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José Sánchez Real, y la física de lo cotidiano





José Sánchez Real y la física de lo cotidiano

Sánchez Real en su estudio en Valencia el 2003 con la portada del libro La Física de la Bicicleta.




















25 de Abril  2008. José Sánchez Real (1918-2008) es uno de estos españoles forjados en la inquietud de un país que, a pesar de sus avatares, engendra personajes con huella. Este es el caso de este profesor e investigador de física, química, heráldica, epigrafía, hospitales, folklore, arqueología... José Sánchez Real investigó, leyó, trabajó, escribió y publicó sobre todo aquello que le interesaba, que no era poco. Nacido en Gaucín (Málaga), este hombre, un humanista del siglo XX, recaló en Tarragona en los años cuarenta como catedrático del IES Martí Franquès. La ciudad, que luego le nombraría hijo adoptivo, le sedujo y el patrimonio histórico de Tarragona pronto se convirtió en su gran pasión.

Una vida volcada a la enseñanza activa
Había estudiado Química en la Universidad de Granada y luego hizo el doctorado en Madrid. Quienes le conocen aseguran que hasta el último día se preparó las clases como si fuera a impartir su primera lección. Miles de alumnos tarraconenses pasaron por su aula durante décadas. Y en clase fue tan exigente como en sus investigaciones. Sánchez Real llegó a dirigir el Instituto Martí Franquès, sobre cuya historia también publicó un libro. Uno más de los muchos que firmó. La fuerza de su convicción en la tarima frente a la pizarra de su clase, convirtió a muchos jóvenes a profesar la ciencia desde la observación y la investigación. Incluso ya jubilado, Sánchez Real seguía siendo un referente en el mundo de la pedagogía activa.

La física de lo cotidiano
Entre su prolífica obra destaca Física de la bicicleta, un libro de texto en el que la bicicleta se convierte en la excusa  para formular desde la evidencia cotidiana los conceptos de la física tales como la mecánica, el electromagnetismo, la óptica y la acústica.  Pero además, el profesor era un usuario ferviente de la bicicleta a la que definía como como "la máquina de la libertad", ya que nos permite no caer cuando está en marcha. Este libro, publicado en 1978, constituye todo un reto en si mismo porque, en realidad, es el manual con el que Sánchez Real decidió un día subirse al estrado y explicar toda la asignatura de física con una bicicleta sobre la mesa. Pero no fue sólo la física de la bicicleta la que hizo las delicias de sus alumnos, sino también el huevo o las velas. Él mismo explicaba la anécdota que estuvo bajo sospecha cuando incentivó que sus alumnos investigaran sobre la física de las velas y algunos padres imaginaron que les incitaba a ritos diabólicos. Nos consta que en su pequeño archivo -donde la Fundación Tierra le visitó en el 2003 para publicar una versión sintetizada de su obra la Física de la bicicleta para las monografías Perspectiva Ambiental- han quedado inéditos los manuscritos de varias obras de pedagogía de la física de lo cotidiano. Pero Sánchez Real era una persona inquieta y también investigó en temas tan alejados entre ellos como la heráldica o la cerámica íbera, Santa Tecla o las invasiones germánicas. Con 29 años publicó su primer artículo en el Diari de Tarragona.

Implicado en el estudio de la Tarragona antigua
Con la curiosidad como bandera, tras llegar a Tarragona este inquieto catedrático contagió su pasión a otros profesores y juntos se dedicaron a excavar, clasificar y fotografiar todo lo que encontraban en Tarragona y en pueblos de los alrededores como Altafulla, Renau, l´Arboç o Montblanc. El resultado de aquellas expediciones sigue vigente cincuenta y sesenta años después. Que no es poco. Sus estudios abrieron camino y abarcó ámbitos en los que nadie antes había reparado. Hizo las primeras excavaciones estratigráficas de Tarragona en el claustro de la catedral y en la muralla romana. Sánchez Real fue miembro de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense y también del Institut d´Estudis Tarraconenses Ramon Berenguer IV. Defendía sus tesis con rigor y propició debates y por encima de todo la reflexión, aunque sus tesis no fueran compartidas por todos y suscitaran, a menudo, controvertidos debates con arqueólogos e historiadores coetáneos. Y no dejó de hacerlo durante décadas. Muchos de sus trabajos  fueron recogidos en su Obra menor, editada por la Diputación de Tarragona, la cual recogía sus primeros artículos publicados en el Diario Español y el Diari de Tarragona. Posteriormente se publicaron cuatro volúmenes más. Siempre dispuesto a librar batalla por aquello en lo que creía, fue sonada su oposición a la construcción del actual centro comercial Parc Central, ubicado sobre una basílica paleocristiana. Aquella lucha la perdió, pero Tarragona le debe mucho a este polifacético químico.

Siempre frente al Mediterráneo
En los años sesenta se trasladó a vivir a Valencia, donde murió el pasado viernes 23 de abril, día del libro. Sánchez Rela nunca perdió el contacto con Tarragona. Sus constantes visitas a la ciudad tenían un ritual: la visita al Diari de Tarragona y a los archivos diocesano, provincial y también al archivo municipal. Siempre mantuvo su visión crítica y observadora sobre lo que le rodeaba, lo que le convirtió en un puntal en la preservación, el estudio y la conservación del patrimonio histórico de la ciudad. Como él mismo escribió sobre el tiempo que ahora se lo ha llevado, aunque no el recuerdo de quienes caímos bajo su influjo:

"Pese a que estamos casi tocando con las manos el tercer milenio y nos estamos haciendo a la idea de que la Ciencia y la Técnica sabrán ofrecer a la Humanidad un paraíso sucedáneo del Paraíso Perdido, el hecho es que los científicos no las tienen todas consigo en muchas cuestiones y entre ellas las referentes a lo que llamamos tiempo, que no es el meteorológico.
En los congresos que de vez en cuando se celebran y que ponen al descubierto más lo que se ignora que lo que se conoce, físicos y filósofos no se ponen de acuerdo sobre si el tiempo transcurre y su sentido, y no digamos nada si entra en juego la eternidad, con o sin mayúsculas.
Sin embargo el hecho es que el hombre habla del tiempo como algo casi tangible y lo mide y tiene definida incluso una unidad que es una, junto con otras cinco, de las fundamentales en Física: el segundo. Muy pocos llevan consigo un fotómetro o un amperímetro, pero un reloj lo lleva cualquiera.
Y es que el tiempo casi lo tocamos y hablamos de que se nos va de las manos, y que se pierde, y que se gana, como si fuera dinero, y quizás de ahí la frase de que el tiempo es oro. Algo valioso. "

Texto homenaje a la vida y la obra del Dr. José Sánchez Real. Elaborado con información publicada en La Vanguardia  con motivo de su obituario y redactada por Sara Sans el 29 de abril 2008.