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Desmantelemos la industria energética convencional

Para desatascar los beneficios económicos y ecológicos de la energía renovable, desmantelemos la industria energética convencional!

La humanidad está en el umbral de una era de oportunidades sin precedentes. En las décadas pasadas, muchas de las innovadoras nuevas tecnologías se nos han hecho disponibles y asequibles. Estas están demostrando que son capaces de transformar nuestras economías actuales basadas en los contaminantes combustibles fósiles para avanzar hacia economías sostenibles impulsadas por las energías renovables. Esta transformación proporcionará millones de trabajos nuevos. Detendrá calentamiento global y creará un mundo más justo y más bello. Limpiará nuestro entorno y hará más sanas nuestras vidas. Aun así, para que todo este cambio positivo pueda darse, no necesitamos un tratado internacional sobre el clima. No necesitamos un Protocolo de Copenhague, del mismo modo que no necesitábamos un Protocolo de Kyoto. De hecho, estos intentos internacionales se nos muestran como el camino del progreso que nosotros no necesitamos.

Las posibilidades de la energía solar tanto para generar electricidad verde como para calentar agua aplicadas en Alemania, un país que es pionera sin tener las condiciones solares que tenemos en España.

La historia proporciona muchos ejemplos de revoluciones tecnológicas que han rehecho el mundo. Aun así, ninguna de ellas ha evolucionado sin encontrarse con una resistencia masiva. Ningún cambio no ha ocurrido a partir del consenso con aquellos que hay a la cola, y lo mismo sucede con la tosudez de regirnos por un tratado internacional a pesar de que el cambio global empieza a apreciarse en muchos lugares del planeta.

Sin embargo, muchos de estos cambios revolucionarios necesitaron de un marco político o ayuda concertrada para facilitar el desarrollo en sus inicios y demostrar los beneficios económicos y culturales que traían consigo. La lista incluye los ferrocarriles, las redes de electricidad, el coche, los barcos y la aviación, la energía nuclear, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Ninguna de ellas se fraguó gracias a un contrato internacional. Cualquier que hubiera sugerido introducir Internet a través de un sistema internacional de cuotas obligatorias por evitar la debalce en la economía se lo habría habría ridiculizado como analfabeto económico. Todas estas revoluciones tecnológicas ocurrieron porque había líderes capaces de mostrar las ventajas de la nueva tecnología. Estos ejemplos motivaban más y más gente, más y más empresas y gobiernos por hacer el mismo.

La aplicación de las energías renovables permite actuar en la escala local y de forma distribuida.

Este es el camino como se han desarrollado y se continúan desarrollando los procesos dinámicos hasta el punto dónde se vuelven autosostenidos. La revolución de la microelectrónica se implantó gracias a las ganancias de productividad que comportaba, pese a la agitación estructural casi universal que provocaba. Países que promovían la microelectrónica por ejemplo, mediante la investigación y el desarrollo patrocinados por el gobierno pudieron beneficiarse de los mismos. Los que pusieron freno a las mismas para prevenir la supuesta confusión económica posteriormente se atrasaban.

Las negociaciones por el clima tal y como se plantean nunca nos llevarán hacia la economía de la energía renovable que necesitamos porque se basan en la premisa incorrecta. Esta premisa incorrecta es que el cambio por limpiar la energía será una carga económica y que, por esto, se necesita llegar a un acuerdo a base de soluciones de consenso, pasos comunes y políticas comunes por compartir la supuesta carga.

Las negociaciones por el clima tal y como se plantean nunca nos llevarán hacia la economía de la energía renovable que necesitamos porque se basan en la premisa incorrecta.

¿Cómo se pudo pensar nunca en acercar posiciones y pactar obligaciones cuando los diferentes países tienen condiciones básicas muy diferentes? Alguna naciones son industrializadas, otras no lo son; algunos son países están en proceso de desarrollo, otros son países industriales; algunos son importadores de energía, otros son exportadores de energía. Y cada uno de ellos tiene estados diferentes de desarrollo tecnológico. Como resultado, es prácticamente imposible llegar a una política globalmente unificada. Cada país pretende tener derecho a exenciones. El resultado con un pacto de consenso es que se logran un gran acuerdo con muchas excepciones que básicamente nos lleva en el mejor de los casos, a un acuerdo de compromiso de bajo nivel que va en contra del genuino/real desafío.

Esta es la experiencia de 15 años de negociaciones del clima. Y todo empieza con la premisa incorrecta de que la introducción de la economía de energía limpia es un proceso doloroso. La premisa correcta es: el cambio hacia la energía limpia conlleva grandes ventajas económicas. Aportará importantes beneficios macroeconómicos a todos los países que se embarquen en el viaje. Si asumimos la premisa correcta, no hay ninguna necesidad de un acuerdo global. Es precisamente seguir impulsando la premisa incorrecta que nos arrastra a toda esta parafernalia de discusiones vacías y a crear un gran bazar o mercadeo sobre la carga a compartir. El único valor de los 15 años de estas negociaciones es que han creado conciencia global y han instalado el Secretariado del IPCC qué ha ayudado a crear el consenso global de que los peligros de clima realmente existen.

Nuestros paisajes deben reflejar la apuesta por las renovables o de otro modo simplemente nos quedaremos sin paisajes por causa del cambio climático.

Una estrategia de cambio climático dinámica debe tener en su corazón las oportunidades económicas que surgen de una revolución en suministros de energía limpia. No considera que un tratado global libere los beneficios de la energía renovable. Tomen el ejemplo de Alemania. Alemania es hoy el país con más captadores solares y más turbinas eólicas instalados, a pesar de que Alemania claramente no es el país con más sol ni con las mejores condiciones de viento. El éxito de la introducción de energía renovable es un resultado de la EGG (la Ley de Fuentes de Energía Renovable).

Esta Ley no era un derivado del Protocolo de Kyoto. El punto clave de esta Ley es que todas las energías renovables nuevas tienen prioridad absoluta a un precio garantizado en el mercado de la electricidad. Cualquier energía renovable que se produzca debe ser admitida por la red eléctrica y cualquier energía renovable que se produzca debe ser admitida por todo el sistema eléctrico. Las empresas de energía convencionales no tienen ninguna posibilidad para bloquearlo. Esta simple Ley ha creado mucha inversión nueva y ya ha inspirado más de 40 países, incluyendo la China y la India, que han apostado por desarrollar el mercado de tecnología de energía renovable.

Los gobiernos también pueden apoyar al dinamismo necesario a través de políticas fiscales. A las energías renovables se las debe otorgar exenciones fiscales. De este modo el panorama mundial cambiaría automáticamente gracias a las decisiones de inversión de los productores de energía y a la demanda de los consumidores. Es un hecho que la energía convencional hace daño al clima y a la salud humana. Por esto es ridículo que estas energías 'envenenadas' sean más apoyadas que las energías limpias. Debe ser exactamente lo contrario. Las energías limpias deben ser más baratas. Esto proporcionaría incentivos para los productores y a los consumidores por cambiar hacia un sistema basado en las energías renovables.

Podemos conseguir un sistema eléctrico 100% renovable en 15 años en cualquier lugar del planeta dónde se implementen políticas adecuadas.

A prácticamente todos los países, con la excepción de ciudades dónde existen los suburbios-tugurios, se prohíbe que se viertan residuos domésticos a la calle. La gente pone sus residuos en contenedores y asume que hay que pagar por la gestión local de la basura. Pero, curiosamente esto no se ha prohibido para las energías convencionales contaminantes que lanzan residuos a la atmósfera en forma de gases que contribuyen al calentamiento global. Lo que se ha convertido en un hecho evidente en nuestra cultura de vivir con residuos debería ser el mismo precepto que aplicáramos al suministro y consumo de energías contaminantes.

Podemos conseguir un sistema eléctrico 100% renovable en 15 años en cualquier lugar del planeta dónde se implementen políticas adecuadas. Soy optimista, porque nada no se puede implementar más rápido que una estructura descentralizada de producción de energía renovable. Hay una diferencia de tiempo mínima entre inversión y obra. Un molino de viento se puede instalar en dos semanas, por ejemplo. En cambio se precisan de varios años para poner en marcha una central eléctrica convencional. La aplicación de energías renovables de una manera descentralizada es tecnológicamente y económicamente mucho más rápida. Tiene un potencial enorme. Y este potencial natural es igual hoy como lo será dentro de 10.000 años y como esto era hace 10.000 años.

Las sociedades deben implicarse en la decisión política de crear un nuevo orden. Aquello no es una misión global; es una elección nacional. Tiene que acontecer una evidencia y es que en la cultura de nuestras sociedades no podamos continuar contaminando nuestro entorno con combustibles fósiles y residuos nucleares radiactivos cuando tenemos alternativas mejores y más limpias disponibles. El éxito de la política de la implantación de la energía renovable en Alemania demuestra que esta apuesta se puede ganar. Alemania ha mostrado que es fácil crear la conciencia que es mejor para la sociedad y para las generaciones futuras tener energía limpia. Así que el nuevo orden empieza con la prioridad para las energías renovables.

La participación ciudadana en las renovables es un buen ejemplo de como extender una nueva tecnología.

El desafío es cómo vencer los intereses creados por los proveedores de energía contaminante. La energía renovable requiere un enfoque altamente distribuido - que cada consumidor es potencialmente también un productor - mientras que también proporciona oportunidades completamente nuevas para la agricultura (biomasa), la construcción (materiales energéticamente eficientes), ingenierías y fabricantes (turbinas eólicas, captadores solares, plantas de biogás, pilas de combustible), pero también para la industria eléctrica (no hay más necesidad de redes eléctricas) y otros mucho más sectores. De seguir el camino de la energía renovable, esto sería una revolución económica de las de mayor alcance. Es el miedo al cambio revolucionario lo que motiva la amplia resistencia a la energía renovable.

Es necesario vencer esta resistencia. No puede haber revolución ecológica alguna en el suministro de energía sin una destrucción creativa de la industria de energía convencional existente. Al final, esto es una tarea para los políticos elegidos por la ciudadanía. Los políticos deben decidir qué es más importante: dar soporte y atender los intereses futuros del negocio de la energía convencional o tener cuidado del futuro de la sociedad.

Artículo del Dr. Hermann Scheer, publicado en Ode Magazine (edición especial sobre Copenhagen), el 12 de diciembre del 2009. Fotografías originales y traducción de Fundación Tierra. Edición catalana del artículo de Eurosolar España.