Llevar los niños a la escuela





Llevar los niños a la escuela
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En distancias cortas, optemos por ir a pie o en bicicleta.
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Los coches dificultan la circulación en la ciudad.
Una tortuga sobre ruedas
La mitad del combustible que consume el conjunto de los vehículos privados está destinado a desplazamientos urbanos. Una cuarta parte se usa para distancias inferiores a 2 km. La velocidad media en estos recorridos no es superior a los 13 km/h, es decir, solamente el doble de la velocidad media de una persona andando a buen ritmo (6 km/h).
Elegir el transporte público
A cada familia española le cuesta el uso del vehículo privado unos 2.400 euros al año, de los cuales unos 600 corresponden al consumo de combustible. Un vehículo funcionando al ralentí durante 2 minutos consume más energía que cuando arranca el motor. Pasear es saludable y se podrían ahorrar casi 1.000 millones de litros de combustible al año si todos los desplazamientos inferiores a 2 km, que ahora hacemos en coche, los hiciéramos en bicicleta o a pie. El consumo de combustible por ciudad se calcula que es el doble del marcado por el fabricante a 90 km/h. Cuanto más potente es el motor del coche, más grande es el consumo por ciudad. El autobús del transporte público emite a la atmósfera por viajero transportado un 40 % menos de óxidos de nitrógeno, un 80 % menos de hidrocarburos sin quemar, un 95 % menos de monóxido de carbono y un 70 % menos de dióxido de carbono que un vehículo particular.

Si sólo 30 personas dejasen de usar el coche para ir a trabajar o llevar los niños a la escuela y, por el contrario, ocupasen los asientos del autobús del transporte colectivo, se ahorrarían cada año unos 5.000 litros de combustible. Si esto lo hicieran todos los españoles, evitaríamos la emisión a la atmósfera de unas 900 toneladas de dióxido de carbono.
Problemas urbanísticos y aire contaminado
No cabe duda de que para que el transporte colectivo funcione hace falta que lo utilicen más personas. Sin embargo, para que un servicio sea competitivo ha de ser de calidad. Pero para mejorar un servicio colectivo es necesaria una fuerte inversión, que en parte ha de venir del precio pagado por el usuario. Por lo tanto, para que pueda ser de calidad primero lo hemos de usar esto significa que hace falta invertir en confianza. En realidad, un buen transporte colectivo existe cuando una población le da soporte.

No olvidemos que el uso del coche en la ciudad está creando problemas urbanísticos y de salud a sus ciudadanos, ya que empeora la calidad del aire que respiramos. Son dos buenas razones para que apostemos por los transportes colectivos, aparquemos el coche en la ciudad, y lo dejemos para el fin de semana, para transportar paquetes voluminosos o para distancias mayores a los 2 km. Los centros de la ciudad sin coches facilitan la relación entre los vecinos, permiten disfrutar de la ciudad como un centro comercial, evitan la destrucción del patrimonio arquitectónico y, sobre todo, hacen menos agresiva nuestra existencia.

Resumiendo ...
Prescindamos del coche en las distancias cortas.

Evitemos acostumbrar a los niños a ir en coche. Aquello que observan de los mayores lo repetirán cuando sean grandes.

Utilicemos el transporte público. Se ahorra combustible y se gana en comodidad.

Compartamos el coche propio haciendo comunidades de usuarios. Una fórmula es que cada semana uno de los participantes del grupo ponga su coche a disposición.