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Tu huella de carbono al descubierto





Tu huella de carbono al descubierto
Febero de 2007 - 

La institución gubernamental británica Carbon Trust – Making bussiness sense of climate change publicó a finales del 2006 un estudio titulado “The carbon emissions generated in all that we consume” (Las emisiones de carbono generadas en todo lo que consumimos) a partir de un estudio del año 2005 del Centre for Environmental Strategy de la University of Surrey, que definía un nuevo modelo de atribución de emisiones de carbono para el Reino Unido. El informe revela las emisiones de CO2 que genera un habitante medio del Reino Unido y que provocan el actual cambio climático, pero las determina desde un nuevo enfoque: el consumo final de productos y servicios.









Los esfuerzos para reducir las emisiones de carbono deben considerar mayor atención a las emisiones de la industria y al uso más intensivo de la energía genrealizado en la sociedad occidental.









Nuestro estilo de vida basada en la constante mobilidad utilizando combustibles fósiles consituye una de las principales fuentes de alteración del clima planetario.





Debemos considerar el origen de los ingredientes de nuestras comidas y rechazar aquellos productos con demasiado embalaje o que provienen de zonas lejanas.







Un resultado impactante es la alta proporción de emisiones de carbono atribuibles al creciente sector de Entretenimiento y Ocio



La reducción de las emisiones de carbono de la economía británica o de cualquier otra del mundo más industrializado requerirá un esfuerzo sofisticado

Redacción Terra.org. Habitualmente los estudios publicados hasta ahora obtienen, con más o menos precisión, las emisiones de un individuo medio de un país a partir del cociente entre las emisiones de CO2 generadas por los sectores de producción nacionales (centrales térmicas, fábricas, industrias de refino, agricultura, etc.) y los habitantes. El aporte original de este informe británico es que cambia el enfoque y calcula las emisiones de un habitante a partir de sus hábitos de consumo, asociando cada acción de la vida cotidiana a un valor de emisiones de carbono. A partir de un hábito de consumo, los investigadores retroceden en las diferentes etapas de la cadena de producción para calcular qué volumen de emisiones de CO2 han sido necesarias para poder consumir y eliminar ese producto. Así, este nuevo análisis se basa en el principio de que todas las emisiones industriales pueden relacionarse al final con el aprovisionamiento de uno o más productos o servicios adquiridos por el consumidor final. El estudio combina las emisiones generadas en la cadena de abastecimiento para dar una medida del total de emisiones asociadas con el aprovisionamiento final de productos y servicios. El valor final de CO2 obtenido incluye las emisiones generadas en la extracción de la materia prima, en la manufactura del bien o del servicio, en la distribución, en la venta al menor, en el consumo, la deposición y en el reciclado final.

Históricamente, los esfuerzos para reducir las emisiones de carbono principalmente han enfocado su atención en las emisiones de la industria que hacía un uso más intensivo de la energía. El mayor compromiso comercial y empresarial relacionado con el cambio de clima a través de la legislación y los incentivos administrativos, así como el crecimiento de la economía basada en los servicios, han reducido significativamente la intensidad de emisiones de carbono en los sistemas de producción del Reino Unido. Pero una gran cantidad de productos y servicios generan emisiones mayores durante su uso que durante su producción. Los ejemplos incluyen los vehículos de motor, donde las emisiones asociadas a la producción del vehículo y a la perforación y refino de combustible, son más pequeñas que las emisiones de conducir el vehículo durante su vida. O la ropa, donde las emisiones de carbono de su manufactura y lavado son menores que la electricidad consumida en el secado, lavado y planchado de las prendas a lo largo de su vida de uso. Por otro lado, el aumento en la tasa de consumo de múltiples productos ha superado también las mejoras en eficiencia de energía conseguidas recientemente a lo largo de su proceso de producción. En términos generales, el resultado es un incremento global en emisiones de carbono asociadas a las cadenas de suministro. Al fin y al cabo, la demanda del consumidor de productos y servicios es lo que dirige los procesos de la producción que finalmente serán los que consumen recursos de energía y emiten carbono. Pero es la satisfacción de una supuesta necesidad del consumidor lo que impulsa el uso primario de entrada de energía, de forma que también dirige y decide finalmente las emisiones asociadas al carbono.


Eludiendo responsabilidades a la hora de satisfacer nuestros deseos
La premisa de este estudio se fundamenta en el hecho de que la responsabilidad de las emisiones de carbono de la actividad económica proviene, en última instancia, de las opciones escogidas por las personas para satisfacer ciertas necesidades funcionales y deseos. Nuestras necesidades y deseos se expresan, en términos económicos, en la demanda de materias que realiza el consumidor, y es esta demanda de bienes y servicios la que rige y conduce los procesos de producción que consumen recursos -incluyendo recursos energéticos-, y emiten los agentes contaminantes -incluyendo el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.

Hay, por supuesto, un importante signo de interrogación sobre el grado en que estas materias satisfacen o no nuestras necesidades y deseos. La asunción de la economía tradicional es que lo hacen - o bien no los compraríamos. Pero esta asunción también ha sido objeto de crítica entre los economistas que argumentan que existe cierta inexactitud entre la proliferación de bienes económicos y servicios, y la satisfacción de las necesidades del ser humano. No todas las cosas que compramos contribuyen de forma igual a nuestro bienestar. Y esta argumentación gana apoyos al observar que el nivel de satisfacción en la vida no ha cambiado mucho en las economías desarrolladas durante los treinta años pasados a pesar de que se ha doblado el gasto del consumidor. Además, otros estudios muestran que aquéllas economías con actitudes altamente materialistas puntúan menos en bienestar subjetivo que ésas con actitudes menos materialistas.

Para entender cuál sería el nivel de consumo sostenible, sería bastante útil saber cuántas emisiones de gases de efecto invernadero son atribuibles a qué clases de necesidades y de deseos. ¿El impacto viene principalmente de necesidades de subsistencia (alimento y ropa)? ¿O de protección (hogar y seguridad)? ¿O de nuestras demandas del ocio? ¿O de la necesidad de comunicarse con nuestra familia y amigos? ¿Cuánto carbono es atribuible a estos sectores de demanda? En términos más amplios, estas preguntas exigieron el desarrollo del marco de estudio para poder trazar la relación entre nuestras necesidades y deseos, y su impacto en el ambiente.

Este marco resulta útil por varias razones. En primer lugar, permite que identifiquemos puntos-calientes: los sistemas de servicio de producto que son más significativos en términos de impacto de carbono. Esta identificación puede ayudarnos a diseñar el cambio hacia una nueva economía menos intensiva en carbono y a entender en detalle qué características técnicas, de comportamiento y de actitud son las más importantes para alcanzar este cambio. Puede también permitir que exploremos los conductores sociales subyacentes que generan nuestro impacto de carbono. Uno de los debates clave alrededor del consumo sostenible se refiere a cuánto del impacto ambiental de la sociedad moderna se puede asociar a la ampliación de las aspiraciones del consumidor, y cuánto de ese impacto es el resultado de la manera como nuestros sistemas de servicios de productos se han desarrollado, en términos técnicos e institucionales. En otras palabras, ¿cuánto del impacto cada vez mayor sobre el clima es causado por la búsqueda del lujo? ¿Y cuánto impacto es simplemente función de la arquitectura institucional familiar dentro de la cual la gente procura vivir sus vidas cotidianas?


El entretenimiento y el ocio, los principales emisores de carbono
El estudio del Centre for Environmental Strategy define este marco para poder atribuir las emisiones de carbono a la demanda subyacente de bienes y servicios que consumimos para satisfacer nuestras necesidades funcionales. Usando un modelo de input-output de emisiones de CO2 en los estadios de producción y consumo, el estudio reasigna todas las emisiones directas e indirectas de carbono asociadas al consumo en el Reino Unido, a las necesidades funcionales de último nivel del propio consumidor.

Desde la perspectiva tradicional de producción la categoría de “Producción de Electricidad” tiene las emisiones más altas en cerca de 24 MtC (millones de toneladas de carbono anuales); la categoría de “Otros Transportes Terrestres” (que comprende el transporte por carretera de mercancías, autobuses, coches, taxis, etc.) y la categoría “Industrias de Refino” se sitúan en la segunda y tercera posición en emisiones con 7.9 MtC y 7.1 MtC respectivamente. Las categorías referentes a la provisión de productos finales y servicios para el consumidor obtienen unas emisiones totales de menos de 2 MtC. Desde esta perspectiva se muestran unas emisiones totales en el Reino Unido de 88.1 MtC. Se excluyen del cómputo final las emisiones de combustible de aviación (11.0 MtC), la electricidad doméstica (22.0 MtC), uso doméstico de combustible (25.3 MtC), uso de combustible para el transporte privado doméstico (18.3 MtC) y el balance (11.7 MtC), que juntas suman un total de 88.3 MtC.

En el estudio, las emisiones de carbono generadas por las actividades económicas necesarias para suministrar cada servicio o producto individual se suman conjuntamente para obtener una fotografía completa de todo el carbono atribuible a ese producto o servicio. En esta perspectiva de consumo se incluyen las emisiones adicionales del balance comercial de carbono del Reino Unido. Con esta reasignación las emisiones de la categoría “Producción de Electricidad” se reubican completamente en las categorías del usuario final de esa electricidad. Por ejemplo, la categoría de Hoteles, Catering y Pubs ahora incluye las emisiones de la generación de la electricidad usada para la calefacción y aire acondicionado de estos locales y para cocinar la comida en el restaurante. La cadena de abastecimiento para la categoría de Hoteles, Catering y Pubs obtienen ahora las mayores emisiones de carbono con 8.3 MtC. Finalmente, estas categorías de consumo pueden ser sumadas conjuntamente según las necesidades del consumidor de último nivel. Con esta perspectiva, las emisiones de electricidad doméstica, el uso doméstico de combustible y el uso doméstico de combustible para el transporte privado también se incluyen, aunque las emisiones del combustible de aviación quedan todavía excluidas. Así, el estudio clasifica las emisiones de carbono de productos y servicios en categorías de necesidades de consumo de último nivel:

1.- Entretenimiento y ocio
2.- Calefacción de espacios
3.- Comida y abastecimiento
4.- Hogar
5.- Salud e higiene
6.- Ropa y calzado
7.- Desplazamiento al trabajo
8.- Educación
9.- Administración pública y defensa
10.- Comunicación

A su vez, cada categoría puede dividirse en emisiones directas, indirectas o causadas por el transporte. Se consideran emisiones directas a las emisiones asociadas con el consumo directo de combustibles fósiles (no relacionados con el consumo) y electricidad en el hogar.  Las emisiones indirectas incluyen las emisiones contenidas en bienes y servicios, incluyendo la energía requerida para producir estos bienes y servicios así como las emisiones generadas por la calefacción, climatización e iluminación del sector servicios y gubernamental. Las emisiones relacionadas con el transporte incluyen las emisiones generadas por el combustible destinado al transporte y las emisiones indirectas contenidas en el transporte de los propios bienes y servicios.  

El estudio confirma que, desde la perspectiva tradicional de producción, los sectores con las emisiones más altas del carbono son los asociados a la generación de la energía y al transporte (por aire, agua y tierra). Después de la re-atribución de emisiones según las necesidades funcionales, las categorías más importantes que resultan en términos de emisiones de carbono son: entretenimiento y ocio (31.6 MtC), calefacción de espacios (24 MtC) y comida y abastecimiento (22.4 MtC). El carbono atribuible al mantenimiento de la casa (22.2 MtC) es también significativo, al igual que el carbono atribuible a la salud y a la higiene (21.7 MtC). Cabe recordar que las emisiones de aviación están excluidas de estos cálculos porque los investigadores no disponían de datos suficientes para ubicar los viajes en avión con el propósito funcional. En total, los consumidores británicos usan productos y servicios con una huella combinada de carbono de 176.4 MtC.

Categoría
Millones de toneladas de Carbono (MtC)
%
Actividades incluidas (ejemplos)
Entretenimiento y ocio
31.6
19,1%
Transporte privado (41%), servicios de transporte (41%), ocio y entretenimiento, dispositivos domésticos (25%), vacaciones, alcohol y tabaco, etc.
Calefacción de espacios
24.0
14,5%
Calefacción, combustibles fósiles al por menor (75%)
Comida y abastecimiento
22.4
13,5%
Transporte privado (5%), servicios de transporte (5%), comida, bebidas no alcohólicas, dispositivos domésticos (25%), cocción, etc.
Hogar
22.2
13,4%
Transporte privado (3%), servicios de transporte (3%), servicios financieros, vivienda, dispositivos domésticos (25%), luz, mobiliario, etc.
Salud e higiene
21.7
13,1%
Transporte privado (7%), servicios de transporte (7%), salud, higiene, calentamiento de agua (50%), dispositivos domésticos (12%), etc.
Ropa y calzado
16.1
9,7%
Transporte privado (3%), servicios de transporte (3%), calentamiento de agua (50%), efectos personales, etc.
Desplazamiento al trabajo
13.1
7,9%
Transporte privado (36%), servicios de transporte (36%)
Educación
7.9
4,8%
Transporte privado (4%), servicios de transporte (4%), educación, libros y periódicos
Administración pública y defensa
4.8
2,9%
Administración pública y defensa
Comunicación
1.6
1,0%
Correo y comunicación
Total
165.4


Emisiones de aviación
11.0




Conclusiones para reflexionar
El estudio indica que el consumo en el Reino Unido es responsable de más emisiones de carbono que las atribuibles a su producción nacional, apoyando la hipótesis del “asilo de contaminación”, al contabilizar las emisiones de carbono generadas en otros países pero cuyos productos se consumen en territorio británico. Así, las emisiones de carbono atribuibles a las pautas de consumo del Reino Unido son significativamente más altas que las calculadas en estudios anteriores basados en los procesos de producción. Este resultado apoya la hipótesis de que a medida que las naciones industrializadas se desarrollan, progresivamente soportan sus pautas de consumo exportando las industrias intensivas en uso de materiales y energía a países menos desarrollados, e importando directamente cada vez más productos terminados. A la vez, la economía tiende a basarse más en el sector servicios. El “balance comercial de carbono” del Reino Unido asciende por lo menos al 7% (11,7 MtC) del total inventariado en la nación (176,4 MtC), aunque los mismos investigadores señalan que este balance puede estar sustancialmente subestimado debido a sunciones que hicieron sobre las infraestructuras energéticas de los socios comerciales del Reino Unido.

Un segundo resultado impactante es la alta proporción de emisiones de carbono atribuibles al creciente sector de Entretenimiento y Ocio. Representan casi el 20 % de las emisiones totales, liderando la categoría con mayores emisiones desde la perspectiva de necesidades de consumo de último nivel. Aunque las emisiones asociadas con los artículos de primera necesidad como la comida, la vivienda y el confort (calefacción, etc.) son también claramente sustanciales, la demanda creciente de servicios de entretenimiento y ocio resulta claramente problemática desde la perspectiva del carbono. Las crecientes aspiraciones del británico para comer fuera, viajar por ocio, salidas de fin de semana y otras actividades recreativas están haciendo que alcanzar el objetivo de reducción de carbono resulte una tarea cada vez más dura de lograr para el Gobierno del Reino Unido.  

Acerca de los conductores subyacentes de emisiones de carbono parece claro que la expansión de las aspiraciones de los británicos por un mejor estilo de vida y la satisfacción de los deseos son un factor muy significativo en la ecuación. Al mismo tiempo, una cantidad considerable de emisiones de carbono se deben a algunas actividades domésticas bastante básicas: la calefacción y el mantenimiento de nuestro hogar, la alimentación propia y de nuestras familias, el traslado al lugar de trabajo y el cuidado de nuestra salud e higiene. En otras palabras, sería un error colocar la culpa del cambio climático enteramente a las crecientes aspiraciones de los consumidores. Al menos una parte de responsabilidad debe recaer en las infraestructuras e instituciones a través de las cuales la gente normal satisface sus necesidades cotidianas de subsistencia, protección y comunicación con familia y amigos.

En términos generales se han identificado 4 fases para tender hacia una economía menos intensiva en el uso de carbono: (1) la eficiencia energética, reduciendo las emisiones relacionadas con el sobreuso de la energía, (2) la gestión del carbono, priorizando las actuaciones sobre las fuentes de carbono directamente controladas, (3) cadenas de abastecimiento, optimizando las oportunidades de reducción de emisiones a través de análisis de ciclo de vida de los productos con impacto de carbono, y (4) reemplazo de productos, diseñando productos y servicios apropiados para satisfacer las necesidades del consumidor de forma menos intensiva en el uso de carbono.

Estos comentarios no desenredan completamente la complicada mezcla de factores que conducen las pautas de consumo modernas. Sin embargo, sirven para ilustrar que la reducción de las emisiones de carbono de la economía británica o de cualquier otra del mundo más industrializado requerirá un esfuerzo sofisticado: mejorar los procesos de producción en toda la economía; reducir la necesidad de viajes diarios mejorando el diseño y los procesos de planeamiento urbanos; aumentar el uso de las energías renovables (no fósiles) en hogares, oficinas y fábricas; mejorar la arquitectura institucional destinada a proporcionar servicios funcionales; redirigir aquellos elementos que dejan al consumidor impotente para cambiar sus vidas y poder reducir su impacto de carbón; ejemplificar buenas prácticas por parte del Gobierno para reducir el uso de energía en edificios del sector público y de servicios; y encontrar formas nuevas e innovadoras para satisfacer las aspiraciones de los consumidores en entretenimiento y ocio. La cooperación también resultará esencial a nivel internacional en vistas de las cada vez mayores cadenas de abastecimiento de productos y de la creciente interdependencia de economías nacionales. Éstas son algunas de las cuestiones sobre las que los actuales debates sobre reducción de emisiones, consumo sostenible y cambio climático, deberían ocuparse.

Considerar el origen de los ingredientes de nuestras comidas, el uso de neveras eficientes y rechazar aquellos productos con demasiado embalaje son acciones útiles, pero el mensaje del estudio de Carbon Trust y del Centre for Environmental Strategy de la University of Surrey es otro. Debemos ser conscientes que todo lo que hacemos implica emisiones de carbono y no solamente la aviación o la calefacción. En Noviembre del 2006 y bajo la organización de Stop Climate Chaos salió en Trafalgar Square la mayor manifestación ambiental del Reino Unido.



actualizado: 
23/02/2007
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