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Conferencia de los Bioneros: todo está vivo, todo está conectado, todo está relacionado (3/4)





Conferencia de los Bioneros: todo está vivo, todo está conectado, todo está relacionado (3/4)
Octubre de 2008 - Artículo cedido por Poc a poc 

Como dijo una vez Richard Deertrack, líder de los Taos Pueblo de Nuevo México, en la Conferencia de los Bioneros, “desde el punto de vista de una planta, todos los humanos somos más o menos iguales”. Desde la perspectiva del planeta, somos una sola especie. Si no hay nada que haya conseguido unir a la humanidad lo suficiente para ver más allá de nuestras diferencias culturales contrapuestas, la amenaza de un colapso ecológico global tal vez nos hará finalmente recapacitar.


Los fundadores de Bioneers: Kenny Ausubel y Nina Simons.


David Suzuki (Fuente: Wikipedia).






Imágenes de la llegada al Zócalo (México) del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, liderado por el subcomandante Marcos (Fuente: Wikipedia)








Imágenes de varias ediciones de la conferencia Bioneers celebrada en el Marin Center de San Rafael (San Francisco, California).


Dra. Lynn Margulis (Fuente: Wikipedia).

Kenny Ausubel. Hoy, la situación a nivel de calle, que está a punto de combustión espontánea, es una “tormenta perfecta” de degradación medioambiental extrema y colapso de las infraestructuras. No es la primera vez que ocurre. Varias civilizaciones anteriores a la nuestra se extinguieron gracias a una catástrofe medioambiental auto-infligida, pero hasta ahora el daño siempre era a escala local. En este momento crítico, por primera vez en la Historia, la humanidad tiene la capacidad de destruir las condiciones que soportan la vida a una escala global.

A decir verdad, la clase política en general no tiene ni idea de por dónde tirar. No ha tenido ningún plan, aparte de comer todos los víveres de golpe. Aunque el imperio parece tener un poder que asusta, la verdad es que está haciendo aguas por los cuatro costados. Limpiar el medio ambiente depende de limpiar la política. La democracia es la clave de la restauración. Para llegar a la auténtica democracia hace falta una separación de las grandes corporaciones y el Estado.

En todas partes, la gente empieza a rechazar la idea de la deificación del mercado por encima de los derechos humanos y medioambientales.
Amory Lovins lo describe así: “Los mercados son un buen sirviente pero un mal amo y una peor religión. Los mercados producen cosas de valor, pero sólo las comunidades y las familias producen valores. Una sociedad que intenta sustituir mercados por política, ética o fe, se irá seriamente a la deriva”.

Como bien saben los que ostentan el poder, la creación de riqueza depende en gran parte de las políticas y el herario públicos. Tenemos que cambiar las políticas públicas para servir al bien común. Imagínense crear un Compromiso Verde: un programa de obras públicas que de un empujón a la restauración mediante una transición rápida hacia la energía renovable, la agricultura ecológica y un sistema sanitario robusto, basado en el bienestar, la medicina preventiva y la recuperación de los ecosistemas sobre los que depende la salud de todos.

Al hacer todo esto, incrementaremos de forma dramática la Seguridad nacional y medioambiental. Seremos catalizadores de un enorme programa de re-creación de empleo que dará trabajos con sentido a cambio de un salario digno. Incitaremos a un sinnúmero de nuevas empresas e innovaciones tecnológicas que se pueden diseminar por todo el mundo para repartir la riqueza.

Dice David Suzuki: “El auténtico balance final es el biológico. Somos animales que vivimos dentro de los exquisitos confines del aire, el agua y la tierra, donde existe la vida. La biosfera es la fuente de todo lo que nos importa, incluyendo la economía”. Este balance final biológico nos ofrece el matrimonio feliz entre la economía y la ecología.

La globalización alternativa: la revolución de los sueños
Contamos con brillantes innovadores sociales y científicos que llevan tiempo cultivando con paciencia las semillas de exitosos proyectos a nivel local, regional y hasta social para la transformación hacia una civilización sostenible. Está adquiriendo forma un movimiento de globalización alternativo de proporciones sin precedentes, tejiendo una red verde de modelos innovadores versados en las verdaderas biotecnologías y en la equidad social.

Se ha bautizado a este movimiento, a esta superpotencia, con el nombre “la revolución de los sueños”. Esto es precisamente lo que hacen juntos los Bioneros: re-imaginar el mundo. Los indígenas mayas de México que se levantaron junto con los Zapatistas para luchar por su propia supervivencia, se identificaron con un movimiento “de un sólo no y muchos síes”. La única negativa era un no a la concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza, un no a que el mundo se convirtiera en un gran latifundio.

“Queremos un mundo -dijeron- en el que quepan todos. Queremos un mundo en el que quepan muchos mundos, un mundo capaz de contener todos los mundos. La lucha tiene muchos caminos pero sólo un destino, el de ser uno con todos los colores que visten la tierra”.

Este nuevo mundo está naciendo en este mismo momento, delante de nuestros ojos. Mimetiza la inteligencia descentralizada de los sistemas vivientes, la democracia innata de la vida. Se funde en el reconocimiento de que la principal seguridad nacional proviene de la seguridad medioambiental. De hecho, confirman los analistas de la CIA, el mayor desafío a la seguridad en los años venideros, será el deterioro del medio ambiente. En términos de seguridad global, no se puede achacar a la coincidencia que los puntos políticamente más calientes y los caldos de cultivo del terrorismo, son aquellos que tienen el mayor índice de pobreza y degradación medioambiental.

Planeta simbiótico: una nueva historia de la creación
Nadie sabe de cuánto tiempo disponemos. Un reciente cambio de paradigma echó por tierra la teoría científica convencional que decía que los ecosistemas responden a la degradación paulatina y constantemente, que antes de cruzar ese umbral lo veremos venir y podremos tomar un paso atrás. Un estudio publicado en Nature llegó a la conclusión de que el asalto humano a la naturaleza ha dejado a muchos ecosistemas en un estado tan frágil que la mínima alteración podría provocar un desmoronamiento catastrófico, causando cambios abruptos sin apenas avisar. A pesar de parecer viables, los ecosistemas llegan a un punto de inflexión cuando su resistencia se encuentra demasiado socavada. Tales cambios pueden ser irreversibles.

No sabemos a cuánto estamos del punto de inflexión. Precaución es la mejor consigna, pasando de gestionar el daño a prevenirlo. En la adopción del Principio de la Precaución, alrededor del mundo resuena el sentido común de la abuela: “más vale prevenir que curar, mujer precavida vale por dos…”. Según Carolyn Raffensperger, defensora del Principio de la Precaución, es tan obvio que tal vez deberíamos llamarlo el Principio ¡no me digas!

En alemán, la palabra para referirse al principio de la precaución, Vorsorgeprinzip, significa “cuidar hacia el futuro”. La experta en biomímesis, Janine Benyus, enfoca la idea de la siguiente manera: “El criterio de éxito biológico es mantenerte vivo a ti mismo y a tus hijos. Pero no se trata solo de tus hijos, sino de los hijos de los hijos de tus hijos, a diez mil años vista. Ya que no estarás allí para cuidar de ellos, tienes que cuidar del lugar que cuidará de ellos. Por eso, la principal e innegociable política que tenemos que convertir en ley es que la vida crea las condiciones propicias para la vida”.

El Principio de la Precaución se remonta a la antigua sabiduría indígena norteamericana, el principio de la Séptima Generación: todas nuestras decisiones tienen que basarse en cómo afectarán al bienestar de la séptima generación venidera. De hecho, en gran medida las poblaciones indígenas han entendido lo que hay que hacer para crear una relación sostenible con la tierra y con ellos mismos. A lo largo del tiempo han actuado con el conocimiento de que los humanos somos una especie clave de la que dependen muchos otros. Han administrado conscientemente un paisaje co-evolucionario centrado en la salud y el bienestar de la red superior de vida de la que los humanos dependemos. Como dice el autor Malcolm Margolin, “es muy importante poder ver a la humanidad no como algo aparte del mundo, ni destructivo con él. Las personas, según su manera de vivir, de hecho pueden llegar a ser una bendición para la Tierra”.

Trabajar con el caos, el cambio, lo impredecible, con humildad
La humildad constantemente se impone, a la medida en que nos damos cuenta de lo poco que sabemos y qué poco control tenemos sobre un medio antiquísimo, impredecible e incomprensiblemente complejo. La restauración es un arte y una ciencia de la que poco sabemos y nunca hasta ahora nos habíamos enfrentado a una destrucción a la escala que hoy tenemos delante. Como señala el ecologista restaurador indígena David Martínez: “Eso significa que no solamente tenemos que volver a la sabiduría ecológica tradicional, sino que tenemos que contar también con la ciencia occidental. Nosotros no curamos la Tierra. Intervenimos lo mínimo para permitir que los procesos naturales curen la Tierra. Se trata de relaciones. Tienes que amar el mundo natural –las plantas y los animales— y cuidarles como si fueran tu propia familia.

“Las poblaciones indígenas se han dado cuenta que no puedes controlar el medio ambiente hasta esos extremos sin repercusiones serias. Así que se desarrolló la ética para enseñarnos que, si hacemos caso omiso de nuestros familiares en el mundo natural, sufriremos serias repercusiones. No es casualidad que en los mitos tribales de Norteamérica, los embusteros, como el Coyote o el Cuervo, son a menudo también los creadores del mundo, porque el universo tiene una naturaleza realmente dudosa. Hay que trabajar con el caos, trabajar con el cambio, trabajar con lo impredecible y tienes que trabajar con humildad. La restauración es una empresa inter-generacional, centrada en la comunidad. Se trata de nuestra responsabilidad como humanos el participar cada día en la re-creación de la Tierra. Es un cuento de nunca acabar”.

El principio básico de la supervivencia: la simbiosis
Lo que observó primero Darwin en su teoría de la selección natural, era que “el más fuerte” era el mejor adaptado; el más apto para sobrevivir las condiciones existentes, en un momento histórico dado y en un contexto ambiental específico. Poco después, otros biólogos identificaron como importantes ventajas para la supervivencia, la cohesión de grupo y la solidaridad. Pero hacía falta la genialidad contemporánea de la microbióloga Lynn Margulis para defender la importancia de la simbiosis como principio básico de la supervivencia. Ella descubrió lo que sería, a todas luces, una prueba de ADN de una innovación evolutiva primitiva entre tipos de bacteria enfrentados. Ya que ningún grupo podía devorar al otro, siguieron el impulso de fusionarse, lo que dio pie a la vida pluricelular tal y como la conocemos hoy. Margulis llama a la Tierra “Planeta Simbiótico”, profundamente sabedora de la reciprocidad y la cooperación. La ecología es el arte de las relaciones, la evolución es en realidad co-evolución y todos navegan siguiendo la Estrella Polar de la simbiosis.

Puede que nuestra mejor facultad como seres humanos sea nuestra capacidad de reinventar la cultura. El cambio de enfoque reside en nuestros mitos, las historias que dan sentido a nuestro mundo y que nos guían en nuestras vidas. Necesitamos una nueva historia de la creación.

Sea cual sea tu perspectiva –ciencia o espíritu— la terca naturaleza hace uso de la misma libertad que nos brinda: exige contar su propia historia de la creación. En esta encrucijada crítica, esta nueva historia es una historia de la co-creación. La naturaleza nos inventó y los bioneros generosamente nos ofrecen una visión de cómo corresponderle. Esta revolución desde el corazón de la naturaleza también surge en el corazón humano y lo curará. Lo que nos empuja hacia adelante el re-encantamiento de la Tierra.

El tiempo es oro. El peor fracaso que nos puede acontecer es el fracaso de la imaginación.
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