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Impacto ambiental de móviles y microelectrónica

El comercio relacionado con la telefonía móvil es un lamentable ejemplo de la perversidad económica en el que estamos sumergidos parte del mundo actual. La duración de uso de los terminales móviles ya no supera los 2 años; aunque sigan funcionando perfectamente, se sustituyen y se convierten en un residuo. De momento, sólo una mínima proporción de móviles se recicla. Este elevado número de terminales supone también un enorme gasto energético. El presente reportaje parte de los datos que se disponen sobre este sector de la telefonía, pero la llamada microelectrónica de consumo abarca muchos más aparatos (consolas, routers, descodificadores, etc.) que, cada vez más rápidamente, se convierten en residuos a los pocos años de estrenarse y, por tanto, en importantes focos de contaminación. Además, la fabricación de estos productos conlleva asociados graves impactos por la extracción de minerales estratégicos o la propia fabricación de los componentes electrónicos. La creciente miniaturización de los chips comporta un espectacular incremento de su huella ecológica. Si para un gramo de microchip se precisaban en el 2005 unos 34 kg de materiales diversos (la mitad de agua), hoy las nuevas prestaciones están exigiendo por gramo de microchip hasta 50 kg.

Residuos peligrosos regulados
Los aparatos eléctricos y electrónicos son omnipresentes en nuestra vida, ya sea en el ámbito profesional, doméstico o de tiempo libre. Casi se podría decir que no sabemos vivir sin la microelectrónica (GPS, tablets, notebooks, teléfonos móviles, cámaras digitales, etc.) Si bien estos aparatos tienen como objetivo principal mejorar nuestra calidad de vida, los residuos que generan, conocidos como Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), una vez finaliza su vida útil, pueden convertirse en un grave problema de contaminación y riesgo ambiental para la sociedad.

Circuito impreso de un ordenador con un chip. Foto: Fundación Tierra.

En los últimos años se ha regulado la recogida y reciclaje de los RAEE para facilitar su gestión, la cual además de evitar riesgos ambientales, permite recuperar nuevas materias primeras y generar riqueza gracias a su reciclaje. Sin embargo, la tasa de recogida de RAEE es todavía insignificante. En 2009 en España, fueron registradas 702.700 toneladas de residuos RAEE [1], más del 50% correspondiente a electrodomésticos, pero casi el 23% de aparatos informáticos y microelectrónica. Sin embargo, en este mismo año, España sólo alcanzó una ratio de recogida de RAEE de 3,54 kg/habitante/año en proporción a su cuota de mercado (un 14% del total nacional). La cifra, aún y estar cerca de los 4 kg/habitante/año que marca como objetivo el RD 208/2005, es, sin embargo, absolutamente insuficiente. En otras palabras indica que más del 90%  de estos residuos terminan en el vertedero. Se considera que cada europeo produce entre 17 y 20 kg de RAEE anuales, aunque esta cifra crece año tras año y se prevé que para el 2017 ya esté en 30 kg. En el año 2009 el volumen de RAEE por cada español era de 14,4 kg anuales.

Otro dato destacable es que el 40% de la electricidad que se consume en el hogar ya está provocado por los aparatos electrónicos para la información y el ocio. Entre ellos, ordenadores, teléfonos móviles, routers, consolas, etc. El crecimiento espectacular de las telecomunicaciones no tiene precedentes. El número total de líneas vinculadas exclusivamente a internet móvil alcanzó en 2009 las 21,5 líneas por cada 100 habitantes. De todas ellas, de las líneas de banda ancha por redes fijas y móviles, el 16,7% de este total fueron de redes 3G/UMTS (para la telefonía móvil). Así, la telefonía móvil alcanzó en 2009 las 122 líneas por cada 100 habitantes. Se calcula que los terminales operativos son más de 50 millones de aparatos y las ventas anuales de nuevos terminales oscila entre 20 y 25 millones de unidades sólo en España.

Sin embargo, tampoco podemos olvidar que en el sector de las telecomunicaciones no sólo causa impacto el terminal, sino todo lo que está involucrado en la red: antenas, nodos, centros de control, etc. Sólo la gestión de la red ya se lleva más del 50% del impacto ecológico total del sector, aunque éstos todavía no están demasiado divulgados. Recordemos, por ejemplo, que las estaciones de telefonía móvil precisan de refrigeración continuada. La mayoría de los operadores no tienen ni se han aplicado en medidas de ahorro en su red. La excepción es Orange en España que aplica una solución de refrigeración conocida como enfriamiento natural o “free-cooling”. La técnica consiste en la adaptación de los sistemas de climatización convencionales de las estaciones base de la red de telefonía móvil, para conseguir una reducción del consumo de energía eléctrica por disminución del tiempo de funcionamiento del aire acondicionado. Con este sistema se ahorra hasta un 25% de energía en el sistema eléctrico. Con la implantación de esta tecnología, el consumo energético de la red móvil en su conjunto se ha reducido en más de un 10%.

El consumo en standby de los cargadores
Los cargadores de móviles se han convertido en unos golosos consumidores de electricidad, no sólo cuando cargan el terminal móvil, sin también porque el usuario los deja enchufados y siguen consumiendo, poco, pero consumen. Cuando la ratio de móviles por habitante en España ya supera las 1,2 líneas por habitante, es lógico que lo que puede parecer un problema menor ya no lo sea tanto. La Unión Europea ha tomado en este tema cartas en el asunto con el Integrated Product Policy Pilot Project (IPPP).

Clasificación empleada en la Unión Europea para advertir sobre el consumo estando enchufados y sin carga de los cargadores de móviles.

Sony-Ericsson introdujo un nuevo cargador que incluía en todos los terminales desde 2004 que sólo consumía 0,3 W cumpliendo con el llamado Código de Conducta Europeo Voluntario. Desde 2005, todos los nuevos modelos cumplen el código de conducta voluntario de la UE para fuentes de alimentación y los requisitos del programa Energy Star. El consumo en el modo sin carga de los nuevos cargadores creados a partir de 2005 no supera los 0,1 W. Los cargadores de móviles han sido clasificados con estrellas por su consumo en standby. La mayor parte de los fabricantes tienen 4 estrellas que supone un máximo de 0,15 W. Las 5 estrellas, ya las emplea Nokia en sus cargadores a partir de los modelos AC-8 y cumplen con la condición de igual o menor a 0,03 W cuando no cargan y están enchufados.

A pesar de ello los fabricantes de móviles advierten que deben hacer más hincapié en que se desenchufen los cargadores cuando el terminal ya está cargado. En el ciclo de vida de un móvil el 30% de la energía del mismo es la que se pierde en el cargador sin estar cargando (suponiendo 2 años de vida para el terminal). De ahí la importancia de no dejar enchufados los cargadores, a pesar de ser de última generación. En lugar de dejarlo cargando por la noche sería mejor hacerlo, por ejemplo, al llegar a casa antes de cenar pues seguro que a la hora de irse a la cama ya estaría cargado y de esta modo podríamos desenchufarlo y ahorrar de 4 a 6 horas de consumo (casi 1 W). Seguramente parece ridículo, pero teniendo en cuenta de dos a tres cargas semanales y dos años de vida sobre un parque de terminales de casi 3.000 millones supone un notable consumo. Nokia calcula que si un 10% de la usuarios de móviles no dejaran enchufado el cargador se ahorraría la energía que se consume en 60.000 viviendas europeas.

Aunque no estén cargando, cuando están enchufados siguen consumiendo electricidad.

Se calcula que durante el 2010, el 40% de la electricidad de los aparatos de microelectrónica se consumirá mientras están apagados. Este dato debería servir para incrementar la sensibilización de los usuarios pero, lamentablemente, son cifras de ahorro tan bajas a nivel individual que nadie les da importancia, aunque de forma colectiva generarían notables consecuencias. Para los cargadores de 0,3 W la pérdida por el consumo sin carga es de 2,6 kWh/año. Sin duda, una cifra que nos puede parecer ridícula si tenemos en cuenta por ejemplo, que el consumo medio eléctrico ronda los 1.500 kWh/año por persona.

Otras formas de ahorro energético, además del apago del standby, dependen del propio manejo del terminal. Por ejemplo los ajustes en el brillo y brillantez de la pantalla pueden ahorrar un 15% de la necesidad de carga, algo parecido si se reduce el intérvalo de descarga del correo electrónico, entre un 5 y un 30% si se desconecta la WLAN o el bluetooth cuando no es preciso.

Valorando el ciclo de vida de un teléfono móvil
El ciclo de vida de un móvil, incluyendo los costes ecológicos de la producción, transporte, residuos, etc., y suponiendo una durabilidad de entre 3 y 5 años, -aunque en realidad se reponen antes-, genera el equivalente a 23,5 kg de CO2. La industria defiende que este volumen es sólo el 0,08% de las emisiones per cápita y menos del 0,1% de estas emisiones son por el uso del mismo (datos del 2008). Los smartphones de última generación tienen una mayor huella ecológica. Apple calcula que para su iPhone 4, la huella de carbono es de 45 kg de CO2 equivalente por cada aparato, lo cual supone además una mejora respecto a los 55 kg de CO2 equivalente de su versión menos avanzada, el iPhone 3GS.

Materiales básicos declarados por Apple para su iPhone 4. Fuente: Apple.

Algunas empresas de microelectrónica están tratando de ponerse al día en cuanto a sus compromisos y responsabilidades ambientales. Así, Sony Ericsson informa que de todas las emisiones calculadas para un aparato de telefonía móvil el 15% de las mismas 3,7 kg CO2equivalente (CO2e) provienen del transporte (éste y otros datos se ofrecen en su informe de sostenibilidad). La empresa reconoce que, aunque tiene 80 oficinas en todo el planeta, concentra el 87% de sus empleados en sólo 12 países. La huella ecológica de estas oficinas era de casi 13.000 toneladas de CO2, o sea algo más de la mitad de la de la fabricación (la cual se concentra esencialmente en una fábrica de Beijing que emplea a más de 10.000 personas y con unas emisiones de unas 21.500 toneladas de CO2e, cuyo cálculo de CO2e por kg de producto fue de 0,67 kg). Sin embargo, reconocen el alto coste ambiental de los viajes de sus empleados que sumaron otras 22.800 toneladas y equivalen a 2,075 kg de CO2 por kg de producto (datos de 2008 Sustainability Report Sony Ericsson).

Otro aspecto a considerar para valorar cómo se reduce la huella ecológica de una empresa son los llamados Indicadores Claves Medioambientales, en inglés Key Environmental Performance Indicators (KEPIs). Algunos de ellos, en el caso de los teléfonos móviles son, por ejemplo, la superficie total del Panel de Circuito Impreso (Printed Wiring Board), el área de la pantalla de cristal líquido, o la cantidad de compuestos que contienen bromo. Estos datos, no los ofrecen todos los fabricantes aunque permitirían visualizar su compromiso ambiental.

Substancias tóxicas en los móviles
La industria electrónica, especialmente por la presión de entidades ecologistas como Greenpeace (Guide to greener electronics), han ido reduciendo o sustituyendo los productos tóxicos químicos que contenían. Especialmente el PVC en el cableado de los cargadores o en las carcasas de los terminales, o los ftalatos que han sido retirados por casi todos lo fabricantes. Así como los retardantes de llama tales como los productos halogenados a base de bromo o cloro o el trióxido de antimonio. Hay diferentes acuerdos voluntarios para eliminarlos no más allá del 2010. El trióxido de antimonio se utilizaba en combinación con otros retardantes de llama para evitar posibles incendios en los terminales por el calor que generan en determinados momentos. Hoy existen otras tecnologías tales como la protección contra la humedad en varistores (resistencias variables que protegen los circuitos contra el calor excesivo). El berilio y el cobre utilizados en los conectores también han sido eliminados por parte de la mayoría de los grandes fabricantes.

Circuito impreso de un teléfono móvil. Foto: Fundación Tierra.

Apple hace años que emprendió una política de restricción en las sustancias nocivas tanto en el producto como en el envase. En el caso de los envases, el iphone 4 lo conforman 120 g de papel-cartón, 11 g de poliestireno y 2 g de otros plásticos. En cuanto al aparato, contiene 38,7 g de acero inoxidable, 40,9 g de vidrio, 15,7 g de circuitos impresos, 24,7 g son de la batería y el resto hasta los 135 g de su peso (batería incluida) son la pantalla (7,2 g) y algunas piezas plásticas y otros materiales (8,1 g). Respecto a las sustancias peligrosas en el propio producto, en Apple cumplen con la estricta Directiva Europea sobre la Restricción del Uso de Ciertas Sustancias Peligrosas en equipos eléctricos y electrónicos, también conocida como la directiva RoHS. Ejemplos de materiales restringidos por la RoHS incluyen plomo, mercurio, cadmio, cromo hexavalente y los retardadores de llama bromados (BFR) PBB y PBDE. iPhone 4 va más allá de la Directiva RoHS y por ello ha caracterizado este smartphone de forma que no contienen:

• Arsénico en la pantalla de cristal
• Mercurio en la pantalla con retroiluminación LED
• Retardantes de llama tipo bromados
• Níquel en las superficies exteriores

Los residuos acaban siendo uno de los principales problemas de los móviles y no son problemas banales. Una tonelada de teléfonos móviles a lo largo de su ciclo de vida genera unas 211 toneladas de residuos, de las cuales, 189 corresponden a la extracción y procesado de los materiales que lo componen, 21 a la manufactura y ensamblaje y 1 tonelada de residuo final. Un teléfono móvil que pesa unos 100 g con batería aproximadamente (varia según los modelos, los smartphones alcanzan entre 120 y 150 g) generará 21,1 kg de residuos. Teniendo en cuenta que la tasa de recambio en España se sitúa en alrededor de 50 millones de terminales anuales, se genera nada más y nada menos que 70.000 toneladas al año, o sea unos 15,8 kg por habitante al año.

 

Notas ----------------------------------------------------------------------

[1] El Real Decreto 208/2005, de 25 de febrero, sobre aparatos eléctricos y electrónicos y la gestión de sus residuos, establece en su Disposición adicional primera la obligación de que todos los productores de aparatos eléctricos y electrónicos se inscriban en la Sección Especial del Registro de Establecimientos Industriales (REI), creado por Ley 21/1992, de 18 de julio.

Redacción: Equipo terra.org.