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Yo soy antinuclear: la campaña




 

Yo soy antinuclear: la campaña

Logo de la campaña Yo soy antinuclear.


La campaña contra las nucleares tuvo una fuerte implantación mundial en su momento.

La radiación diseminada por un accidente nuclear puede durar siglos.


El ciclo del combustible radioactivo para una central nuclear provoca una gran cantidad de emisiones con efecto invernadero.



Enero, 2009. El incremento de emisiones con efecto invernadero ha sido vista por el Foro Nuclear Mundial como medio para lanzar sus últimos pataleos antes de dejar de existir. Sin embargo, hay que denunciar que está invirtiendo mucho dinero para que los medios de comunicación se hagan eco de sus ideas, basadas en mentiras, para que la gente crea que la energía atómica es la salvación de la humanidad en cuanto a suministro energético. Ha llegado la hora de la ciudadanía, que ésta se plante frente a los titubeos de sus gobiernos. En España ha llegado la hora y por eso se ha puesto en marcha una campaña sin precedentes para decir "YO SOY ANTINUCLEAR".

Si te sientes antinuclear
, es el momento de hacer un pequeño pero importante gesto: CIBERACTUAR para pedir el cierre de la Central Nuclear de Garoña. Esta central entró en funcionamiento el 1970, ha cumplido ya más de 38 años de funcionamiento técnico. Su autorización de explotación caduca el 5 de julio del año 2009. Garoña tiene graves problemas estructurales. Según un informe del propio Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la central tiene 78 elementos que se consideran severamente degradados, y otros 135 componentes con un estado de degradación que se califica de medio o bajo. Durante el año 2008 se han producido 5 declaraciones d’incidentes. HA LLEGADO el momento que los antinculeares solicitemos el CIERRE de esta vieja CENTRAL ATÓMICA.

La pesadilla nuclear
Durante más de 50 años, una parte de la humanidad se volcó en una fuente de energía que parecía mágica: la fisión del átomo. Nos prometieron una era de energía tan abundante y barata que incluso no pagaríamos el recibo de la luz y los coches irían equipados con un pila atómica capaz de recorrer 8.000 km sin recargarla. Pero todo este espejismo tenía una única función: generar plutonio en los reactores nucleares civiles para la industria militar. Se estima que en la actualidad sólo en Rusia hay 300 toneladas (t) de uranio altamente enriquecido (UAE) como parte de 15.000 cabezas nucleares aún operativas y 970 t en excedentes producidas por la reducción de las cabezas nucleares. Por su parte, EEUU tiene 128 t UAE en 8.000 cabezas nucleares y 621 t UAE como excedente. Con la firma de los los Tratados de Reducción de Armas Estratégicas START I (1991) y START II (1993), EEUU y Rusia se comprometían a reducir sus respectivos arsenales nucleares estratégicos de 10.000 ojivas a unas 3.500 por país para el 2003. A estas cabezas hay que añadir miles de bombas nucleares, de las denominadas tácticas (destinadas a operaciones de defensa en las proximidades o en el interior de cada país).

Una herencia peligrosa
La herencia de estos 434 reactores nucleares esparcidos por los cinco continentes va camino de convertirse en una verdadera pesadilla para las generaciones futuras por siglos. A pesar de las pocas experiencias, se está demostrando que el desmantelamiento de un reactor atómico puede ser incluso más caro que construirlo. Hoy, el parque de centrales nucleares está llegando al final de su vida útil en la mayor parte de los países. Sin embargo, las empresas explotadoras ya tan sólo pretenden sacar el mayor jugo de sus reactores amortizados, amenazando la seguridad de amplias regiones, como ya demostró Chernobil.

Los últimos latidos de una industria moribunda
Hay en estos momentos un movimento de presión de las empresas del sector atómico, que venden la idea de la energía nuclear como la salvación para el cambio climático. Se olvidan, sin embargo, de que el ciclo del uranio fisionable tiene una costosa huella de carbono.  Lo único que pretenden, sin embargo, es intentar un último reto: conseguir que se prolongue la vida útil de las viejas centrales nucleares, pues una central amortizada o pagada entre todos con la moratoria nuclear sí que es rentable. Pero un cosa es la rentabilidad y otra la seguridad. Las operadoras de las centrales nucleares españolas ya han demostrado que les importa bien poco el bienestar de la ciudadanía, como en los incidentes del escape radioactivo de Ascó I.

Activo hoy para no ser radioactivo mañana
Ha llegado la hora de ser proactivos nuevamente. Para dejar claro que decimos “No Gracias a la energía nuclear”, primero hay que reiterar que uno es antinuclear por convicción. La campaña lanzada por Greenpeace y secundada por muchas otras entidades ecologistas en las distintas comunidades de la geografía española (http://www.tanquemlesnuclears.org/), pretende recoger firmas y concienciar sobre la necesidad de que el Gobierno español ponga ya un calendario responsable de cierre de las nucleares  sobre la mesa y que no renueve la concesión a la más vieja de todas las nucleares: Santa María de Garoña. En el tema nuclear hay verdaderos expertos que han volcado años de su vida en investigar las mentiras de la industria radioactiva. Éste es el caso de libro El espejismo nuclear, que debería ser lectura obligada en las escuelas y universidades.

Las 10 buenas razones para firmar en la campaña yo soy antinuclear
En el marco de esta campaña Yo soy antinuclear, se invita a firmar la declaración y a colaborar en tareas de la campaña. Resumiendo, se aportan 10 buenas razones para hacerlo y declararse antinuclear.

1. La energía nuclear es muy peligrosa
La tragedia de Chernóbil ha demostrado la capacidad de dañar y generar catástrofes de esta fuente de energía.

2. La energía nuclear es la más sucia
Las centrales nucleares generan residuos radiactivos cuya peligrosidad permanece durante decenas de miles de años y cuya gestión, tratamiento y/o eliminación son cuestiones aún no resueltas.

3. La energía nuclear es la que menos empleo genera
Por unidad de energía producida, menos que cualquier energía renovable. Según datos de Comisiones Obreras publicados en un informe de febrero de 2008.

4. La nuclear es una energía muy cara
Necesita fuertes subsidios estatales (que pagamos todos) de forma continua para poder existir. Un ejemplo: el coste de la gestión de los residuos radiactivos en España –según los cálculos de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA)– será de más de 13.000 millones de euros sólo hasta 2070.

5. La energía nuclear no es necesaria
Los casos de Alemania y Suecia permiten comprobar que, si hay voluntad política, es posible abandonar la energía nuclear al tiempo que se reducen las emisiones de CO2 en cumplimiento con el Protocolo de Kioto.

6. La energía nuclear no es la solución al cambio climático
Nunca podrá ser una solución económicamente viable y eficiente para reducir emisiones de CO2 en la lucha contra el cambio climático. De hecho, la energía nuclear está excluida de los mecanismos financieros del Protocolo de Kioto.

7. La energía nuclear no genera independencia energética
España importa el 100% del uranio que se emplea como combustible en sus centrales nucleares, por lo que nuestra dependencia del extranjero al respecto es total.

8. La energía nuclear también se acaba
Las reservas de uranio-235 (el combustible de los reactores nucleares) servirán sólo para unas pocas décadas más.

9. La energía nuclear no tiene el respaldo social
Las encuestas de opinión muestran que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles rechazan esta forma de producir electricidad.

10. La energía nuclear es incompatible con un modelo energético sostenible
No cumple ninguna de sus premisas: no es económicamente eficiente, ni socialmente justa, ni medioambientalmente aceptable.