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Marte radiactivo

Septiembre, 2012.- Imaginen que viene un marciano y empieza a jugar con un cochecito teledirigido por el jardín de su casa. La ocurrencia puede parecer graciosa a primera vista, lo malo -y usted no lo sabe- es que el vehículo es radioactivo y nadie verá la contaminación letal que va dejando a su paso. Finalmente, cuando el marciano ya no quiere jugar más en su jardín deja el ingenio nuclear en algún rincón y se marcha. Usted no tiene ni idea del peligro que conlleva este artilugio. No lleva instrucciones de desmontaje, ni de seguridad. Por suerte, usted no vive en Marte ni tampoco hay marcianos tan irresponsables, pero sí seres humanos que están esparciendo residuos radioactivos por todos los planetas que visitan con sus satélites.

Llegó a Marte el mayor vehículo alimentado con una pila nuclear de plutonio. Se ha diseñado para buscar Vida, pero lleva en sus entrañas la más poderosa arma letal para exterminar la vida: la radioactividad del plutonio. Aterrizó en el planeta rojo el lunes 6 de agosto 2012 y ya ha enviado numerosas fotografías del lugar donde se posó: el cráter Gale. Los paseos del vehículo de exploración Curiosity se consideran una gesta tecnológica y el Gobierno español se siente muy orgulloso porque un equipo del CSIC había aportado el sistema de medición de viento sin elementos móviles. Este enorme vehículo de exploración, el Curiosity, dejará de ser operativo después de 687 días terrestres. A partir de este momento quedará sobre la superficie marciana como un residuo radiaoactivo de alta actividad activo durante siglos. Y es que la paradoja es que, buscando vida, dejamos un veneno mortal para cualquier forma de vida.

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Imagen del vehículo enviado a Marte con una pila nuclear de plutonio. Foto: NASA

No es la primera vez que la humanidad deja restos radioactivos sobre Marte, pero sí que es el residuo radioactivo de mayor tamaño con plutonio que ha circulado por Marte. El vehículo Curiosity lleva, nada más y nada menos, que 10,6 kg de plutonio en su reactor nuclear (recordemos que tan sólo una millonésima de un gramo de plutonio puede ser letal para una persona).

Lógicamente, el éxito de la misión despejó la realidad que, de haber estallado el cohete que se lanzó desde Cabo Cañaveral, en Florida, éste habría esparcido todo el plutonio-238, todo su mortal contenido radioactivo, en un radio de 62 km sobre las cabezas de inocentes ciudadanos a los que nunca se les habría informado sobre esta fuente de contaminación persistente y de alta actividad. 

La contaminación nuclear en la conquista del espacio

De hecho, teniendo en cuenta que de cada 100 cohetes enviados al espacio, uno estalla y que, mayoritariamente cargan con ingenios con energía nuclear, es fácil concluir que la contaminación radioactiva por parte de la industria astronáutica no es menospreciable.

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Esquema facilitado por la NASA del aterrizaje en Marte del vehículo radioactivo Curiosity.

Los riesgos de utilizar plutonio en satélites espaciales y vehículos de exploración, como el Rover enviado a Marte, han sido perfectamente evaluados por la NASA. La NASA estimó que si el cohete hubiera estallado en las capas altas de la atmósfera, aunque el satélite se desintegraría, el plutonio liberado afectaría a una extensión del planeta de gran amplitud: entre aproximadamente 28 grados de latitud norte y 28 grados de latitud sur, lo cual incluye a América Central y gran parte de América del Sur, Asia, África y Australia.

 Los expertos que han realizado el estudio de impacto ambiental señalan que los costes de la descontaminación de plutonio hubiera sido de 267 millones dolares por cada milla cuadrada de tierras agrícolas y de 478 millones de dólares por cada milla cuadrada de bosques y de 1.500 millones de dólares estadounidenses por cada milla cuadrada de zonas urbanas. La misión de la nave Curiosity, de haber estallado, habría añadido un sobrecoste a la misión de 900 millones de dólares a los ya 2,5 mil millones que ha costado este “éxito”.

El coordinador de la Red Global contra las Armas y Energía Nuclear en el Espacio, Bruce Gagnon, denunció que la NASA debe dejar de mantener su peligrosa alianza con la industria nuclear para dar salida al espacio de productos radioactivos de alta capacidad.

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Imagen de un reactor SNAP-10, un sistema nuclear equipado con plutonio-238 capaz de generar electricidad en naves o satélites en el espacio.

La radioactividad del plutonio

El plutonio ha sido descrito como la sustancia radiactiva más letal. Y el isótopo de plutonio utilizado en el programa nuclear en el espacio y en el vehículo Curiosity depositado sobre Marte, es mucho más radiactivo que el tipo de plutonio utilizado como combustible en las armas nucleares, o construido como un producto de desecho en las centrales nucleares. 

El plutonio-238, a diferencia del plutonio-239 utilizado en la industria nuclear convencional, -armas incluidas-, tiene una vida radioactiva mucho más corta (su vida media de semidesintegración es de 87,8 años) en comparación con el plutonio-239 (cuya vida media radioactiva de semidesintegración es de 24.500 años), pero su emisión radioactiva es mucho mayor. El plutonio-238 es alrededor de 270 veces más radiactivo que el plutonio-239 por unidad de peso. La radiactividad contenida en los 10,6 kilos de plutonio-238 del vehículo Curiosity enviado a Marte equivale a 1.298,2 kg de plutonio-239. La bomba atómica lanzada sobre Nagasaki en 1945 utilizó 15 kilos de plutonio-239.

 

Los generadores nucleares en el espacio

Desde 1961 Estados Unidos ha montado en diferentes satélites 31 generadores tipo Radioisotope thermoelectric generator (RTG, RITEG) de plutonio, y un reactor nuclear para 24 misiones espaciales, mientras que los rusos instalaron 35 reactores nucleares y 2 RTGs para 37 misiones (leer informe). Según la base de datos de la Agencia de Medio Ambiente norteamericana, la Environmental Impact Statement, ha habido tres accidentes que esparcieron plutonio por la atmósfera terrestre. El peor accidente espacial ocurrió en 1964 cuando se lanzó el satélite Transit-5BN-3 con un Systems for Nuclear Auxiliary Power (SNAP), que estalló antes de alcanzar la altura órbital y cayó a la Tierra, desintegrándose a medida que caía. Los 2,1 kilos de combustible de plutonio-238 a bordo se dispersaron a unos 46 km de altura sobre el océano Índico. El Dr. John Gofman, profesor de física médica en la Universidad de California en Berkeley, afirma que este accidente está ligado al aumento de cáncer de pulmón experimentado a nivel mundial a partir de esta fecha.

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Simulación de la basura especial existente alrededor de la Tierra. Buena parte de ella contiene elementos radioactivos que pueden esparcirse por la atmósfera terrestre.

La agencia espacial rusa también ha contribuído a la contaminación radioactiva de la atmósfera. En 1978 cayó de su órbita el satélite Cosmos 954, propulsado por un reactor nuclear. Al desintegrarse en las capas altas de la atmósfera a medida que caía, esparcio los restos radiactivos sobre más de 77.000 kilómetros cuadrados de los Territorios del Noroeste de Canadá. Casi 20 años después, en 1996, la nave rusa Mars 96 equipada con una pila nuclear con 250 g de plutonio-238 como combustible, cayó como una bola de fuego sobre Chile y la vecina Bolivia. Pero éstos no son los únicos, los accidentes nucleares causados por las aplicaciones militares y aeroespaciales son numerosos.

Los sistemas de energía basados en la tecnología nuclear para su uso en el espacio no sólo deben ser fabricados en la Tierra, con todos los peligros que implica, sino que durante la fase de lanzamiento se incrementa el riesgo de los peligros de contaminación nuclear si explota, generando una lluvia mortal de radiactividad sobre los seres humanos y el resto de seres vivos de este planeta. Por primera vez la civilización humana ha enviado a un planeta, que no es el suyo, un artefacto de gran tamaño cuyo combustible es de alta radioactividad. Sólo la presión popular evitará que organismos como la NASA cedan a la presión de los lobbies nucleares y se use la energía solar, como de hecho ya funciona con la Estación Espacial Internacional.

Artículo adaptado a partir de del blog de Karl Grossman, profesor de periodismo en la Universidad Estatal de Nueva York / College de Old Westbury y autor entre otros de la obra The Space Program's Nuclear Threat to Our Planet (La Amenaza Nuclear del programa espacial sobre nuestro planeta) publicado por Common Courage Press; además es escritor y narrador sobre temas de armas y riesgo nuclear en www.envirovideo.com