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Econoticias nº 13. El futuro incierto de las balle





13Semana del 9 al 15 de diciembre de 2002
Internacional
El futuro incierto de las ballenas
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Después de 16 años de relativa tranquilidad, la amenaza se vuelve a cernir sobre los majestuosos habitantes de los océanos. La Comisión Ballenera Internacional (CBI), organismo creado con el objetivo de proporcionar la conservación adecuada para las poblaciones de ballenas, tiene que decidir en Japón la reanudación de la caza de las ballenas con fines comerciales, prohibida desde 1986.

Países como Japón y Noruega persiguen la aprobación de la caza de ballenas a toda costa. Según Greenpeace, Japón ha llegado incluso a comprar votos con ayudas al desarrollo de países como Panamá, Guinea y Marruecos, y está haciendo cambiar la postura conservacionista que mantenían respecto a las ballenas muchos países en vías de desarrollo.
En la posición contraria, cabe destacar algunas estrategias llevadas a cabo para intentar asegurar la conservación de las ballenas. Ya en 1938 se creó en la Antártida el primer santuario ballenero internacional del mundo, con la intención de crear un refugio que proveyera a las ballenas de protección a largo plazo frente a la caza. En 1979 se creó el Santuario de Ballenas del Océano Índico, protegiendo así a las ballenas en sus áreas de reproducción y alumbramiento. Y, en 1992, los grupos ecologistas pidieron la restauración del santuario antártico, extendiéndolo hasta los 40º de latitud sur. Este santuario protege a tres cuartas partes de las ballenas de todo el mundo en sus áreas de alimentación: ballenas azules, rorcuales boreales, rorcuales comunes, etc.

Aun así, el régimen de santuario se ve amenazado. La industria ballenera japonesa lleva adelante lo que llama "cacería científica" dentro del santuario ballenero de la Antártida, y la carne de las ballenas cazadas para fines científicos es vendida directamente en el mercado japonés, generando grandes sumas de dinero. Según Greenpeace, en 1998, el valor de la venta al por mayor de las 1.700 toneladas de carne de ballena cazada en la Antártida por los japoneses supuso cerca de 30 millones de euros. Esta cifra se triplicó en su venta al público.

Por todo ello, el futuro de las ballenas no está nada claro. Como si los problemas de contaminación marina no fueran suficiente amenaza a su supervivencia, los japoneses insisten en tratar a las ballenas como un recurso pesquero más, pero no hay que olvidar que las ballenas son mamíferos, no peces. Frente a los miles de huevos que los peces depositan en el agua para que sean fecundados, las ballenas tienen un período de gestación muy largo, y dan a luz cada uno o dos años a una sola cría, a la que cuidan y amamantan durante varios años hasta que pueda valerse por sí misma, la cual tardará muchos años antes de alcanzar su madurez sexual. Por tanto, las ballenas nunca podrían recuperarse rápidamente de la sobreexplotación que sufren desde hace más de un siglo. Quizá el único modo de asegurar la supervivencia de estos grandes mamíferos marinos sea hacer de todos los mares y océanos un santuario global.