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Transgénicos: Una perspectiva bioética (I)

La introducción de organismos genéticamente modificados (OGMs) en la Unión Europea (UE) ha sido objeto de gran controversia en los últimos años. A pesar de haberse adoptado un marco evaluatorio que reclama ser precautorio en lo referente a los riesgos sanitarios y ecológicos que se originan mediante la producción y el uso de estos organismos, las decisiones que se han tomado hasta el momento no han sido percibidas positivamente por el público en general. Este trabajo explora el contexto y debate actuales sobre OGMs (también denominados ‘transgénicos’) exponiendo y analizando tanto enfoques proponentes como críticos que consideran imperativos característicos de cultivos transgénicos industriales. El trabajo examina características propias del paradigma tecno-industrial que rige a la industria de los OGMs y propone visualizar el debate desde un enfoque sistémico, donde las plantaciones de transgénicos ocurren dentro de sistemas vastos y complejos, susceptibles de altos niveles de incertidumbre y donde es imprescindible generar una participación pública eficaz y responsable.

Variedades de calabazas recogidas en el Catálogo de la Asociación Kokopelli.

 

Introducción: El estado de los OGMs en la UE
Inmerso en el ámbito de la biotecnología, el tema de los organismos genéticamente modificados (OGMs) en la Unión Europea (UE) ha sido objeto de debate público y político en las últimas décadas. Al contrario de otras legislaciones, el marco regulatorio de la UE en torno a la introducción, producción y uso de OGMs está fundamentado en un enfoque precautorio. No obstante, la toma de decisiones y las directivas en torno a esta legislación han sido percibidas con adversidad por parte de la opinión pública. La legislación de riesgos sobre OGMs se encuentra inmersa en un debate científico y público que cuestiona principalmente los impactos ecológicos y sanitarios que conlleva la apertura de OGMs al medio ambiente y su comercialización, así como las repercusiones en la salud humana del uso de ingredientes alimentarios que provienen de fuentes genéticamente modificadas. 

Los proponentes de esta forma de biotecnología comúnmente resaltan los beneficios económicos potenciales que traen consigo el incremento de las cosechas y el mejoramiento de ciertos aspectos en la calidad de los alimentos. Asimismo, argumentan que la producción y el uso de OGMs generarían beneficios ambientales potenciales como la disminución del uso de pesticidas y herbicidas, la conservación y remediación del suelo y el mejoramiento de aguas superficiales contaminadas. 

Por otro lado, los críticos de esta industria advierten que la modificación genética no es natural (Deckers, 2005), plantean la posibilidad de que los OGMs tengan efectos adversos en la salud humana y en el medio ambiente (Myhr y Traavik, 2002) y resaltan que la información científica emitida por parte de instituciones públicas y privadas sobre los riesgos y sus consecuencias (ambientales y sanitarias) tanto a corto como a largo plazo se encuentra ciertamente limitada (Domingo-Roig y Gómez-Arnáiz, 2000). Esta carencia de información y el grado de incertidumbre científica que se desprende de ella hacen que la comunidad opositora a los OGMs haga manifiesta la aplicación constante del principio precautorio en la toma de decisiones. 

Sin embargo, la dificultad de comprobar hipótesis a corto plazo en el ámbito de la ciencia y de extrapolar la evidencia de casos particulares hacia conclusiones sólidas aplicables a la industria ha generado un grado de incertidumbre en relación a los impactos y consecuencias de los OGMs sobre los procesos ecológicos y sus interacciones y sinergias en el largo plazo. 

Variedades de calabazas recogidas en el Catálogo de la Asociación Kokopelli.

Ciertas perspectivas argumentan que el debate sobre los riesgos potenciales y los beneficios de los OGMs se encuentra considerablemente polarizado y que por tanto se ha complicado el esclarecimiento de los riesgos ecológicos y sanitarios así como los métodos para identificarlos y cuantificarlos (Miller, 2007). El uso de OGMs implica retos difíciles en torno a la legislación de los mismos y, por supuesto, un espacio bioético que tiene la responsabilidad de brindar razonamientos que contribuyan a enfocar la complejidad que envuelve al ámbito de los OGMs a fin de generar políticas a nivel nacional e internacional que aseguren que las probabilidades y consecuencias de los riesgos sean bajos o nulos.

Breve descripción del entorno
Los OGMs son organismos cuyo material genético es alterado gracias a las herramientas de biología molecular. La modificación genética, también conocida como ‘ingeniería genética’ o tecnología de ADN recombinante, es uno de los métodos más modernos para introducir modificaciones genéticas en microorganismos, plantas y animales. En contraste con cualquier otro tipo de biotecnología, la aplicación de la ingeniería genética está siendo legislada. En el caso de la UE, un OGM o producto derivado de algún OGM puede ser posicionado en el mercado solamente después de haber sido autorizado por vía de un procedimiento complejo basado en la evaluación científica de los riesgos al medio ambiente y a la salud humana (FAO, 2003). 

En el contexto del debate bioético sobre OGMs, un tema crucial es el de los cultivos y alimentos transgénicos que se desarrollan para una variedad de fines comerciales. Los cultivos de soja, maíz, algodón y canola son los que más destacan en este ámbito. Myhr y Traavik (2002) clasifican a los productos de la industria de los OGMs en diferentes generaciones de acuerdo con los fines para los cuales son desarrollados. Una primera generación de OGMs tiene la finalidad de desarrollar tolerancia y resistencia a agentes externos que típicamente afectan a los cultivos. En este sentido, de acuerdo a los transgenes que son insertados, se habla de cultivos tolerantes a herbicidas, cultivos resistentes a plagas (insectos) y cultivos que se desarrollan con ambas características de tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos. Esta primera generación de OGMs se encuentra comercialmente disponible y ha tenido gran éxito sobre todo en EEUU, debido a que la productividad del cultivo se ve acelerada mientras que el margen de costos se reduce. 

Una segunda generación de OGMs incluye plantas modificadas con el objetivo de reducir la energía del proceso, almacenamiento y costos de transporte para los procesadores y comerciantes alimentarios. Un ejemplo típico de esta generación son los tomates de maduración retardada, así como plantas con aceites modificados. Finalmente, una tercera generación comprende aplicaciones que supuestamente tienen un beneficio directo en los consumidores, incluyendo verduras anti-cancerígenas, granos reductores de colesterol, plantas con un alto contenido de vitaminas, plantas ornamentales modificadas y vacunas ingeribles derivadas de plantas.  

Las siguientes cifras contribuirán a darnos una perspectiva vinculada a los hechos, tendencias e impactos derivados del mercado de los OGMs en la actualidad. Según el informe más reciente del International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications (ISAAA), titulado Global Status of Commercialized Biotech/GM Crops 2006, la superficie anual de los cultivos transgénicos excedió por primera vez los 100 millones de hectáreas, mientras que la superficie acumulada desde 1996 (año en que la producción de cultivos transgénicos a gran escala comenzó en los EEUU) hasta 2006 ascendió a 577 millones de hectáreas (un aumento de 60 veces entre 1996 y 2006), equivalente a más de la mitad de la superficie total de China. La tasa de crecimiento de cultivos transgénicos ha sido lineal desde su comienzo en 1996, incrementándose hasta un 13% en 2006, lo que equivale a un aumento de 12 millones de hectáreas en ese año. 

Variedades de calabazas recogidas en el Catálogo de la Asociación Kokopelli.

A la fecha, un total de 22 países han adoptado esta forma de biotecnología. Cabe resaltar que más de la mitad de la superficie total cultivada se localiza en los EEUU, mientras que Argentina y Brasil juntos suman casi un 30% de la superficie total.  En cuanto a los cultivos se refiere, la soja representa cerca del 60% de la superficie transgénica anual, seguida del maíz con el 25% y del algodón con el 13%. Otros cultivos como la colza se producen también en EEUU y Canadá. Asimismo, recientemente se ha incorporado la alfalfa transgénica al mercado de OGMs y la tendencia es que continúen añadiéndose más cultivos. Además de los 22 países que actualmente producen cultivos transgénicos, 29 países más han aprobado (desde 1996) la importación de éstos con el objetivo de ser utilizados como alimento y asimismo para fines ganaderos (James, 2006).


* Algunos proponentes de OGMs argumentan que existen grandes beneficios derivados de estas vitaminas, ya que pueden llevarse a países menormente desarrollados, brindando una inmunidad protectiva duradera y eliminando la necesidad de refrigeración (Mor et al, 1998, citado en Riechmann, 2004).


Riesgo e incertidumbre científica
El riesgo es una característica de una situación o acción en donde dos o más resultados son posibles, el resultado específico que ocurrirá es desconocido y al menos uno de los resultados posibles es indeseable (Covello y Merkhofer, 1993). La identificación de riesgos se refiere a los efectos posibles no deseados y a su probabilidad de ocurrencia. La evaluación de riesgos trata de cuantificarlos y de evaluar las probabilidades de que ocurran sobre la base de datos científicos. 

Investigaciones recientes advierten que el flujo genético (o transferencia genética) de OGMs hacia otros organismos representa un caso de riesgo real. Diversos estudios muestran evidencias que se manifiestan a través de polinización cruzada, transferencia genética horizontal entre organismos (o incluso reinos) o transferencia genética horizontal de cultivos transgénicos a bacterias en el suelo (Myhr y Traavik, 2002). A pesar de que diversos casos han demostrado que el flujo genético es un hecho, no se ha llegado aún a un consenso científico que repercuta en la evaluación del riesgo y, por tanto, en la legislación del mismo.

Los críticos u oponentes de la industria de OGMs resaltan el potencial de irreversibilidad que podría inducir esta biotecnología en el ámbito ecológico y sanitario. Algunas de las consecuencias ecológicas que éstos enfatizan son el potencial de capacidad invasora de los cultivos genéticamente modificados, la pérdida de biodiversidad y los efectos colaterales sobre huéspedes silvestres en hábitats naturales. Con relación a las consecuencias sanitarias, se ha hecho hincapié en el riesgo que conlleva la transferencia de ciertas propiedades de los cultivos transgénicos a las bacterias de la flora intestinal, lo que podría significar el desarrollo de resistencia a los antibióticos. También existe un potencial de que alimentos modificados por ingeniería genética puedan convertirse en tóxicos o alergénicos. Asimismo, la ingesta de proteínas procedentes de OGMs que nunca antes han sido ingeridas por humanos podría desencadenar reacciones autoinmunes en el largo plazo (Riechmann, 2004).

Por otro lado, los proponentes de OGMs argumentan que el desarrollo de la industria tiene un potencial de mejoramiento en la capacidad de producción y calidad de los productos, así como un incremento de la disponibilidad de alimentos bajo situaciones climáticas adversas, reducción del uso de herbicidas para mejorar el control de plagas y del uso de agroquímicos que propician la erosión del suelo. 

El manejo de riesgos involucra métodos que se emplean a fin de reducir el riesgo identificado científicamente. Es evidente que continúa existiendo un vacío científico en cuanto a las relaciones causa-efecto que conlleva la producción de OGMs y su interacción con otros organismos y el medio ambiente. Este hecho se traduce en un grado incierto de riesgo cuyas consecuencias son desconocidas. No obstante, también es evidente que el desarrollo de esta tecnología y el crecimiento de su industria traerían consigo beneficios a sectores desfavorecidos. En este contexto, es difícil determinar y evaluar los trade-offs (pros y contras) con certeza debido al número de variables desconocidas, tanto espaciales como temporales.  

*En la actualidad, estos tres países junto con Canadá, India y China concentran casi el total de las superficie total de cultivos de OGMs (97.5%), según el mismo informe del ISAAA (2006).

Riesgos sanitarios
De acuerdo con investigaciones recientes sobre este tema, Domingo-Roig y Gómez-Arnáiz argumentan que ‘…no se han realizado los suficientes estudios experimentales sobre los efectos potenciales adversos de los OGMs en la salud humana, que puedan servir de base para justificar la seguridad de estos productos…’. La investigación en torno a los riesgos a la salud humana es en la actualidad un punto crucial del debate sobre OGMs, primordialmente debido a que no se ha llevado a cabo de manera seria ni detallada (Riechmann, 2004).

En estudios recientes se ha comprobado experimentalmente que el ADN transgénico ingerido en alimentos se puede recombinar en el estómago e intestino humanos, transfiriendo a las bacterias de la flora intestinal propiedades de las plantas transgénicas, como la resistencia a los antibióticos. Este riesgo en la salud humana lo manifiestan genes que no son sino residuos de un proceso tecnológico con un valor agronómico nulo. 

El peligro de nuevas alergias es también factible. Existe evidencia de que alimentos modificados tengan un potencial alergénico e incluso de toxicidad.  Diversos casos puntuales ocurridos en distintas partes del mundo indican ciertos grados de riesgo exhibido, aunque la falta de uniformidad y consenso al respecto sigue siendo una constante notoria de incertidumbre. Un ejemplo de ello es el caso del triptófano tóxico en EEUU, en el cual un síndrome denominado eosinofilia-mialgia causó transtornos salguíneos y graves dolores musculares a un sector de una población que usó este aminoácido (genéticamente modificado) como suplemento dietético.

Variedades de calabazas recogidas en el Catálogo de la Asociación Kokopelli.

En resumen, la investigación sobre los riesgos a la salud humana ha sido sumamente limitada mientras los críticos y oponentes argumentan que ésta continúa considerándose inadecuadamente. En este contexto, existe la posibilidad de que alimentos modificados por ingeniería genética puedan convertirse en tóxicos o alergénicos. La ingeniería genética, al haber posibilitado la ingesta de proteínas procedentes de organismos que nunca antes han sido ingeridos por humanos, ha desencadenado incluso la factibilidad de reacciones antoinmunes en el largo plazo, en un momento en que el nivel de incertidumbre sobre otros efectos co-laterales provenientes de la producción y uso de OGMs es considerable.


Riesgos ecológicos
Los críticos de la industria de los OGMs argumentan que los rasgos genéticos (resistencia a herbicidas y toxicidad para insectos, o ambos) característicos de estos organismos plantean notorios problemas ecológicos a largo plazo, como son la reducción de biodiversidad silvestre y contaminación de suelos o acuíferos.

En el ámbito de la transferencia de genes, ciertos resultados de investigaciones recientes han indicado que el flujo de genes de OGMs hacia poblaciones nativas es representativo (Myhr, 2002). La transferencia horizontal de genes hacia otros organismos es susceptible entre especies e incluso a través de reinos (Nielsen et al., 1998). Por ejemplo, se ha demostrado la factibilidad de dicha transferencia horizontal proveniente de OGMs hacia bacterias bajo ciertas condiciones (De Vries and Wackernagel, 1998). Sin embargo, a pesar de que la transferencia genética puede manifestarse, no existe todavía un consenso científico al respecto que pueda dar relevancia a estos casos, sobre todo en el contexto de la evaluación de riesgos.

En general, los OGMs están diseñados para sobrevivir en el medio ambiente, pudiendo migrar, mutar o replicarse. Por ende, es imperativo estar alertas del potencial de irreversibilidad que en el ámbito ecológico podría inducir esta biotecnología. Los proponentes de transgénicos argumentan una ausencia de efectos ecológicos potenciales provenientes de plantas tolerantes a herbicidas, y un alto rango de beneficios como reducir y cambiar el uso de herbicidas (como el glufosinato y el glifosato), al tiempo que se lograría una mejora en el control de plagas y una reducción en el uso de agroquímicos y erosión del suelo. Sin embargo, por otro lado, los oponentes argumentan que los genes tolerantes a herbicidas pueden ser transferidos a otras especies a través de la polinización cruzada (por ejemplo, en el caso de caña de azúcar y colza) y que por tanto los beneficios exhibidos se verían contrarestados. 

Sobre la base de algunas investigaciones llevadas a cabo en EEUU, la Ecological Society of America ha resaltado algunos riesgos potenciales y sus consecuencias ecológicas correspondientes. Dentro de éstos, resaltan los OGMs que se cruzan con especies relacionadas, lo que podría ocasionar una mayor capacidad invasiva o pérdida de biodiversidad. Asimismo, destaca el flujo génico horizontal, con consecuencias que dependen del flujo y de los rasgos genéticos en cuestión. Por otro lado, la modificación genética podría inducir una virulencia mayor en ciertas enfermedades así como demás efectos negativos sobre huéspedes silvestres en hábitats naturales. Finalmente, la evolución de resistencias (como a plaguicidas) podría llevar a la utilización de mayor cantidad de agrotóxicos y otros métodos de control perjudiciales para el medio ambiente.

Marzo de 2007 - Artículo elaborado por Daniel Galland García de Quevedo, desde la División de Ciencias Humanas y Sociales de la Facultad de Filosofía. Departamento de Filosofía Teorética y Práctica. Universidad de Barcelona.