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Petróleo y alimentos: un desafío creciente para la seguridad mundial




Petróleo y alimentos: un desafío creciente para la seguridad mundial
Alerta 4 - 2005

De la granja al plato; el sistema moderno de alimentación se sostiene en gran medida en el petróleo barato. Las amenazas a nuestras fuentes de petróleo son también amenazas a nuestro suministro de alimentos. A medida que los alimentos se someten a más procesos y viajan más lejos, el sistema alimentario cada año consume más energía.


Cerca del 35% de la energía que consume una granja son los combustibles fósiles para el funcionamiento de la maquinaria agrícola.


En el 2002, el consumo directo de energía de las granjas estadounidenses alcanzó los 1.113 billones de Btu. además de los 578 billones de Btu para la producción de fertilizantes y pesticidas.


En los países occidentales industrializados, frutas y hortalizas registran a menudo 2.500-4.000 kilómetros de transporte desde la granja hasta ser almacenados.

Mayo, 2005. El sistema alimentario de Estados Unidos usa cerca de 10.000 billones de BTU (10.551 billardos de Joules) de energía cada año, lo que equivale al consumo de energía anual total de Francia. El cultivo de alimentos solamente representa una quinta parte de la energía consumida. Las otras partes se utilizan para transportar, procesar, empaquetar, vender y almacenar los alimentos después de salir de la granja. El 28% de la energía usada en la agricultura se destina a la fabricación de fertilizantes, el 7% a la irrigación, y el 34% se consume en forma del gasoleo y la gasolina usada por los tractores de la granja empleados en las labores de plantar, labrar y recolectar la cosecha. El resto de la energía se usa en la producción de plaguicidas, en el proceso de secado del grano y en otras operaciones (ver gráficos al final del artículo).

La última mitad de nuestro siglo ha sido testigo de la triplicación de la producción de grano en el mundo, de 631 millones de toneladas en 1950 a 2.029 millones de toneladas en el 2004. El 80% del aumento de esta producción se debe al crecimiento de la población que potencia la demanda de grano, pero el resto se atribuye a personas que consumen por encima del nivel necesario, provocando un aumento del consumo de grano per cápita del 24%. Esta nueva demanda de grano se ha resuelto principalmente aumentando la productividad de la tierra con variedades vegetales de alto rendimiento, juntamente con una mecanización intensiva en el uso de petróleo, la irrigación y la aplicación masiva de fertilizantes, más que expandiendo la superficie de cultivo.

El abuso de fertilizantes
La producción vegetal actual confía plenamente en los fertilizantes para substituir los nutrientes del suelo y, por lo tanto, se sostiene en el petróleo necesario para extraer, fabricar, y transportar estos fertilizantes alrededor del mundo. Depósitos minerales de Estados Unidos, Marruecos, China y Rusia satisfacen dos terceras partes de la demanda del fosfato del mundo, mientras que Canadá, Rusia, y Bielorusia responden por la mitad de la producción minera de potasa. La producción de fertilizante de nitrógeno, que se basa fundamentalmente en la síntesis del nitrógeno atmosférico a partir de gas natural, se produce de forma más dispersa.

El uso de fertilizantes en el mundo ha aumentado drásticamente desde los años 50. China es hoy en día el máximo consumidor con cerca de 40 millones de toneladas en el 2004. El uso de fertilizantes se ha mantenido en Estados Unidos, permaneciendo cerca de 19 millones de toneladas por año desde 1984. El uso en India también se ha estabilizado aproximadamente en las 16 millones de toneladas anuales desde 1998. La tecnología de fertilizante más eficiente energéticamente y la investigación más precisa de las necesidades de nutrientes del suelo han frenado la cantidad de energía necesaria para fertilizar cosechas, pero todavía hay campo para la mejora. Mientras el precio del petróleo y de los fertilizantes aumenten, habrá la posibilidad de cerrar el ciclo de nutrientes y substituir el fertilizante sintético por residuo orgánico.

La irrigación ineficiente
El uso de bombas mecánicas para regar cosechas ha permitido que las granjas prosperen en medio del desierto. Esto también ha provocado un aumento en el uso de la energía de las granjas, propiciando trasvases mayores de agua que contribuyen al agotamiento de los acuíferos por todo el mundo. A medida que el nivel del agua desciende se hacen necesarias bombas mayores, perpetuando y aumentando la necesidad de petróleo destinado a la irrigación. Sistemas de riego más eficientes, como el riego de baja presión y por goteo, así como el monitoreo del nivel de humedad del suelo podrían reducir el agua y las necesidades energéticas del mundo agrícola. Pero en muchos países, los subsidios del gobierno mantienen artificialmente el precio del agua barato y fácilmente disponible.


El uso de energía en la granja
Contraponiéndose a la tendencia reciente hacia la mecanización más intensiva en energía de las granjas, se han adoptado métodos de cultivo más conservadores dejando los restos de la cosecha en el campo para reducir al mínimo la erosión por viento y agua, y la pérdida de humedad del suelo. La calidad de la tierra mejora con esta técnica, además de reducirse las necesidades de combustible y de irrigación en la granja. El cultivo sin labranza se practica en 90 millones de hectáreas en todo el mundo, la mitad de las cuales está en Estados Unidos y Brasil. El método de la labranza reducida se utiliza en el 41% del campo de Estados Unidos.

Aunque la agricultura está encontrando maneras de utilizar menos energía, la cantidad consumida entre la puerta de la granja y la mesa de la cocina continúa aumentando. Mientras el 21% del total de la energía del sistema alimentario es utilizada en la producción agrícola, otro 14% se destina al transporte del alimento, el 16% a su procesado, el 7% al empaquetado, el 4% a la venta al por menor, el 7% a restaurantes y proveedores, y el 32% a refrigeración y a la preparación doméstica.

El transporte y el procesado de alimentos: de la granja al plato
Los alimentos viajan hoy más lejos que nunca: en los países occidentales industrializados, frutas y hortalizas registran a menudo 2.500-4.000 kilómetros de transporte desde la granja hasta ser almacenados. Los mercados mundiales cada vez más abiertos, combinados con precios de combustible bajos permiten la importación de producto fresco a lo largo de todo el año, sin importar la estación ni el origen geográfico. Pero a medida que el alimento viaja más y más lejos, el uso de la energía también aumenta. La mayor parte del transporte de alimentos se realiza en camiones de remolque, aunque es casi 10 veces más intensivo en energía que cargar las mercancías en tren o en barcazas. El transporte en aviones jumbo refrigerados, -60 veces más intensivo en energía que el transporte por mar-, constituye un sector menor pero en notable crecimiento, abasteciendo a mercados del hemisferio norte con producto fresco proviniente de lugares como Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda.

Actualmente, los alimentos procesados ocupan tres cuartas partes de las ventas totales de comida en el mundo. Una libra (0.45 kilogramos) de frutas o vegetales congelados requieren 825 kilocalorías de energía para su procesado y 559 kilocalorías para el empaquetado, más la energía para la refrigeración durante el transporte, en el almacén y en los hogares. Procesar una lata que contenga una libra de frutas o de vegetales necesita una media de 261 kilocalorías, y su empaquetado añade 1.006 kilocalorías, debido al intensivo uso de energía en la extracción de mina y el proceso de fabricación del acero. Procesar los cereales del desayuno requiere 7.125 kilocalorías por libra;  cerca de cinco veces más energía que la que contiene el cereal en sí mismo.

La mayoría de los productos frescos y de los granos, legumbres y azúcares que tienen un procesado mínimo requieren poco embalaje, particularmente si se compran a granel. En cambio los alimentos procesados a menudo se envuelven, se empaquetan y se ponen en cajas individuales, o directamente se sobreempaquetan. Este empaquetado llamativo requiere cantidades grandes de energía y de materias primas para producirse, aunque prácticamente todo él termina en nuestros vertederos.

Las actividades al por menor de los alimentos, tales como supermercados y restaurantes, requieren cantidades masivas de energía para la refrigeración y su preparación. La sustitución de las tiendas de barrio por centros comerciales significa que los consumidores deben conducir más lejos para comprar su alimento y depender más del sistema de refrigeración para poder almacenar los alimentos entre cada viaje de compras. Y debido a su preferencia por los grandes contratos y las fuentes homogéneas, la mayoría de las cadenas de supermercados de comestibles rechazan comprar los productos de granjas locales o pequeñas. En su lugar, el alimento se envía a través de distribuidores a gran escala desde granjas enormes situadas a largas distancias; lo que implica una nueva adición de necesidades energéticas al transporte, al empaquetado y a la refrigeración.

La dependencia de los combustibles fósiles y la necesidad de nuevas estrategias de venta
En lugar de apoyarse en sistemas alimentarios intensivos en combustibles fósiles y de largas distancias, a través del petróleo, la irrigación y los subsidios del transporte, los gobiernos podían promover la agricultura sostenible, los alimentos localmente producidos y el transporte eficiente en energía. Los incentivos para utilizar métodos de cultivo ambientalmente positivos tales como la labranza de conservación, el uso de fertilizante orgánico y la gestión integrada de plagas podrían reducir perceptiblemente el uso de energía en las granjas. Programas de rebajas fiscales para los hogares, establecimientos de venta al por menor, empresas de procesado y granjas que usaran la maquinaria energéticamente eficiente permitirían disminuir el uso de energía a través del sistema alimentario. Una legislación destinada a reducir al mínimo el empaquetado innecesario y a promover el reciclado disminuiría el uso de energía y la basura que acaba en los vertederos.

La venta directa del granjero al consumidor, como los mercados de payeses, ignoran los sistemas centralizados de distribución, recortando el recorrido innecesario de los alimentos y reduciendo las necesidades de empaquetado mientras mejoran la seguridad del abastecimiento local de alimento. Los mercados de granjeros se están expandiendo a través de Estados Unidos, creciendo desde los 1.755 mercados en 1993 hasta 3.100 en el año 2002, aunque todavía representan solamente un 0,3% de las ventas de alimento.

La mayor acción política que los ciudadanos podemos practicar cada día está en la decisión de qué comprar y qué comer. Preferir la compra de alimentos locales y de temporada puede acortar enormemente el transporte y el uso de energía de la granja, y pueden mejorar la seguridad del abastecimiento local y la salubridad del alimento. La compra de menos productos procesados, alimentos excesivamente empaquetados y comestibles congelados puede recortar el uso de la energía y los costes en la comercialización; además, usar refrigeradores más pequeños puede reducir radicalmente las facturas de la electricidad del hogar. Comer más por debajo en la cadena alimentaria reduce la presión en tierra, agua y en las fuentes de energía.

La confianza en los combustibles fósiles puede resultar ser el talón de Aquiles del sistema moderno de alimentación. Las fluctuaciones y las interrupciones de las fuentes de petróleo podrían enviar los precios de los alimentos a niveles altísimos de la noche a la mañana, y la comptencia y los conflictos para el abastecimiento podrían extenderse rápidamente. Independizar el sistema alimentario de la industria de petróleo es un factor clave para mejorar la seguridad alimentaria.

Distribución en el uso de la energía en el sistema alimentario de EEUU. Datos de M. Heller and G. Keoleian, Life-Cycle Based Sustainability Indicators for Assessment of the U.S. Food System (Ann Arbor, MI: Center for Sustainable Systems, University of Michigan, 2000), p.42.

La energía total usada para la producción agrícola en el 2002 fue de 1.691 billones Btu. Este valor incluye el consumo directo de energía de la granja 1.113 billones de Btu. y 578 billones de Btu para la producción de fertilizantes y pesticidas. El gasoleo y la gasolina se usan en los vehículos de la granja para labrar, plantar, para aplicaciones químicas y la recolección de la cosecha. Los gases licuados del petróleo (LPG) y el gas natural se destinan mayoritariamente al secado del grano de los cereales. La electricidad se usa principalmente en las instalaciones de la granja y en establos. La energía para la irrigación proviene de la electricidad, el gas natural y el diésel.

Fuente: compilado por el Earth Policy Institute a partir de datos de USDA, USDOE, Duffield y Miranowski.

Evolución del uso de fertilizante en el mundo en millones de toneladas (1960-2004)

Comparación de la evolución del uso de fertilizante en tres países: EEUU, India y China, en millones de toneladas (1960-2004).

Evolución de la producción de grano en el mundo en millones de toneladas para el periodo 1960-2004 en relación a la cantidad de fertilizantes aplicados.
Danielle Murray - Earth Policy Institute
www.earth-policy.org



actualizado: 
05/05/2005
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