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Huertos urbanos: caminando al futuro, aprendiendo del pasado




Huertos urbanos: caminando al futuro, aprendiendo del pasado

Los huertos urbanos cuentan cada día con más adeptos.


Balcones, terrazas e incluso el interior de una casa
son buenos lugares para cultivar las propias verduras
y hortalizas.


La satisfacción de cosechar y comer  lo que uno mismo ha plantado y cuidado es infinita.


Para sentirse como un profesional, nada
mejor que los huertos urbanos diseñados
para un éxito asegurado.

Un nuevo movimiento a nivel mundial está despertando la conciencia de mucha gente, un movimiento de sostenibilidad, ecología y conciencia global. La facilidad con la que intercambiamos información gracias a instrumentos como Internet está redescubriendo los huertos urbanos a las nuevas generaciones.


Historia

A lo largo de toda la historia, los huertos urbanos han estado presentes en la vida del ser humano. Durante la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos, el 40% de los alimentos que se consumían en las ciudades eran producidos en huertos urbanos. En apenas 50 años, a causa de la revolución del petróleo y los demás combustibles fósiles, nuestro mundo y sociedad cambiaron completamente y nos hemos olvidado de lo que veníamos haciendo durante miles de años. Actualmente, países en desarrollo como Cuba, Chile, Perú o Argentina tienen una gran producción hortícola urbana y están recuperando este modo de producción.

En el caso de países como Cuba, esta producción es fruto de la necesidad, pero en los países más desarrollados se está implantando como alternativa a la cesta del supermercado. En ciudades como Nueva York, Londres o Barcelona, los huertos urbanos se están convirtiendo día a día en una opción adoptada por muchas personas.


¿Por qué un huerto urbano?

Estamos demasiado acostumbrados a ir al supermercado y poder comprar cualquier producto en casi cualquier época del año. No nos importa si es temporada o no, de dónde provenga, etc. Sólo nos importa comprar lo que se nos antoja, al precio más barato posible. Esta forma de pensar y consumir de manera irresponsable está llevando a producir de forma artificial e insostenible los productos que demanda el mercado.

Para producir tomates en invierno es necesario hacerlo en invernadero, en climas muy calientes, con sistemas de riego artificial. Este tipo de consumo ha llevado a cubrir desiertos como el de Almería, calurosos, secos e infértiles, de plástico, a abonarlos con abonos industriales y a regarlos con agua traída de otros lugares. Para que llegue a nuestra casa, el alimento es cosechado, seleccionado, envasado, enfriado y transportado, con el consumo energético que todo esto ha supuesto. Además, en un mercado como el nuestro, quien menos dinero gana con todo esto es el productor, que para que el producto tenga precios competitivos, tiene que venderlo en ocasiones por debajo del precio de coste de producción (a causa, en parte, del elevado coste de producción). Al conjunto de todo esto se le llama insostenibilidad.

Producir nuestros propios alimentos en casa nos enseña una cultura de alimentación diferente, nos acerca a la naturaleza, a comprender el ciclo de la vida y la alimentación, a apreciar el campo, nos acerca un poco más a los orígenes y, además, nos proporciona unos hábitos de alimentación saludables. Casi sin percatarnos, estamos ayudando a crear un modo de vida más sostenible.


Superando dificultades

Cultivar en un entorno urbano es una prueba constante para superar las dificultades día a día, un reto para conseguir alimento en un entorno estéril, un bonito pasatiempo y, sobre todo, una actividad creativa y muy gratificante.

Para empezar, tenemos que buscar el lugar donde cultivar. Antes, sólo los “privilegiados” que tenían terraza podían plantearse algo así. Hoy en día hay varias empresas que, a través de Internet, nos ofrecen soluciones para poder tener nuestro pequeño huerto en terrazas pequeñas, interiores, balcones, etc. Incluso, con un poco de imaginación, la galería de nuestro salón queda muy bonita adornada con plantas de pimientos y tomateras cherry.

Lo más necesario es tener un sitio donde disponer de, al menos, unos 30 litros de sustrato repartidos en superficie. En esta cantidad de “tierra” podemos plantar casi cualquier tipo de hortaliza.


Una gran satisfacción

Lo más gratificante de tener tu propio huerto urbano es, sin duda, el momento de cosechar. Cuando puedes empezar a coger tus propios tomates madurados en rama, tus pimientos, tus cebolletas frescas, lechugas que tardan apenas 15 minutos en pasar de la tierra al plato (y eso porque tienes que lavarlas). Todo sabe de manera diferente. No hay sabor comparable en nada que puedas comprar en un supermercado.

La primera vez que uno prueba su primer tomate madurado en rama, con una pizca de aceite de oliva y sal… solo eso… la cara de placer que se nos queda es un poema, es algo que hay que vivir.

Cuando uno empieza en esto de la agricultura urbana, lo más probable es que se acabe enganchando. El mayor escollo suele estar en convencer a tu pareja o familia de que tener tomates en el balcón no es ninguna locura. Los “preconceptos” de la gente a veces pueden ser un poco incomprensibles.

Cuanto más aprendes sobre agricultura urbana, más te interesa y más te paras a estudiar. Uno empieza por comprar plantel en una tienda y poner unas cuantas lechugas y acabas plantando tu propia semilla en cacharros de yogur y haciendo un calendario de planificación anual sobre qué quieres plantar, cuándo, cómo aprovechar el espacio al máximo, etc.

Incluso para cuando nos vamos de vacaciones, uno acaba ideando sus propios sistemas de riego casero para que nuestras plantitas sigan vivas cuando volvamos.

Artículo elaborado por CITYHUERTO


Resumiendo...

TÚ TAMBIÉN PUEDES

• ¿Tienes terraza? Perfecto. ¿Tienes balcón? Perfecto también. ¿No tienes nada de eso?

• No lo dudes, haz sitio al lado de una ventana donde le dé el sol y ya verás cómo te sorprendes.

• Si quieres empezar con buenas herramientas: cómprate un huerto urbano,

• Si prefieres primero probar a ver qué tal te va con esto de la horticultura, cómprate una maceta y un sobre de semillas de espinaca (se pueden plantar en cualquier época del año). Coloca un poco de sustrato para plantas, siembra las semillas (apenas 2 o 3mm de profundidad) y riégalas un poco de vez en cuando para que la tierra no se seque demasiado. La magia de la vida y la naturaleza harán el resto. Cuando estén creciditas, prueba a hacer una ensalada fresca con ellas. Ese simple acto te cambiará de algún modo la vida.

• Después de cultivar tus primeras hortalizas, empezarás a plantearte un montón de cosas… seguro. Bienvenido al despertar de conciencia.