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Transgénicos: Una perspectiva bioética (y II)

Hay la evidencia que continua existiendo un vacío en el entendimiento científico concerniente con los riesgos que conllevan los efectos secundarios y la complejidad de las relaciones causa-efecto de los OGMs. Ello sugiere que una mayor investigación interdisciplinaria en el tema sea llevada a cabo. Asimismo, el hecho de que la asesoría científica juegue un rol destacado en la elaboración de regulaciones sobre OGMs, incita a que esta comunidad tenga la responsabilidad de indagar y comunicar a los hacedores de políticas públicas y al público en general sobre el grado de riesgo e incertidumbre existente en la I+D sobre OGMs. La aceptación de la incertidumbre no es sólo una problemática científica, sino también involucra el contexto de determinación de políticas públicas al respecto y es una dimensión ética crucial que debe acatarse a nivel mundial.

Colección de variedades de pimientos y tomates del catálogo de Asociación Kokopelli elaboradas por agricultores de todo el planeta sin necesidad de incorporar las peligrosas tecnologías de modificación genética.

¿Hacia un cambio de paradigma?
Las sociedades modernas se encuentran organizadas y estructuradas en aras de un crecimiento económico basado en la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Los modelos mentales que constituyen al paradigma tecno-industrial que nos rige se encuentran fundamentados en leyes mecanicistas que se traducen en un reduccionismo científico, bajo la premisa cartesiana de que el todo es la suma de sus partes. 

La agricultura de OGMs, así como otras formas de tecnología para el desarrollo de la agricultura, se encuentra claramente inmersa en el paradigma tecno-industrial. Al mismo tiempo, es regida por el modelo económico neoliberal que en gran medida ignora su interacción con las ciencias ecológicas y sociales. El objetivo fundamental de este modelo es la maximización de utilidades y la minimización de ingresos y capital, nociones que en materia de OGMs, así como de cualquier otra industria, se traducen en comercialización competitiva dentro de los mercados económicos globales. Mediante el fomento de un crecimiento exponencial respecto a las toneladas cosechadas anualmente, tanto el paradigma como el modelo económico tienden a ignorar la forma en que los OGMs son producidos. Este hecho subestima los impactos, efectos colaterales y consecuencias adversas que podrían manifestarse en otros sistemas paralelos (ecológico, social, cultural, ético o político) y puede despreciar fácilmente las estructuras multidimensionales a nivel local, regional y global de los que depende. Esta forma de producción implicaría entonces la separación del sistema económico del resto, y la suposición de que ese resto debiera depender del sistema económico.

Figura, 1. La agricultura (transgénica) como sistema puntual inmersa dentro de una red de sistemas más complejos, en los que factores de cada sistema se atraen y repelen, generando propiedades emergentes y efectos co-laterales con alto grado de incertidumbre.

La forma en que estos objetivos económicos se persiguen tiende a ignorar a su vez los vínculos e interacciones que existen entre las actividades que su producción requiere y los sistemas amplios, vastos y complejos en los cuales la agricultura de OGMs se encuentra inmersa (Figura 1). En este contexto, el paradigma tecno-industrial parece fundamentarse en una filosofía laissez-faire que tiende a ignorar el potencial de cambios impredecibles, daños ecológicos y sanitarios u otros conflictos sociales que consideraría una filosofía precautoria.

En contraste con la adopción del paradigma tecno-industrial, las nociones de crecimiento y desarrollo en el contexto de la agricultura de OGMs pueden optar por considerar una perspectiva sistémica (1). En términos sencillos, un sistema es una red de elementos funcionales, interactivos e independientes, que constituyen un todo que se encuentra contenido por sí mismo pero que no obstante depende de aportaciones de otras fuentes externas (i.e., de otros sistemas). Un sistema puede variar considerablemente en función de su tamaño y complejidad, condicionando así sus actividades y limitantes. En realidad, no existe sistema que se encuentre en aislamiento total sin estar al menos influenciado por algún otro, aunque es cierto que pueden ser descritos y comprendidos más fácilmente si se les estudia separadamente como entidades cerradas, tal y como lo hace el paradigma tecno-industrial. 

Un sistema tiene conexiones e interacciones con otros sistemas. El paradigma sistémico sugiere que cuando los componentes de dichos sistemas se ponen en contacto, el potencial de generar propiedades emergentes (esto es, nuevas propiedades, impredecibles por naturaleza) se activa. Dicho de otra manera, la interacción de sistemas implica la generación de propiedades emergentes que traen consigo riesgos e incertidumbre científica. Asimismo, dependiendo de las condiciones espaciales y temporales que existen cuando estos sistemas interactúan, el grado de inocuidad o catástrofe se altera. En este contexto, la agricultura industrial de OGMs puede considerarse como un subsistema de otros sistemas mayormente complejos, esto es, de los dominios biofísico, social, cultural-ético y/o político. 

Colección de variedades de pimientos y tomates del catálogo de Asociación Kokopelli elaboradas por agricultores de todo el planeta sin necesidad de incorporar las peligrosas tecnologías de modificación genética.

Las líneas anteriores sugieren que la agricultura industrial de OGMs puede concebirse como un sistema puntual inmerso dentro de una red de sistemas más complejos, en los que los componentes o propiedades de cada sistema se atraen y repelen, generando propiedades emergentes y efectos colaterales con alto grado de incertidumbre. La siguiente figura muestra como la agricultura de OGMs interactúa, influencia y es influenciada por otros sistemas más vastos donde se encuentra inmersa:

Toda hectárea de producción de OGMs posee una interconectividad dinámica con el ecosistema en el cual se encuentra, que a su vez se encuentra conformado por procesos que ‘atan’ a los organismos que influencian el desarrollo, estructura y funciones de éstos. La incorporación de OGMs en la estructura de los ecosistemas podría potenciar la alteración de los ciclos naturales (contenidos por sí mismos) y la interacción e intercambio de materia y energía de otros componentes de los ecosistemas mismos. 

Las propiedades emergentes tienen el potencial de introducir un gran nivel de incertidumbre tanto en escalas espaciales como temporales. Mientras los ecosistemas son dinámicos, cambiantes y complejos, las herramientas y tecnologías de manejo de la industria de OGMs presuponen un mundo de reglas y leyes lineales y simples. El resultado de esta premisa se refleja en criterios que ignoran ampliamente riesgos ecológicos y sanitarios (i.e., efectos genéticos, difusión de nuevas infecciones, impactos acumulativos, efectos y daños colaterales en otras especies, potencial alergénico de especies recombinantes, reducción de biodiversidad silvestre, contaminación de suelos o acuíferos, etc.), así como la huella ecológica total de cada OGM, que se proyecta hacia sistemas ecosociales lejanos.  

Las plantaciones de OGMs se encuentran inmersas dentro de estructuras políticas y socioeconómicas altamente complejas. La identidad social y cultural de individuos y grupos afectados (e.g., comunidades rurales, comunidades indígenas, campesinos) corren el riesgo de ser alterados adversamente a un nivel local e incluso regional. Asimismo, el surgimiento de conflictos significativos en áreas donde estas prácticas compiten con plantaciones tradicionales es factible. El grado de externalidades (tanto riesgos como costos sociales y ecológicos) se incrementa considerablemente debido a que los objetivos del sector privado se basan fundamentalmente en la generación de utilidades (que en la actualidad son captadas por corporaciones multinacionales casi en su totalidad).

En resumen, la industria de los OGMs se encuentra gobernada por una serie de suposiciones y modelos intelectuales, cuya estructura está compuesta por el paradigma de economía neoclásica (basada en crecimiento e industrialización), democracia social (basada en el individualismo), ética antropocéntrica (basada en el utilitarismo) y el paradigma científico previamente aludido (que gira en torno a un reduccionismo mecanicista). Todas estas estructuras complejas y multifacéticas, así como sus funciones respectivas, se caracterizan por ser subsistemas inmersos en valores y culturas que son primordialmente ignoradas en el desarrollo de la industria.

En virtud de las dinámicas múltiples que ocurren entre todos estos sistemas, para poder debatir si debe o no seguir desarrollándose esta industria, podría primero considerarse el estudio de la interrelación que existe entre las estructuras y funciones de los sistemas que interactúan, influencian y son influenciados por la agricultura industrial de OGMs. El analizar la industria de los OGMs desde un enfoque de sistemas requiere de una visión totalmente re-estructurada que primordialmente sepa considerar el potencial de riesgos y aceptar los niveles de incertidumbre.

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La perspectiva bioética
Podríamos argumentar que la legislación sobre OGMs se enfrenta en la actualidad a un problema que va más allá del ámbito científico. Considerando que la aproximación a esta problemática rebasa el ámbito de la ciencia, una perspectiva bioética en torno a la investigación, desarrollo, producción y uso de OGMs puede contribuir hacia una toma de decisiones responsable que logre balancear los sistemas de los que la agricultura transgénica depende. 

En el ámbito global que involucra la producción y uso de OGMs, la ética ha sido escasamente considerada dentro de los contextos legal, político, económico y cultural en que se emplean las técnicas de manipulación genética. El riesgo que implica este hecho se traduce en que el desarrollo progresivo de esta industria únicamente sirva a los intereses de unos cuantos. Una clara consecuencia de este riesgo es ilustrada por la tecnología terminator, una forma de manipulación genética que hace que las semillas de los cultivos de OGMs se vuelvan infértiles. En su afán de competencia y expansión en el mercado, las compañías multinacionales ignoran los efectos sociales que se generan al hacer que los agricultores se hagan totalmente dependientes de ellas. Es por tanto esencial comprender que, además de centrar el debate en los riesgos y consecuencias de la biotecnología en sí, es necesario poner énfasis en la forma en la que ésta es utilizada. 

Por otro lado, vale la pena analizar hasta qué punto las ventajas y los beneficios que traen consigo los OGMs se han vuelto realidad o se han quedado sólo en especulación. La soja y el maíz (que juntos comprenden cerca del 80% de la superficie mundial cultivada) han sido principalmente destinadas a la alimentación del ganado en países industrializados, mientras que el algodón y la canola se han destinado hacia usos industriales (Riechmann, 2004). Estos hechos reflejan un argumento en contra del planteamiento inicial que justificaba el crecimiento de la industria de OGMs y que subrayaba, como una de sus prioridades, el contribuir a erradicar el hambre y la pobreza en los países menormente desarrollados.

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¿Cómo justificar la aplicación del principio precautorio en vez de continuar basándonos en el principio de laissez-faire? La política de moratoria por la cual abogan los críticos de la industria  podría probablemente marcar una medida aceptable hasta el punto de esclarecer las finalidades para las cuales debe destinarse la producción de OGMs. El desarrollo de un marco de responsabilidad y sostenibilidad que fundamente dicho debate podría ofrecer una normativa importante hacia el manejo correcto y apropiado de la I+D, que considere las múltiples facetas de riesgo e incertidumbre, así como a los diversos actores que se encuentran involucrados y que podrían llegar a ser afectados por la producción y el consumo de organismos transgénicos. 

Una postura responsable podría asimismo considerar simultáneamente el nivel de incertidumbre científica y la opinión pública sobre los impactos sociales, ecológicos y (sobre todo) éticos que se desprendan de la producción y uso de OGMs. Mayer y Stirling (2002) argumentan que un enfoque precautorio puede practicarse sobre la base de la humildad, la evaluación de beneficios y justificaciones, la participación pública, la comparación de alternativas, la transparencia, la diversidad y la consideración de múltiples perspectivas. En este respecto, un reto importante hacia la aplicación de este principio será la responsabilidad social y moral que, sobre una base de principios éticos, puedan ejercer los hacedores de políticas, los tomadores de decisiones y la comunidad científica en torno a la planeación, práctica y difusión de su trabajo. 

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Una mayor apertura en torno a la comunicación de la evidencia científica y la incertidumbre harían de la ciencia una herramienta útil en el mejoramiento de la legislación de riesgos sobre OGMs. El caso de la epidemia de encefalopatía espongiforme bovina (BSE, por sus siglas en inglés, que ocasionó el síndrome de la vaca loca) hizo que gobiernos y otras autoridades se cuestionaran sobre los procesos de evaluación de riesgo convencionales y las limitantes de las asesorías científicas. En este caso existía evidencia de riesgo y en gran medida las autoridades ignoraron el grado de incertidumbre científica. Esta lección nos indica que los efectos potencialmente adversos nunca deben ser ignorados o subestimados, sino más bien comunicados. El aseguramiento en la calidad de la información proveniente de la comunidad científica en este contexto es esencial. Tal y como apuntan algunos proponentes de la ciencia post-normal, ‘existe necesidad de medios para incorporar información sobre incertidumbre que esté conectada con estimaciones y evidencia en las asesorías científicas’ (Funtowicz y Ravetz, 1993). Hasta ahora, la comunicación de la incertidumbre científica vinculada a los OGMs que están disponibles en el mercado no ha sido lo suficientemente difundida.  

En situaciones de incertidumbre, los riesgos estimados por los expertos comúnmente difieren de aquellos riesgos percibidos por otros, incluyendo al público en general (Thompson, 1997). En el caso de Europa, tanto la producción como el uso de OGMs han sido percibidos por los consumidores de una manera cada vez más escéptica. La industria ha tratado la preocupación y el escepticismo de la población como un problema emocional o de ignorancia, cuando su origen podría estar vinculado con fallas previas en informar de manera transparente la situación el tema de parte de los medios de comunicación y de la comunidad científica. 

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El debate actual sobre OGMs podrá beneficiarse de las perspectivas que ofrece el enfoque sistémico si considera que las plantaciones de transgénicos son subsistemas que ocurren dentro de sistemas vastos y mayormente complejos. Hasta ahora, la producción de OGMs se ha concentrado fundamentalmente en la utilidad económica y en las mejoras respecto a su tecnología, pero ha desconsiderado el estudio de las dinámicas que se manifiestan entre sistemas que involucran impactos acumulativos, efectos colaterales y otras cuestiones de incertidumbre que son características del ámbito de la ecología. Es indudable que el reto primordial lo tendrán tanto los hacedores de políticas como los tomadores de decisiones de la industria de OGMs, de estar abiertos a considerar, sobre una base de principios éticos, los fines que debiera tener esta biotecnología y las consecuencias que implicará la alteración de estructuras y funciones de los sistemas interconectados de los cuales depende.

(1) En atención a esta perspectiva sistémica, diversas alternativas enfocadas en sistemas naturales y sociales fundamentados en leyes de una ciencia post-normal han venido surgiendo. La ciencia post-normal se fundamenta en procesos ecosistémicos, economía ecológica y formas participatorias de política basada en comunidades, en el contexto de espacio, tiempo, energía e información. Varios autores contemporáneos han desarrollado estos conceptos. Una descripción detallada al respecto puede encontrarse en  Funtowicz y Ravetz, 1993.

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-Riechmann, J. (2004). Transgénicos: el haz y el envés. Una perspectiva crítica. Ed. Catarata. Madrid, España.

Marzo de 2007 - Artículo elaborado por Daniel Galland García de Quevedo, desde la División de Ciencias Humanas y Sociales de la Facultad de Filosofía. Departamento de Filosofía Teorética y Práctica. Universidad de Barcelona.