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Vida de impacto ecológico bajo

En los últimos años diversas familias en países del Primer mundo se lanzaron a ensayar un año con un estilo de vida de impacto bajo. La prensa los ha llamados no impact man, pero la realidad, a este fenómeno ecosocial deberían llamarse familias de bajo impacto (FLI, en inglés o FBI en castellano). Estas familias han abierto parte de su intimidad en blogs, libros y/o documentales recopilando la experiencia. Han sido el centro de atención de algunos medios de comunicación por una temporada y objeto de reportajes. Pero, la cuestión clave es que pasa después del experimento y sobretodo que es lo que aportan estas experiencias para que otras personas puedan implicarse en una estilo de vida de impacto bajo. ¿Qué consejos ecológicos son realmente asumibles para un occidental y hasta donde se puede llegar?. Hemos recopilado la información esencial de tres proyectos vitales en esta línea.

Una vida sin petróleo: la experiencia de la familia finlandesa

El objetivo, aparentemente inocuo: un año sin consumir productos fabricados con combustibles fósiles. El cineasta John Webster (1967), junto a su esposa Anu y sus dos hijos, con el símbolo inicial de despedirse del coche familiar, renuncian a cualquier producto que contenga o venga envasado en plástico o derivado del petróleo. Su experiencia será objeto del documental Recipes for disaster, un film con un buen tono de humor, porque su autor considera que sólo con esta actitud podemos superar el estupor de la realidad ambiental a la que debemos hacer frente. Un estilo de vida bajo en carbono se considera que consume 3 tn de CO2 año. El estilo de vida español está en 9 toneladas, el finés en 13 toneladas y el americano en 22 toneladas.

El dilema de asumir una vida sin petróleo origien del documental Recipes for disaster (2008). La demanda de la humanidad excede en un 30 % la capacidad de regeneración del planeta. Foto del cineasta.

El experimento de esta famlia finlandesa se inició el 28 de septiembre de 2006 y algo de lo primero que aprendieron fue que dejando aparcado el coche cada día para ir a la trabajo y a la escuela de otra forma podían reducir 8 kg de CO2. Adoptar la bici y el transporte público les obligó a cambiar muchos hábitos familiares, pero también les proporcionó más tiempo para vivir como familia. Basa su experimento en 7 recetas para un dieta baja en carbono y seguir siendo felices. El consumo de productos envueltos o con envase de plástico fue su principal obsesión para eliminarlos. Así por ejemplo, las patatas fritas fueron eliminadas de su dieta porqué en Finlandia no se venden a granel en churrerías.

Parte de una reflexión sincera de que había que hacer algo sobre como reducir las emisiones que conducen al efecto invernadero y por tanto al calentamiento global. En este sentido recopila un estudio americano sobre el miedo a un desastre por parte de las personas que viven bajo la influencia de una gran presa. Pues resulta que los que están más cerca y que les cogería por sorpresa a penas estaban preocupados y en cambio los que más lo estaban eran los más alejados y que como mucho les entraría un poco de agua. Y es que las personas tendemos a no pensar cuando la amenaza es realmente grave. Eso es lo que parece suceder frente al cambio climático. Podemos imaginar que los efectos pueden ser tan graves que simplemente nos evadimos con excusas ya sea de que no podemos hacer nada o simplemente no será para tanto. Cuando hay que optar entre lo conocido y lo desconocido, incluso frente a un desastre como puede ser el hundimiento del barco en el que uno viaja, la mayoría no se sube a los botes hasta el último momento, porqué entre lo desconocido (una nueva situación) prefieren aferrarse a lo conocido ni que sea la peor opción y especialmente si el hundimiento es lento.

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Una experiencia de vida de impacto ecológico bajo en Finlandia. Foto del cineasta.

Las aportaciones de los Webster

•Renunciaron a los viajes en avión (que triplica en gases de efecto invernadero al de cada asiento en coche), pero se tomaron unas vacaciones ecológicas en Italia; el trayecto lo hicieron en tren y barco consumiendo sólo 180 kg y ahorraron el equivalente de usar 6 meses al coche);
•No cortaron la electricidad, pero contrataron electricidad verde e incrementaron la eficiencia en la climatización;
•Utilizaron aceite vegetal para el motor diesel del vehículo y para la lancha que les permitía ir a la casita del lago;
•Instalaron un panel solar para la casita del lago y poder ver en algún momento del fin de semana la televisión;
•Centraron su vivencia especialmente en el rechazo a cualquier producto plástico y/o de sustancias químicas derivadas de los combustibles fósiles;
•Usaban champú de una marca que lo hacía en pastilla y la pasta de dientes se la fabricó el mismo.

Los logros

Al final pudieron reducir unos 3.500 kg de CO2 (a pesar de todo lo experimentado y de ciertos sacrificios sólo pudieron rebajar las emisiones en un 52 %). Sin embargo, este ejercicio les ha impulsado a mantener muchos de los hábitos que adoptaron durante el año en que experimentaron, especialmente, en lo referente al rechazo de los viajes en avión, al rechazo de los productos envasados y a hacer un uso racional de la energía. Su experimento nos lega un documental de gran calidad, entrañable y con un guión inteligente a pesar de haber sido realizado con pocos medio. Después de esta experiencia John Webster se puso a construir una nueva casa con criterios ecológicos para su familia en Espoo.

 

No impact man: vivir con una vida de impacto bajo en Nueva York

La experiencia de No impact man se inicia no para conformarse en no emitir carbono, sino porque Colin Beavan (1967), doctor en física aplicada y escritor, junto a su familia les plantea “no producir ningún tipo de impacto ambiental y en crear un impacto positivo", por lo que, además, se proponía compensar el impacto negativo implicándose en proyectos tales como plantar árboles, donar dinero a las ONG de activismo ecológico, etc. Cuando inicia el experimento tenía 42 años y se definía como un pardillo en el tema. De todos modos, su experiencia con su esposa Michelle, su hija de dos años, Isabella y Frankie era la de ir avanzando gradualmente y asumiendo los retos que se les planteaba por reducir su impacto ecológico. Iniciaron su experiencia a finales del 2006 y se terminó en las navidades del 2007.

No impact man o las aventuras de un progre con complejo de culpa que intenta salvar el planeta. La crisis climática nos afecta a todos. Foto del documental.


Sus aportaciones

•No subir pisos sino fuera a pié. La excepción era el ascensor que tomaba su esposa para subir a la planta 42 en dónde trabajaba. Usar la bicicleta y el patinete en todos los desplazamientos;
•Se negaron a realizar desplazamientos en transporte público (metro, bus, tren o taxi) y por supuesto nada de tomar aviones. Por este motivo renunciaron a las tradicionales encuentros familiares del Día de Acción de Gracias;
•Comida local y de no más de 200 km de distancia y con una dieta vegetariana;
•Durante 6 meses estuvieron sin electricidad, aunque durante todo el año del experimento eliminaron el aire acondicionado, lavadora, la televisión, el frigorífico y el congelador y se iluminaron con velas de cera de abeja, aunque también instalaron un panel fotovoltaico para suministrar energía al ordenador portátil;
•Dejaron de comprar de cosas nuevas, evitaron los productos que procedieran de la tala de árboles, envases y embalajes de plástico; sólo mantuvieron la compra de calcetines y ropa interior;
•Dejaron de consumir comida preparada y de restaurantes y se implicaron en un huerto comunal;
•Uno de sus símbolos fue el tarro de vidrio para café y agua;
•La reutilización del agua, pero sobretodo no beber agua embotellada y siempre del grifo;
•Utilizar productos que no fueran nocivos para las aguas grises, como el bicarbonato como dentífrico y el jabón artesanal para lavarse;
•La climatización era con caldera comunitaria de gasóleo instalada en los bajos de su edificio y al no poder usarla con biocombustibles apagaron los radiadores y se dieron cuenta que incluso en invierno algún día tuvieron que abrir las ventanas;
•Eliminar el uso del papel higiénico, sin duda una de las medidas que se convirtió en el símbolo de la mayoría de los reportajes que les hicieron.

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Un libro inspirador.

Sus conclusiones

•Asumir que la tecnología puede ser parte de la solución, pero no va a dar solución al grueso del problema ya que este exige cambiar la forma de vivir.

•Decantarse por las nuevas tecnologías sin valorar el estilo de vida seguiremos en más de lo mismo, sólo que “atascados con coches eléctricos”. Si utilizamos la tecnología sólo para reconstruir el sistema actual de modo que perdure en el tiempo, nos perdemos la oportunidad de cuestionarnos si el sistema actual realmente proporciona una buena vida o en realidad nos perdemos la oportunidad de llenar un planeta feliz de gente feliz.

•Insiste en la necesidad de averiguar en qué consiste una buena vida de verdad y, a partir de ahí rediseñar nuestros sistemas sociales y tecnológicos para hacerlo posible.

•Valora que el hecho de que nuestras acciones individuales no se recuerden no quiere decir que no sean indispensables, porqué la acción colectiva no es más que la suma de las acciones individuales, y la acción individual no excluye la implicación colectiva, porqué las dos deben trabajar juntas.

•Se queremos asegurarnos de que el planeta conserva su capacidad para mantenernos, tenemos que tomar otro tipo de decisiones y es que esta batalla no es sólo la de los votos, sino también la de los corazones y las mentes. Y los corazones y las mentes se alojan en los individuos, no en los gobiernos. Sólo estos pueden empujar a los gobiernos, por lo que hay que poner en marcha un nuevo modelo de ciudadanía comprometida y darnos cuenta de que la forma en la que vivimos afecta a todos los que nos rodean. Por ello tenemos que desarrollar nuevas formas de tomar responsabilidad.

•Continuaron viajando en bici, comiendo vegetariano, seguir sin tele, subiendo escalones, y como reconocía “ no se trata de meter tripa, sino de echar corazón. El ecologismo no tiene que ver con el medio ambiente, sino con las personas; consiste en lograr una vida mejor para la gente.

•Mantienen el blog que inició en Febrero 2007, dos meses después de tomar el compromiso. Toda su experiencia está narrada en un libro y en un documental.


Bajo impacto ecológico en Bélgica

A comienzos de mayo 2008 en la ciudad belga de Gante, Steven Vromman (1961), junto a sus hijos Adam y Marieke, se lanza a reducir al mínimo su huella ecológica en el planeta durante un año (low impact man). En concreto, pretendían quedarse con 1,6 hectáreas, que es el espacio que corresponde a cada ser humano dado el nivel de población actual y las hectáreas bioproductivas del planeta. De partida, Steven tenía una huella de 4,5 hectáreas, frente a la media belga de 5,6. Vive en un loft de 80 metros cuadrados en una antigua fábrica donde el termómetro rara vez sobrepasa los 15 º C, tiene piano de cola, ordenador, móvil, equipo de música.

Sus aportaciones:

•Compra local y de temporada, a los agricultores locales cargado con sus propias bolsas, botellas y fiambreras; el resto de la comida es con etiqueta ecológica; no compra productos congelados ni procesados (compra leche, pan y otros productos perecederos en tiempo);
•Adopción de un estilo de vida vegetariano;
•Reducción de basura a sólo 45 kg año (un 90% menos que el belga medio);
•Compostaje comunitario de los restos orgánicos con los vecinos;
•Recogida de las aguas pluviales del patio para usar en el inodoro (la sube con cubos). -No se ducha y se lava con agua de lluvia que calienta en cazuelas;
•Mantiene la temperatura de climatización de su hogar no superior a 15 ºC en invierno;
•Renunció a tener coche privado y va en transporte público y bicicleta; desplazamientos mínimos,
•Compra ropa y enseres de segunda mano e intenta consumir lo imprescindible;
•Uso mínimo de productos químicos, jabón y dentrífico, pero no champú;
•Aislamiento de ventanas u suelos;
•Electrodomésticos mínimos, aspiradora mecánica;
•No usar envases, y los pocos que utiliza se reutilizan, a su favor hay que decir que en la escuela de sus hijos (tendencia creciente en las escuelas belgas) han prohibido el papel de aluminio o de plástico para envolver comida;
•No compraba el periódico;
•Adquirió un sistema de generación energético basado en una bici estática en la que la energía del pedaleo de 30 minutos le permite una hora de conexión de su ordenador;
•Dejó de trabajar durante 6 meses para poder documentarse y asumir el estilo de vida que se proponía.

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El proyecto de este ciudadano belga para vivir con un estilo de bajo impacto.

Los logros

•Durante doce meses, ha vivido utilizando menos de 14 litros de agua al día (un barcelonés utiliza una media de 110, y un belga 140), gracias a un estricto control de su consumo y el aprovechamiento del agua de la lluvia para la higiene personal y la limpieza.

•Conseguir un consumo de medio kilovatio de electricidad al día, es decir, 160 kWh al año, cuando el consumo medio por familia en Bélgica es de 3.500 kilovatios. Tiene una bicicleta equipada con una dinamo que le sirve para que mientras pedalée se cargue el móvil y el ordenador portátil.

•Reducción drástica del consumo de gas destinado sólo a cocinar los alimentos y climatizar la casa sólo hasta los 15 ºC.

•El proyecto ha dejado de ser un experimento para convertirse en un estilo de vida al que Steven no va a renunciar. Se declara “más feliz” que antes de empezar a vivir un estilo de impacto

•Gasta menos dinero (alrededor de un 20% menos, calcula) y esto le permite trabajar a media jornada –es asesor medioambiental–, lo que le deja más tiempo para estar con sus hijos. No descarta implicarse en la política local en el futuro para cambiar cosas también desde arriba.

•Se propuso reducir hasta 1,6 hectáreas que es menos de un tercio de la que deja un belga medio, o la mitad de la que contabilizaba antes de empezar su experimento, cuando ya llevaba un estilo de vida de bajo impacto, su esfuerzo le permitió llegar 1,93 hectáreas. Ha publicado un libro, mantiene un blog y se realizó un documental televisivo.