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Recupera los placeres de la siesta





Recupera los placeres de la siesta
Un hábito muy saludable
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Facilitarás la digestión de una comida excesiva si descansas un rato.

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Cuando estás conduciendo y te sientes cansado reposar se vuelve una necesidad.

Por qué rendirse a los encantos de la siesta
La siesta mejora la sensación de bienestar general, aumenta la vitalidad y reactiva nuestros reflejos. En el impás antes de retomar la actividad laboral, mejora nuestro grado de atención e incrementa la eficacia de nuestras tareas. Puesto que, durante el sueño nuestra imaginación vagabundea y se libera, la siesta puede provocar que nuestra creatividad experimente una inyección directa. Y, en cuanto a la salud, disminuye el riesgo de accidentes cardiovasculares, resultado de una mala gestión de los ritmos biológicos que la siesta tiende a regularizar.

La sexta hora del día
La palabra siesta proviene del latín sixta, que significa "la sexta hora del día" y que corresponde, aproximadamente, al mediodía entre los romanos. La siesta es, pues, el reposo, acompañado o no del sueño, que suele seguir a la comida del mediodía, aunque puede realizarse antes. Para disfrutar de una siesta, puedes dormir un rato, pero relajarte o simplemente estirarte unos instantes también pueden considerarse una especie de pequeña siesta.

Cuándo hacer la siesta
Se recomienda hacer la siesta tras una comida excesiva, para favorecer la digestión y reponer fuerzas antes de reemprender la actividad. También es muy conveniente en momentos de presión laboral, cuando el exceso de trabajo hace que las ideas se arremolinen en nuestra cabeza y no haya manera de concentrarse. El sistema nervioso está pidiendo un merecido descanso, que no tiene por qué ser de duración prolongada.
Para muchas personas, también es muy efectivo descansar un momento antes de alguna cita, conversación, encuentro o examen importante. Es suficiente con aislarse unos minutos, cerrar los ojos, respirar profundamente y visualizar que la situación se resuelve de forma positiva.
Ni que decir tiene que, en algunas ocasiones, la siesta se vuelve obligatoria. Un buen ejemplo sería si al conducir tu vehículo te sientes cansado o tienes sueño. Hacerlo en estas condiciones te pone en peligro; detente el tiempo que tu cuerpo considere necesario.

No disponer de tiempo no es una excusa
"Ya me gustaría echarme un rato para hacer una siesta, pero no tengo tiempo. Tengo una agenda apretadísima" es una de las excusas que más se suelen emplear. En esta sociedad acelerada en que vivimos, el tiempo es más que oro, es un tesoro y prácticamente nadie dispone de él.
Aun así, es necesario dedicar algunos minutos del día a nuestro bienestar personal. De hecho, la siesta puede tener una duración diferente y según la misma la denominaremos de uno u otro modo.

-La siesta relámpago dura menos de cinco minutos. A pesar de ser ultrarápida, permite disminuir el estrés y aumentar de forma rápida el nivel de energía vital antes de afrontar un evento importante o ponerse en forma tras una dura jornada. Consiste en cerrar los ojos y relajarse al instante, inspirando profundamente y expirando con lentitud. La siesta relámpago es viable en cualquier entorno: en el trayecto de dos estaciones de metro o de pie en un pasillo antes de una entrevista.

-La siesta relax tiene una duración de entre cinco y treinta minutos. Es la más practicada y puede llevarse a cabo tendido o bien sentado. Se recomienda, al menos una vez al día, por ejemplo, después del almuerzo.

-La siesta regia honra a su nombre. Es aquella cuya duración es de treinta minutos o más. Se hace tendido, bien en la cama o en un sofá o hamaca, o tumbado en la hierba... y es muy efectiva ante un gran cansancio, tras una noche en blanco o, por ejemplo, para recuperarse del estrés causado por la diferencia horaria de un viaje intercontinental. La siesta regia permite acceder a todos los estadios del sueño, desde la vigilia al sueño profundo y los sueños propiamente dichos.