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Huelga de hambre contra los transgénicos





Huelga de hambre contra los transgénicos
Barcelona, 28 de junio 2009. Miembros de la plataforma contra los transgénicos Som lo que sembrem están en huelga de hambre para reclamar que el Parlamento catalán acepte las 105.000 firmas con las que se solicita un debate y la declaración de Cataluña libre de transgénicos.

Esta es una medida pacífica que denota el elevado compromiso de quien asume someterse a la abstinencia total de alimentos para alertar sobre una causa noble. Un grupo de las personas implicadas en la lucha contra los transgénicos –en concreto seis de sus miembros– se han declarado en huelga de hambre frente a la sede del Parlamento catalán, en el Parc de la Ciutadella de Barcelona.

No es un acto propagandístico, sino la consecuencia frente a la insensibilidad política, afectada por la presión de las grandes empresas de la biotecnología. Recordemos que Cataluña tiene más de 30.000 ha de maíz transgénico sembrado con el visto bueno del propio gobierno autonómico.

La lucha pacífica contra los transgénicos lleva ya varios años y desde ópticas contundentes, como las de Greenpeace, pero tomó una nueva hoja de ruta cuando se organizó una Iniciativa Legislativa Popular contra los transgénicos en Cataluña. Lo que empezó como un reto que debía obtener un mínimo de 50.000 firmas para que el Parlamento catalán se pronunciara sobre el tema, recibió un alud de colaboradores por toda la región que permitió alcanzar más de 100.000 firmas. Sin embargo, hasta ahora, la cámara legislativa catalana se ha hecho la sorda y pretende zanjar el tema con la arrolladora mayoría de los partidos, unidos por los intereses económicos. Por este motivo, el pasado 28 de junio se organizó una manifestación que contó con la participación de casi 4.000 personas. Esta manifestación –a cinco días de que el Parlamento catalán (2 de julio 2009) decida si atenderá o no la Iniciativa Legislativa Popular– ha sido el catalizador de esta huelga de hambre contra los transgénicos.

Esta es la primera vez que, en España, personas ligadas a la agricultura ecológica se someten a esta disciplina de protesta para alertar de la importancia de no ceder a la presión de la industria biotecnológica. Este gesto de los activistas merece toda nuestra sensibilidad y compasión, gratitud y admiración. Lamentablemente, los problemas casi nunca se solucionan por las decisiones de los que nos gobiernan, sino por la valentía de personas con convicciones que son capaces del sacrificio personal y se convierten en ejemplo para mostrar las alternativas. Los activistas de Som lo que sembrem son un claro ejemplo del grado de compromiso que asumen a favor de una buena alimentación y de la conservación de la biodiversidad agraria, sin envenenar las tierras y el agua.

La mejor expresión de justicia frente al riesgo de los huelguistas es precisamente no dejar que su acto quede sin compañía. Dedicar algo de nuestro tiempo a acompañarles es expresar nuestra solidaridad, porque su lucha es una batalla por un mundo más saludable y menos tóxico. Porque su lucha es para mostrarnos que otra forma de vivir y alimentarnos es posible. Porque su lucha es una vivencia para la reflexión colectiva. El gobierno catalán ya ha dado órdenes a los medios de comunicación públicos para que no informen de esta acción ciudadana, pacífica y comprometida con la sociedad, que los ha arropado con más de 100.000 firmas.

Vivimos momentos de desmovilización, de apatía política y de egoísmo consumista. Esta huelga de hambre contra los transgénicos es por el bien colectivo. Dar alas a los transgénicos es sólo a beneficio de las multinacionales de la biotecnología, de la opresión alimentaria y de la pérdida de biodiversidad. Esta huelga de hambre contra los transgénicos adquiere un elevada nobleza, porque es también para reclamar un acto básico de democracia parlamentaria. Si los políticos ya no son capaces ni de ser responsables frente a 105.000 firmas –el doble de lo exigido por la ley para presentar una Iniciativa Legislativa Popular–, entonces sólo nos queda la resistencia pacífica para denunciar la irresponsabilidad de la clase política, que existe por voluntad popular. Si nuestra clase política no es capaz de atender una Iniciativa Legislativa Popular es que se han quebrado las reglas más elementales de la convivencia democrática. En este supósito, habrá que empezar a pensar que no son más que títeres de los poderes económicos, lo cual nos lleva al resurgimiento de la idea de una sociedad feudal, en la que la corte real ha sido sustituida por las multinacionales y los políticos no son más que los bufones que los entretienen cual vasallos eunucos.