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Las emisiones de carbono llegan a un récord histórico




Las emisiones de carbono llegan a un récord histórico
Alerta 10 - 2004

Las emisiones de dióxido de carbono causadas por la actividad humana, el motivo principal del calentamiento del planeta y del cambio del clima, alcanzan un récord histórico.


En muchas ciudades del planeta ir en bicicleta por la calle es insoportable


El coche es uno de los principales emisores de CO2


Es necesario ir más allá de los niveles de reducción de emisiones que dispone el protocolo de Kyoto.


Noviembre, 2004. En el 2003 las emisiones de carbono procedentes de combustibles fósiles llegaron a un récord histórico de 6.800 millones de toneladas, casi un 4% más que el año anterior. Las emisiones globales de carbono han aumentado de forma constante desde finales del siglo XVIII, y de manera especialmente rápida desde la década de 1950. De hecho, las emisiones anuales se han cuadruplicado desde el 1950.

Tres cuartas partes de las emisiones globales de carbono provienen de combustibles fósiles, concretamente del carbono, el petróleo y el gas natural. El resto son, mayoritariamente, consecuencia de la deforestación. De los cuatro principales sectores que contribuyen a estas emisiones, la generación de electricidad es responsable de la mayor parte: un 35%. El transporte y los procesos industriales son responsables de un 20% cada uno, mientras que el 25% restante proviene de edificios residenciales y comerciales (ver la figura 3).

Dos terceras partes de las emisiones de carbono derivadas de los combustibles fósiles tienen su origen en sólo 10 países. Los Estados Unidos de América, con un 5 por ciento de la población mundial, son el principal contribuyente, y son responsables de casi una cuarta parte de las emisiones globales. China se sitúa en segundo lugar, con prácticamente un 14 por ciento. Los otras principales contaminadores son Rusia, Japón, India y Alemania (ver las figuras 4 y 5).

Aun así, se prevé que la mayor parte del crecimiento de las emisiones en las próximas décadas provenga de los países en vía de desarrollo. Mientras que las emisiones globales de carbono han aumentado un 13% desde el 1990, las emisiones de China han experimentado un crecimiento del 47%, por ejemplo. De hecho, este país es responsable de casi la mitad del aumento global de las emisiones en el año 2003.

Un ritmo sin precedentes
Como consecuencia del aumento constante de las emisiones de carbono, la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ha subido en un 31% desde el 1750, un ritmo sin precedentes en los últimos 20.000 años. Normalmente, la naturaleza absorbe una grande parte de las emisiones de carbono a través de los océanos y los bosques, conocidos como “sumideros de carbono”, y reduce de esta manera el ritmo de acumulación en la atmósfera. Pero las tendencias recientes sugieren que las emisiones están ultrapasando la capacitado de absorción. Durante las dos últimas décadas, las concentraciones atmosféricas de CO2 han aumentado cada año una media de 1,5 partes de millón (ppm). Aun así, en los dos últimos años se han registrado aumentos inexplicables y alarmantes de 2,04 ppm y 2,54 ppm. Esto sugiere que la capacidad de los sistemas naturales de la Tierra por asimilar el aumento de las emisiones se está debilitando (ver la figura 6).

Mientras las concentraciones aumentan, el CO2 y otros gases de efecto invernadero retienen el calor de la tierra, y provocan que las temperaturas suban. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que las temperaturas de superficie medianas globales aumentarán 1,4-5,8 grados Celsius por encima de los niveles del año 1990 hasta el año 2100. De hecho, si los sumideros mundiales de carbono estuvieran llegando a un punto de saturación, los aumentos de las temperaturas actuales podrían ser incluso superiores.

La buena noticia es que disponemos de las tecnologías para reducir las emisiones de carbono. Cambiar nuestra dependencia de los combustibles ricos en carbono, como el carbón y el petróleo, por energías renovables y gas natural bajo en carbono puede reducir considerablemente las emisiones. La energía eólica, por ejemplo, actualmente produce lo suficiente energía sin carbono para suministrar electricidad a 24 millones de personas en todo el mundo, y el potencial aún es mucho mayor. Las personas están empezando a darse cuenta de los beneficios de esta fuente energética, y el uso de la energía eólica está aumentado un 31 por ciento cada año.

Más eficiencia
Utilizar aplicaciones industriales y domésticas más eficientes y establecer nueces estándares de eficiencia para los procesos industriales o los edificios con retroinstalación también supondrá una reducción de las emisiones de carbono y unas facturas de electricidad más baratas. En aquellos casos en qué el transporte colectivo no esté disponible, los vehículos híbridos de gas-electricidad proporcionan una solución de transporte baja en emisiones. Por ejemplo, el Toyota Prius, altamente eficiente, utiliza menos de la mitad de gasolina y, por lo tanto, emite menos de la mitad de carbono que los coches de gasolina habituales.

En el ámbito político, es vital el compromiso del gobierno para reducir las emisiones de carbono mediante políticas de regulación basadas en el mercado. Estas puede incluir incentivos para la eficiencia energética como impuestos de carbono más altos y la eliminación de las subvenciones para las fuentes energéticas provenientes del carbono; junto con una mayor inversión en investigación y desarrollo de tecnologías para la reducción de emisiones. Dinamarca ha aumentado los impuestos para los vehículos que emiten mucho carbono, mientras que ha reducido los impuestos de matriculación para la adquisición de vehículos con una fuente de energía eficiente.


Centrales térmicas problemáticas
Los Países Bajos están pidiendo a seis de sus centrales energéticas de combustión de carbón que reduzcan sus emisiones de carbono en 6 millones de toneladas entre el año 2008 y el 2012. Y Japón está animando los funcionarios del gobierno a sustituir su flota actual de vehículos por 10 millones de vehículos poco contaminantes y 50.000 vehículos con pilas de combustible hasta el año 2010.

En los Estados Unidos de América, la Iniciativa sobre el Cambio Climático Global de la administración Bush pretende reducir, no las emisiones de carbono, sino la intensidad del carbono, es decir, la cantidad de emisiones de carbono por cada dólar del PIB. En este plan, la intensidad del carbono se reduciría en un 18% durante los próximos 10 años. Aun así, teniendo en cuenta el crecimiento económico previsto, las emisiones de gases invernadero aumentarían en 1.900 millones de toneladas, superando en un 40% los niveles del 1990 hasta el año 2020. La iniciativa de la administración Bush asume erróneamente que las medidas para frenar las emisiones de carbono obstaculizarán el crecimiento económico. Esto no sólo ignora los costes sociales de aumentar las emisiones de carbono, sino que también pasa por alto las ventajas fiscales de invertir en una economía ecológica. Un estudio reciente realizado por Redefining Progress, por ejemplo, elabora un plan por invertir en tecnologías limpias, con eficiencia energética, que crearían 1,4 millones de puestos de trabajo altamente cualificados y ahorrarían a los hogares americanos medias 1.275 dólares al año en costes energéticos para el 2025.

Aunque exista una carencia de liderazgo por parte del principal emisor de carbono del mundo, la comunidad mundial está decidida a abandonar el carbono. Recientemente, Rusia ha ratificado el Protocolo de Kyoto, que compromete a las naciones industrializadas que lo han firmado a reducir sus emisiones al menos un 5% por debajo de los niveles de 1990 hasta el año 2012. Los firmantes del protocolo suponen ahora un 61% de las emisiones de CO2 de los países industrializados, muy por encima del 55% necesario para que el protocolo entrara en vigor. Por lo tanto, las normas de Kyoto estarán vigentes a principios del año 2005. Los Estados Unidos y Australia, aún y haber rechazado firmarlo, seguro que recibirán el impacto, puesto que se implementará un programa de comercio de emisiones uniforme internacionalmente y se abrirán nuevos mercados competitivos de energía y tecnología eficiente.

Kyoto no es suficiente
A pesar de la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, las proyecciones actuales muestran aumentos rápidos continuos en las emisiones de carbono, a medida que los países prosperan en la escala económica y queman más combustibles fósiles. Los científicos cruzan que es necesaria una reducción inmediata del 70-80% de las emisiones actuales de carbono para mitigar la continuación del cambio climático. Los países que lo admiten ya han ido más allá del objetivo de reducción del 5% perfilado en el protocolo. Alemania ha reducido las emisiones en un 9% desde 1991 y está discutiendo la posibilidad de reducirlas un 40% más hasta el 2020. El Reino Unido, que ha recortado las emisiones en un 8% desde el 1990, pretende reducirlas en un 60%  hasta el 2050 y está instando el resto de la Unión Europea a seguir sus pasos. Un informe de la Fundación David Suzuki y la Red Canadiense de Actuación Climática expone un plan por reducir a la mitad las emisiones de gases invernadero en Canadá hasta el 2030. Y en aquellos puntos dónde los gobiernos estatales no actúan, los gobiernos locales han intervenido: más de 600 ciudades de todas partes del mundo han desarrollado sus propios planes para reducir las emisiones de carbono.

Mientras el Protocolo de Kyoto ofrece un punto de partida fundamental para reducir las emisiones de carbono, los esfuerzos a largo plazo serán en vano sin el compromiso de Estados Unidos, así como de países en vías de desarrollo como China e India. Frenar las emisiones de carbono y evitar cambios climáticos perjudiciales requerirá ir más allá del Protocolo de Kyoto, con emisiones significativamente más bajas en todo el mundo.



Figura 1: Emisiones globales generadas por la combustión de combustibles fósiles, 1751-2003
Figura 2: Emisiones globales generadas por la combustión de combustibles fósiles, 1950-2003
Figura 3: Emisiones de carbono por sectores generadas por la combustión de combustibles fósiles, 2002
Figura 4: Los diez países con mayor volumen de emisiones de dióxido de carbono, 2002
Figura 6: Concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, 1000-2003
Lila Buckley - Earth Policy Institute
www.earth-policy.org