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Rodeados de radioactividad

Siempre se ha argumentado que estamos rodeados de radioactividad. Pero más allá de la radioactividad natural que no genera alertas de seguridad, ni tampoco compete a organismos oficiales que deberían velar por la seguridad radioactiva (caso del Consejo de Seguridad Nuclear de España), los residuos nucleares de baja actividad acaban, a menudo, incorporados en productos de consumo.

 
El accidente español que alertó al mundo

El 30 de mayo de 1998 se generó una nube radioactiva en las instalaciones de Acerinox en Algeciras (Cádiz) que sufrió una contaminación por cesio-137 al introducir en su horno, chatarras y metales radioactivos, y que no detuvo su actividad hasta el 9 de junio. Aunque la empresa tenía supuestamente un detector de radioactividad, éste estaba averiado. La nube radioactiva fue detectada en Francia, Italia, Alemania y Suiza. De su paso por España, que la atravesó completamente por su mitad oriental, en este país no se dijo nada. Desde entonces esta acería dice contar con el sistema más avanzado de seguridad y el protocolo más estricto de toda Europa para evitar otras contaminaciones.

Imagen facilitada por la empresa Acerinox sobre su factoría en Cadiz, actualmente, un ejemplo de vigilancia radioactiva. 


Otro cantar es lo que costó la descontaminación de estos altos hornos: cerca de 26 millones de euros. Además, tras el accidente de Acerinox en 1998, se enterraron en las marismas de Huelva más de 7.000 toneladas de materiales contaminados por cesio-137 radiactivo. Greenpeace acusó al Consejo de Seguridad Nuclear, al Ministerio de Industria y a la Junta de Andalucía de haber instalado una “bomba de relojería radiactiva” en las inmediaciones de la ciudad de Huelva.

En este mundo globalizado las mercancías viajan con cierto descontrol ambiental, a pesar que las autoridades quieran hacer creer que todo está bajo control. En los focos de radioactividad detectados en residuos metálicos alcanzó casi el 40 %, muy por encima de los niveles de Francia (11%), Lituania (9,6%), Rusia (17,8%). Estos focos de contaminación aparecen cuando se tiran fuentes radioactivas a la chatarra, ya sea de medicina o de aplicaciones industriales. Sin embargo, la mayor parte de las detecciones de materiales metálicos contaminados se clasifican como de radioactividad de origen natural (52 %) e incluye residuos de la minería o de la combustión, que incrementan los niveles de radioactividad de sus restos. Luego están los focos de contaminación que no son de origen natural, y que están presentes en artilugios cotidianos. Éstos suponen un 32 % de las detecciones realizadas y se corresponde a pararrayos, esferas fosforescentes de relojes, detectores de humo, sondas de perforaciones, etc.

Imagen facilitada por la empresa Asos sobre los cinturones radioactivos que tuvieron que retirar. 


Retirada de productos de consumo radioactivos 

En mayo de 2013 la compañía de ropa on line Asos tuvo que retirar unos 650 cinturones de su catálogo después que se detectara que sus hebillas estaban contaminadas con cobalto-60Los avisos por contaminación radioactiva de objetos comunes no es habitual, pero sucede. Entre 2006 y 2007 las autoridades de los Países Bajos detectaron cerca de 900 bolsos de mujer fabricados en India que fueron decorados con anillos de metal contaminada con cobalto-60 en la correa del hombro de cada bolso. Una vez descubiertos y recopilados, fueron enviados a un sitio de desechos radiactivos en los Países Bajos. 

Este mismo elemento, el cobalto-60, se detectó en octubre de 2008 en los botones de ascensores instalados por la empresa Otis que provenían de Francia. Se estimó que los botones contaminados radioactivamente fueron instalados entre 350 y 500 ascensores de todo el planeta. Los trabajadores de la empresa que los manipulaba, -Mafelec-, fueron expuestos a dosis de radiactividad que van de 1 a 3 milisievert (mSv). El límite legal francés para las personas que no trabajan en la industria nuclear es de 1 mSv por año. Los expertos médicos aseguraron en ese momento que la exposición a una dosis de 3 mSv no representaba un gran riesgo para la salud.

En los anteriores casos, los materiales contenían material metálico procedente del desguace de barcos en la India. Sea como sea, llegaron con su radioactividad pasando todos los filtros de vigilancia radioactiva. Resulta evidente que esta vigilancia no existe a la práctica, salvo excepciones.

Fuentes de materiales radioactivos en los metales

Los principales focos para originar contaminaciones radioactivas proceden de diversos frentes:

- Fuentes radiactivas 'huérfanas': éstas son las fuentes radiactivas que están fuera de control reglamentario y que, por lo general, provienen de equipos industriales tales como medidores utilizados para el control de procesos, radiografía industrial, etc. Estos medidores continen radionúclidos de cesio -137 (Cs137), cobalto (Co60), americio 241 (Am241) o  iridio (Ir192) en diversas cantidades. El radionúclido va encapsulado en una píldora muy resistente de acero inoxidable para formar una "fuente sellada". También pueden provenir de materiales que contengan uranio empobrecido (U238) o de desechos de las aplicaciones médicas y pantallas fosforescentes, o de residuos de fosfoyesos. Un ejemplo de estos residuos radioactivos son los que Greenpeace España identificó en las Marismas de Huelva: la empresa Fertiberia vertió fosfoyesos radiactivos por más de 120 millones de toneladas en unas 1.200 hectáreas de marismas.

- Materiales radiactivos naturales (clasificados como NORM) o de baja actividad específica (LSA): éstos contienen uranio-238 (U238) y torio-232 (Th232) y sus productos de desintegración radiactiva asociados. Las fuentes típicas son arenas de circonio o materiales refractarios. Además, el torio natural, que contiene torio radioactivo se emplea en diversas aleaciones para aplicaciones especializadas (por ejemplo, en la industria aeroespacial ) y en varillas de soldadura. Cuando estos materiales se convierten en chatarra, estos radionucleidos naturales pueden incorporarse a la cadena de suministro de metal.

- Material nuclear: material originario del ciclo del combustible nuclear de las centrales nucleares. En ocasiones, estos residuos también se han encontrado en la cadena de suministro de chatarra. Aunque la mayoría de los países con industria nuclear tienen controles muy rigurosos y depósitos específicos. Sin embargo, este control es más laxo en países con una industria nuclear menos controlada, como Pakistán o India. 

 

El riesgo radioactivo en los productos de consumo

En síntesis, esta realidad es la que contribuye a que haya centenares de objetos comunes que emiten radioactividad en bajas dosis: desde rayadores de verduras de cocina, sillas reclinables, bolsos de mujeres y vajilla, fabricados con metales contaminados. Algunos no se han detectado hasta después de haber sido puestos en circulación comercial por más de una década. Así, cercas de alambre, herramientas agrícolas, botones de elevadores, piezas de avión y acero utilizado en la construcción, son solo algunos de los ejemplos inventariados por organismos de vigilancia radioactiva. 

La inspección por radiografía industrial se define como un procedimiento de inspección no destructivo de tipo físico, diseñado para detectar discontinuidades macroscópicas y variaciones en la estructura interna o configuración física de un material.

Desde el accidente nuclear de Fukushima de 2011 en Japón (recordemos que el accidente en aquella central, provocado por el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, mantiene evacuadas a más 50.000 personas que vivían junto a la central y ha afectado a la agricultura, la ganadería y la pesca local, además de ser un desprópisto su gestión), Canadá ha interceptado al menos 15 envíos de alimentos y otros productos de consumo contaminados por radiactividad. Las alertas de contaminación radioactiva de metales sucede en muchos países de la UE, como Alemania, Italia, Francia o España y, por diversas razones, no hay esta vigilancia en países de la UE del este. De todos modos esta vigilancia radioactiva queda fuera de todos los circuitos informativos públicos para no sembrar alarma social. 

La tentación de “reciclar” materiales contaminados radioactivamente se incrementa en la medida que pasa el tiempo y éstos van perdiendo penetración radioactiva; con el tiempo puede ser menos peligrosa recolectarlos para vender en mercados no controlados. Esto es potencialmente posible en áreas como la de Chernobil, donde se abandonó gran cantidad de material metálico contaminado después del accidente nuclear.

 

Imagen de un contador geiger para uso doméstico.

Vigilancia insuficiente

Buena parte de los controles oficiales no cubren todas las mercancías que llegan a nuestros puertos y aeropuertos. La vigilancia radioactiva oficial es claramente insuficiente y obscura. Por este motivo, la propia sociedad civil debería organizarse. En Francia existe la CRIIRAD especializado en investigación y medición de la radiactividad. En España no existe ningún organismo independiente como en el país vecino. Existen algunas organizaciones sin ánimo de lucro como la Xarxa de Vigilancia Radioactiva que también viene insistiendo en que el principal peligro de contaminación radioactiva actual proviene de los alimentos.

Un analizador de alimentos cuesta poco más de 2.000 euros pero permite verificar y medir exactamente si hay contaminación en agua, leche, tierra, verduras, etc.; discrimina el Cesio (Cs137 y Cs134) del potasio (K40) y mide a partir de 25 Bequerelio Bq/kg o Bq/l. Recordemos que el límite aconsejado de radioactividad es de 50 Bg/kg para los alimentos, aunque en Japón, tras el accidente de Fukushima, se llegaron a autorizar hasta 500 Bq/kg en los alimentos. Sea como sea, la sociedad civil no debería estar al margen de la vigilancia radioactiva, por ejemplo, un contador geiger puede obtenerse por un precio que oscila entre los 250 hasta unos 700 euros y nos permite lecturas muy precisas sobre la contaminación radioactiva en nuestro entorno. 

 

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Artículo elaborado por la redacción de terra.org.