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Econoticias nº 4. La energía eólica crece en todo





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Semana del 14 al 21 de febrero de 2002

Internacional


La energía eólica crece en todo el mundo.

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Durante el año 2001 la producción de energía generada con el viento en todo el mundo creció 5.500 MW. Esta cifra supone un incremento del 31 respecto al año 2000 y en términos de energía disponible supone que la producción del año 2001 permitiría cubrir el consumo eléctrico de unos 23 millones de personas.

Este espectacular crecimiento se debe al abaratamiento de la producción eólica la cual en menos de veinte años se ha dividido por diez situándose, en la actualidad, a 3 centavos de dólar por kWh. Una aerogenerador de unos 660 kW puede costar instalado sobre unos 550.000 euros y rentabilizarse en menos de tres años.

Alemania está a la cabeza de la potencia eólica instalada con 8.000 MW. España se sitúa en tercer posición con 3.300 MW. La energía eólica, uno de los símbolos de la independencia y estabilidad energética de pronto se ha convertido en una amenaza para algunos espacios naturales.
Sin embargo, frente el desarrollo eólico abre la posibilidad a la electrolización del agua para generar hidrógeno y almacenarlo para utilizar como combustible en las turbinas de las centrales térmicas cuando el viento deja de soplar. Los expertos auguran que la electricidad eólica es el principal candidato para reemplazar el gas natural que al fin y al cabo es un producto no renovable y contaminante.

El negocio eólico ha sido rápidamente capitalizado en casi todo el mundo por los grandes grupos inversores y las propias empresas de suministro energético. Sólo en Dinamarca, donde la energía eólica produce ya un 18 % de la electricidad consumida ha permito el desarrollo de pequeños productores o de cooperativas que invierten en aerogeneradores para complementar la actividad agrícola. Recordemos que 1MW eólica puede satisfacer el confort energético de unas 350 viviendas. El debate, sin embargo, se centra en los nuevos impactos ambientales que sobre las aves y la naturaleza causan los aerogeneradores. Como sucede a menudo, “corazón que no ve, corazón que no siente” y al fin al cabo un aerogenerador en una colina es muy visible mientras que las toneladas de dióxido de carbono de las centrales térmicas que nos rodean ya ni se huele. El reto, está en valorar las alternativas con mayor sensatez.