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El Ártico se funde





El Ártico se funde
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El Ártico se funde


En amarillo la línea de deshielo medio perdido desde 1979.


El casquete polar Ártico puede quedar sin hielo durante el verano antes del 2030.







Mayo, 2006. Los satélites no engañan y sus datos revelan a los científicos que el océano Ártico es extremadamente sensible a los cambios de temperatura. En marzo de 2006 los satélites de la NASA midieron 300.000 kilómetros menos de hielo que en 2005 (el 60% de España). Aunque el hielo en el Ártico varía con la temporada de forma que cada verano se funde parte y en septiembre alcanza el mínimo, al llegar el invierno comienza a crecer hasta que en marzo llega al máximo para iniciar nuevamente el ciclo de deshielo. Sin embargo, los datos indican que la pérdida de hielo, sostenida desde que en 1979 comenzaron las mediciones, no hace más que acelerarse. En marzo de 1979, los satélites constataron una superficie helada de 16,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo (32 veces España) en el Ártico. En 2005 había 14,8 millones y este marzo, 14,5 millones. El mínimo de este año supone un 12% menos que en 1979 y un 2% menos que en 2005. Los satélites miden el hielo flotante, no el que hay sobre Groenlandia o en los países que tocan el Círculo Polar Ártico.

Los datos los ha aportado el Centro Nacional para el Estudio de la Nieve y el Hielo de la Universidad de Colorado (The National Snow and Ice Data Center, NSIDC) en Estados Unidos y han sorprendido a la comunidad científica quienes afirman que el Ártico ha entrado en un círculo vicioso de pérdida progresiva de hielo. El fenómeno es evidente al fundirse el hielo en verano aumenta la superficie de agua; esta agua es oscura y absorbe más radiación solar que el hielo, que refleja gran parte; al absorber más radiación se calienta más el Ártico y se funde más hielo, con lo que aumenta la superficie de agua capaz de absorber la radiación y así hasta el infinito. Esta tendencia se atribuye al calentamiento de la atmósfera pero también al del calentamiento de los océanos. El caso del deshielo del Ártico apunta al calentamiento global inducido por la emisión de gases de efecto invernadero. Estos gases, principalmente el dióxido de carbono que se produce al quemar combustibles fósiles, se acumulan en la atmósfera y dificultan la salida del calor que emite la Tierra en forma de radiación. La banda ecuatorial del planeta funciona como un foco  de emisión de calor de la Tierra que los casquetes polares equilibran como si de sumideros se tratar. El Ártico es la zona en la que más aumentos de temperatura se están registrando, con temperaturas en 2005 de más de 2,5 grados superiores a la media. Este deshielo no afecta de momento al nivel del mar pero en cambio sí puede alterar las corrientes marinas que regulan el clima mundial.

Nadie duda que el clima de la Tierra es cambiante y que las variaciones anuales no deberían formar parte más que del anecdotario pero resulta que los datos de los satélites revelan que en el Ártico se ha detectado un ritmo de deshielo del 8% cada década (desde que se empezó a medir en 1979), aunque puede incrementarse en los próximos años. La principal preocupación sigue siendo Groenlandia que dispone de una superficie helada equivalente a México y donde la pérdida de hielo ha pasado de 50 kilómetros cúbicos por año en 1996 a 150 kilómetros cúbicos anuales en 2005. Los efectos de este deshielo progresivo en realidad nadie se aventura a lanzar previsiones aunque ya se afirma que para el 2030 durante el verano podría no haber casi hielo sobre el Ártico, lo cual abriría numerosas posibilidades en la explotación de nuevos recursos naturales y vías de transporte. El tema es qué desastres habremos padecido al conseguir un crucero por el casquete polar por culpa del deshielo del Ártico causado por el cambio climático.