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Las centrales nucleares sí emiten CO2





Las centrales nucleares sí emiten CO2

La central nuclear de Ascó 2, que ha servido de base para el estudio de emisiones de CO2 durante lo que dura toda una carga de combustible radioactivo.


Los periódicos pronucleares, con fotos poco éticas, promoviendo el turismo frente a las centrales nucleares como la de Ascó.


Esquema sencillo del ciclo del uranio.


Greenpeace ha reiterado por activa y por pasiva la necesidad de reducir las emisiones de efecto invernadero.


Agosto, 2008. Una aproximación a las emisiones de gases de efecto invernadero del ciclo de funcionamiento nuclear a partir del análisis del caso concreto de Ascó 2 (Tarragona), basado en un análisis de las emisiones de CO2 de la central nuclear de Ascó 2 durante el periodo 2001-2005, el tiempo que dura una carga completa del combustible nuclear. El resultado es que ya sea evaluando en el mínimo de 457.995 o en el máximo de 1.464.734 las toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera, se demuestra que una central nuclear en funcionamiento sí emite CO2.

Las nucleares no juegan limpio con el cambio climático
Ante la preocupación por los efectos del cambio climático y la certeza de que la era de los combustibles fósiles baratos toca a su fin, los defensores de las centrales nucleares se han lanzado a por todas para  proclamar que la energía nuclear es necesaria por afrontar el declive en el suministro de combustibles fósiles, y que no emite gases de efecto invernadero como el CO2. Sin embargo, a pesar de esta afirmación reiterada por parte del sector nuclear, resulta sencillo demostrar que es imposible sustituir con energía nuclear ni siquiera una mínima fracción del consumo de combustibles fósiles. Pero es que, además, en el caso del CO2, la propaganda del sector nuclear se ha hecho agobiante, puesto que prácticamente no hay artículo de opinión, mensaje, declaración o página web del “lobby” nuclear que no insista en la idea de que la energía nuclear es “limpia”,  que no emite CO2 y que es “parte de la solución” en la lucha contra el cambio climático.

“Las centrales nucleares sí emiten CO2. Una aproximación a las emisiones de gases de efecto invernadero del ciclo de funcionamiento nuclear a partir del análisis de Ascó2”, estudia un ciclo completo de funcionamiento de la central nuclear de Ascó 2, en base a la energía generada por una carga completa de combustible nuclear (75 toneladas) y calcula las emisiones de CO2 que resultan de la fabricación del combustible, los transportes implicados, el funcionamiento de la propia central y el transporte de los residuos de media y baja actividad al cementerio nuclear de El Cabril. Todo lo que, en resumen, es necesario para que Ascó 2 pueda funcionar.

El ciclo del combustible del uranio emite mucho CO2
Dado que las altas temperaturas que hacen funcionar una central nuclear no se originan en un proceso de combustión (son el resultado del calor generado por la fisión del átomo), la industria nuclear intenta hacer creer a la sociedad que las centrales no emiten CO2 ni otros gases de efecto invernadero. Vaya, que por aquello de que no queman nada en la propia central, están libres de emitir gases con efecto invernadero. Sin embargo, basta conocer mínimamente el ciclo de funcionamiento de un reactor nuclear para  deducir, sin ninguna dificultad, que la teórica “ausencia de CO2 y gases contaminantes” no existe.

El funcionamiento de una planta nuclear depende de una infraestructura industrial que se basa en un complejo circuito. Estas centrales funcionan con un combustible, el uranio, que no es demasiado abundante en la Tierra, lo que implica complejas explotaciones mineras, grandes instalaciones industriales para fabricarlo y largos viajes entre cada etapa del ciclo.

Tan sólo 6 países del mundo (Canadá, Australia, Kazajstán, Rusia, Namibia y Níger) disponen del 84% de las reservas mineras, y el 78% del total de reservas de uranio pertenecen a sólo 7 compañías. Hace falta transportar el uranio desde las minas hasta los pocos países con capacidad industrial para fabricar el combustible: el 99% del concentrado se fabrica en 12 países; sólo existen 6 complejos industriales de enriquecimiento en todo el mundo y tan sólo 4 compañías hacen el 92% del proceso de enriquecimiento. Finalmente, hace falta traer el combustible a las 439 centrales nucleares dispersas por Europa, Asia, África y América. Todas estas minas, industrias y transportes usan combustibles fósiles que emiten grandes cantidades de CO2 a la atmósfera. Y a sabiendas de que sin todo esto las centrales nucleares nunca podrían funcionar, sólo nos queda preguntar: ¿dónde queda la ausencia de CO2 y gases contaminantes?

Un análisis riguroso sobre las emisiones de CO2 en el ciclo de vida de una central nuclear
En el análisis se ha descartado abordar la totalidad del ciclo de vida de una central nuclear. Se han excluido las emisiones derivadas del proceso de construcción de la central, las de su desguace y las de la gestión de los residuos radiactivos de alta actividad. Se calcula la energía necesaria para fabricar las 75 toneladas de combustible, los transportes necesarios, el funcionamiento de la propia central y el traslado de los residuos de baja y media actividad resultantes hasta el almacén de El Cabril (Córdoba).

En todas las elecciones de datos se ha optado por seguir un criterio de prudencia, que ha hecho que todos los consumos y emisiones resultantes hayan sido calculados buscando un resultado contrastado y huyendo de exageraciones. Cuando, en determinadas etapas del  análisis, no se han encontrado datos correspondientes a etapa alguna, se ha optado por usar los datos mínimos de las etapas inmediatas, consignando así la limitación. Uno de los objetivos de este trabajo es que cualquier persona pueda hacerse una idea de las implicaciones y la complejidad del problema, denunciando así las simplificaciones poco ortodoxas de la propaganda nuclear.

El resultado es que, en la hipótesis más favorable para las nucleares -como es el cálculo del ciclo de funcionamiento de Ascó 2- se puede comprobar que ésta emitió un mínimo de 457.995 toneladas de CO2 a la atmósfera. Pero este es un cálculo ideal y, si se tienen en cuenta diversas variables, la cantidad se incrementa. Producir el combustible con electricidad generada con gas-oil generaría 525.696 toneladas de CO2. Si se considera que el uranio proviene de un mineral con una riqueza del 0,1% (minas de Rusia o Australia) serían 693.760 toneladas (778.284 usando en el proceso electricidad de térmicas de gas-oil). Si el combustible proviene de un mineral con el 0,068% de riqueza (minas de Namibia), emitiría 873.792 toneladas (971.162, si se produce con electricidad de gas-oil). Si, finalmente, tuviera una riqueza del 0,057% (minas del Kazajstán), emitiría 984.467 toneladas de CO2, que aumentarían a 1.089.734 si se fabrica con electricidad producida con térmicas de gas-oil.

Entre 150 y 300 kg de CO2 por Megawatio de electricidad nuclear
Otro aspecto que incrementa las emisiones son las técnicas de centrifugado o de difusión en el enriquecimiento del combustible. El análisis parte de un enriquecimiento por centrifugado; en el caso de usar técnicas de difusión, haría falta añadir un mínimo de 250.000 toneladas más de CO2 a cada variable de fabricación del combustible de Ascó 2, y unas 125.000 toneladas más si en este enriquecimiento por difusión se usara electricidad procedente de una central térmica de gas-oil. Así que con estos dos supuestos aplicados a la variable del Kazajstán, se llegaría a unas emisiones de 1.464.734 toneladas de CO2.

Por otro lado, considerar la emisión de CO2 por unidad de energía implica saber exactamente cuál es la cantidad de energía generada en cada carga de combustible. Y es que de las diversas fuentes consultadas se obtienen resultados tan diferentes como 37.563,78 GWh, 33.039,5 GWh o 29.500 GWh. Por todo ello, las emisiones pueden oscilar entre un mínimo de 12,2 Kg por MWh y un máximo de 36,9 kilogramos por MWh (llegando a los 45 y 49 kilogramos por MWh, en caso de usar técnicas de difusión en el enriquecimiento, con electricidad generada con gas-oil). Así que siguiendo los datos del anuario 2001 del Foro Nuclear, y en función de la riqueza del mineral de uranio, obtenemos entre un mínimo de 140 kilogramos de CO2 por MWh a un máximo de 290 Kg de CO2 por MWh; en otras palabras, casi tanto como una Central Térmica de Ciclo Combinado, y esto sin contar con las emisiones de todo el ciclo de vida de la central.

Estos datos, y los problemas ambientales relacionados con el funcionamiento de las nucleares, muestran la falacia de que la energía nuclear es “ecológica”, como cínicamente intentan presentarla sus defensores. Ante estos datos sólo se puede afirmar que las centrales nucleares contribuyen al calentamiento global, como el gas natural en un ciclo combinado.

Acceso al informe completo sobre el CO2 que emite una central nuclear
Informe Las centrales nucleares sí emiten CO2