha no hay que calentar el motor, puesto que se regulan electrónicamente. Otro efecto interesante a no olvidar es que mientras no se pisa el acelerador, con una marcha engranada y una velocidad superior a 20 kmh, el consumo de carburante es nulo. De ahí que sea bueno utilizar el motor como freno con una marcha engranada, sin pisar el acelerador.

Lo primero es arrancar el motor sin acelerar. La costumbre de apretar el acelerador al poner en marcha el motor se remonta a la época en que los vehículos no llevaban regulación electrónica y esto permitía calentar el carburador. Incluso había un dispositivo que incrementaba el aporte de combustible “starter”. Pero esto ya pasó a la historia.

En el caso de los vehículos diésel es conveniente, una vez puesto en marcha el motor, no iniciar la marcha hasta pasados unos segundos, para dejar que el aceite inicie su ciclo de lubricar el motor. De este modo, contribuimos a conservar el motor.

Cambio de marcha al mínimo de revoluciones
De todas maneras, el meollo de la cuestión para ahorrar está claro que va de revoluciones. En un motor de gasolina se debería cambiar de marcha entre las 2.000 y las 2.500 revoluciones y en uno de gasóleo entre 1.500 y 2.000. Eso puede realizarse porque los coches de inyección (la totalidad de los modernos) lo permiten sin perder eficacia. Así las cosas, a 10 km/h hay que poner ya la segunda, a 30 km/h la tercera, a 40 km/h la cuarta y a 50 km/h ya podríamos poner la quinta marcha y de este modo nos mantenemos en una buena conducción. A la vez, el uso de marchas largas da algo más de velocidad al vehículo, con lo que con la propia marcha en pendiente de bajada muy suave no hay ni que apretar el acelerador. Los aceleradores son muy sensibles e inyectan gasolina a la mínima que los tocamos. Además, lo suyo es llegar al semáforo con previsión y, de esta forma, con el coche embragado y sin acelerar, apenas se consume. De todas maneras no debemos olvidar que, al ralentí, un vehículo puede consumir de 0,4 a 0,7 litros por hora.

Ahorros de hasta un 35 %
Otro dato importante es que el consumo crece con el cuadrado de la velocidad. Pero lo alucinante es que, mientras no se mantenga pisado el acelerador y con la marcha engranada a una velocidad superior a 20 km/h, el consumo de carburante es nulo. Así que ojo con el punto muerto, puesto que es un error muy común. Hay que mantener la marcha engranada hasta llegar al semáforo y, sólo detenido, poner el punto muerto para que no se cale.  

Por ejemplo, a un velocidad media en circuito urbano de 13,1 km/h (con una bicicleta, se alcanza fácilmente una media de 18 kmh y sin generar gases con efecto invernadero), se puede apreciar un consumo de 10,6 litros en un Renault Megane. Aplicándose en la conducción eficiente, incluso con un tráfico más denso, se pueden conseguir ahorros de hasta un 35 % en circuito urbano. En Cataluña hay 3,3 millones de coches que consumen un 3 % de la energía primaria y producen unos 2 millones de toneladas de CO2. Aplicando la conducción económica se pueden ahorrar una media anual de 240 litros de sucio petróleo por vehículo, que corresponden a 580 kg de CO2.

El ahorro que supone circular en una marcha más larga que la que creemos correcta puede ser muy favorable. Podemos poner la segunda marcha con sólo haber recorrido los primeros 2 o 3 segundos. La tercera al alcanzar los 30 kmh, la cuarta a los 40 kmh y la quinta a poco más de 50 kmh. En todos estos cambios, el motor trabaja a revoluciones bajas. Incluso si el vehículo tiene sexta marcha, ésta puede entrar a los 65 kmh. En definitiva, el consumo real más fuerte se inicia cuando ya alcanzamos la velocidad de crucero. Entre correr a 120 kmh o limitarse a100 kmh puede significar un ahorro de hasta el 40 %. Y es que el consumo aumenta con la velocidad. También es cierto que medidas como limitar la velocidad a 80 kmh no tienen efecto alguno si los conductores circulan con la cuarta marcha en lugar de la quinta, como en realidad sucede, porque se desconoce la técnica de la conducción eficiente.

Revolución silenciosa con menos humos
Un coche a 4.000 revoluciones hace tanto ruido como 32 vehículos a 2.000 revoluciones. Además, un estilo de conducción económica está impregnada de tranquilidad, por lo que se evita el estado de estrés producido por el tránsito en las ciudades y contribuye a la reducción de accidentes de tráfico. Recordemos que la conducción ecológica o eficiente en realidad nos obliga a la anticipación, por lo que esta forma suave de conducir reduce el riesgo de accidente, a la vez que mejora el confort de los viajeros y el de los transeúntes, que ven cómo se reduce el ruido. Un estilo de conducción eficiente nos remitiría a una circulación general más fluida, más uniforme. Finalmente, cabe recordar el mayor consumo que supone el aire acondicionado del vehículo en verano, que puede ser de hasta un 15 %. El peso y una mala distribución de la carga puede incrementar el consumo hasta un 40 %.

No apto en coches automáticos
Lamentablemente, la conducción eficiente no puede aplicarse en vehículos equipados con cambio de marchas automáticos. Estos, hoy por hoy, consumen más combustible que los manuales. Este efecto se puede apreciar de forma espectacular en los coches híbridos como el Prius, en el cual, cuando no se da el apoyo de la motorización eléctrica, el consumo de combustible es superior que si pudiéramos conducir de forma manual.

Resumiendo...
• La conducción eficiente supone un ahorro del 50 % en óxidos de nitrógeno, un 75 % en monóxido de carbono y hasta un 60 % en partículas de combustión.

• La conducción eficiente minimiza la contaminación atmosférica y reduce el ruido ambiental, con lo que mejora la calidad ambiental en el entorno urbano.

• La conducción eficiente de un vehículo aporta ahorros ambientales considerables. El ahorro en combustible puede ser de entre un 15 a un 25 %, según sea circuito urbano o vías interurbanas.